<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-8152663</id><updated>2012-02-16T16:21:50.519-08:00</updated><title type='text'>INVENTREN</title><subtitle type='html'></subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://inventren.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8152663/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://inventren.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>INVENTIVAsocial</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03718323321101678159</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='23' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_WYMZYNaUz9U/SKhsLPt26BI/AAAAAAAAAZU/JcMycF3B8SA/S220/coirito_fumador%5B1%5D.JPG'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>61</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8152663.post-4120061892588677912</id><published>2012-02-10T05:59:00.000-08:00</published><updated>2012-02-10T06:06:37.451-08:00</updated><title type='text'>ESTACIÓN MOREA</title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-lL0UpzhSHM8/TzUkYVooO1I/AAAAAAAAB3Y/qNJLiURzs3Q/s1600/TANQUE%2BMOREA.bmp"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 266px; height: 400px;" src="http://1.bp.blogspot.com/-lL0UpzhSHM8/TzUkYVooO1I/AAAAAAAAB3Y/qNJLiURzs3Q/s400/TANQUE%2BMOREA.bmp" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5707508103304985426" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;InvenTren.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;INTENTANDO FUGAS*&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi mirar viaja&lt;br /&gt;hacia comienzos que esperan&lt;br /&gt;adheridos a horizontes.&lt;br /&gt;El lema es comenzar,&lt;br /&gt;construir mañanas&lt;br /&gt;con excusas cosechadas&lt;br /&gt;para salvar abismos.&lt;br /&gt;Así que nadie sepa,&lt;br /&gt;que nadie bloquee caminos.&lt;br /&gt;Los comienzos lucen rosas&lt;br /&gt;en primaveras que se repiten,&lt;br /&gt;el eterno comienzo ilumina&lt;br /&gt;esperanzas dormidas&lt;br /&gt;que siempre están allí&lt;br /&gt;para salvarnos.&lt;br /&gt;Mis pasos marcan huellas&lt;br /&gt;diferentes y aladas&lt;br /&gt;que liberan la esencia de ser libre,&lt;br /&gt;único sentido de la vida.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;*De Emilse Zorzut. zurmy@yahoo.com.ar&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Quisiera que Estuvieras Aquí*&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me crié con la idea de que en mi país todos somos holgazanes. Todo lo que producimos es inútil. Que hasta el maíz y el chocolate, nacidos aquí, se hacen mejores si vienen de fuera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Crecí mirando que a toda Latinoamérica se le educa igual: no aspiramos a otra cosa que no sea tan sólo intentar copiar lo que viene de lejos de nosotros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Siempre viví despreciando lo hecho aquí, aún cuando las manzanas fueran iguales y no hubiera mayor diferencia entre un pantalón de aquí y uno de allá, que la marca y la leyenda “hecho aquí” o “hecho allá”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con el tiempo, me comenzó a resultar difícil aceptar que todo lo que hacemos es inferior. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un día, comencé a notar que nuevos productos llegaban al municipio en que vivo: fruta colorida como la luz que se refleja en la lluvia, y que se decían ser las mejores, todas ellas venidas del pueblito de Morea, en el Partido 9 de Julio... Ropa hecha en Morea, licuadoras, televisores, computadoras... Todo ello asegurando ser lo mejor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La gente por acá los compraba y quedaba muy complacida de su adquisición.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo me alegré de saber que por lo menos existía un pueblo latinoamericano orgulloso de sí mismo, digno de su historia. Meses después de la llegada exitosa de los productos (ideados, desarrollados y traídos directamente de Morea), se anunció la construcción de una terminal de ferrocarril, aquí, donde vivo, y con destino directo al pueblito argentino, rehabilitando la vieja Estación Morea. La obra se anunciaba como la gran maravilla moderna, y un eje de comunicación y comercio, tan importante que nunca se había ideado algo igual en la historia del capitalismo. No entendía por qué un pueblo como Morea, quería comunicarse con un pueblo como el mío, tan incrédulo de sí mismo y dispuesto en todo momento a negarse.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando la línea del ferrocarril estuvo terminada, compré de inmediato mi boleto para ser de los primeros en viajar, desde la terminal de Cholula, hasta Morea. Todo mi trayecto no pude dejar de pensar en la gente que iba a conocer: imaginaba a todos seguros de su pueblo, de su poder productivo, de su importancia histórica; no como nosotros, siempre tratando de imitar a quien viene de lejos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El viaje duró a penas unas horas, pues la locomotora, poniendo en alto el lugar a donde nos dirigíamos, era hecha completamente en Morea. Cuando llegamos, noté que la locomotora de regreso estaba hecha en Cholula, lo que me causó algo de asombro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me bastó con una inicial caminata para aumentar más este asombro, y desconcierto: la gente allí vivía contenta de sus electrodomésticos, comía lo que, a su parecer, era la mejor fruta, vestía gustosa trajes de todos colores y conducían vehículos muy confortables... Y en todos ellos, y ante la vista de todo quien le mirara, relucían las etiquetas que ponían en alto el lugar de donde habían venido esos artículos: "Hecho en Cholula", y la gente se arremolinaba a la salida de la Estación Morea, para ver a esa gente que venía de aquel orgulloso pueblito mexicano, quienes creían en sí mismos, en su fuerza productiva, en su importancia histórica... Quienes, seguramente, sólo venían para constatar lo buenas que eran las mercancías que producían.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;*de hugo ivan cruz-rosas. quetzal.hi@gmail.com&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Regresarás, porque el regreso* &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Regresarás, porque el regreso&lt;br /&gt;es la madera inevitable del árbol del destierro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Regresarás vencido, caminando despacio,&lt;br /&gt;y esos mismos lugares ya no serán los mismos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El parque de tu infancia ya no es el mismo parque,&lt;br /&gt;tiene otro olor el césped, otro color las piedras,&lt;br /&gt;y esos viejos senderos no recuerdan tus pasos&lt;br /&gt;porque otros son los pasos que ahora arañan su arena.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Dónde estarán aquellos atardeceres tibios?&lt;br /&gt;¿Dónde el contorno ansiado de las adolescentes?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Contemplarás el lago, su silencio temible,&lt;br /&gt;pero es otro silencio, no son las mismas aguas&lt;br /&gt;que una vez reflejaron la imagen de tus sueños.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sólo serán los mismos los nombres de las cosas,&lt;br /&gt;los nombres de las calles, los números, los coches,&lt;br /&gt;y tal vez las ausencias.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y así, aun este último reducto será como un rechazo,&lt;br /&gt;como un viento caliente soplando entre los árboles&lt;br /&gt;y calcinando un poco más los restos mortecinos&lt;br /&gt;de tu agotado corazón que lentamente va apagándose&lt;br /&gt;hacia regiones ciegas donde todo es exilio.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;De El rostro prohibido&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;*De Sergio Borao Llop. sbllop@gmail.com&lt;br /&gt;http://sergioborao2011.blogspot.com/&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Errante en la vía* &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;*Por ALDIMA. licaldima@yahoo.com.ar&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Aunque hayan transcurrido ya varios meses desde aquella terrible experiencia, el Licenciado Zelmar Araujo, mientras avanza tambaleante sobre estos rieles de trocha angosta, rumbo a la próxima Estación, aún continúa sintiéndose arrasado por el desconsuelo. A lo largo de toda su carrera profesional, jamás pudo pensar seriamente –más allá de alguna angustiosa fantasía desvelada- en que algún día se vería envuelto en una situación semejante. &lt;br /&gt;         Todo comenzó unos cinco años atrás, cuando aquella mujer acudió a la consulta, dispuesta a convertirse en su paciente. El Licenciado, psicólogo de profesión, la recibió y escuchó atentamente el relato de sus padeceres. Una historia familiar enrevesada, donde cada generación repetía casi puntualmente la historia que la precedía, y de cuyo entramado nadie parecía poder –o desear- escapar. Hijas que tenían una pésima relación con sus madres, y que en lugar de proponerse construir algo diferente para con sus propias hijas, elaborando sus propios conflictos, terminaban calcando los mismos síntomas que las habían forjado en sus respectivas infancias. Una cadena sintomática muy parecida a una formación ferroviaria, donde cada integrante asemejaba a un vagón de tren, y vaya a saberse quién sería la locomotora. ¿Un deseo silente, quizá, imposible de ser puesto en palabras…?&lt;br /&gt;         El Licenciado Zelmar Araujo escuchó ese relato durante centenares de semanas, familiarizándose con los personajes, prediciendo casi las reacciones de cada uno, intentando quebrar la monotemática letanía de aquel discurso con intervenciones tendientes a una apertura, que permitieran respirar mejor, con un aire diferente. Y hasta le parecía que sus dichos horadaban pacientemente esa coraza que la paciente había ido forjando a lo largo de su vida, poniéndole palabra a lo que ella callaba. &lt;br /&gt;         Sólo que una distracción fatal le ganó la partida. A los dos años de haber iniciado el tratamiento, a la paciente se le declaró un quiste en un pecho, que con el correr de las semanas se fue transformando en un tumor encapsulado. La intervinieron de urgencia, y como medida precautoria, según lo que ella le refería al Licenciado, decidieron aplicarle durante los meses venideros una acotada serie de dosis de quimioterapia. Ella se manifestaba muy angustiada ante lo que había ocurrido, sin poder explicárselo, y se volcó de lleno a la religión, luciendo en su cuello desde entonces -y hasta varios meses después de culminar el tratamiento quimioterápico- una enorme cruz de plata, intentando encontrar en ella algún tipo de consuelo.&lt;br /&gt;         Fue pasando el tiempo, los controles médicos no referían mayores preocupaciones, aparentemente su organismo se había estabilizado, y la terapia psicológica continuó su ritmo habitual, sin que la paciente se refiriese a su afección de otra manera que no fuesen “microcalcificaciones”. El Licenciado Zelmar Araujo aguardó a que ella volviese a remitirse al tema para ahondar en él, pero el tiempo fue pasando, la normalidad regresó, y “de eso no volvió a hablarse”.&lt;br /&gt;         Estaban por cumplirse los cinco años de tratamiento, durante los cuales la paciente había ido teniendo cambios considerables –se había ido de la casa de su madre para mudarse con su hija a dos localidades de distancia, iba cortando gradualmente el lazo de dependencia con su mamá o sus tías, insistió para que el abandónico padre de su hija le diese el apellido, temerosa de que “le pasara algo” respecto a su salud y la nena quedase sola…-, cuando comenzó a quejarse de dolores en la espalda y en las manos, como si la molestia excediese cualquier contractura muscular y se extendiese hacia los huesos. El Licenciado Zelmar Araujo consideraba que estaba atravesando por un intenso período de angustia, aunque no veía nada extraño que operase como aval de sus hipótesis en el relato de la paciente. Ésta, a su vez, deambulaba en las sesiones por los temas de siempre. Y el profesional le restó importancia…&lt;br /&gt;         Aquél resultó su mayor error.&lt;br /&gt;         Nuevas consultas con el oncólogo y una fatal radiografía dieron testimonio de unas extrañas manchas en la espalda, que derivaron –biopsia mediante- en una cruda metástasis ósea. La paciente se desbordó, abandonó sin aviso el tratamiento psicológico, y le comunicó las novedades por teléfono, cuando el Licenciado Zelmar Araujo la llamó, una funesta tarde de invierno, para concertar un nuevo turno. &lt;br /&gt;         Se había quedado sin palabra. Aquello que se materializara silente a través de los tejidos corporales de la paciente lo había enmudecido. No había sabido qué decirle en aquel último contacto telefónico, en el que ella lo había acusado de manipular su mente, sin haberla contenido ni derivado con algún otro profesional idóneo que pudiera tratar “un caso como el suyo”, conduciéndola de manera negligente hacia un rumbo muy distinto al de la curación. Ya sin saber qué decir, ganado por la culpa y sintiéndose el falta ante semejante demanda masiva –que quizá exigiese de sí mismo un improbable milagro-, el Licenciado Zelmar Araujo profirió un trémulo:&lt;br /&gt;         -Espero, de corazón, que se mejore, y salga airosa de esto.&lt;br /&gt;         -¡Dios lo oiga! -, remató la paciente, antes de cortar. –Y si Ud. es creyente, rece mucho, mucho, para que esto se revierta.&lt;br /&gt;         Los buenos deseos quedaron simplemente en promesas. El milagro jamás se produjo. Y la pesadilla no hizo más que comenzar…&lt;br /&gt;Aún no habían transcurrido un par de meses desde aquel fatídico día cuando el Licenciado Zelmar Araujo –apaciguada su conciencia al recapacitar en cada detalle del caso, y convalidar el silencio que la propia paciente había impuesto sobre el tema, negándose a tratarlo, más allá de su propia “distracción” profesional, que lo obligó a supervisar sus restantes casos en forma regular, a fin de evitar complicaciones semejantes- recibió una cédula judicial donde se le informaba de una causa legal en su contra, por obrar con mala praxis en el ejercicio de sus habilidades profesionales. En primera instancia, consideró que todo ello no era más que un desborde de furia de la paciente, resignada a aceptar un final en extremo doloroso, pero deseosa de arrastrar a alguien con ella en la caída. &lt;br /&gt;¿Se negaba a aceptar el daño que le habían hecho de manera inconsciente sus propios parientes al negarle parte de su pasado, frustrada además ante la posibilidad concreta de la propia muerte, por lo que proyectaba sus feroces rencores en contra del respetuoso profesional que la atendiera durante casi cinco años, pendiente de una -hasta entonces- errática evolución del caso? El estado anímico del Licenciado Zelmar Araujo era desastroso. Varias veces intentó ponerse nuevamente en contacto con ella, para que recapacitase, para evitar llevar esta dolorosa situación cada vez más lejos. Sin embargo, consideró que era inútil; si de nada habían servido sus esfuerzos para hacerla cambiar de opinión durante la última llamada telefónica, menos aún aceptaría hablar con él en estos momentos, resentida y resignada.&lt;br /&gt;Acudió a la audiencia preliminar, se defendió de la mejor manera posible –alegando que el carácter todopoderoso para la curación no era otorgado junto con el título académico-, contrató a un abogado para que lo representara en las audiencias posteriores con el Juez, alegó sus mejores hipótesis respecto del caso al llegarle el momento de hacer su descargo, pero nada de ello fue suficiente. En un lapso de escasos meses, abatido por el stress y los pensamientos más funestos, sus peores pesadillas se hicieron realidad, agravadas por un defensor inexperto, sus deudas impositivas, y la falta de pago de la matrícula profesional provincial –cuyo pago al día hubiera puesto de su lado al hipócrita y genuflexo Colegio de Psicólogos-. El Juez, bastante clerical en sus dichos, fue taxativo: le revocaron ambas matrículas &lt;br /&gt;-provincial y nacional-, alegando su falta de capacidad para llevar adelante casos de gravedad, “careciendo de una visión abnegada para con el prójimo, cuyas almas padecen sinsabores tan amargos”, y su actitud negligente al no supervisar el caso a tiempo, con las perjudiciales consecuencias padecidas desde entonces por la paciente. &lt;br /&gt;Desde el día de la fecha, ya no podría volver a ejercer como psicólogo.&lt;br /&gt;Salió del Tribunal con la mirada perdida y el ánimo deshecho. El mundo se precipitaba sobre él, como si un gigantesco dedo divino, representante de la Maldita Culpa Superyoica, lo señalase desde las alturas y le exigiera que se arrepintiese. ¿Qué haría a partir de ahora? Lo ignoraba. Sólo quería zambullirse en el primer bar que encontrara y ahogarse en unos cuantos vasos de alcohol.&lt;br /&gt;Deambuló por cuanto lugar se le pudo ocurrir, se ofreció a hacer las labores y oficios más diversos &lt;br /&gt;–aquellos para los cuales no le hacía falta más capacitación que el título secundario-, pero no encontró nada, a pesar de los diversos contactos que intentó establecer para conseguir trabajo. Finalmente, aún habiendo conocido por intermedio de terceros la noticia del fallecimiento de su antigua paciente &lt;br /&gt;–internada en una clínica de la zona donde vivía, y a quien él jamás le deseara la muerte, a pesar del desarrollo de los acontecimientos posteriores-, se alejó de las ciudades, creyendo que en el campo podría, aunque no consiguiese nada que pagase su esfuerzo laboral, al menos encontrar algo qué comer…&lt;br /&gt;Así, errante, “en la vía”, llegó hasta las remozadas instalaciones de la Estación de Ferrocarril de Morea, donde el progreso y la tecnología se habían abierto paso entre la desidia y el abandono de centenares de funcionarios de gobiernos anteriores, fomentados por novedosos proyectos de renovación ferroviaria que articularan a los pueblos cuasi-fantasmas del interior provincial. Los rieles refulgían con las últimas luces de la tarde, las señales brillaban con el esplendor de lo recientemente estrenado, y la edificación de la Estación ostentaba las marcas del tiempo, aunque no por ello se la viera ruinosa.   &lt;br /&gt;         El Licenciado Zelmar Araujo, desarrapado y mugriento, con apenas algunos enseres y muy poca ropa en un bolso harapiento que llevaba colgado al hombro, trepó al andén, abandonando su desparejo sendero de durmientes y canto rodado, y se aventuró en busca de algún lugar bajo techo donde pasar la noche.&lt;br /&gt;         ¡Cuál no fue su sorpresa al descubrir quién era el Jefe de Estación!&lt;br /&gt;         -¡Licenciado Coiro!!! -, exclamó, sonriendo por primera vez en varios meses, al encontrase con la pícara expresión de su amigo de siempre, a quien creía perdido desde hacía algunos años.&lt;br /&gt;         -Llámeme Jefe, por favor -, lo rectificó Eduardo, sonriente, tocándose con los dedos índice y mayor de su mano izquierda la astrosa visera de la gorra del uniforme. &lt;br /&gt;         -¿Habrá algún lugar donde pueda descansar por esta noche? Tengo los pies a la miseria. &lt;br /&gt;         -No se preocupe, Araujo. El ferrocarril parece volver a ser lo que fue alguna vez. Todos pueden ser parte de su gran familia nacional. Hasta yo, que me negué a participar del falaz intercambio de bienes del capitalismo.&lt;br /&gt;         -Necesito algo que me contenga -, confió el antiguo Licenciado, rememorando aquella frase pronunciada por su antigua paciente en la última comunicación que mantuvieran por teléfono, sintiendo que sus entrañas se estrujaban ante el recuerdo. –Un espacio del cual no sentirme exiliado.&lt;br /&gt;         -Ha llegado al lugar indicado, mi amigo. Venga, pase y tomemos una taza de té. Los mates me han sido prohibidos hace rato por el gastroenterólogo. Cuestiones de la edad, Ud. comprenderá…&lt;br /&gt;         -Cualquier infusión en su compañía será un placer. Gracias, de verdad.&lt;br /&gt;         Y sus ojos comenzaron a lagrimear, al estrecharse ambos, solitarios y abandonados, quizá con el único consuelo de una ilusión compartida, en un cálido abrazo que los alejase del dolor. &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;POEMA DES-ANDADO*&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la Estación Central. Un hombre. Solo.&lt;br /&gt;Llega y parte, buscando andenes.&lt;br /&gt;Siempre está de regreso, aún de llegada.&lt;br /&gt;En su mochila verde,&lt;br /&gt;solo una golondrina,&lt;br /&gt;un vértigo y una antigua foto&lt;br /&gt;amarillenta, de un niño&lt;br /&gt;y un caballo.&lt;br /&gt;No, no está solo. Hay una convención de soledades.&lt;br /&gt;Aquelarre.&lt;br /&gt;Están todos.&lt;br /&gt;Nadie falta a la cita.&lt;br /&gt;El hombre ciego,&lt;br /&gt;atenazado a un banco, pide.&lt;br /&gt;Pide porque ha dado.&lt;br /&gt;El niño con mocos escarchados&lt;br /&gt;y ojos que nunca lloran.&lt;br /&gt;¿Para qué hacerlo si no han de consolarlo?&lt;br /&gt;La mujer que vende su fusión en tumbas solitarias&lt;br /&gt;Boca de percal y pechos de magnolias.&lt;br /&gt;Tampoco falta el viejo, alarife de soles&lt;br /&gt;de puentes y andamios que casi no recuerda.&lt;br /&gt;Al lado de una bolsa abandonada,&lt;br /&gt;otra bolsa. Sin sexo.&lt;br /&gt;Con un hálito de vida.&lt;br /&gt;No conoce otra historia que la nada.&lt;br /&gt;Y está la vieja.&lt;br /&gt;Añorando las rejas del hospicio.&lt;br /&gt;Meciéndose en una hamaca de&lt;br /&gt;cantos y de tiempo.&lt;br /&gt;Y el tren que llega,&lt;br /&gt;andando y desandando&lt;br /&gt;condenado a no tener raíz&lt;br /&gt;a partir y a llegar.&lt;br /&gt;El hombre trepa&lt;br /&gt;en trasborde de sueños.&lt;br /&gt;Avanza, siempre avanza&lt;br /&gt;sin mirar hacia atrás.&lt;br /&gt;Antes del viejo puente, al lado de un álamo&lt;br /&gt;talado por un rayo, el tren para.&lt;br /&gt;Y el hombre no lo piensa, solo salta&lt;br /&gt;y vuelve al aquelarre.&lt;br /&gt;Ellos están allí ¿adónde irían?&lt;br /&gt;El hombre se arrodilla.&lt;br /&gt;Les da la golondrina. Un apretón de manos&lt;br /&gt;e inicia su regreso.&lt;br /&gt;Ya no le teme al vértigo.&lt;br /&gt;Desanda soledades.&lt;br /&gt;Penetra lentamente, en la antigua foto amarillenta.&lt;br /&gt;Allí lo esperan. El niño y el caballo.&lt;br /&gt;El silencio y el miedo.&lt;br /&gt;La raíz y la flor.&lt;br /&gt;La vida y la palabra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;*De Amelia Arellano. arellano.amelia@yahoo.com.ar &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Te quiero mucho*&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;*Por ALDIMA. licaldima@yahoo.com.ar&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Siempre le pasaba lo mismo, y a decir verdad, ya estaba un poquito harta de la situación en general: de la indecisión masculina, y de su propia insatisfacción. De nada le servía emperifollarse, tirarse el placard encima y acicalarse con los mejores perfumes, resaltando su ya de por sí impactante belleza física, si al final los hombres que le gustaban no le daban ni la hora. Se cargaba sobre los hombros a una interminable serie de pesados y babosos que no la dejaban en paz, que proclamaban groserías a su paso, o que con todos juntos -como una versión criolla y femenina del Dr. Víctor Frankenstein- no conseguiría armar uno solo que valiera la pena.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como cada mañana, tomaba el remozado tren de trocha angosta rumbo a su trabajo, donde se desempeñaba como selectora de personal de una importante empresa mayorista de perfumerías, eligiendo entre cientos de postulantes los mejores perfiles para designar promotoras, vendedoras, encargadas de sucursal. Y como cada mañana, se exponía a las miradas de los demás; en especial, esas miradas masculinas que la desnudaban impunemente a la distancia, fantaseando en aplicar con ella la más sofisticada galería de perversiones, pero que jamás osarían acercarse, al menos no de una manera galante, como a ella le gustaría que la abordasen, transmitiéndole un afecto verdadero, más allá de cualquier insolencia -con las que sus admiradores se resguardaban de una posible reacción de conformidad seductora de su parte-.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Manga de cagones", solía pensar ella, volviéndose a mirar en ese espejito de mano que consultaba varias veces al día, comprobando que no se le hubiera corrido el maquillaje -Revlon, obviamente-. "Ellos se lo pierden".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero nunca descansaba, aunque se sintiese continuamente defraudada por el sexo opuesto. Y aunque por la noche despotricara telefónicamente con sus amigas, izando en alto la inevitable frase "ya no hay hombres", a la mañana siguiente volvía a convertirse en la hermosa y elegante profesional que acude a su trabajo en tren, con el consabida ejercicio cotidiano de espantar a los bichos que se le acercaran en busca de una supuesta miel que muy pocos habían tenido el placer de degustar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sentada del lado del pasillo, en un vagón bastante lleno, sentía posarse sobre su cuerpo las miradas masculinas que habían conseguido divisarla en el andén. A su lado, el sexagenario dormitaba con el diario entre sus manos, sin prestarle la mínima atención. Un par de adolescentes, engalanadas con ropa informal de marcas caras, conversaban y reían estridentes, desplegando su natural explosión hormonal, para que las registrase todo el pasaje. Ella, que no se había levantado con el mejor humor -luego de una infinita noche de insomnio, sintiéndose vacía y sola-, las miraba con atención y suspiraba. &lt;br /&gt;¡Quién pudiera volver a tener 18 años, pujantes y despreocupados! Con esa energía ilimitada, esa ansiedad por devorarse el mundo, un lozana juventud que a esa edad siempre parecía eterna. Volvió a suspirar, sumiéndose en sí misma, olvidando el clásico jueguito histérico que cada mañana desplegara en &lt;br /&gt;su trayecto al trabajo. Una creciente melancolía comenzó a embargarla a pasos agigantados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Cuántas veces fantaseó con tener el cuerpo que luciera hace más de 15 años? &lt;br /&gt;Siempre había sido una mujer bonita, pero la consistencia de sus músculos y la tersura de su piel habían ido desvaneciéndose con el cruel transcurso del tiempo. No es que se mirase al espejo y descubriese a una vieja en su lugar, pero ya no se sentía la inquieta jovencita que alguna vez había sido, hermosa pero inexperta, cautivadora de las miradas desde siempre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Apeló por enésima vez al espejito de mano. El maquillaje resaltaba sus mejores virtudes, pero también ocultaba las pequeñas imperfecciones faciales, esas malditas arruguitas que una vez aparecidas jamás la &lt;br /&gt;abandonarían. ¿Quién podría sentirse lacerada en su autoestima con semejante porte, con esa figura de una hermosura avasallante, que dejaba boquiabierto a más de uno? Ella. Se sentía tan disconforme con esos diminutos detalles que cualquier ostentación de sus curvas nada podía hacer al respecto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Inmersa en tales pensamientos, apenas registró la manito que pasaba a su lado y le dejaba con un leve aleteo sobre el antebrazo una estampita de la Virgen Desatanudos y un calendario con la colorida efigie de un osito infantil que proclamaba "Te quiero mucho". Alzó la vista y alcanzó a ver el perfil de una niñita de cabello hirsuto y mejillas sucias que se alejaba a los tumbos entre la gente, como si no hubiese nadie alrededor, como si toda esa gente adulta que la rodeaba no existiese y sólo atravesase un bosque &lt;br /&gt;poblado de maniquíes inanimados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su mirada se alejó por el pasillo, siguiendo esa cabecita que se bamboleaba a un lado y el otro, eludiendo siluetas de pie. A su ya de por sí creciente melancolía se sumó una nueva inquietud, que ya le carcomiera el corazón desde hacía tiempo, y se presentó de improviso en una sola pregunta: "¿Cómo &lt;br /&gt;sería ser mamá?"&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Durante años había sentido que los hombres se le acercaban a fin de conseguir pasar un buen momento, satisfacer sus ansias sexuales, y luego deshacerse en huecas y vanas promesas de reencuentro que jamás se concretaban. Pocos eran los que deseaban mantener el contacto con ella, pero en su fuero más íntimo no sentía que pudiesen reunir las condiciones que ella buscaba para conformar una pareja estable, que la contuviera, que le brindase todo su amor de manera contundente, que la siguiese amando luego de &lt;br /&gt;haberse acostado juntos, que pudiera eternizar el momento del amor más allá de la pasión. Y esa falta, ese vacío casi existencial, la sumía en el mayor de los abismos. Necesitaba del otro, más no sólo de su mirada. Demandaba el afecto, la presencia, el calor de ese otro que la hiciera sentir querida, además de convertirla en una verdadera mujer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sus deseos de perenne belleza parecieron extinguirse dentro del emergente ensueño de una panza redonda y lozana; por sobre todas las cosas: viva. El fruto del amor que le brindase un hombre de verdad, alguien con los huevos bien puestos, que se jugase por entero al estar junto a ella en todo &lt;br /&gt;momento. La emoción amenazó con desbordarse a través de sus párpados entrecerrados. "Voy a quedar con la cara a la miseria", pensó, al tiempo que manoteaba el espejito y se enjugaba las primeras lágrimas con un pañuelo de papel.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De pronto, sintió a su lado nuevamente la presencia de la niñita, retirando con aire ausente los calendarios y estampitas. El aire desaliñado de aquella carita, arrasada por el desamor, la llenó de una congoja inenarrable. Y sin pensarlo siquiera, sin amagar acaso a abrir la cartera y ofrecerle algunas &lt;br /&gt;monedas a cambio casi de nada, estiró su mano y le aferró un bracito, gesto frente al cual la niñita reaccionó volviendo la cabeza violentamente hacia ella, a la espera de algún inesperado peligro, quizá evocando en un solo segundo los golpes y maltratos recibidos al final del día, cuando llegaba el momento de volver a casa y entregar las monedas recibidas, que la mayor parte de las veces escaseaban -más no así el dolor-.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella esbozó una amplia sonrisa, forzada a causa de las lágrimas, pero intensa desde lo más profundo de su corazón, y sin decirle una palabra, la acercó hacia ella con infinita ternura, apoyó su mano libre sobre uno de los hombros de la niñita, y le besó la frente. La pequeña, con un rostro signado por la indiferencia, sorprendida pero sin emitir expresión de cariño alguna, parpadeó perpleja y permaneció inmóvil, sin intenciones de alejarse, más curiosa que asustada, contemplando a esa hermosa mujer cuyo rostro acicalado se veía surcado por gruesas e incontenibles lágrimas, que estropeaban sin piedad esa elaborada capa de maquillaje.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y por primera vez en mucho tiempo, a aquella elegante y eficiente selectora de personal nada le importó menos que las miradas de los demás.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;*&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Toda distancia es relativa. Nada está tan lejos como lo que parece estar cerca. Nada está tan lejos, a veces, como nosotros mismos.&lt;br /&gt;Sergio Borao LLop.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Ese hombre esta de nuevo en el anden. Ni sube al tren ni se va, permanece horas allí. Perdió muchos trenes. Un día le cerraron el ferrocarril. Todo le resulta lejano, más aún su idea de una vida verdadera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Algo distinto a lo pasado, de donde le resulta difícil rescatar momentos felices. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las imágenes de lo pasado lo llevan a un laberinto o a un pantano. Una confusión antigua niebla el sentido. Las decisiones necesarias no se ven. Ni una idea concreta para cambiar las cosas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Será –entonces- la ilusión de lo imposible lo que lo sostiene?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;*De Urbano Powell. urbanopowell@yahoo.com.ar&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;*&lt;br /&gt;Inventren Próxima estación:  INGENIERO DE MADRID&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(CON COMBINACIÓN EN EL FERROCARRIL PROVINCIAL CON DESTINO LA PLATA O MIRAPAMPA)&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;-Colaboraciones a inventivasocial@yahoo.com.ar&lt;br /&gt;http://inventren.blogspot.com/&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Editor Responsable del Inventren: Urbano Powell. urbanopowell@yahoo.com.ar&lt;br /&gt; http://urbamanias.blogspot.com/&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Inventren sigue su recorrido por las siguientes estaciones:&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;ORTIZ DE ROSAS.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;ARAUJO.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;BAUDRIX.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EMITA.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;INDACOCHEA.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;LA RICA.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;SAN SEBASTIÁN.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;J.J. ALMEYRA.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;INGENIERO WILLIAMS.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;GONZÁLEZ RISOS.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;PARADA KM 79.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;ENRIQUE FYNN.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;PLOMER.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;KM. 55.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;ELÍAS ROMERO.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;KM. 38.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;MARINOS DEL CRUCERO GENERAL BELGRANO.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;LIBERTAD. &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;MERLO GÓMEZ.   &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;RAFAEL CASTILLO.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;ISIDRO CASANOVA.   &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;JUSTO VILLEGAS.  &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;JOSÉ INGENIEROS.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;MARÍA SÁNCHEZ DE MENDEVILLE.  &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;ALDO BONZI.  &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;KM 12.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;LA SALADA.  &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;INGENIERO BUDGE. &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;VILLA FIORITO.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;VILLA CARAZA.   &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;VILLA DIAMANTE.   &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;PUENTE ALSINA.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;INTERCAMBIO MIDLAND.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;InventivaSocial&lt;br /&gt;Plaza virtual de escritura&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para compartir escritos dirigirse a : inventivasocial(arroba)yahoo.com.ar&lt;br /&gt;-por favor enviar en texto sin formato dentro del cuerpo del mail-&lt;br /&gt;Editor responsable: Lic. Eduardo Francisco Coiro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Blog: http://inventivasocial.blogspot.com/&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Edición Mensual de Inventiva.&lt;br /&gt;Para recibir mes a mes esta edición gratuita como boletín despachado por &lt;br /&gt;Yahoo, enviar un correo en blanco a: &lt;br /&gt;inventivaedicionmensual-subscribe@gruposyahoo.com.ar&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;INVENTREN&lt;br /&gt;Un viaje por vías y estaciones abandonadas de Argentina.&lt;br /&gt;Para viajar gratuitamente enviar un mail en blanco a: &lt;br /&gt;inventren-subscribe@gruposyahoo.com.ar&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Inventiva Social publica colaboraciones bajo un principio de intercambio: la libertad de escribir y leer a cambio de la libertad de publicar o no cada escrito. los escritos recibidos no tienen fecha cierta de publicación, y se editan bajo ejes temáticos creados por el editor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las opiniones firmadas son responsabilidad de los autores y su publicación en Inventiva Social no implica refrendar dichos, datos ni juicios de valor emitidos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La protección de los derechos de autor, o resguardo del copyrigt de cada obra queda a cargo de cada autor. &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Inventiva social recopila y edita para su difusión virtual textos literarias que cada colaborador desea compartir.&lt;br /&gt;Inventiva Social no puede asegurar la originalidad ni autoria de obras recibidas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Respuesta a preguntas frecuentes&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Que es Inventiva Social ?&lt;br /&gt;Una publicación virtual editada con cooperación de escritores y lectores.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuales son sus contenidos ?&lt;br /&gt;Inventiva Social relaciona en ediciones cotidianas contenidos literarios y noticias que se publican en los medios de comunicación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuales son los ejes de la propuesta?&lt;br /&gt;Proponer el intercambio sensible desde la literatura.&lt;br /&gt;Sostener la difusión de ideas para pensar sin manipulación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es gratuito publicar ?&lt;br /&gt;En inventiva social no se cobra ni se paga por escribir. 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Y sería verdad, al menos parcialmente. Toda verdad es incompleta, eso lo sabemos. Porque el conocimiento de nuestra propia realidad también es parcial. Verdad es que nunca antes había oído esa palabra, pero no es menos cierto que escucharla me trajo, de repente, imágenes de un tiempo ya pasado, de un lugar nunca visto, de una música extraña…&lt;br /&gt;Creo que lo dijo Urbano Powell, una tarde imposible, mateando. Aunque ya no sé si es recuerdo o presunción. Evoco la palabra: “Dudignac”, una voz pronunciándola, el tenue escalofrío que mi cuerpo sintió… Otra voz, no la primera, apuntó: “eso está en Europa, en Francia, en el sur”, y la primera voz, tranquila, replicó, “no, ché, eso está aquí mismo, a poco más de 300 kilómetros de Buenos Aires, cerca de Nueve de Julio. Es un pueblito… y bueno, también es una estación abandonada…” un silencio expectante, un leve carraspeo “de aquellas del Midland, ya sabés”. &lt;br /&gt;Y yo, que escuchaba en silencio, con el corazón encogido, no sabía, pero… supe. &lt;br /&gt;Supe que tenía que ir a esa estación, y no, no me pregunten, porque aun hoy, aquí sentado, todavía no tengo una respuesta… No podría precisar tampoco los acontecimientos que siguieron. Todo fue un vértigo de acciones sumidas en la niebla. Sé que hablé con personas a quienes no conocía, que acumulé datos innecesarios, que hice preguntas cuya respuesta en realidad no me importaba, porque desde el primer momento, desde que aquella voz pronunció esa palabra, yo sabía que un día mis pies se posarían en la antigua estación abandonada, en ésta en la que ahora me encuentro, viviendo en primera persona esta historia que ni siquiera yo comprendo… &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El verde tiene muchos tonos, hay muchos verdes, pero el sur francés es otra cosa. No lo sé yo, yo nunca estuve allí, nunca salí de esta tierra que a veces me resulta inhóspita, pero a la que, sin saber muy bien el motivo, no puedo dejar de amar… Yo no lo sé, repito; pero lo sabe él: ese hombre que escribe, ese hombre que está escribiendo estás líneas, alguna vez estuvo allí, en ese sur plagado de colinas verdes y valles inmensos que su palabra inhábil no alcanza a describir de forma precisa… &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero yo no lo sé, yo nunca estuve allí. Sin embargo, si cierro estos ojos, testigos de la infamia de más de medio siglo, que sin querer mirar lo han visto casi todo… Si aquí sentado cierro los ya cansados ojos y dejo que mi mente vague libre, puedo sentir el olor de esos viñedos que no son de estas tierras; puedo percibir, sin ver, esos árboles verdes, ese césped que es casi un resplandor a ras de suelo, los diminutos pueblos que adornan las laderas. Pero si abro los ojos, si cedo a la tentación de lo real (pero ¡qué sabemos en el fondo si es, en verdad, real!), vuelvo a estar aquí en Dudignac, una vieja estación abandonada por la que ya no pasa el tren; o tal vez sí: un tren fantasma que no conduce a ningún sitio, sólo al recuerdo de otras gentes que están lejos de aquí, allende el mar y el tiempo, escribiendo palabras que yo no entendería.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Allí, en ese otro lado, en ese otro sur que nunca vi, la estación tiene vida. Hay viajeros que esperan, viajeros que conversan, viajeros solitarios que no saben muy bien cuál será su destino (si lo miramos bien ¿quién sabe, en realidad?). Hay funcionarios con sus uniformes un tanto gastados por el uso, hay maletas, cigarrillos, un viejo reloj, expectativas… Acaso alguna vez, ese hombre que escribe, estuvo en tal lugar, acaso él escuchó la música que ahora, sentado en este banco con los ojos cerrados, me parece evocar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con los ojos cerrados se siente un viento fresco, la caricia del sol en pleno rostro, ese sopor me lleva hacia lejanas fechas, me invaden los recuerdos de aquella primavera (¿qué primavera? pienso) Aquella primavera que es mi otoño, tal como siempre fue. Con los ojos cerrados casi puedo sentir el temblor de la tierra, el sonido lejano de un tren que va acercándose, las voces que resuenan alrededor de mí…&lt;br /&gt;Y aunque sepa que por aquí no pasa el tren desde hace más de treinta años, es tan grato dejarse seducir por esa magia… Tal vez sólo por eso, permanezco sentado en este banco, con los ojos cerrados, aguardando en secreto la llegada del tren, ese tren que es tan sólo una esperanza, la inverosímil fantasía de un alma que dormita. &lt;br /&gt;Y entonces, él también, ese hombre que escribe, puede cerrar los ojos; allí parapetado tras su mesa, puede cerrar los ojos, recobrar ese olor casi olvidado, sentir la emanación de los viñedos, las voces, las campanas, y retornar al día en que llegaba el tren que no pudo tomar en su lejana Europa (ese tren que había de conducirle a su destino). Nada importará entonces si el nombre no es el mismo, si es apenas el eco de una voz junto al fuego, una simple palabra que se quedó prendida en el alféizar gris de esa ventana que algunos llaman alma. Tal vez así los dos: ese hombre que sueña (si es que es él, el que sueña), y este hombre que espera (si es que soy el soñado) podamos al final entremezclar nuestras ficciones: su Sur con este Sur, el mío con aquel que nunca he conocido.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;*De Sergio Borao Llop. sbllop@gmail.com&lt;br /&gt;http://sergioborao2011.blogspot.com/&lt;br /&gt;https://www.facebook.com/Sergio.Borao.Llop&lt;br /&gt;http://twitter.com/S_Borao_Llop&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;EL TREN PASA CON LA NOSTALGIA DE SUS PAISAJES*&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;El tren pasa con la nostalgia de sus paisajes.&lt;br /&gt;La muerte siempre nos espía.&lt;br /&gt;Aunque gire la moneda&lt;br /&gt;una manzana nos deforma.&lt;br /&gt;El silencio es duro y no entendemos su idioma.&lt;br /&gt;... Nadie espera.&lt;br /&gt;Penélope ya no siembra sus girasoles&lt;br /&gt;en la punta de la colina.&lt;br /&gt;Los tiene ocultos en el cielo de la boca.&lt;br /&gt;Los pájaros aletean.&lt;br /&gt;Son inmensas sus alas,&lt;br /&gt;y comienzan a sangrar.&lt;br /&gt;No dejes que se anulen las aguas.&lt;br /&gt;Los viejos son puentes que se levantan sobre el río.&lt;br /&gt;No preguntes.&lt;br /&gt;Dios está cerca.&lt;br /&gt;Nada es nada y aun no lo sé.&lt;br /&gt;El tren pasa&lt;br /&gt;desde su dolor,&lt;br /&gt;nos dice adiós.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;*De KIMANY RAMOS. kimanyramos@yahoo.es&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;PASAJERA*&lt;br /&gt;           &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;- No me gustan las despedidas - había dicho mi amigo Luis. &lt;br /&gt;Después me abrazó con impaciente levedad y se alejó hacia la calle, sin volver el rostro, sin mostrar la menor emoción. Dejando atrás los reflejos de los innumerables cristales, salió de la estación y se dirigió con prisa hacia el aparcamiento. Sonreí. Le conocía bien. Las separaciones le resultaban tan dolorosas como a cualquier otro, pero le molestaba emocionarse. Por ese motivo, siempre que era capaz de prever algún conato de abrazos prolongados y frases empalagosas, escapaba a la situación alegando una prisa que no siempre era fingida. Por otra parte, apenas faltaba un mes para que comenzase la nueva temporada: la rutina de los entrenamientos, el descubrimiento de las virtudes y de los defectos en los jugadores nuevos, la épica de los partidos, los problemas con la directiva... Y ahí íbamos a estar un año más, codo con codo, lidiando con jugadores, directivos y árbitros, empeñándonos en sacar adelante al equipo, sufriendo acaso alguna decepción en forma de final perdida, llenándonos de orgullo cada vez que &lt;br /&gt;alguno de nuestros jugadores llegaba a las ligas superiores. De ahí, del esfuerzo común, provenía nuestra amistad. A través de la enorme cristalera, vi pasar su auto, lanzado ya hacia la costa.&lt;br /&gt;         Consulté el reloj. Aún faltaban quince minutos para la salida del tren que debía tomar. (Tomar un tren - pensé - lo mismo que quien toma café o un aperitivo) Volví a comprobar mi billete; apuré el cortado que se enfriaba sobre la barra de la cafetería; compré algunos diarios; me dejé mecer por una apacible nostalgia.&lt;br /&gt;         Había terminado mi semana. L´ Estartit quedaba ahora allá atrás, arrinconado en los estantes de la memoria. Quedaban pequeños detalles, instantáneas fugaces que fui atrapando y colocando cuidadosa, ordenadamente, en el archivador de recuerdos gratos: Los paseos en barca, la inefable calma de las mañanas de pesca, los atardeceres frente al mar, en la terraza del club náutico o al otro lado del puerto, junto a la playa... Ahora todo era una bonita película en colores cuyas escenas desfilaban a cámara lenta, fotograma a fotograma, ante mis ojos agradecidos. La arena, el inequívoco olor del mar, las islas...&lt;br /&gt;         Pero en este lado, los minutos pasaban implacables. Aferré la bolsa de viaje y bajé las escaleras, al asalto del tren.&lt;br /&gt;         Un andén no difiere en exceso de cualquier otro. Los de esta estación, sin embargo, me resultaron particularmente hostiles (porque me alejaban del mar, de las tranquilas calas, de los inquietantes acantilados, del oleaje y las Medas. Porque me arrojaban de vuelta a la rutina, al trabajo agotador, al rostro siempre huraño y desconfiado del patrón, a la inacabable monotonía sonora de la máquina, a la nave oscura, a los hierros y a tantas cosas que aborrezco y de las que aún no he aprendido a prescindir)&lt;br /&gt;         Mi tren estaba llegando. Puntual como una calamidad. Silencioso como el sueño. Lento y poderoso, hizo su entrada en la estación, se detuvo, escupió algunos viajeros, permitió el abordaje de otros, cerró &lt;br /&gt;impasiblemente sus puertas y partió con el mismo sigilo con que llegara, igual que si estuviese huyendo del bullicio de las estaciones, buscando acaso el anonimato de los raíles.&lt;br /&gt;         Desde mi asiento, pude contemplar cómo la ciudad se iba diluyendo entre árboles, cómo los edificios se transformaban en bosque y las calles dejaban paso a los senderos. "Esta es - pensé - una ciudad de hermosos contrastes. Hay agua, hay vegetación, aire. Es cuanto se necesita para vivir. Hay asfalto, hay civilización. Es cuanto se precisa para ser desdichado".&lt;br /&gt;         Tratando de huir de la tristeza que imperceptiblemente comenzaba a embargarme, indagué con disimulo los rostros de mis escasos compañeros de viaje. Ninguno de ellos consiguió llamar mi atención. Me resigné a los diarios.&lt;br /&gt;         Bombardeos en Mostar, corrupción gubernamental, hambre en alguna parte (o en muchas partes) de África y en otros lugares de difícil pronunciación, violaciones sistemáticas de los derechos humanos, no menos atroces violaciones de muchachas solitarias en parques nocturnos o garajes o zaguanes oscuros, nuevos atentados... Compruebo sin entusiasmo la fecha, sabiendo de antemano que es inútil. Que la fecha puede ser la de hoy, pero el horror no es nuevo, es el mismo que se repite sin descanso, día tras día, sin que nadie mueva un dedo por cambiar el signo de las cosas, sin que podamos aferrarnos ni siquiera al mínimo consuelo de una remota esperanza. &lt;br /&gt;Agobiado, guardé el diario y busqué una revista de humor, tratando de huir de la espantosa realidad. Con disgusto, con desaliento, comprobé que no tenía ninguna. Se habían quedado atrás, en el hotel o en casa de mis amigos, encerradas en el tiempo de las vacaciones, ajenas al devenir del ajetreo, aparentemente inocentes de las malas noticias que me traían de vuelta a lo cotidiano.&lt;br /&gt;         Estábamos llegando a Barcelona. De nuevo los enormes bloques de viviendas levantándose a izquierda y derecha, como otros tantos nichos alineados frente al pálpito cansado de mis ojos, delatando la presencia de la concentración humana, certificando de alguna manera el fin del verano. &lt;br /&gt;Luego, los túneles sumiendo al tren en las entrañas de la ciudad, entre vistosas pintadas distribuidas por los muros. Alegría o decepción coloreando los rostros de los viajeros que llegaban al final de su viaje y se apiñaban con sus maletas en los pasillos, prestos al abandono de los vagones, resignados al inaplazable retorno a la rutina, de algún modo impacientes por terminar con ese incómodo interludio que separa el verano del resto de los días.&lt;br /&gt;         Lo que siguió fue un barullo de gentes bajando a los andenes, abrazándose, despidiéndose, estorbándose, subiendo con prisa, casi con precipitación, a los vagones detenidos, buscando acomodo para sus maletas y para sí mismos, todo como una película antigua, de ésas en que los personajes se movían a una velocidad insólita y casi ridícula, pero nada de ello me pareció gracioso. Por el contrario, las prisas, el cruce de miradas fugaces, la disimulada lucha por un determinado asiento, los movimientos de cabeza en busca de una ubicación idónea, los gritos, las carreras por los pasillos, no hicieron sino contribuir al desánimo que había ido asentándose en mi alma en los últimos minutos.&lt;br /&gt;         Entre el gentío, me llamaron la atención dos mujeres. Ambas viajaban sin compañía. Una de ellas era rubia, bonita, de ojos inexpresivos. &lt;br /&gt;No supe si lamentar o celebrar que pasase a mi lado sin mirarme. La otra no era hermosa, pero su larga melena negra, sus formas poderosas y un algo exótico en su rostro, en su atuendo, obligaban a mirarla con detenimiento. &lt;br /&gt;En mal español, preguntó si el asiento contiguo al mío estaba libre. Me apresuré a ofrecérselo.&lt;br /&gt;         Cuando el tren se puso en movimiento, noté con asombro que el bolso de mano que descansaba en su regazo se movía. Una diminuta cabeza canina asomó por la abertura. Sonreí con disimulo ante aquella transgresión de las normas. En ese momento, entró el revisor en nuestro vagón. Ella me miró con sus enormes ojos negros. Puso su dedo índice sobre los labios carnosos, pidiéndome silencio, convirtiéndome en su cómplice, llenándome de una extraña ternura.&lt;br /&gt;         Alentado por ese gesto de confianza, me atreví a contemplarla casi con descaro. Su pelo basto, muy oscuro, la voluptuosidad de las nalgas, los labios llenos, gruesos, delataban la raza negra en algún recodo de su árbol genealógico. Todo lo demás parecía claramente occidental. Cuando por fin el revisor hubo contrastado los billetes y abandonado el vagón, le ofrecí un cigarrillo, que ella rehusó, y charlamos. Por sus palabras, supe que venía de Lisboa, que su nombre era Andrea, que regresaba, como todos, de unas cortas vacaciones junto al mar, que siempre viajaba con su perrito y que vivía en una pensión desde que se separó de su novio. Su voz destilaba bondad. Nada dijo acerca de su profesión. Sospeché oscuramente que era prostituta. Tuve ganas de abrazarla. Yo le conté a grandes rasgos las trivialidades que se suelen confiar a alguien que acabamos de conocer. (Pero ya intuía que no se trataba de una extraña, que ese gesto suplicante había tendido un puente entre nosotros, un puente que nos unía  y que nos elevaba sobre el murmullo de las conversaciones a nuestro alrededor, separándonos de esas otras voces, de esos otros rostros que no formaban parte de nuestra pequeña isla en medio de las vías) Ella me hablaba de su Lisboa, de su pasado. Después, la conversación derivó hacia las tópicas generalidades. &lt;br /&gt;Hubo momentos de cálido silencio, de miradas.&lt;br /&gt;El tren se deslizaba veloz sobre los raíles acercándonos a la inevitable separación. En cada pueblecito atravesado, en cada estación, yo le contaba cosas de aquellos lugares, historias que a menudo inventaba para ver el gesto de maravillada sorpresa en el rostro de mi amiga, todo en pos de unos minutos más de conversación, de escuchar una vez más aquella voz con acento portugués que tanto me relajaba, que conseguía arrullarme llevándome a esa dimensión en la que todo es aún posible, donde cabe la ilusión de un mañana, de una flor renaciendo entre los escombros. Otras veces, fue ella quien hizo preguntas, tal vez por idénticas razones. En un par de ocasiones, pronunció mi nombre, atándome a su voz, llenándome de felicidad  y desazón porque ya Lérida había quedado atrás y mi ciudad iba acercándose sin compasión. Yo deseaba prolongar aquel viaje, permanecer allí sentado junto a Andrea que me miraba lánguidamente y cuyas manos oscuras de larguísimas uñas rojas despertaban mis viejos instintos primordiales.&lt;br /&gt;Un silencio de campos vertiginosos corría paralelo allende las ventanillas. &lt;br /&gt;El sol bañaba los rastrojos y los montes lejanos, pero en el interior del vagón no había más luz que la que irradiaban los ojos de Andrea, que a ratos parecían estar buscando algo en el fondo verdoso de los míos. El tren lanzado era una sádica resta de minutos y yo no encontraba las palabras precisas. Me iba perdiendo entre explicaciones casi absurdas sobre los cultivos y el clima, disertaciones inexplicables acerca de la vida en las aldeas de mi tierra y en sus asfixiantes ciudades y exposiciones sinceras de &lt;br /&gt;las maravillas existentes en los tan amados Pirineos, pero todo ello como un alejamiento a pesar de los cuerpos tan cerca, de los rostros casi juntos y las manos rozándose en la división de los asientos. Cada estación era como una siniestra zarpa cayendo sobre mi rostro y desgarrándome. Uno tras otro, iban pasando los kilómetros, el paisaje se iba transformando, la angustia crecía hasta límites intolerables. Ya se divisaban, al fondo, los edificios que marcaban el final de mi viaje, los pétreos sepulcros verticales que iban a sumirme, de nuevo, en la más insoportable tristeza. Pensé, deseé, estuve a punto de pedirle que se bajase conmigo, que renunciase a su Lisboa, que se quedase a mi lado en esta ciudad, que compartiese mi vida.&lt;br /&gt;En cambio, sólo atiné a decir: "Estamos llegando a Zaragoza. En medio de aquellos edificios altos está mi casa" El tren se hundió en las profundidades de la tierra, bajo el ajetreo de la ciudad; fue reduciendo la velocidad, prolongando cruelmente los minutos finales, aquellos en los que ya nada es posible. Por fin, quedó parado entre las luces falsas de la estación. Aun fui capaz de una última inspiración: No me apearía, seguiría con ella hasta Madrid, o hasta Lisboa o al fin del mundo. Un beso en la mejilla me separó de Andrea para siempre. Cuando el tren se puso de nuevo en movimiento, aún pude ver sus ojos clavados en mi rostro, como formulando una pregunta de imposible respuesta.&lt;br /&gt;         Después, recomenzó el decurso de los días de absoluta normalidad. &lt;br /&gt;Regresé a mis obligaciones, a la inmovilidad de una vida sedentaria, enmarcada entre las crudas aristas del trabajo y la soledad.&lt;br /&gt;         Sé que nada es perdurable. Que todo es un tren que viaja incansable entre las innumerables estaciones, deteniéndose efímeramente en alguna de ellas, atravesando otras sin ruido y arrebatando miradas de nostalgia, suspiros. Sé que la vida no es sino un compendio de recuerdos, un asombrado &lt;br /&gt;catálogo de estaciones que fuimos dejando atrás. Pero ahora que el tiempo ha pasado, el recuerdo de aquel viaje, de Andrea, vuelve a mí con insistencia, tiñendo de melancolía los atardeceres, y llevándome incomprensiblemente a ese banco del andén, desde el que, cada tarde, contemplo con atención el &lt;br /&gt;tránsito engañoso de los trenes.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;*De Sergio Borao Llop. sbllop@gmail.com&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Lo que Sucedió con el Comunismo que nos Llegó del Cielo,&lt;br /&gt;Pegado en un Asteroide Comunista* &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;¡Caminemos bajo la lluvia! &lt;br /&gt;Que tus ojos y tu sonrisa mojen mis botas &lt;br /&gt;Hasta dejarlas inservibles. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Caminemos bajo las lluvias, &lt;br /&gt;Y en mente escribamos &lt;br /&gt;Sobre una estación ferroviaria. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡A caminar bajo el Sol! &lt;br /&gt;Que tu cielo y tus estrellas &lt;br /&gt;Brillen para mis ojos &lt;br /&gt;Hasta reventarlos en astillas gelatinosas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y a oscuras escribiremos &lt;br /&gt;Sobre estaciones de tren, &lt;br /&gt;Que nunca hemos visto &lt;br /&gt;Ni imaginado. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡A salir y andar corriendo, &lt;br /&gt;Cobijados con el viento! &lt;br /&gt;Que tu cuerpo, &lt;br /&gt;Entre delirios de ausencia, &lt;br /&gt;Me posea y me levante por las noches &lt;br /&gt;Hasta desgarrarme. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A salir corriendo &lt;br /&gt;Para que mi cuerpo &lt;br /&gt;Sirva de alimento &lt;br /&gt;A la hierba que se aferra a recordarte, &lt;br /&gt;Y tus manos terminen de escribir &lt;br /&gt;Sobre estaciones de un tren lejano, &lt;br /&gt;al que nunca hemos viajado. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Caminemos batidos de tierra mojada! &lt;br /&gt;Que la sangre que adorna tu rostro &lt;br /&gt;Termine por ahogarme, &lt;br /&gt;Y seas tú &lt;br /&gt;Quien termine escribiendo &lt;br /&gt;Alguna historia &lt;br /&gt;Sobre la Estación Dudignac, &lt;br /&gt;Aquella en la que nunca hemos estado, &lt;br /&gt;Y que sólo conozco &lt;br /&gt;Porque alguien quiere escribir sobre ella, &lt;br /&gt;Como si se empeñara &lt;br /&gt;En no entregarla al olvido, &lt;br /&gt;Como yo me empeño &lt;br /&gt;A no entregar aún tus caricias... &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;*De hugo ivan cruz-rosas. quetzal.hi@gmail.com &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Aunque ella nunca pueda decir adiós*&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;      &lt;br /&gt;   &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;*Por Aldima. licaldima@yahoo.com.ar    &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Hacer feliz a un niño, al menos por un rato, y complacerse con la fugaz medialuna de su sonrisa, era una de las mayores satisfacciones que la vida podía brindarle a Ezequiel Dudignac. La otra era enamorar a una mujer.&lt;br /&gt;            Desde su más tierna infancia le había fascinado la actuación. Le gustaba disfrazarse durante esas tórridas siestas, cuando nadie lo veía, e interpretar delante del extenso espejo vertical del baño una nutrida galería de personajes, algunos copiados de los que veía en el cine, y otros productos de su primitiva invención. Durante mucho tiempo sostuvo el deseo de ser actor, hasta que para unas Navidades, una tía solterona le regaló un títere, cuya cabeza de plástico ostentara la adusta mirada de un Príncipe Valiente y su vestimenta a cuadros le otorgase la mayor de las elegancias. &lt;br /&gt;A partir de ese día, su vida llegaría a ser muy distinta.&lt;br /&gt;            Participó de diversos cursos de actuación, pero lo que capturó su atención durante su errático devenir artístico fue el teatro infantil. Desde que ingresó por vez primera en semejante universo, la magia lo capturó, especializándose en el manejo de los títeres, ese sutil e intransferible arte de proyectar el alma sobre una mano, recubierta por un personaje muy particular, cruza mística de muñeco y de duende, dueño de una personalidad intransferible, y como dijeran sus queridos maestros de entonces, “hasta podría decirse que están dotados de vida propia”.&lt;br /&gt;            Sin embargo, aunque los títeres –y por extensión las marionetas- lo hubiesen hechizado, Ezequiel no se resignaba a permanecer detrás de la cortina negra de la titería, leyendo los textos impresos con distintas clases de voces mientras alzaba los brazos o los desplazaba a un lado y al otro –cuando de marionetas se trataba-. También gozaba paseándose por un escenario, a la manera de un singular clown, aunque sin el absurdo y clásico maquillaje, que nunca toleró. Y si bien gustaba de desarrollar personajes propios, no terminaba de definirse por alguno en particular a la hora de mantener una identidad histriónica. Por lo tanto, la actuación en su vida era un desliz. Lo novedoso, lo imprevisto, lo central eran los títeres. &lt;br /&gt;            Por eso, cuando alguien le comentó acerca del Vagón Infantil que transportaba el tren a Carhue, Ezequiel ni lo dudó. Encontró la manera de entrevistarse con el encargado ferroviario del proyecto, le presentó una carpeta con diseños de futuros trabajos a desarrollar a bordo del Vagón, y en menos de tres meses recorría no sólo el conurbano, sino también otros pueblitos por donde pudiese circular la entrañable trocha angosta, departiendo sonrisas infantiles por dondequiera que arribaban.&lt;br /&gt;            Sin embargo, Ezequiel no estuvo solo en el proyecto. Un tal Marco Cazzolonghi, arrogante mago con aires de seductor de telenovela, también se hallaba aguardando a que lo atendieran en la desolada sala de espera de una burocrática oficina del Ferrocarril Midland. Ambos trabaron un contacto instantáneo, fascinados ante la idea de llegar a ser compañeros en  un movilizante espectáculo infantil. Y antes de conocer una toma de decisiones por parte de los encargados del Ferrocarril, ya se habían puesto a idear un show en conjunto, repartiéndose los tiempos de entrada y duración de cada escena. Tenían estilos un tanto diferentes –Ezequiel era más tierno y cálido con el público, Marco sostenía una rectitud distante no exenta de simpatía-, pero ambos compartían las mismas ganas de inventar, producir, cautivar…&lt;br /&gt;            Una vez instalados en el Vagón Infantil, se proveyeron de todo lo necesario para desplegar una gira creativa. Tan equipados estaban, que aquello hasta les parecía su segunda casa; sobre todo para Ezequiel, a quien su espíritu de aventura podía llevarlo hacia límites insospechados. Para Marco en cambio, aquello sólo era una gira; sabía que volvería a su casa en algunas semanas –si todo funcionaba como lo habían planeado-, por lo que no quería hacerse ninguna idea de pertenencia respecto del Vagón. &lt;br /&gt;A diferencia de su compañero, Ezequiel se sentía feliz, animosidad que se transmitía a pleno en sus funciones, llevándolo a improvisar más allá de los textos –circunstancia que a Marco siempre le molestó un poco, tan ceñido él al formato de su presentación-. Allí comenzaron a reconocer sus diferencias: Ezequiel era una usina creativa que se potenciaba con cada nueva ocurrencia, dejándose llevar por su propia alegría, imaginando por su cuenta al inventar un parlamento inexistente para uno de sus títeres o crear una exótica danza aborigen para que imite y comparta junto a él en el escenario ese risueño coro de chicos que solía venirlos a ver cada vez que arribaban a la estación de turno. Imprevisibilidad que causaba las risas iniciales de Marco, aunque también generaba en él cierto efecto residual, muy parecido a la envidia; de la peor clase. &lt;br /&gt;Aquí es tiempo de citar el otro ítem que siempre dejaba satisfecho a Ezequiel, y que generó un motivo de disputa impensado –y silencioso- con su compañero de show. Las mujeres lo perdían… Y eso era algo inmanejable, que le quitaba concentración, que lo alejaba de lo infantil de manera inexorable. Como Jeckyll &amp; Hyde, cara y cruz de una misma esencia, el tierno clown que se ganaba el corazón de todos y el irresistible amante que se excitaba con toda mujer bonita que se cruzase en su camino. Pero lo más grave del asunto era lo que ocurría en el mismo trayecto del Vagón Infantil.&lt;br /&gt;Al hacer las reverencias de rigor, sobre el final de cada espectáculo, su atención comenzaba a bascular de manera irremediable entre las iluminadas sonrisas infantiles y las palmas femeninas que lo ovacionaban; palmas que poseían un rostro que gesticulaba pidiendo “¡¡¡O-tra-más!!! ¡¡¡Y no jodemos más!!!”; rostros que él inspeccionaba de soslayo, con una precisión casi quirúrgica, sondeando quién era la madre más hermosa que había llegado hasta allí, acompañando a sus hijos para disfrutar de una tarde mágica……en todo sentido. Mujeres que hasta se acercaban a saludarlo cuando se bajaba del escenario, y cuyas siluetas él admiraba de cerca, desbordante de piropos para con esas cálidas mamás que reían con picardía al saludarlo con un beso, dejándole impregnado su perfume y un breve pero suave contacto con su piel, aroma cuyo recuerdo lo excitaba por las noches. Y cuando no se trataba de las madres, no faltaban tampoco las maestras jardineras.… Dicha particularidad le había hecho ganar el mote de “Tero”, ya que al igual que el ave autóctona, solía chillar en un determinado paraje –con una madre que se mantenía sobre el límite de la aceptación de sus propuestas, por ejemplo, recibiendo con ostentosa gala las seductoras virtudes del titiritero-, pero depositando los huevos en otro lugar –manoseando a gusto a una risueña pero provocativa maestra jardinera que se entusiasmara con la idea de conocer el Vagón Infantil con las primeras horas de la noche, cuando los chicos ya se encontraban desde hacía rato en sus respectivos hogares-.&lt;br /&gt;Sin embargo, aquel oculto arte amatorio le era sutilmente boicoteado por Marco –con excusas más que infantiles en un principio-, para quien la envidia se había ido transformando en sólido ataque de celos imposible de dominar. Sólo que Marco era incapaz de pronunciar palabra alguna al respecto. Ni siquiera podía confesarse semejantes sentimientos a sí mismo. ¿Cómo era posible que Ezequiel tuviese tales habilidades, y a él ni siquiera lo registrasen? ¿Sería a raíz de esa distancia que se imponía a si mismo respecto del público?  &lt;br /&gt;            Por su parte, Ezequiel sentía que su suerte respecto de las mujeres venía siendo esquiva desde hacía tiempo. Y aunque desconociese –o ni siquiera reparase en- los reprimidos sentimientos de Marco, sostenía que no era fácil encontrar la manera de seducir a una mamá o maestra jardinera delante de todos, menos aún proponerle delante de sus compañeras de turno, sus alumnos o sus hijos, que la esperaba más tarde, para “enseñarle a sus muñecos”… Si bien había tenido algunos éxitos, no eran los que él hubiera deseado. Aún recordaba a aquella espectacular tetona que lo sedujera hasta límites imposibles cerca de San Sebastián, que lo excitase hasta la locura al abrazarlo, demorando el contacto de su voluminoso pecho contra el suyo al despedirse, y que luego no volviese a verla más, aunque le rogase que acudiera sin falta al Vagón en las próximas horas. De más está decir que aquella noche no pegó un ojo; que deambuló por el Vagón a oscuras, movilizado por una intensa calentura; que Marco lo oyó insultar en susurros ante el moroso discurrir de la madrugada, pero que nada refirió al respecto al levantarse a desayunar…&lt;br /&gt;            Y así anduvieron por las vías, con andar errante, hasta que al culminar la función en la parada Ingeniero De Madrid, pretenciosamente llamada Estación, su suerte quedó echada bajo la forma de una murga uruguaya, con un ciclista como testigo.&lt;br /&gt;            Lo divisaron algunas horas antes, vestido de colores chillones, con unas diminutas antiparras y un oblongo casco azul muy particular, pedaleando por sobre una vereda de tierra, paralela a la vía, y arribaron juntos a la estación. Alcanzaron a oír que le pedía indicaciones al encargado –en ausencia sin aviso del habitual Jefe- sobre cómo llegar hasta la Estación Dudignac. El empleado le señaló que cruzara el paso a nivel que se divisaba a pocas cuadras de allí, y siguiera por ese sendero, que mejoraba notablemente respecto de los Km. que ya había hecho desde 9 de Julio. Por el camino, podía divisar a lo lejos el puente de la Ruta Provincial 65, y más adelante, una cantera inundada donde solían avistarse biguas, garzas y patos. El ciclista le agradeció entusiasta y se tomó un respiro, bebiendo un buen sorbo de Gatorade, sabor limón, proveniente de su cantimplora. &lt;br /&gt;            Estaba a punto de reiniciar la marcha, luego de quedarse a presenciar la entrañable función de Dudignac &amp; Cazzolonghi, mientras éstos se disponían a realizar un último bis delante de los niños congregados durante la tardecita alrededor del Vagón Infantil, cuando un súbito estruendo musical los dejó paralizados. Con las últimas luces diurnas vieron surgir, atónitos, sobre un recodo de la vía, a una movediza y colorida murga uruguaya, que danzaba bulliciosa hacia ellos. Silbatos, matracas, trompetas y redoblantes atronaban el espacio cercano a la Estación, mientras un estridente coro entonaba una bonita prosa de Don Jaime Roos:     &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;“En el tumulto de los húsares de Momo&lt;br /&gt;Encandilado por las luces de otro barrio&lt;br /&gt;Aquel murguista saludando con su gorro&lt;br /&gt;Se despedía como siempre del tablado”&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;            Grandes y chicos, negros y blancos, danzaban vertiginosos, contagiando su alegría, impulsando a los espectadores a seguirlos en su trajín musical sin pensarlo siquiera. El ciclista batió palmas con los brazos en alto, sin bajarse del vehículo, y rió con ganas cuando unos niños disfrazados de arlequines se acercaron para hacerle cosquillas con unos coloridos plumeros de papel. Saludó con las manos en alto a su alrededor, y mientras seguía riendo, se marchó pedaleando hacia el recodo de la vía por donde había arribado la murga.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;“Que no se apague nunca el eco de los bombos&lt;br /&gt;Que no se lleve los muñecos del tablado&lt;br /&gt;Quiero vivir en el reinado del Rey Momo&lt;br /&gt;Quiero ser húsar de ese ejército endiablado”&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;            &lt;br /&gt;Al ver aquello, Ezequiel quedó fascinado. Su costado más histriónico lo impulsó a sumarse al baile, al salto discordante, al arranque danzarín. Sin embargo, antes de que pudiese dar el primer paso hacia el centro de la murga, emergiendo por entre los coloridos murguistas, una visión lo paralizó.&lt;br /&gt;            Era una morocha de rulos que cortaba el aliento. Aunque carecía de atributos físicos exuberantes, su sensualidad privaba de palabra alguna que pudiese opacarla con una triste descripción. Vestía como una Colombina, en la mejor tradición picaresca italiana, intentando eludir los constantes embates amatorios de un Pierrot que danzaba a su lado, pero que a su vez flirteaba con cualquier otra muchacha que perteneciera a la murga……y que le fuera ajena también. Ezequiel, embutido en su clásico traje de clown farsesco –un tanto distinto al que lucían los recién llegados-, quedó atónito al registrar una sonrisa en los carnosos labios de la morocha, y dudó si tal gentileza le era destinada especialmente a él. Por si acaso, y para despejar toda duda, metió mano dentro de su improvisada galería de recursos y le dedicó una teatralizada reverencia, que ella pareció no contemplar, o sencillamente ignoró.&lt;br /&gt;            Marco también notó la deslumbrante presencia de la Colombina, sólo que la importancia de la misma creció en la medida en que pudo contemplar el hechizo que aquella hermosa muchacha había ejercido sobre Ezequiel. Sus celos lo arrasaron sin piedad, ruborizado por la impotencia, a pesar de lucir sus elegantes galas mágicas. Deseó tener algún magnífico truco a mano como para romper aquel maléfico hechizo deseante, pero sólo pudo contentarse con la inmovilidad de su compañero, incapaz de acercarse hasta ella, más allá de que ejecutase sus habituales monerías teatrales.&lt;br /&gt;            Marco decidió esperar. Por lo visto, la murga había llegado para quedarse, y su inquietante bullicio cirquero constituía un complemento ideal para rematar el espectáculo de magia del flamante Vagón Infantil. Y sólo después, cuando se alejara el público, habría que ver quién de los dos, el mago o el titiritero, brillaba más lejos del escenario. &lt;br /&gt;            Ezequiel, siendo más “Tero” que titiritero o clown, ajeno por completo a su show habitual, sólo pensaba en la morocha. Azorado contemplaba cada uno de sus movimientos, sus contoneos, sus sonrisas… De pronto deseó que todo el mundo conocido se extinguiese delante suyo, y desaparecieran el tren, la estación, los niños con sus madres –para nada atractivas, desde hacía un par de minutos-, la función, la murga, para que allí sólo quedasen ellos dos, en plena soledad campestre, dispuestos a conocerse mucho más intensamente que cualquier otro vínculo que hubieran podido establecer en el pasado.&lt;br /&gt;            A pesar de ello, se lanzó fuera del escenario, mezclándose con los bullangueros integrantes de la murga, evitando cruzarse nuevamente con la filosa mirada de ojos negros de la morocha y su enigmática sonrisa, a fin de no volver a quedar paralizado…&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;*   *   *&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;            &lt;br /&gt;El eco de los últimos aplausos y ovaciones aún perduraba en sus oídos cuando el tren volvió a ponerse en marcha. El armado y desarmado del escenario para la función de títeres, magia y humor era un ejercicio tan aceitado que apenas les demandó unos minutos. Mientras tanto el Pierrot, voz cantante de la murga, negociaba con el maquinista un viaje gratis hasta Dudignac para toda la compañía, ya que la bañadera oriental que los transportaba desde hacía meses había padecido sus últimos estertores de muerte unas pocas cuadras antes de arribar a Ingeniero De Madrid. &lt;br /&gt;Al oír esto, Ezequiel se entusiasmó. Sus ilusiones se proyectaron de inmediato hacia un futuro encuentro ferroviario con la Colombina. Marco, por su lado, satisfecho por su -¿mágica?- intuición, se aprestó a tolerar esos egoístas sentimientos que afloraban más allá de su voluntad, …¿o no?&lt;br /&gt;Un único vagón de pasajeros quedó unido a la formación, mientras la locomotora realizaba las maniobras correspondientes para acoplar un par de vagones más, uno que transportaba cargas varias -entre ellas, una partida de alimentos que donaba el gobierno provincial para unos recién estrenados comedores infantiles-, y otro perteneciente al correo y las encomiendas. Ambos fueron acoplados junto al de pasajeros y el Infantil, cuyo par de ansiosos pasajeros, en absoluto cansados por la reciente función, deseaban reanudar viaje cuanto antes.&lt;br /&gt;El silbato del tren retumbó en la noche, mientras el potente faro de su morro desgarraba las tinieblas rumbo a Dudignac, y se oía el clásico golpe metálico de los vagones al iniciar la tracción. La noche prometía ser muy cálida para desaprovecharla yéndose a dormir…&lt;br /&gt;Lalo tomó a uno de sus más preciados y entrañables personajes, el títere que en cada show presentaba como “el Caballero Mano de Fuego” –su mejor carta de presentación, sobre todo cuando lo embargaba un súbito acceso de timidez-, y avanzó hacia el vagón de pasajeros, con cierta incertidumbre pero miles de mariposas aleteando a lo largo de sus arterias, concentradas en su abdomen. Marco no quiso quedarse atrás, y sin que Ezequiel lo notase, provisto de la galera, la amplia capa negra y su gloriosa varita mágica, le siguió los pasos. &lt;br /&gt;Al hacer su entrada, Ezequiel saludó en derredor, bromeando al pasar, contagiándose de la perenne bulla que emanaba de aquel simpático y heterogéneo grupo de gente. Así, fue acercándose hasta donde se hallaba sentada la Colombina, quien al ver al “Caballero Mano de Fuego” a la altura del hombro del titiritero, sonrió complacida, sin perder el aura misteriosa que la rodeaba, y le acarició el cabello rubio de lana con el dorso de su dedo índice. Ezequiel emitió un sonoro y trémulo falsete, dando a entender un imprevisto acceso de pudor, mientras el “Caballero Mano de Fuego” se volvía sobre su eje para ocultar el rostro contra la camisa de Lalo. Todos rieron complacidos.&lt;br /&gt;Hasta que Marco interrumpió la escena, adelantándose al exclamar:&lt;br /&gt;-¡Rescataré a este valeroso príncipe de las malditas garras de la vergüenza! -, convirtiendo su varita mágica en un precioso ramo de flores, que solícito le entregó a la morocha como regalo, ruborizándose hasta las orejas, pero contemplándola con mirada dura y distante.&lt;br /&gt;Ella le agradeció el gesto con aire ausente, casi indiferente, como si el mero hecho de haber nacido hermosa, con los años hubiera llegado casi a fastidiarla.&lt;br /&gt;La competencia establecida con ese imprevisto ramo de flores no se le escapó a Ezequiel, quien sintió una profunda y súbita decepción ante la fría acogida de la Colombina respecto del “Caballero Mano de Fuego”. Al mismo tiempo, deseó eliminar de inmediato a su compañero de tareas. “Pero, ¿qué te pasa?”, pensó para sus adentros. Y como cada vez que se encontraba en un mal trance, apeló a uno de sus mejores amigos para que lo defienda:&lt;br /&gt;-¡Pero que inoportuno es este mago! -, exclamó la contagiosa voz de falsete del “Caballero Mano de Fuego”. -¡Siempre aparece con un antiguo truco de cuarta para estropearme la función!&lt;br /&gt;Más risas murgueras, incluida la de la morocha. Sólo que entre las miradas de Ezequiel y Marco volaban letales dardos imaginarios.&lt;br /&gt;            -Quizá nuestro príncipe necesite compañía esta noche -, sugirió el mago, y con un certero y veloz pase de magia hizo aletear una paloma blanca entre sus manos.&lt;br /&gt;            Una exclamación de sorpresa se extendió a su alrededor, mientras estallaban los redoblantes, y la paloma revoloteaba inquieta para posarse sobre uno de los hombros de Marco. Aquello era competencia desleal. &lt;br /&gt;Ezequiel frunció el ceño y subió la apuesta, olvidándose de su compañerismo, sin pensar en nada.&lt;br /&gt;            -¡Prefiero la compañía de unos hermosos ojos negros, Cruel Hechicero de la Noche! -, lo desafió el mismo falsete anterior, extendiendo el brazo con elegancia hasta que los rubios cabellos de lana del “Caballero Mano de Fuego” rozaron la tersa mejilla de la Colombina, quien de súbito –sin dejar las flores ofrecidas por el mago- entrecerró los ojos con dulzura, volviendo a elevar su mano para acariciar aquella tierna cabecita de papel maché, esta vez con varios de sus dedos, gráciles y sutiles. &lt;br /&gt;Sólo que Ezequiel, por una cuestión de profundo orgullo, no podía apartar la vista de Marco. Como si allí mismo, de manera impensada minutos antes, se definiese su mutuo y futuro acontecer laboral.&lt;br /&gt;            -Si lo que deseas es conquistarla, te hará falta mucho amor -, y acto seguido, Marco hizo aparecer de debajo de su capa negra la inconfundible silueta de un corazón de chocolate, envuelto en un brillante papel colorado, que inmediatamente le entregó a la Colombina. &lt;br /&gt;Ovaciones y aplausos, más el estallido de un platillo. La situación estaba complicada. Conocía la mayoría de los trucos que Marco desplegaba en su show –muchos otros que mantenía en secreto también-, y sabía que no podría competir contra él……a menos que cambiara las reglas de juego.&lt;br /&gt;-Sólo un acto de valentía puede conquistar a una dama -, exclamó, estridente, el “Caballero Mano de Fuego”, apostando todo en una sola mano. –Y ese acto es el de mostrar las habilidades varoniles más intensas que cada uno posea.&lt;br /&gt;Silbidos de entusiasmo, procaces ovaciones y sonidos de trompetas atronaron el vagón, para beneplácito de la sonriente Colombina –gozosa con el simpático duelo-, a quien algunos de sus compañeros murguistas rodearon en un teatral abrazo, a modo de bandeja que la sirviera para el ganador. &lt;br /&gt;Marco tembló, ignorando hacia dónde correría el “Tero”. En estas lides, delante de una mujer, Ezequiel sabía actuar mejor que él. El corrosivo ácido de la envidia le roía las entrañas. Sintió por un instante que el combate, la noche, el mágico e ilusorio proyecto del show de Vagón Infantil se esfumaban en apenas unos segundos de irrupción erótica. El dolor y la furia fraguaban en su interior. La ambivalencia no lo dejaba pensar.&lt;br /&gt;Ezequiel se impacientaba al experimentar sensaciones similares. Le resultaba incomprensible que su mejor compañero de shows hasta la fecha pudiera hacerle una escena de celos como ésta. Pero también recordó que Marco era un hombre, además de mago. Y que jamás le había conocido una pareja, estable u ocasional. “Cosas del destino”, se consoló a sí mismo, minimizando el posible dolor del otro. Pero sabía que era un engaño.&lt;br /&gt;La murga bullía, expectante. La morocha los miraba alternativamente, pendiente del resultado, atraída -sin querer admitirlo- hacia tal original rivalidad en su honor. De nada valía conocer cuál era el as en la manga que podía ocultar cualquiera de los dos; y sin embargo, el suspenso aumentaba.&lt;br /&gt;Hasta que el redoblante se dejó oír en demasía, y Marco estalló:&lt;br /&gt;-¡Está bien! -. Y el tamborileo del redoblante cesó con un estruendo de platillos. –Si hay que demostrar habilidades, ¡pues que así sea!&lt;br /&gt;Con un grandilocuente gesto teatral, ajeno a su persona, se cubrió la mitad inferior del rostro con su brazo izquierdo enrollado en la capa, mientras con su mano derecha se golpeaba apenas la cabeza con un extremo de la varita. Acto seguido, desapareció.&lt;br /&gt;Un ahogo de asombro enmudeció al vagón, que contuvo el aliento, disipando cualquier sonrisa. Ezequiel quedó perplejo por un instante. “¡¿Cómo lo hizo?!”, chillaba una voz dentro de su mente. Hasta que con su último resto de cordura, conteniendo a duras penas una lengua vacilante, proclamó:&lt;br /&gt;-¡Un aplauso, señoras y señores! -. El sonido de su propia voz lo sorprendió tanto como a los demás. -¡He ahí a un artista que sabe salir limpiamente de escena! -. Y con un murmullo apenas audible, sin poder reprimirse, agregó: -Y a un hombre que conoce sus propias limitaciones.&lt;br /&gt;Los aplausos fueron muy trémulos, esporádicos, hasta que luego de unos instantes estallaron privilegiados, comprendiendo que se hallaban en presencia de un show nunca antes visto. Sólo que sus propios artistas lo desconocían hasta entonces.&lt;br /&gt;            La Colombina se puso de pie, reponiéndose de la sorpresa, tomó la mano libre de Ezequiel entre las suyas, obligando al titiritero a regresar a la realidad, y le rozó los labios con los suyos. La murga explotó en un solo grito, liberando la tensión. Ezequiel parpadeó, incrédulo, como si aquello no fuese lo deseado. La morocha se hizo a un costado y besó en la nariz al “Caballero Mano de Fuego”, que tembló con vida propia en manos de Ezequiel, sin que éste pudiese articular palabra. Entonces ella, reteniéndolo con ambas manos, lo condujo fuera del vagón. Un malévolo coro de murguistas le deseó buena suerte, riendo y aplaudiendo a la vez.&lt;br /&gt;            El silbato del tren se dejó oír, como proviniendo de otras épocas. La velocidad de la locomotora pareció disminuir. Algunos solitarios focos de la luz iluminaron brevemente la semipenumbra del pasillo, junto a los escalones del vagón. Ella le rodeó el cuello con los brazos, lo besó con la boca abierta, beso que Ezequiel apenas tuvo el impulso de responder, y le dijo con un tono áspero y sensual:&lt;br /&gt;            -Es la primera vez que me seducen con magia. Pero como ya lo dijo el poeta, el único paraíso posible es el paraíso perdido.&lt;br /&gt;            Dicho lo cual, el tren aplicó los frenos, deteniéndose en la Estación Dudignac. Ezequiel, desconcertado, sin ser él mismo desde la desaparición de Marco, giró la cabeza hacia el exterior. Más allá del andén divisó un almacén de ramos generales, digno de ser confundido con una pulpería; el pueblo parecía haberse detenido en el tiempo. La sensación de irrealidad se tornó aún más punzante al descubrir la insólita presencia de un ciclista pedaleando al cruzar bajo la solitaria luz de otro foco. El “Caballero Mano de Fuego” volvió a temblar con vida propia. Un súbito escalofrío lo adosó contra la pared del vagón. “¿Qué me pasa?”, alcanzó a preguntarse Ezequiel, sin darse una respuesta, aunque sintiéndose víctima de un ignominioso hechizo. Las manos de la Colombina yacían ardientes sobre su nuca, los ojos negros clavados en los suyos, a la espera de algo más, aunque sin animarse por el momento.&lt;br /&gt;            Entonces, quebrando aquel maléfico hechizo como un cristal, el movedizo cuerpo de la murga arremetió contra ellos, obligándolos a descender a tropezones en una contracturada danza, mientras entonaban otra pegadiza rima de Don Jaime Roos: &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Era una retirada&lt;br /&gt;Que al despedirse quiere regresar&lt;br /&gt;Se va, se va la murga&lt;br /&gt;Aunque ella nunca pueda decir adiós”&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;           &lt;br /&gt; Ezequiel trastabilló, a punto de perder el equilibrio al llegar al andén, sostenido apenas por el anónimo abrazo de la murga. La Colombina reía, secundada por Pierrot, quien la cortejaba burlescamente mientras bailaba a los saltos a su alrededor; “Nuevamente la Princesa se perdía entre la gente”, canturreó Ezequiel, recordando la rima murguera. Por un instante, aquel sentimiento de extrañeza lo abandonó, aunque no lograba sacarse de la cabeza la cruel imagen de Marco desvaneciéndose en el aire. &lt;br /&gt;            Y aunque le era imposible recuperar la sonrisa, o aquel tórrido sentimiento de seducción que lo embargara al calzarse a su preciado “Caballero Mano de Fuego” a bordo de su entrañable Vagón Infantil, su corazón se agitó trémulo –con un sentimiento de pérdida mucho más incisivo que el experimentado por el alejamiento de la morocha-, mientras la murga se alejaba en la noche rumbo al pueblo, al escuchar aquella esperanzada rima de Don Jaime Roos, una vez más:&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Que no se apaguen las bombitas amarillas&lt;br /&gt;Que no se vaya nunca más la retirada&lt;br /&gt;Quiero cantarle una canción a Colombina&lt;br /&gt;Quiero llevarme su sonrisa dibujada”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;*&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Inventren Próxima estación: MOREA.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;-Colaboraciones a inventivasocial@yahoo.com.ar&lt;br /&gt;http://inventren.blogspot.com/&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Editor Responsable del Inventren: Urbano Powell. urbanopowell@yahoo.com.ar&lt;br /&gt; http://urbamanias.blogspot.com/&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Inventren sigue su recorrido por las siguientes estaciones:&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;INGENIERO DE MADRID&lt;br /&gt;(CON COMBINACIÓN EN EL FERROCARRIL PROVINCIAL&lt;br /&gt;CON DESTINO LA PLATA O MIRAPAMPA)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;ORTIZ DE ROSAS.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;ARAUJO.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;BAUDRIX.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EMITA.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;INDACOCHEA.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;LA RICA.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;SAN SEBASTIÁN.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;J.J. ALMEYRA.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;INGENIERO WILLIAMS.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;GONZÁLEZ RISOS.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;PARADA KM 79.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;ENRIQUE FYNN.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;PLOMER.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;KM. 55.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;ELÍAS ROMERO.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;KM. 38.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;MARINOS DEL CRUCERO GENERAL BELGRANO.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;LIBERTAD. &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;MERLO GÓMEZ.   &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;RAFAEL CASTILLO.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;ISIDRO CASANOVA.   &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;JUSTO VILLEGAS.  &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;JOSÉ INGENIEROS.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;MARÍA SÁNCHEZ DE MENDEVILLE.  &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;ALDO BONZI.  &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;KM 12.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;LA SALADA.  &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;INGENIERO BUDGE. &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;VILLA FIORITO.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;VILLA CARAZA.   &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;VILLA DIAMANTE.   &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;PUENTE ALSINA.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;INTERCAMBIO MIDLAND.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;InventivaSocial&lt;br /&gt;Plaza virtual de escritura&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para compartir escritos dirigirse a : inventivasocial(arroba)yahoo.com.ar&lt;br /&gt;-por favor enviar en texto sin formato dentro del cuerpo del mail-&lt;br /&gt;Editor responsable: Lic. Eduardo Francisco Coiro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Blog: http://inventivasocial.blogspot.com/&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Edición Mensual de Inventiva.&lt;br /&gt;Para recibir mes a mes esta edición gratuita como boletín despachado por &lt;br /&gt;Yahoo, enviar un correo en blanco a: &lt;br /&gt;inventivaedicionmensual-subscribe@gruposyahoo.com.ar&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;INVENTREN&lt;br /&gt;Un viaje por vías y estaciones abandonadas de Argentina.&lt;br /&gt;Para viajar gratuitamente enviar un mail en blanco a: &lt;br /&gt;inventren-subscribe@gruposyahoo.com.ar&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Inventiva Social publica colaboraciones bajo un principio de intercambio: la libertad de escribir y leer a cambio de la libertad de publicar o no cada escrito. los escritos recibidos no tienen fecha cierta de publicación, y se editan bajo ejes temáticos creados por el editor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las opiniones firmadas son responsabilidad de los autores y su publicación en Inventiva Social no implica refrendar dichos, datos ni juicios de valor emitidos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La protección de los derechos de autor, o resguardo del copyrigt de cada obra queda a cargo de cada autor. &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Inventiva social recopila y edita para su difusión virtual textos literarias que cada colaborador desea compartir.&lt;br /&gt;Inventiva Social no puede asegurar la originalidad ni autoria de obras recibidas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Respuesta a preguntas frecuentes&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Que es Inventiva Social ?&lt;br /&gt;Una publicación virtual editada con cooperación de escritores y lectores.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuales son sus contenidos ?&lt;br /&gt;Inventiva Social relaciona en ediciones cotidianas contenidos literarios y noticias que se publican en los medios de comunicación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuales son los ejes de la propuesta?&lt;br /&gt;Proponer el intercambio sensible desde la literatura.&lt;br /&gt;Sostener la difusión de ideas para pensar sin manipulación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es gratuito publicar ?&lt;br /&gt;En inventiva social no se cobra ni se paga por escribir. 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margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 266px;" src="http://3.bp.blogspot.com/--wUdK06FvVA/TkZ3BX-VDhI/AAAAAAAABmo/gT-AwOi-Q50/s400/CARTEL%2BSANTOS%2BUNZUE.bmp" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5640326448827141650" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;InvenTren.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;La leyenda que germina entre el polen*&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Santos Unzué”&lt;br /&gt;Se leía en la pared de ladrillo,&lt;br /&gt;Con letras grabadas muy limpias y nítidas,&lt;br /&gt;Que guardaban los recuerdos lejanos&lt;br /&gt;De las tantas personas que pasaron frente a ellas:&lt;br /&gt;Y las leían para saber&lt;br /&gt;Con qué nombre era llamado aquel lugar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las nubes en el cielo parecían borregos&lt;br /&gt;Traídos hace tiempo en vagones por las vías,&lt;br /&gt;Hoy cubiertas bajo concreto,&lt;br /&gt;Y dejados en libertad para hacer lo que desearan:&lt;br /&gt;Como subir al cielo en agua condensada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La estación del tren,&lt;br /&gt;Visitada por los vientos,&lt;br /&gt;Se preguntaba si aquellas letras en su muro,&lt;br /&gt;Que anunciaban la llegada a la estación ferroviaria,&lt;br /&gt;Darían también nombre al cielo que la cubría:&lt;br /&gt;De ser así,&lt;br /&gt;Los animalillos de nube coloreada en la estratósfera&lt;br /&gt;Deberían de ser capaces&lt;br /&gt;De leer el nombre desde las alturas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nunca nadie dijo que una estación clausurada&lt;br /&gt;No debiera sentir algo de vanidad o de nostalgia,&lt;br /&gt;Y mucho menos alguien antes&lt;br /&gt;Había visto una pequeña estación de tren,&lt;br /&gt;Tan orgullosa de su letrero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por las noches,&lt;br /&gt;Al principio como pasatiempo,&lt;br /&gt;Le enseñó al pasto a leer el letrero,&lt;br /&gt;Luego a las estrellas,&lt;br /&gt;Al viento, al frío, al calor...&lt;br /&gt;Sus enseñanzas se hicieron numerosas,&lt;br /&gt;Y abrió un turno matutino&lt;br /&gt;Para la enseñanza de lo que se conocía como&lt;br /&gt;“Lectura de letrero”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Sol aprendió,&lt;br /&gt;La luna, la lluvia, los animales, y las flores,&lt;br /&gt;Estaban entre sus mejores alumnos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El pasto,&lt;br /&gt;Que le costaba trabajo entender la cátedra,&lt;br /&gt;Tomaba clases durante ambos turnos:&lt;br /&gt;Nocturno y matutino.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sólo en las tardes se suspendían las clases.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El método de enseñanza era siempre el mismo:&lt;br /&gt;Leer todos los asistentes,&lt;br /&gt;Y al mismo tiempo,&lt;br /&gt;El letrero del muro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La enseñanza continuó con éxito,&lt;br /&gt;A tal grado que comenzaron a llegar&lt;br /&gt;Nuevos estudiantes,&lt;br /&gt;Y se consiguió el apoyo de becas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hoy día,&lt;br /&gt;La modesta estación imparte cursos&lt;br /&gt;Con los mismos horarios,&lt;br /&gt;Y si algún viajero llega sin interrumpir las clases,&lt;br /&gt;Podrá escuchar por las noches y por las mañanas&lt;br /&gt;Cómo por todos lados,&lt;br /&gt;Y de diferentes modos,&lt;br /&gt;Hasta las sombras&lt;br /&gt;Que los cuerpos proyectan en el suelo&lt;br /&gt;Llenan las horas de colores diciendo:&lt;br /&gt;“Santos Unzué”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y la estación&lt;br /&gt;Muestra de nuevo el letrero grabado en el muro,&lt;br /&gt;Y hasta uno mismo repite,&lt;br /&gt;casi sin darse cuenta y en voz baja:&lt;br /&gt;“Santos Unzué”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;*De hugo ivan cruz-rosas. quetzal.hi@gmail.com&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Estación Santos Unzué&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;LA ESTACIÓN*&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;     &lt;br /&gt;*De Sergio Borao Llop. sbllop@gmail.com&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;   Salí al aire frío de las calles, abandonando la oscuridad del almacén. Alguien que no reconocí me despidió con un extraño ademán. Recordé confusamente que debía tomar un tren.&lt;br /&gt;         Pocos días antes me había sido enviada una carta en la que se me recomendaba un viaje. Adjunto venía un billete de ferrocarril, que ahora descansaba sobre la mesilla de la solitaria habitación en la que cada noche me entrego a los despóticos juegos del sueño. No me tomé siquiera la elemental molestia de averiguar quién era el remitente de tan curioso envío, ni busqué en una guía cualquiera el lugar de destino. Pero ¿Quién hubiese vacilado ante un reto semejante? ¿Quién se hubiese resistido a ese instintoque siempre nos lanza hacia lo inesperado con tanta decisión como desprecio ante los posibles peligros? Conjeturé que sólo la cobardía hubiera podido impedir que recogiese el guante que el destino había tenido a bien lanzar contra mi rostro. Y nunca fui cobarde.&lt;br /&gt;         Así, poco después de las cinco de la tarde, tras una corta pero intensa siesta, me puse mi único traje (que apenas había utilizado una vez) metí en una maleta adquirida dos días antes mis escasas pertenencias y partí hacia la estación, dejándome azotar por las continuas ráfagas de un viento helado que hería inclemente las esquinas, los árboles, y el tránsito fugaz de los peatones que surcaban con rapidez las avenidas.&lt;br /&gt;         A causa de la menuda e impertinente lluvia que había comenzado a desgranarse sobre la ciudad, me vi obligado a tomar un taxi. Muy pronto, el automóvil se detuvo frente a un moderno edificio de dos plantas, ante el que otros autos vomitaban su carga humana, partiendo raudos en busca de otros&lt;br /&gt;pasajeros, de otras historias.&lt;br /&gt;         Antes de entrar en la estación, me detuve un instante, con la viva sensación de haber pasado algo por alto, de no haber prestado la debida atención a algún ínfimo detalle, de ésos que luego resultan ser&lt;br /&gt;trascendentales, pero, no siendo capaz de concretar en que pudiera consistir ese olvido, me encogí de hombros y penetré en el edificio entre una muchedumbre de rostros desconocidos y bonitas muchachas uniformadas y empleados siempre dispuestos a la oportuna indicación, al breve diálogo.&lt;br /&gt;         Ya en el interior, me sentí invadido por un reconfortante calorcillo, más agradable, si cabe, teniendo en cuenta el frío que la llovizna había traído consigo allá afuera. Al fondo, al otro lado de las&lt;br /&gt;ventanillas ante las que el gentío formaba largas colas esperando su turno, pude ver una gran sala en la que multitud de personas charlaban, gesticulando. Un poderoso rumor se extendía a lo largo de toda la nave. Era la suma de las conversaciones de los presuntos viajeros, el eco de las despedidas, de las tópicas recomendaciones y las frases cariñosas. A la izquierda, un enorme mural representaba el mapa del país, cruzado por innumerables líneas rojas, como tantas otras arterias surcando el espacio, &lt;br /&gt;entrecruzándose, uniéndose, mezclándose y formando un complejo entramado que llegaba hasta los más recónditos rincones de la patria. Al lado, un cartel electrónico indicaba las próximas entradas y salidas, el horario previsto yel número del andén correspondiente. De cuando en cuando, se oía por los altavoces repartidos por todo el recinto una muy bien modulada voz femenina, anunciando la inminente partida de algún tren. Podían verse entonces algunas personas corriendo en todas direcciones, abalanzándose hacia las escalerasmecánicas que llevaban a los andenes. Otros paseaban con impaciencia frente a las ventanillas, lanzando insistentes miradas al electrónico, y escuchando con desmesurada atención cada uno de los mensajes que los altavoces vertían sobre el aire cálido de la sala espaciosa.&lt;br /&gt;         No dejó de llamar mi atención la aparente ausencia de escaleras ascendentes, ya que había, en efecto, un piso superior, que se veía a través de grandes cristales, y en el cual podían distinguirse varios grupos de personas, saboreando sus bebidas y riendo despreocupadamente. Otros, por el contrario, contemplaban con aire apesadumbrado el piso en el que yo me encontraba y callaban; sólo callaban ignorantes de las alegres risas que brotaban a su alrededor. (¿Habré de decir que en este lugar toda risa es forzada; toda alegría, aparente?) Enajenándome a esas tristes miradas, supuse que habría alguna escalera en el interior de la cafetería, pero esto aún no me preocupaba, puesto que mi intención no era subir a aquella atalaya acristalada, sino tomar un tren.&lt;br /&gt;Sí, subir a ese vagón que el destino había puesto en mi camino y que ya no podía tardar mucho en hacer su entrada. Volví a consultar la lista de horarios sin hallar referencia alguna al tren que debía tomar, al itinerario que muy pronto había de emprender. Caminando con tranquilidad, me aproximé a uno de los numerosos bancos que ocupaban el centro de la enorme nave y me senté en él, situándome frente al letrero en el que, de un momento a otro, surgirían las mágicas palabras anunciando la llegada de mi tren, anunciando el comienzo de algo quizá maravilloso y excitante.&lt;br /&gt;A mi lado, una mujer gorda dormitaba apaciblemente, y un poco más allá, un anciano miraba como hipnotizado, con expresión de ciego incapaz de admitir la ceguera, hacia el gigantesco mural. Niños ruidosos correteaban entre los bancos, pero, no sé por qué, en sus juegos se adivinaba como una falta: No denotaban la natural alegría que suelen atesorar la mayoría de los niños. Me dio la impresión de que ni siquiera estaban jugando sus propios juegos, sino cumpliendo un ritual insoportable y absurdo. No eran risas infantiles lo que llenaba el ámbito, no eran reales; y además, en sus rostros podía percibirse&lt;br /&gt;un deje de rutina y melancolía, como si tales carreras, tales saltos y gritos, no hiciesen sino aburrirles y fastidiarles. (¡Cómo no lo vi entonces! ¡Cómo no salí corriendo de aquel lugar, de este lugar en el que&lt;br /&gt;ahora estoy sentado y escribiendo estas agónicas frases que se han venido repitiendo una y otra vez en mi atormentada mente!)&lt;br /&gt;Sonó la campanilla. De inmediato, oyóse la dulce y acariciante voz de mujer, recitando la aprendida lección de entradas y salidas. Escuché con atención, sólo para comprobar que tampoco era éste el tren que esperaba. Volví a mirar el billete, para prevenir cualquier posible error por mi parte. Tomar un&lt;br /&gt;tren equivocado solía acarrear, según había oído decir, tremendas molestias e incontables transbordos posteriores, e incluso existía un rumor que aseguraba que, en caso de confusión, se hacía prácticamente imposible regresar a la estación de origen, descartando así toda probabilidad de emprender algún día el viaje proyectado, dada la gran complejidad de la red ferroviaria. (En algún momento, en el pasado, tuve la sensación de haber tomado un tren erróneo, pero eso ahora no es más que un vago recuerdo y las&lt;br /&gt;certezas no existen) Sin embargo, no es menos cierto que si procedemos con atención es en verdad difícil equivocarse, debido en gran medida a la asombrosa exactitud de las informaciones proporcionadas por los altavoces y por el cartel de horarios.&lt;br /&gt;La mujer gorda respingó, miró en todas direcciones, se incorporó de un salto, se frotó los ojos con el dorso de la mano y leyó frenéticamente las ocho líneas electrónicas que resplandecían frente a ella. Después respiró con fuerza y volvió a sentarse, tal vez algo desalentada. Fue entonces cuando se percató de mi presencia. Me contempló con curiosidad durante un segundo. Luego preguntó sin protocolo alguno:&lt;br /&gt;- ¿Ha salido ya el tren hacia Santos Unzué.?&lt;br /&gt;- No puedo estar seguro - contesté con amabilidad - Lo único que puedo asegurar que no lo ha hecho desde que estoy aquí - no dije nada más, tratando de rehuir el diálogo. Pero ella, ya más despierta, ensanchó un punto su sonrisa y dijo:&lt;br /&gt;- Entonces ¿Llegó usted hace poco?&lt;br /&gt;Iba a responderle con una escueta afirmación, demostrativa de mi escasa predisposición a entablar una conversación intranscendente, cuando me vi bruscamente interrumpido por el anciano que, con gran descortesía, increpó a la mujer:&lt;br /&gt;- ¡Estás loca! - Gritó. Después se dirigió a mí en otro tono - Se lo he repetido cientos de veces. Su tren partió hace mucho. Pero ella se empeña en seguir esperando, aun cuando sabe de sobra que soy yo quien está en lo cierto - se volvió de nuevo hacia ella y con voz chillona agregó: - Nunca volverá ese tren ¡Nunca!&lt;br /&gt;- Calla, viejo idiota - dijo ella entre sollozos - Tratas de confundirme.&lt;br /&gt;Este amable caballero acaba de decir que aún no ha pasado. Yo sé que llegará y me marcharé en él, mientras tú te quedas ahí sentado, refunfuñando y soñando con un destino que jamás estuvo a tu alcance. A mí me queda la esperanza. A ti, nada más que la resignación o la locura.&lt;br /&gt;- Yo nada espero. Eso es cierto - aceptó él con un tono más calmado - Hace tiempo que comprendí mi derrota. Pero tu esperanza ha de transformarse, ya lo verás, en una larga espera baldía, en sufrimiento y agonía, pues no quedan trenes que tu puedas coger, no hay destino que te reclame, ni andén que pueda llevarte hacia la luz.&lt;br /&gt;- ¡Cállate! - Gritó la mujer en dirección al viejo. Luego, mirándome con los ojos arrasados en lágrimas, dijo: - Es insoportable. Siempre está gritando lo mismo. Siempre ahí sentado, malhumorado e insultante, como si su único fin fuese destrozar mis esperanzas. Siempre descargando sobre mí su odio de viejo egoísta, su desesperación de hombre abandonado. Pero no vaya a pensar que puedo huir de sus reconvenciones. No importa dónde vaya, allí está él para seguir machacándome. No deja de perseguirme, todo el santo día, de acá para allá. No sé si tendré fuerzas para seguir esperando mucho más.&lt;br /&gt;         Algo en las palabras de la mujer, en la actitud del anciano, hizo que, por un momento, me sintiera descolocado, como viviendo una situación irreal, un sueño absurdo del que no había escapatoria. Tratando de serenarme un poco, de superar con rapidez la confusión, miré al anciano a los ojos y, sin acritud, le espeté:&lt;br /&gt;- ¿No le avergüenza tratar así a la señora? ¿Acaso carece del menor escrúpulo? ¿Es insensible al dolor que le causa con sus palabras?&lt;br /&gt;         Tras unos segundos de silencio, bajó los ojos, incapaz de soportar la hostilidad que se reflejaba en los míos. En voz baja, respondió:&lt;br /&gt;- Tú también lo serás, cuando llegues a mi edad. Si hubieses estado aquí tanto tiempo como yo, quizá fueses más cruel - su tono fue subiendo poco a poco - ¿Qué derecho tienes tú a reprocharme nada? Te queda una larga vida, y se nota que no te falta ilusión. Tu tren llegará muy pronto y te marcharás,&lt;br /&gt;como tantos otros, sin recordar nunca más esta escena, ni a ninguno de nosotros. No, muchacho, no tienes ningún derecho a juzgarme ¿Con qué propósito, pues, te inmiscuyes en asuntos que son completamente ajenos a ti?&lt;br /&gt;Acabas de llegar y ya crees saberlo todo - su voz adquirió un tonillo irónico - pero no tienes la menor idea... Está bien, quédate ahí con esa chiflada. Así aprenderás. Yo me voy a otro lado.&lt;br /&gt;         Presa de una gran excitación, fingida al menos en parte, sacó de debajo del asiento unas muletas y se alejó con dificultad hacia otro banco próximo, desde el que también podía ver el luminoso. De nuevo esa sensación de irrealidad me fue subiendo por dentro, mezclada con un poco de frío, procedente de los andenes. En el exterior estaba anocheciendo y el viento castigaba con dureza las copas de los árboles y también a los pocos viandantes que circulaban a esa hora por las calles. Dentro se notaban, decuando en cuando, pequeñas bocanadas de aire fresco que hacían bajar, lenta pero inevitablemente, la temperatura. Anochecía y mi tren no llegaba, y una sorda preocupación se iba abriendo paso en mi interior.&lt;br /&gt;         La mujer gorda, que había cesado en sus sollozos y secado las lágrimas, se apretó un poco contra mí, musitando en mi oído:&lt;br /&gt;- Tal vez el tren que estamos esperando va a llegar pronto.&lt;br /&gt;Por algún motivo que entonces no supe precisar, esas palabras me produjeron una intensa desazón, pero el calor de su cuerpo a mi lado, y el suave aroma que de él se desprendía, consiguieron adormecerme.&lt;br /&gt;En el sueño, vi miles de trenes entrecruzándose, entrando, saliendo, cambiando de vía. Vi trenes lanzados a toda velocidad, galopando por extensas llanuras desiertas; vi trenes que descendían interminablemente, máquinas que arrastraban un número infinito de vagones vacíos y silenciosos; &lt;br /&gt;vi vagones repletos de gente y detenidos en medio de la vía, abandonados a su suerte entre los páramos. También pude ver, al fondo, allá en lo más profundo de mi sueño, un trenecito muy pequeño, antiguo, uno de esos que hace tiempo cayeron en desuso, algo desvaído por el paso de los años, aparentemente fuera de servicio. Pero una suave dulzura emanaba de sus gastadas maderas, de sus oxidados remaches, de sus cansadas ruedas. Y supe que ése era mi tren y que no debía perderlo. Y entonces recordé que estaba &lt;br /&gt;soñando; desperté sobresaltado, con la vista fija en el cartel, releyendo con precipitación cada una de sus líneas, sólo para comprobar con desaliento que mi tren seguía sin haber llegado a la estación.&lt;br /&gt;Sentí un frío intenso. La mujer había desaparecido. En su lugar, aunque algo más alejado, estaba el anciano, contemplándome con curiosidad. Aturdido aún por el violento despertar, pregunté:&lt;br /&gt;- ¿Qué ha sido de ella? ¿Llegó por fin su tren?&lt;br /&gt;- De ningún modo - respondió él, sonriendo con amargura - Ese tren ya pasó y nunca regresan - hizo una breve pausa - Yo traté de avisarla cuando sucedió, pero se burló de mí, me insultó y desoyó mis consejos. No sé dónde habrá ido ahora. Lo más probable es que esté en la cafetería, tratando de subir al piso de arriba. Por la noche, cuando llega el frío, todo el mundo trata de resguardarse.&lt;br /&gt;         Algo se debatía en mis entrañas, como una inconcebible certeza de estar viviendo una situación que desafiaba toda razón. La increíble sospecha que se había ido asentando en mi mente desde el momento en que llegué, comenzaba a tomar forma; las palabras del viejo delineaban los contornos &lt;br /&gt;precisos de la pesadilla:&lt;br /&gt;- Se dice que allá arriba no hace frío y que la gente es más amable, y la vida, más confortable. Pero nadie sabe cómo subir. A mí ha dejado de importarme. Apenas sería capaz de subir dos peldaños - al decir esto, remangó sus pantalones, dejando al descubierto dos piernecillas algo deformes y, sin duda, enfermas - Es por la humedad que viene cada noche desde los andenes y quizá también por las caminatas.&lt;br /&gt;- ¿Caminatas? - Pregunté. Cada nueva revelación me iba arrastrando más y más hacia las desoladas regiones del pánico.&lt;br /&gt;- Sí. Es preciso caminar mucho, para combatir el entumecimiento. De lo contrario, se corre el peligro de morir congelado. No ponga esa cara. Yo sé que todos se burlan de mis consejos, pero hágame caso: camine, camine todo lo que pueda. Todas las mañanas, los empleados tienen que retirar los cuerpos congelados de quienes no tomaron las debidas precauciones. Lo hacen con sigilo, fingiendo que nada ocurre, pero yo llevo demasiado tiempo en este lugar y nada se me escapa.&lt;br /&gt;- ¿Sugiere usted que hay personas que pasan aquí la noche? - Dije. Algo en mi interior se resistía a creer en lo que estaba oyendo. No era posible.&lt;br /&gt;Nada era verdad. Pronto despertaría en mi habitación, entre mis libros. Todo habría sido un sueño, desayunaría, me asearía y saldría hacia el trabajo, como cada mañana...&lt;br /&gt;- Muchos días y muchas noches - respondió él con cierto desaliento - Hace años que espero, obstinado, la llegada de ese tren en el que ya no creo.&lt;br /&gt;Pero no conozco otro camino.&lt;br /&gt;- Sin embargo, yo no puedo esperar. Debo...&lt;br /&gt;- Nadie puede, en realidad. Pero no me haga demasiado caso. No desespere. No es imposible que su tren llegue, en efecto, esta misma noche. En muchos casos sucede así. Permanezca atento a los altavoces. Trate de no dormirse.&lt;br /&gt;Sea amable con los funcionarios, y ellos le corresponderán gestionando con rapidez los trámites de su partida. Pero, ante todo, deseche la prisa, reprima la ansiedad. Nada sucede antes de tiempo.&lt;br /&gt;- Pero es que debería regresar antes del lunes...&lt;br /&gt;- ¿Regresar? ¿Cómo ha de regresar?&lt;br /&gt;- Tengo que acudir al trabajo, o seré despedido. Son muy estrictos.&lt;br /&gt;- ¡Vamos! ¡No sea hipócrita! Usted conoce perfectamente su situación. Sabe de sobra que no hay sitio al que regresar. ¿Acaso no lleva en su maleta todo aquello que considera imprescindible? ¿No arrojó la llave de su casa en una sucia alcantarilla? ¡Pues claro que lo hizo! Igual que lo hicimos todos, sabedores de que no hay regreso. Porque regresar equivale a fracasar ¿Y quién tiene el valor de reconocer el fracaso, de admitir el error? Antes la muerte, antes el sufrimiento más horroroso, que la confesión de la derrota.&lt;br /&gt;¿No es, en rigor, la más completa verdad cuanto estoy diciendo? ¿Sería capaz de negarlo, de negármelo a mí?&lt;br /&gt;         Me sentí derrotado, desenmascarado. Con algo de vergüenza, admití:&lt;br /&gt;- Sí... Es cierto. Eso es exactamente lo que hice... Pero en el fondo, yo esperaba regresar... ¿Cómo hubiese tenido, de lo contrario, el valor de partir? Es verdad. Sabía que el regreso no es posible, pero todo hombre necesita algo a lo que aferrarse, una referencia, un punto de apoyo para superar la terrible realidad... De modo que no me resta sino la espera. La espera que, según sus palabras, puede llegar a ser insoportable. Mas... siempre puedo bajar al andén y tomar el primer tren que llegue, aunque no sea el indicado...&lt;br /&gt;- ¡De ningún modo! No hay dos trenes que puedan conducirle al mismo lugar.&lt;br /&gt;Hay que atenerse al billete. Es imposible sospechar siquiera dónde podría terminar quien hubiese tomado un tren equivocado. Además, sepa que si baja al andén es muy posible que no pueda volver a subir, del mismo modo que resulta prácticamente imposible acceder desde aquí al piso de arriba.&lt;br /&gt;         Pensé en un número ilimitado de pisos, desconocidos entre sí. Un infinito edificio de incontables pisos desde cada uno de los cuales no fuese posible ver sino el superior y el inferior. Y en cada una de esas plantas, hombres idénticos a nosotros, hablando con nuestras palabras, compartiendo nuestros pensamientos, hasta los más íntimos; siendo, en suma, perfectas imitaciones nuestras (o lo que es peor: nosotros imitándoles, siendo meras caricaturas, marionetas cuyos hilos...) Preferí no pensar más, escuchar en todo caso al anciano, que seguía hablando, pero la idea infernal de la multiplicación infinita de los pisos me había conmocionado de tal modo, que ya no me sentía con ánimos para seguir oyéndole. Sólo una voz interior que me repetía una y otra vez la completa imposibilidad de tan absurdo&lt;br /&gt;pensamiento: No puede haber más que tres plantas, tres únicos niveles. Pero mi mente dudaba, y acaso...&lt;br /&gt;         La mujer gorda se aproximaba a nosotros, con la sombra de una aguda decepción oscureciendo su rostro. Sin una palabra, tomó asiento a mi lado y recostó su cabeza en mi hombro, disponiéndose, sin duda, a dormir un rato.&lt;br /&gt;Yo, sin esperanza, hice lo mismo, pero mis oídos permanecieron atentos a los altavoces, mis ojos se abrían de cuando en cuando, vigilantes incansables del cartel electrónico. Esa noche no vino mi tren. Tampoco las siguientes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;         El tiempo ha ido desgranándose y mi tren no ha llegado. Hay momentos de desesperación en los que pienso que no es imposible que haya descuidado la vigilancia durante unos minutos, quizá los necesarios para que ese tren hiciese, raudo, su entrada, reclamándome y partiendo sin respuesta, vacío de mí, corriendo inútilmente por una vía muerta.&lt;br /&gt;Como todos he intentado en vano el ascenso al piso superior. Como todos, he pensado en bajar a los andenes y tomar un tren cualquiera, para terminar de una vez por todas con esta exasperante espera, pero siempre me fallan las fuerzas, y permanezco aquí, sentado en este viejo banco, con los ojos&lt;br /&gt;cansados de tanto mirar en la misma dirección, con el corazón atormentado y apagándose.&lt;br /&gt;Miles de trenes han partido y ninguno era el que yo esperaba. La mujer y el anciano, simples sombras en mi memoria, desaparecieron hace tiempo. Tal vez llegó su tren; tal vez hayan muerto sin haber llegado a tomarlo, anónimos figurantes en una siniestra farsa que se nos va llevando sin concedernos una segunda oportunidad.&lt;br /&gt;Pero también los demás han ido diluyéndose hasta dejar vacía la estación.&lt;br /&gt;Los niños y sus fingidos juegos son ahora pasto del olvido y hasta los mendigos que solían estacionarse en la entrada han abandonado su antigua costumbre y han emigrado a otros lugares donde quizá haga menos frío, donde quizá haya limosnas.&lt;br /&gt;La cafetería fue cerrada, y con ella se perdió mi última esperanza de ascender al piso de arriba, que ya ni siquiera puedo ver, y que tampoco me importa, si es que alguna vez me importó. Este nivel se ha quedado desierto por completo, a excepción de uno de los empleados, que permanece ahí, parapetado tras la rejilla y el cristal, que no habla ni responde a mis preguntas, que parece condenado a la eternidad sin fondo de las ventanillas.&lt;br /&gt;Y la voz. La voz interminable, intolerable, anunciando trenes para nadie, melódicas burlas del destino, incongruentes frases sin destinatario. Es como si toda la estación estuviese aún abierta sólo por mí, únicamente para que yo pueda tomar mi tren y alejarme hacia otra quimera respirable. Y a veces aun creo que acaso sea posible, como si todo este tiempo no hubiese transcurrido, como si aún se pudiesen construir nuevas ciudades, edificar otras realidades menos lamentables, calles habitables, nítidas, parques de sol, fuentes de esperanza sincera y real, monasterios...&lt;br /&gt;Y sin embargo, sé que todo es mentira, ¿por qué no confesarlo de una vez? Sé que mi tren no ha de pasar, que mi espera ha de ser forzosamente estéril.&lt;br /&gt;Pienso que un viento frío, una de estas noches, apagará para siempre mis esperanzas, congelándome, y así el ciclo se habrá completado y la estación perderá definitivamente su razón de ser y desaparecerá, como todo lo que un día hubo en ella. Porque ese tren que espero es algo que nunca existió, una &lt;br /&gt;sórdida invención de mi cansado corazón urbano; porque fui yo mismo quien envió aquella carta, buscando un pretexto para escapar a la insufrible rutina de las tardes sin nadie y sin nada en el monótono horizonte de la casa vacía. Hay otras estaciones desiertas, otros hombres iguales a mí, &lt;br /&gt;igualmente abandonados por la suerte, idénticamente solos, esperando a un tren que saben no ha de llegar, aguardando sin fe un destino que no existe, sabiendo con implacable certeza que todo es inútil, que ya nada va a ocurrir...&lt;br /&gt;Pero he aquí que la campanilla suena de nuevo, y aunque conozco de antemano la inutilidad de mi acción, escucho atento, y lo que oigo me llena de desconcierto y de alegría, porque esta vez, desafiando todas las leyes de la razón, es mi tren el que está entrando con poderosa lentitud en la estación abandonada. El letrero luminoso así lo atestigua, y acaso también la leve sonrisa que me ha parecido sorprender en el pétreo semblante del empleado.&lt;br /&gt;Asombrado aún, con las piernas temblando de emoción, cojo mi maleta y corro hacia la escalera descendente para hundirme en las profundidades del andén, sabiendo ahora que hay, en efecto, una escalera que sube y sube hasta perderse en el infinito, sabiendo que es esta misma escalera por la que voybajando hacia el andén desierto. Pero eso ha dejado de importar, y corro sin descanso hacia ese tren que viene a buscarme exclusivamente a mí, corro incansable hacia ese destino que viene a reclamarme.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;TRES ESTACIONES Y UNA MENOS*&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;*De Amelia Arellano.  arellano.amelia@yahoo.com.ar&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Es de noche y hace frío.&lt;br /&gt;El hombre mastica  escarcha.&lt;br /&gt;En sus manos tiembla el viento sur.&lt;br /&gt;Es interminable el camino  de la soledad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es de día y el calor es bochornoso.&lt;br /&gt;La boca de la mujer es un desierto salino.&lt;br /&gt;El viento zonda se enrosca en sus pies.&lt;br /&gt;El camino de la soledad termina en el horizonte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El hombre entibia su boca en colinas pródigas.&lt;br /&gt;Su cabeza descansa en valles fértiles.&lt;br /&gt;La mujer refresca su boca en el pico de un pájaro.&lt;br /&gt;Sus cabellos mojados  se adhieren a su rostro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El hombre y la mujer exploran.&lt;br /&gt;Una geografía de carbón y obsidiana, los alberga.&lt;br /&gt;El camino de la soledad es una anaconda quieta.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;PRIMER ÚLTIMO TREN. EL TREN*&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;    &lt;br /&gt;*De Mónica Russomanno.  russomannomonica@hotmail.com&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;El tren no se detiene jamás, por el fuera las cosas carecen de realidad. Sólo hay aquí el ritmo de los sacudones constantes que ya no se sienten, el ruido que forma un continuo, el olor de los vagones y la gente sentada eternamente, comiendo de envoltorios que terminan arrugados en los pasillos.&lt;br /&gt;     Yo camino buscando ese cine móvil, que se mueve porque el tren se mueve y se mueve porque sorprendentemente aparece a diferentes distancias de la locomotora, que, como el vagón de cola, son los hitos inmóviles que a la vez se desplazan.&lt;br /&gt;     Encuentro la puerta que comunica con la oscuridad. La película de ahora es japonesa. Ya ha comenzado, jamás logro ver los títulos de inicio, siempre los finales. &lt;br /&gt;     Hay gente en un enorme edificio rodeado por el otoño. Los jardines son memorables, tienen esa sutileza oriental en el dibujo de las ramas tenues sobre cielos blancos.&lt;br /&gt;     Las personas, lo adivino después, están muertas. Han llegado a un lugar de tránsito donde deben escoger un instante, el instante más feliz que hayan vivido, para pasar en él la eternidad. Tienen un tiempo para hacerlo.&lt;br /&gt;     Los vemos recordar, buscar, debatirse entre instantes afortunados. Hay quien fue un mujeriego desapegado, pero decide que la eternidad será un momento con su familia. Hay el joven desdichado que no puede recordar un solo momento de felicidad plena, pero descubre que puede pasar la eternidad en el recuerdo dichoso de otra persona, esa otra afortunada persona que fue feliz gracias a él. Y hay una ancianita.&lt;br /&gt;      Hay una ancianita, una viejita que no escucha lo que le dicen, que no responde, que en un momento hace callar a su instructor para poder oír el bello canto de un pájaro que llega por la ventana. Ancianita japonesa, minúscula viejita de manos de niña, levanta el dedito y señala la ventana, para que el joven calle y se dibuje en amarillo el trino que llega de afuera. Recoge piedritas en el jardín, y las coloca sobre el escritorio notando la belleza de esas simples piedras tan poco valiosas para la mirada del hombre que la estudia con aire preocupado. &lt;br /&gt;     Y el hombre estudia a la ancianita, a la minúscula viejita de rostro de muñeca cuarteada, hasta que descubre lo evidente. Dice que pensó que sería la más difícil, y es, en cambio, la más simple. Ella ya ha escogido en qué lugar pasar la eternidad. Lo ha escogido desde antes de morir. Como casi todos, se ha vuelto a la infancia, donde la absoluta y plena felicidad es posible.&lt;br /&gt;     Y dónde, me pregunto, adónde elegiría, yo, detener el tiempo para siempre. En qué lugar, me pregunto, pasaría yo la eternidad. Cuándo fue el momento de felicidad que desearía proyectar en el presente absoluto, futuro y pasado fundidos en un único instante continuo.&lt;br /&gt;     El tren se aleja, o se acerca. El tren sigue su marcha traqueteante por la llanura mientras pienso esto, sentada yo en una butaca de un vagón en penumbras. &lt;br /&gt;     Me sobresalta la carcajada de Oliver Reed, que ha muerto; la sonora carcajada de Oliver Reed que ha vuelto hacia atrás la cabeza, me mira con fijeza y súbitamente, bruscamente, brinda por mí bebiendo del pico de su eterna botella siempre llena.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;El Dueño*&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;*De ALDIMA. licaldima@yahoo.com.ar&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Alexis bajó del tren bastante inquieto. La sucia mochila negra se le aplastaba contra la parte inferior de la espalda, tironeándole los hombros hacia abajo a causa del considerable peso de cargar con tantos libros. Sabía que si no se deshacía de ellos no podría comprarle a su novia los textos de Saramago y de Cortázar que anhelaba desde hacía ya muchos años. Tampoco quería regalarlos en la primera oferta que le hicieran. Si bien lo que llevaba no representaba gran cosa -algunas novelas policiales y de ciencia ficción, un par de volúmenes de una enciclopedia en fascículos encuadernables que jamás terminó de comprar, varias revistas viejas pero bien conservadas-, eran suyas, y su valor, quizá, fuera más sentimental que comercial. Aún así, caminó a paso lento y desgarbado hacia la librería de usados de la calle principal del pueblo, ansioso por concretar su amado regalo.&lt;br /&gt;Al ingresar al local, lo recibió el característico aroma de libros viejos, junto al tintineo de una campanilla en el extremo superior de la puerta. &lt;br /&gt;Varias mesas repletas de ejemplares, estantes que se perdían en las oscuras alturas del cielorraso, volúmenes que se arracimaban hasta en el piso. &lt;br /&gt;Aquello era un verdadero paraíso. Recobrando las esperanzas, se encaminó decidido hacia el mostrador.&lt;br /&gt;Un hombre entrado en años, que lucía anteojos de media luna sobre el puente de la nariz y cara de pocos amigos, con un voluminoso libro de oscuro lomo cosido y hojas en papel Biblia sobre las rodillas, lo observó con recelo.&lt;br /&gt;-Me dijeron que Ud. compra libros -comenzó Alexis, con un tono de voz que gradualmente adquirió seguridad.&lt;br /&gt;El hombre, de ralo cabello cano, lo escrutaba en silencio. Luego, como si recordase algo, murmuró:&lt;br /&gt;-Depende de lo que traigas.&lt;br /&gt;-Le muestro -se envalentonó Alexis, aunque con cierta posible desilusión acechándolo desde lo alto de los anaqueles a su espalda.&lt;br /&gt;Extrajo el material de la mochila, lo depositó en el mostrador, y aguardó expectante. El hombre, sin abandonar la banqueta alta en la que se hallaba sentado ni cerrar el grueso volumen, hojeó cada libro con una sola mano, comprobando el estado del interior de las hojas y del lomo, para luego apartarlo y realizar la misma operación con el siguiente. Al final, con expresión desdeñosa, cotizó un valor.&lt;br /&gt;-Por todo esto, son treinta pesos.&lt;br /&gt;La frase cayó como una piedra en el estómago de Alexis. No esperaba recolectar una pequeña fortuna a cambio de sus pertenencias, pero treinta pesos por semejante peso en libros le parecía una broma de mal gusto. Varias posibilidades se le cruzaron por la mente: volver a guardar los libros en la mochila y marcharse con el peso de la derrota sobre sus hombros;  regatear el precio; deshacerse de aquel material de inmediato. Incapaz de confrontar, y pendiente de la imaginaria sonrisa de su amada al recibir el literario regalo, optó por esta última.&lt;br /&gt;El hombre le indicó que los únicos libros que tenía para canjear tenían un código escrito en lápiz en la primera hoja y estaban ubicados al fondo del local, debajo de un vetusto cartel que tenía impresa la palabra USADOS, en grandes letras de imprenta.&lt;br /&gt;-Y nada de buscar entre las novedades -le advirtió, con la misma desdeñosa mirada del principio.&lt;br /&gt;Alexis dejó con desgano la mochila sobre el mostrador y se alejó rumbo a las bibliotecas del fondo. Al acercarse y leer los títulos, por poco no se derrumba de desilusión. Los libros que él traía en oferta eran mucho más interesantes y vendibles que aquel material de descarte que le ofrecían. &lt;br /&gt;Respiró hondo, y aunque le costó unos minutos recuperarse y hacerse a la idea de que no llevaría quizá nada de lo planeado, comenzó a revisar los lomos en los estantes y las tapas sobre la mesa, emplazada en medio del cuarto y rodeada por varias bibliotecas.&lt;br /&gt;Pero aunque puso todo su empeño, no encontró nada. Abundaban las novelas románticas, los policiales baratos, los títulos que ya poseía o había leído, nada rescatable. Estaba dando una última recorrida, haciéndose a la idea de volverse con lo puesto, cuando sintió algo que se restregaba contra su &lt;br /&gt;pantorrilla izquierda.&lt;br /&gt;La sorpresa y el ronroneo fueron casi simultáneos. Por un instante creyó que algo desconocido lo atacaría. Sin embargo, al mirar hacia sus pies, contempló enternecido la grácil silueta de un gato que se paseaba entre sus piernas y alzaba la cabeza para escrutarlo atentamente con profundos ojos oscuros. Alexis se arrodilló y lo observó con detenimiento. El gato no le despegaba los ojos de encima.&lt;br /&gt;Si Alexis hubiese sabido algo de razas felinas, hubiera reconocido al instante al Sagrado de Birmania que tenía delante. Para él, sin embargo, aunque creía adivinar que era un siamés, poco le importaba catalogarlo. Lo encontró hermoso, receptor incondicional de cariño, y eso era lo único importante. Extendió con cautela una de sus manos y le acarició la cabeza. &lt;br /&gt;El gato no se alejó. Alexis aprovechó entonces para prolongar la caricia hacia el lomo y los costados. El ronroneo felino se hizo muy intenso, al tiempo que entrecerraba los párpados. Se habían gustado de inmediato.&lt;br /&gt;Permaneció unos minutos jugueteando con él, aprovechando que el animalito se había echado de costado sobre el ajado suelo de parquet para que él lo acariciase, hasta que recordó, emergiendo de un tibio ensueño, el verdadero motivo que lo convocara allí. Y murmuró:&lt;br /&gt;-Ay, gatito, gatito. ¿Qué me puedo llevar de entre todo esto?&lt;br /&gt;El Sagrado de Birmania alzó las orejas y volvió a escrutarlo, como si reconociera su voz de algún lado; o más extraño aún, como si pudiese comprenderlo. Parpadeó, bostezó enseñando brevemente los afilados colmillos, olfateó alrededor, se incorporó moroso, saltó decidido sobre la mesa y caminó sigiloso por encima de los libros, olfateándolos, dueño y señor de todo lo que hubiera a su alrededor. Alexis lo siguió de cerca, muy intrigado.&lt;br /&gt;Entonces el gato se detuvo y lo miró por encima del hombro, volvió a mirar el libro que tenía delante y golpeó repetidas veces la portada con una de sus patas, volviendo la cabeza hacia él. Alexis se acercó, y para su asombro, se encontró delante de una percudida edición en tapa dura de los "Nueve ensayos dantescos", de Borges, que le pasara desapercibida por completo minutos antes, confundida entre un mamotreto de Mallea y un perimido libelo de Wast.&lt;br /&gt;El recuerdo de su novia se le impuso demasiado nítido delante de los ojos, como si ella estuviese a su lado. Había buscado sin resultado aquel libro en varias librerías "de viejo" de la Avenida Corrientes, y ninguno de ellos podía permitirse el lujoso gasto de adquirir las Obras Completas borgeanas. &lt;br /&gt;Siempre les había quedado pendiente -a ella, de leerlo; a él, de obsequiárselo-. Y la simple certeza de tenerlo al alcance de la mano lo estremecía de amor.&lt;br /&gt;Estaba a punto de tomarlo cuando el gato maulló tímido junto a su mano extendida. Alexis lo miró, y el animal lo fulminó con otra de sus profundas miradas. Volvió a maullar, y con sigilosos movimientos caminó sobre la mesa atestada de libros hacia una de las bibliotecas, hacia donde saltó con insuperable destreza, se aferró del borde de los estantes y los trepó uno a uno, como eximio equilibrista, hasta alcanzar la cima, donde la luz de la lámpara ya no llegaba. Maulló desde las alturas, con ojos brillantes en la oscuridad, y movió una de sus patas a fin de alcanzar el extremo del lomo de un libro que no parecía guardar la línea con los demás, colocado boca arriba encima de los otros. El movimiento, lento pero decidido, consiguió acercar el volumen hacia el borde de la pila, hasta que por fin se desplomó cerca de Alexis, desplegando en la caída una nube de polvo que lo hizo toser.&lt;br /&gt;Alexis se inclinó, incapaz de creer la proeza del gato, y observó el libro, caído boca abajo, ambas tapas desplegadas y a punto de remontar vuelo otra vez. Se notaba que ya hacía un buen tiempo que dormía el sueño de los justos, allí en las alturas, a juzgar por la gruesa capa de polvo acumulada sobre él. No podía leerse bien la tapa, desdibujada por la mugre, pero las letras impresas en blanco sobre el lomo oscuro eran inconfundibles: "Cuarteles de invierno", de Soriano.&lt;br /&gt;Alexis alzó la cabeza, maravillado y absorto. ¡Había querido leer ese libro durante años, y nunca había encontrado un ejemplar accesible! Miró con fijeza al gato, los ojos siempre brillantes en las alturas. Y la pregunta, murmurada y sorprendida, brotó sin pensarla siquiera:&lt;br /&gt;-¿Cómo sabías que lo estaba buscando?&lt;br /&gt;El gato tembló en las alturas y saltó hacia una biblioteca más baja, para lanzarse desde allí hacia la mesa, temerario y con un leve quejido de esfuerzo. Alexis levantó el libro del suelo, sopló el polvo depositado sobre él, volvió a toser y hojeó las páginas. Allí, en la primera página, estaba escrito el código en lápiz que atestiguaba su condición de "usado". Se giró hacia el ejemplar de Borges, lo abrió, y allí había garabateado otro código similar. ¿Por qué no figuraban en el anaquel de USADOS?&lt;br /&gt;Miró al gato. Sus profundos ojos lo atravesaban de lado a lado, hasta que uno de sus párpados bajó, creando un guiño cómplice, que para Alexis significó un inequívoco pacto entre ambos.&lt;br /&gt;Parecía que el esfuerzo de haber viajado hasta allí estaba más que compensado, pero nuevamente el gato se puso en movimiento, saltando al suelo y escabulléndose entre los estantes inferiores, por debajo del nivel de la mesa. Alexis se agachó para ver cómo se esfumaba la cola peluda entre los libros, oír el rasguido de las uñas sobre las superficies de papel, seguido de algunos empujones, y finalmente contemplar aparecer entre libros deslomados y en desorden un volumen tan añorado como valioso: "La conjura de los necios", de Toole.&lt;br /&gt;-¡No lo puedo creer!!! -exclamó Alexis, y al escucharse enmudeció, temeroso de que el librero del mostrador lo hubiese escuchado, sospechando lo peor.&lt;br /&gt;Ansioso y esperanzado, abrió la cubierta y allí estaba el tan codiciado código para el canje. ¡Con lo que ambos habían buscado este libro, tan recomendado por sus amigos! Aguardó a que el gato emergiese del interior del estante y lo mirase, para entonces ponerse de pie y recolectar su cosecha literaria. El corazón le latía con fuerza, sentía la boca seca, y rogaba que el milagro se produjese completo, sin abandonarlo en mitad de un sueño que ya se perfilaba imposible de olvidar.&lt;br /&gt;Y antes de marcharse, volvió la cabeza. Como era de esperar, el Sagrado de Birmania lo siguió sin perderle pisada.&lt;br /&gt;Al aproximarse al mostrador, donde el librero revisaba ahora una colección de fascículos discontinuos, con la misma expresión desdeñosa del principio, temió por un instante una reacción adversa. Sin embargo, allí estaba su cómplice felino para socorrerlo. El gato saltó encima del mostrador, se sentó sobre sus patas traseras, envolvió sus patas delanteras con la cola y contempló alternativamente al comprador y al librero, casi tan ansioso como él por completar el canje de ejemplares.&lt;br /&gt;El librero se sorprendió de ver aparecer al gato, sospechando de soslayo que algo raro ocurría aquella tarde. Bajó la mirada hacia los libros que Alexis había depositado delante de él, y entrecerró los párpados. Definitivamente: algo raro ocurría allí. Alexis tragó saliva, incapaz de hablar. Las manos le &lt;br /&gt;temblaban, un sudor frío cayó desde sus axilas hacia las costillas, y el suelo amenazaba con abrirse debajo de sus pies. El hombre lo miró por encima de sus gafas de media luna y preguntó:&lt;br /&gt;-¿Dónde encontraste esto?&lt;br /&gt;Alexis no supo cómo responder. Su cabeza era un torbellino que lo proyectaba muy lejos, seguro de haber perdido toda posibilidad de apoderarse de un pequeño tesoro. Había enmudecido de pronto. El gato lo miró, desvió sus enormes ojos para contemplar al librero, y emitió un tierno y ronco maullido, quizá de aceptación.&lt;br /&gt;El librero lo miró fijo, acercando sus ojos a cinco centímetros de distancia de las pupilas del gato. Proyectó el labio inferior hacia delante, frunciendo el mentón con expresión ceñuda, evaluando la reacción del felino, y se volvió hacia el comprador, con una fugaz suavidad en la mirada.&lt;br /&gt;-Parece que estás de suerte -sentenció. -Al Dueño le caíste bien. Y el costo de los libros cubre el precio del canje. Así que estamos a mano.&lt;br /&gt;"¿Dueño?", alcanzó a preguntarse Alexis. Aunque el suspiro de alivio que experimentó eclipsó cualquiera de sus dudas, haciéndose casi audible, como si se derrumbase en un mullido sillón luego de una agotadora caminata bajo el sol del verano. Sin embargo, la tranquilidad le duró poco.&lt;br /&gt;-Pero ni se te ocurra volver por acá -masculló el tipo del mostrador, con el desdén recrudeciendo su mirada, como si la reciente suavidad le resultase ajena. -No me parece que haya más libros que te interesen.&lt;br /&gt;En completo silencio, con mano aún temblorosa, Alexis recogió los tres libros y los arrojó al fondo de la mochila, sin despegar sus ojos de los de aquel hombre, retrocediendo de espaldas hacia la puerta. Casi derriba un exhibidor giratorio de ediciones de bolsillo que había a un costado, hecho fortuito que consiguió liberarlo de aquel hipnótico enlace, impulsándolo a huir a gran velocidad.&lt;br /&gt;Pero antes de que llegara a la puerta, un maullido lo alertó a sus espaldas, ofendido de que se marchase sin saludar. Alexis se detuvo, ya con la mano sobre el picaporte, y se volvió para contemplarlo, allí en el ajado piso de parquet, con un porte brillante y majestuoso, sentado sobre sus cuartos traseros, escrutándolo como siempre.&lt;br /&gt;Se arrodilló, y el Sagrado de Birmania se acercó ronroneante para recibir una última caricia, fregándose con deleite contra las botamangas de sus pantalones.&lt;br /&gt;-¡Gracias, Amigo!!! -alcanzó a articular en un murmullo, sintiendo en lo más profundo de su alma que aquella amistad, aunque jamás volvieran a encontrarse, duraría por toda la vida.&lt;br /&gt;El gato le lamió el dorso de la mano con que lo había acariciado y volvió a guiñarle un ojo. Tal vez él, en las profundidades de un misterioso idioma felino, sintiese lo mismo.&lt;br /&gt;No muy lejos de allí, se oyó el silbato del tren. La hora de marcharse estaba próxima.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;*&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Entre algunos versos&lt;br /&gt;de este libro,&lt;br /&gt;sin ninguna palabra que los nombre,&lt;br /&gt;cruzan trenes en la&lt;br /&gt;noche.&lt;br /&gt;-¿Estás despierta?&lt;br /&gt;-te pregunto,&lt;br /&gt;mientras los árboles&lt;br /&gt;murmuran&lt;br /&gt;y los silbos revuelan&lt;br /&gt;en nosotros.&lt;br /&gt;Entre algunos versos &lt;br /&gt;y olvidos,&lt;br /&gt;el aire trae un tono,&lt;br /&gt;un augurio&lt;br /&gt;-sones y ecos de las sombras-,&lt;br /&gt;que respiramos y se&lt;br /&gt;pierden&lt;br /&gt;en lo lejano y lo&lt;br /&gt;impensado,&lt;br /&gt;sin ninguna palabra&lt;br /&gt;que los nombre.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;*De Eduardo Dalter. eduardodalter@yahoo.com.ar&lt;br /&gt;-De "Nidia". Ediciones del Nuevo Cántaro. Buenos Aires. 2007&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;*&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Inventren Próxima estación: DUDIGNAC.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;-Colaboraciones a inventivasocial@yahoo.com.ar&lt;br /&gt;http://inventren.blogspot.com/&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Editor Responsable del Inventren: Urbano Powell. urbanopowell@yahoo.com.ar&lt;br /&gt; http://urbamanias.blogspot.com/&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Inventren sigue su recorrido por las siguientes estaciones:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  &lt;br /&gt;MOREA.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;INGENIERO DE MADRID&lt;br /&gt;(CON COMBINACIÓN EN EL FERROCARRIL PROVINCIAL&lt;br /&gt;CON DESTINO LA PLATA O MIRAPAMPA)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;ORTIZ DE ROSAS.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;ARAUJO.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;BAUDRIX.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EMITA.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;INDACOCHEA.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;LA RICA.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;SAN SEBASTIÁN.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;J.J. ALMEYRA.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;INGENIERO WILLIAMS.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;GONZÁLEZ RISOS.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;PARADA KM 79.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;ENRIQUE FYNN.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;PLOMER.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;KM. 55.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;ELÍAS ROMERO.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;KM. 38.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;MARINOS DEL CRUCERO GENERAL BELGRANO.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;LIBERTAD. &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;MERLO GÓMEZ.   &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;RAFAEL CASTILLO.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;ISIDRO CASANOVA.   &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;JUSTO VILLEGAS.  &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;JOSÉ INGENIEROS.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;MARÍA SÁNCHEZ DE MENDEVILLE.  &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;ALDO BONZI.  &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;KM 12.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;LA SALADA.  &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;INGENIERO BUDGE. &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;VILLA FIORITO.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;VILLA CARAZA.   &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;VILLA DIAMANTE.   &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;PUENTE ALSINA.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;INTERCAMBIO MIDLAND.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;InventivaSocial&lt;br /&gt;Plaza virtual de escritura&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para compartir escritos dirigirse a : inventivasocial(arroba)yahoo.com.ar&lt;br /&gt;-por favor enviar en texto sin formato dentro del cuerpo del mail-&lt;br /&gt;Editor responsable: Lic. Eduardo Francisco Coiro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Blog: http://inventivasocial.blogspot.com/&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Edición Mensual de Inventiva.&lt;br /&gt;Para recibir mes a mes esta edición gratuita como boletín despachado por &lt;br /&gt;Yahoo, enviar un correo en blanco a: &lt;br /&gt;inventivaedicionmensual-subscribe@gruposyahoo.com.ar&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;INVENTREN&lt;br /&gt;Un viaje por vías y estaciones abandonadas de Argentina.&lt;br /&gt;Para viajar gratuitamente enviar un mail en blanco a: &lt;br /&gt;inventren-subscribe@gruposyahoo.com.ar&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Inventiva Social publica colaboraciones bajo un principio de intercambio: la libertad de escribir y leer a cambio de la libertad de publicar o no cada escrito. los escritos recibidos no tienen fecha cierta de publicación, y se editan bajo ejes temáticos creados por el editor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las opiniones firmadas son responsabilidad de los autores y su publicación en Inventiva Social no implica refrendar dichos, datos ni juicios de valor emitidos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La protección de los derechos de autor, o resguardo del copyrigt de cada obra queda a cargo de cada autor. &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Inventiva social recopila y edita para su difusión virtual textos literarias que cada colaborador desea compartir.&lt;br /&gt;Inventiva Social no puede asegurar la originalidad ni autoria de obras recibidas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Respuesta a preguntas frecuentes&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Que es Inventiva Social ?&lt;br /&gt;Una publicación virtual editada con cooperación de escritores y lectores.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuales son sus contenidos ?&lt;br /&gt;Inventiva Social relaciona en ediciones cotidianas contenidos literarios y noticias que se publican en los medios de comunicación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuales son los ejes de la propuesta?&lt;br /&gt;Proponer el intercambio sensible desde la literatura.&lt;br /&gt;Sostener la difusión de ideas para pensar sin manipulación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es gratuito publicar ?&lt;br /&gt;En inventiva social no se cobra ni se paga por escribir. 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Ecos&lt;br /&gt;de nombres ya olvidados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cierto: No hay muros, pero&lt;br /&gt;la libertad es también un espejismo.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;*De Sergio Borao Llop. sbllop@gmail.com&lt;br /&gt;http://sergioborao2011.blogspot.com/&lt;br /&gt;https://www.facebook.com/Sergio.Borao.Llop &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Estación Corbett&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Vals Lejos de Ti*&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;[vals compuesto por Juventino Rosas (hace algunos años)]&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Siempre había querido demostrar que la Tierra era redonda, pero alguien ya se le había adelantado en la idea, y ya lo habían hecho. Había querido demostrar, entonces, que era el Sol quien se encontraba en el centro del sistema planetario, y que al rededor de él orbitaban los planetas, y que no era la Tierra el centro del Universo, pero algún tiempo atrás alguien más ya había tenido la misma idea, y ya era cosa sabida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después se le ocurrió que el Universo pudiera estar en expansión, creando nuevo espacio-tiempo y haciendo que la luz que lo recorre se estirara tendiendo a verse roja, y que si lograba probar esto, propondría que si el Universo se expande, era porque en algún momento estuvo todo junto, y después explotó dando origen a todo... Pero notó que esta su idea ya la habían tenido tiempo atrás otras personas, y decidió dejar de lado las teorías astronómicas y probar con las matemáticas. Tuvo la idea de intentar demostrar que los números naturales, siendo infinitos, podían estar inmersos dentro de los números enteros que también son infinitos, y que además, estando los naturales dentro de los enteros, podía encontrarse una función que demostrara que a pesar de esto, existían tantos números naturales como números enteros hay; pero le bastó con leer un par de libros para darse cuenta de que esto también era ya sabido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un día mientras paseaba, le vino a la mente la idea de que las especies biológicas podían heredar características por medio de variaciones en el material genético, y no así por el simple uso o desuso de alguna de sus partes del cuerpo, y decidió nombrar a estas unidades de herencia como genes, y demostrar que si una jirafa estira mucho su cuello para alcanzar comida, esto no afecta de modo alguno los genes, y no hereda el cuello largo a sus hijos; pero cuando terminó de escribir su teoría, alguien le hizo notar que hacía tiempo otras personas más ya la había definido, y ahora no causaba mayor novedad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Triste de que todas sus buenas ideas ya habían sido probadas o enunciadas antes, se olvidó de las ciencias. Comenzó a idear el modo para que las personas pudieran volar, pero notó que ya había aviones, pintó cuadros y compuso poemas, pero cada obra de arte que realizaba con exquisita destreza, alguien más le mostraba su gran parecido con alguna otra notable obra de arte, realizada mucho antes que las suyas... Llegó a imaginar edificios en forma de tetraedros, y se asombró al mirar un día un libro con una fotografía que mostraba construcciones tan maravillosas como las que había imaginado, y que se leía en el título: “Pirámides de Teotihuacan”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sintió que había nacido en un tiempo en el que ya todo estaba hecho, dicho o visto; lo que le produjo una gran frustración. Ideó la manera de desquitarse con la humanidad entera, y desarrolló todo un sistema económico, donde la gente pobre fuera la gran mayoría y que, una vez naciendo pobre, siempre lo fueran al igual que sus hijos e hijas. Se dedicó a idear su sistema económico que pudiera incluso generar naciones pobres, siempre a expensas de otras que libremente podrían hacer guerras y mandar a la gente pobre de sus países a matar gente en los países pobres. Su plan consideraba tal venganza, que incluso ideo la manera de que la gente pobre, trabajando para la clase acomodada, fuera pobre todo el tiempo y sus patrones cada vez más ricos... Cuando su plan estaba listo, alguien que leyó su escrito le dijo que los capitalistas ya se le habían adelantado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Finalmente, y con la firme idea de que las grandes cosas ya estaban todas hechas (algunas de ellas denigrantemente hechas), decidió dar vida a una modesta idea: construir una estación de tren.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Imaginó la estructura de ladrillos, y construyó el boceto en miniatura. Decidió que la construiría en un lugar pequeño, para evitar que alguien le ganara la idea, e imaginaba a la gente yendo y viniendo de todas partes del mundo. Decidió construir su sueño en el partido 9 de Julio, provincia de Buenos Aires, y de inmediato abandonó la idea de llamar a su estación "9 de julio", pues lo consideró demasiado obvio. En su lugar, y habiendo leído que hacía tiempo vivió un estanciero de apellido Corbett, decidió nombrar así su estación; pero cuando viajó al pueblito para mirar su idea más de cerca, notó que hasta para eso ya se le habían adelantado hace algún tiempo, y la Estación Corbett ya existía, y ya hasta se encontraba cerrada... Se alejó con un sentimiento de frustración, pero con la idea naciente de que quizá la estación cerrada, podía usarse para fundar un Radio Club...&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;*De hugo ivan cruz-rosas. quetzal.hi@gmail.com&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;REGRESO*&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;El hombre de los ojos insomnes, duerme. &lt;br /&gt;Duerme mecido, en rituales de viejas caracolas. &lt;br /&gt;Tambien duerme el deseo. &lt;br /&gt;Lo despierta la noche y el penetrante olor a vida. &lt;br /&gt;Los espejos. Los retratos vivientes. La estremecida piel. &lt;br /&gt;Ha perdido su pasos, su insolencia. &lt;br /&gt;Ah, si pudiera volver, recordar, regresar. &lt;br /&gt;Pero es de noche y teme. Noche de terciopelo. &lt;br /&gt;Acechan los pájaros del miedo. &lt;br /&gt;Teme. Teme abrir los cerrojos. &lt;br /&gt;Las ventanas pircadas. Las clausuradas puertas. &lt;br /&gt;Teme y desea. El escozor se arrastra como felino en celo. &lt;br /&gt;Es agosto y los almendros brotan. &lt;br /&gt;También germina el fuego. &lt;br /&gt;Se encienden las cenizas. &lt;br /&gt;Las azules grutas tantas veces besadas. &lt;br /&gt;El ritual del puñal que cincela y canta. &lt;br /&gt;Y teme, y desea y excomulga las antiguas muertes. &lt;br /&gt;Y regresa. &lt;br /&gt;Regresa, sabiendo que un viaje es solo eso: un regreso.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;*De Amelia Arellano.  arellano.amelia@yahoo.com.ar&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un hombre y su obra*&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;*Por Eduardo Francisco Coiro. inventivasocial@hotmail.com&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De pronto me había inventado un oficio, es probable que mi ocurrencia fuese algo común. Pero preferí imaginarme fundando una praxis, la antropología de las subjetividades ó dicho de otro modo de la persona y su obra. La vida, o un encuentro casual con su prima Sofía, me permitió acceder al fantástico mundo del arquitecto Jerome Ricardo Klepka. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sofía es la hija Slawek Klepka, el inventor al que conocí durante una internación de mi padre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fue un encuentro casual en el tren, ella que subió en Aldo Bonzi y se sentó justo enfrente mío.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tardamos unos momentos, la circunstancia había sido dolorosa y pasaron muchos años.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella, antes de bajar en Libertad, dejó la idea: "Quiero que escribas de mi primo Jerome y su obra".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A los pocos días fui a visitarla, tomé un te rojo con miel y pase mucho tiempo observando el museo casero que Sofía tiene sobre las invenciones de su padre Slawek.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella no me dijo demasiado de su primo, era el hijo de su tío tan polaco como su padre. Había estudiado arquitectura pero su pasión era el arte y la escultura. Había preparado una caja con planos, dibujos de esculturas y cuadernos donde anotaba frases o explicaba el significado de sus obras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No dejes de ir a Corbett, es su gran obra. Sugirió cuando ya estaba en la puerta a punto de irme.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras viajaba en el tren hasta Corbett me daba cuenta que el arquitecto Klepka tenia curiosidad por culturas lejanas. Decidió colocar 109 esculturas u obras de arte en el predio reciclado de la estación y aledaños. "Como los 109 trofeos que debía cazar un Maharajá" había anotaciones en un cuaderno que ligaban esta ocurrencia con lecturas de Salgari.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero esta es una cacería de recuerdos propios a los que debo darles una materialidad. -escribió.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La estación de Corbett es realmente impresionante. Habría que tener conocimientos de arquitectura para poder describirla bien, pero no tiene nada que ver con la sencillez de las otras estaciones del ferrocarril. La única vía del Midland se abre en cuatro a unos cien metros antes de ingresar a la estación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La sorpresa es mayor cuando uno pone el pie en el andén. La cartelera indica que la estación anterior es Ramnagar y que la estación de origen de la línea es "Old Delhi Railway Station".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La ventanilla donde se compran los pasajes indica que las tarifas están en Rupias y que esa es la moneda en la que deben abonarse.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El hotel se llama "Edward James Corbett Resort" y queda a metros de la estación. Es un hotel de tres estrellas con baño privado y cuesta 1050 Rupias por noche. Agradecí que tuvieran la gentileza de cambiar mis pesos por Rupias y pedí una habitación por una noche, casi seguro de que con un día completo podría recorrer el parque natural y las obras de arte que Jerome había dejado allí plantadas para que sean vistas e interpretadas por los visitantes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ni bien entré pude escuchar del conserje una historia que habla de la personalidad del arquitecto. Durante la obra del reciclado del hotel, el hombre había tenido una fuerte discusión con el contratista que colocaba el parquet. La discusión había llegado al punto de la furia y los hombres iban a arreglar sus diferencias a trompadas. Hasta que el parquetista lo insulto en ruso y Klepka le contesto con otro insulto similar también en idioma ruso. -Sofía me había contado que Jerome había aprendido ruso porque su padre lo hablaba como segundo idioma;  ya en su adolescencia había decidido estudiarlo bien para leer a grandes escritores como Gorki en su idioma madre.-&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La cosa es que el conocimiento común de un idioma y de cultura eslava los hermanó. El contratista y el arquitecto comenzaron a cantar juntos canciones tradicionales. Para festejar el descubrimiento, Jerome fue hasta su auto, trajo una botella de Grappa Chizzotti y brindaron con los obreros presentes en la obra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Como Ud. mismo podrá observar, el parquet de pinotea ha quedado impecable. -Remató el conserje.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me di cuenta durante un buen rato antes de lograr dormir en una cama desconocida que la idea de escribir sobre un hombre y su obra no es tarea sencilla -al menos con Klepka- . Una segunda idea que había tenido durante el viaje en tren estaba en cuestión,  ¿Podría escribir sobre lo visto en Corbett un artículo en Wikipedia? No quería -como muchas otras veces- plantearme objetivos demasiados alejados, tenía certeza sobre las limitaciones de mi escritura. Sin respuesta, lo mejor fue dormirme y esperar que el día siguiente aclarara con su luz las cosas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desayune mirando al verde del parque un cielo amplio y celeste hasta el horizonte. El día se mostraba como una promesa esplendida. Como muchas otras veces sentía incomodidad con la soledad. Casi siempre mi trabajo me llevaba a llegar y permanecer solo en diferentes hoteles, la soledad me convertía en un observador o en un cazador de imágenes más precisamente. Me llamó la atención la remera que usaba un hombre con la pelada artificial en su cabeza. Tenía menos de cuarenta años, y el aspecto de un cuerpo trabajado en horas y horas de gimnasio. Parecía estar en una gira de negocios con socios o clientes. La remera decía: "Y si la mujer del prójimo me desea a mí".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No quise distraerme más. Llevaba en un bolso un par de cuadernos donde Jerome Klepka describía el origen de las obras que iba a ver ni bien me animara a salir al afuera del hotel.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el pequeño parque lindero al que miran los ventanales del comedor esta el monumento a Edward J. Corbett. Es una escultura de hierro negro donde una figura con cuerpo humano y cabeza de Tigre. Arriba de la cabeza, esa figura lleva el sombrero clásico que hemos visto en las películas llevar a los cazadores. Esa figura lucha con una enorme víbora que se enrosca por su cuerpo desde su pie izquierdo. La serpiente termina en una cabeza humana -como las que pintaban en el renacimiento con una cabellera bien densa- esa cabeza humanizado mantenía colmillos y lengua de serpiente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La estatua tiene el subtítulo de "Metamorfosis".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el cuaderno dice -textual- : "Metamorfosis". Fue con la infección del colmillo izquierdo. Tenía la mitad del rostro con aspecto felino. Sentía que la fiebre era una enorme serpiente que se enroscaba. Deliraba. Lo más lógico es que la serpiente tuviera en su rostro el aspecto de la serpiente a la que llamamos, afiebrados de autoengaño, "ser humano".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La estatua tiene en su base enorme de cemento la inscripción de autoría: JEROME RICARDO KLEPKA. ESTATUARIO. ARQUITECTO. CLONADOR PAISAJISTA.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Alejándose de la estación y el hotel -a menos de un Km.- hacia el norte esta la entrada al Parque Natural, situado en las tierras de la antigua estancia de los Corbett. Allí quedaron al aire libre las obras de arte de Klepka. La entrada al parque cuesta 250 rupias, el equivalente aproximado a 5 Euros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La primera obra que pude observar se titula: "El rollo del tiempo".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Escribe: "Después de la salud, el tiempo es lo más valioso que posee una persona. (...) Pensé en las manos de mi padre, en los objetos que había dejado abandonados en el galpón de la casa. Había dos lavarropas oxidados, una heladera Siam. Los alambres que sostenían la antigua parra habían quedado formando un rollo, una nebulosa galaxia que ya no podría volver a extenderse. Fue mi hijo quien lo bautizó como rollo del tiempo"&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Unos metros más adelante pude observar que una de las vías del ferrocarril ingresa en la antigua estancia y lleva al tren hasta un apeadero sencillo situado en el costado soleado del casco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me gusto mucho la obra dedicada a Kurt Vonnegut. "Insectos atrapados en ámbar" Son piedras traslucidas apiladas como un muro adentro hay cuerpos de insectos con cabeza humana. Arriba del muro desfila un soldado con un uniforme alemán de la segunda guerra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Jerome anotó: están mi padre y mi tío en la guerra, nunca saldrán del todo. En el oído les quedara el zumbido de los proyectiles que reventaban el tímpano. Al leer esto, había podido volver a ver por un instante los ojos vivaces de mi padre cuando recordaba la noche iluminada por los proyectiles en la batalla de Montecassino.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando retorné del parque estaba bastante cansado y era de noche, había comido algo en un pequeño restaurante ubicado en el casco de la antigua estancia. Recordé que el último tren hacia Old Delhi ya había partido. Decidí quedarme otra noche en el hotel y partir en la mañana luego del desayuno. Volví a la habitación, me bañe con una ducha que no logre regular bien, asi que con el agua casi fría afloje el cansancio y me dispuse a dormir. La cercanía al campo convertía al hotel en un espacio de resonancia de lo lejano y lo inmediato a la vez. En la habitación contigua una pareja había comenzado a hacer el amor. Se escuchaba como la mujer jadeaba. Dije: este Jerome, ha sido un gran artista, pero como puede ser que haya construido estas paredes con paneles de yeso que no aíslan nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde el campo empezó a ganar espacio el sonido de un tren acercándose. Es el tren que va a Moradabad y retornara mañana para llevarme a Old Delhi. Por momentos el sonido del tren se mezclaba con los jadeos de la pareja de la habitación lindera. Cuando llego a la estación se escucharon los sonidos del vapor de la locomotora. Ese ruido inconfundible de las vaporeras. ¿Será una North British o una Vulcan Iron Works? El tren partió, su sonido se alejaba mientras el de la pareja que hacía el amor sin agotarse se mantenía constante. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En cualquier lugar, una locomotora atraviesa la noche. Otra mujer, se enciende, hecha vapor, jadea. Hay viajes que crean la vida y otros que la llevan de un sitio a otro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Antes de entrar en el sueño arrullado por los sonidos del amor. Se impone la necesidad de que alguna enseñanza sea útil para mi vida. Pensé, en lo apropiado que era el título de una de las obras de Jerome Ricardo Klepka: "Lo erótico es la vida". &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;¿REENCUENTRO Y DESPEDIDA?*&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;(2° parte) El deseo no pide permiso&lt;br /&gt;       &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;   &lt;br /&gt;  “Me debés un café”, le aseguró él, aquella mañana otoñal frente a la antigua estación ferroviaria, envuelto por un abrazo del que no quería desprenderse, para luego zambullirse en una pretendida ilusión de olvido que nunca llegó a concretarse. Las imágenes de aquel breve encuentro con ella danzaban continuamente delante de sus ojos. Cada situación de pareja que escuchaba en boca de terceros, o cada detalle que lo asaltaba en forma de canción oída al pasar, eran referidos exclusivamente a ella, como si cualquier extraño le estuviese adivinando el pensamiento al comentarle experiencias ajenas. Ella regresaba a su vida después de permanecer varios años sepultada, como un angustioso espectro casi imposible de eliminar, aterrándolo de madrugada con una extraña mezcla de placer y dolor, generándole el deseo de volver a bailar juntos -como durante aquellos veranos compartidos-, asomando por la mañana en alguna oculta fotografía dentro de la infinita maraña de carpetas de su computadora. Sólo que esta no-muerta, sin necesidad de alimentarse de su sangre, le iba chupando gradualmente su fidelidad conyugal. Situación que ella misma, lejos de sentirse satisfecha, la padecía…&lt;br /&gt;            Ella vivía conmocionada, maldiciendo el día en que se le ocurrió citarlo para tomar un café, sólo por el mero hecho de volver a verse después de tanto tiempo. Aunque nada había sido del todo inocente: sabía que el encuentro no le resultaría un hecho cotidiano y sin consecuencias. Sólo que nunca supuso que sus expectativas iniciales fuesen desbordadas de aquella manera. El estaba igual, como si los años no hubiesen hecho mella alguna en su esencia, como si continuase siendo el mismo adolescente que la deslumbrara hablando de lo que fuera, a veces sin que ella pudiese seguirlo, pero fascinada frente a tanta inteligencia. Y frente a él, contemplándolo sin percatarse del paso del tiempo, se sentía a su vez una adolescente, dispuesta a salir corriendo de la estructura familiar que la rodeaba desde hace años, para sumergirse en situaciones descabelladas, fuera de toda lógica racional, incluso peligrosas…&lt;br /&gt;            Durante los siguientes días, él había conseguido garabatear algunas frases inconexas, queriendo darle forma creativa a sus sentimientos, al menos para sepultarlos dentro de un escrito, cualquiera fuese la forma que éste adoptase. Quiso escribir poemas, letras de canciones, algún cuento, hasta esbozó una novela –interrumpido a cada rato por las chispeantes visitas de su hijita de casi tres años en el estudio-, pero las palabras se le fugaban de las manos sobre el teclado, causándole un fastidio que acrecentaba con mayor potencia sus deseos eróticos. El cuerpo no lo dejaba pensar. Y la razón venía perdiendo la batalla de manera vergonzosa.&lt;br /&gt;            Ella aguardaba cada mañana a que su marido se llevase a los chicos al colegio y se fuese a trabajar, para hacer a un lado sus tediosas tareas domésticas, revolver entre sus forradas cajas de zapatos, y así reencontrar aquellas que contenían sus más preciados bienes, sobrevivientes de innumerables mudanzas, contenedoras de sus entrañables recuerdos del pasado. Allí estaban, víctimas inocentes del paso del tiempo y el manoseo de su dueña, las interminables cartas que él le escribiese hacía más de quince años, incluso hasta casi veinte, con una tinta ya ilegible, algunas hasta pegadas con cinta para que dejen de seguir rompiéndose en los dobleces, testimoniando palabras que con el paso del tiempo ella conoce ya casi de memoria, pero que cada vez que las lee, le parece volver a escucharlo. Esa es su letra, son sus palabras en forma de carta o de canción, como si aquellas ajadas hojas de papel lo mantuviesen vivo durante todo este tiempo, acompañándola desde el pasado a pesar de sus numerosos cambios de domicilio y de pareja. Tal vez, alguna de estas solitarias mañanas en que releyó estas cartas, se le haya ocurrido la peregrina idea de reencontrarlo más allá del recuerdo, beneficiada por la tecnología virtual cuando una tarde la sorprendió desde la pantalla de su computadora un correo electrónico firmado por él. Idea que pareció ir cobrando forma con el paso de los días, o de los meses, y que de pronto plasmó a través del chat, propuesta que él aceptara de manera gustosa pero incauta.&lt;br /&gt;            “Así estoy yo… así estoy yo sin ti”, le canta Joaquín Sabina en sus auriculares. Pero se resiste, detesta caer en la melancolía, cambia pronto de canción. Escucha a Madonna en su última gira mundial, arengando al público argentino –aunque semejante potencia produzca en él quizá un efecto contrario, que lejos de sedarlo, lo excite aún más-, y aunque el poderoso ritmo bailable lo distraiga por un rato, las imágenes de ella regresan cada vez más letales. Evoca sin quererlo esos ojos, aquella mirada que lo contempla indefensa, conocedora del efecto devastador que la presencia de él causa en sus emociones. Y toda su estructura de razonamiento cae derribada, porque ha vivido equivocado desde que la conoció: ella ha permanecido enamorada de él desde el momento mismo en que leyera su primer escrito, donde tímidamente le confesaba gustar de ella, y él no ha sabido percibirlo. Todos los desencuentros posteriores fueron producto de su propia inexperiencia y del temor de ella; o de ambos, a qué negarlo. El nunca antes había estado con una mujer, ella nunca antes había recibido una declaración de amor propia de cuento de hadas. Y así estuvieron siempre, a medio camino entre la excitación y su consumación, avivando el deseo mutuo pero de algún modo resistiéndose a concretarlo, a pesar de las insistencias de él o de la angustia de ella. Así vivieron, extrañándose, recordándose, buscándose, para luego desconocerse al encontrarse, impotentes de acercarse definitivamente, temerosos de romper un hechizo forjado a dúo sin saberlo.&lt;br /&gt;            Hasta que la tensión se les desbordó incontenible, envileciendo sus sueños húmedos, para descubrirse necesitándose más allá de cualquier limitación. Y fue él quien la llamó una mañana, tembloroso ante el abismo, para decirle que el deseo no pide permiso. Que deseaba con el alma hacerle el amor. Que no aceptaría una negativa por respuesta. Que arriesgaba la posibilidad de seguir viéndolo en el futuro. Que necesitaba desterrar este fantasma para siempre, y poder seguir así con su propia vida. Aunque ninguno de los dos supiera qué pudiera suceder después…&lt;br /&gt;            Miles de fantasías se le agolparon a ella en el corazón, mitad conscientes, mitad inconfesables. Dudó mucho en darle una respuesta, sin poder pensar, mareada frente a tantas posibilidades. ¿Por qué decidió complicarse la vida al citarlo en aquel bar? Si tenía un mundo ordenado y rutinario en el que nada la sorprendía, predecible en su propia fijeza… Ahora dudaba de todo. ¿Y si ceder a la tentación con él se convertía en una extraña especie de adicción, de la cual no pudiera sustraerse una vez que la probase, y por cuya abstinencia debiera padecer en soledad el mayor de sus sufrimientos amorosos? El miedo a perder lo conseguido en todos esos años –un marido, sus dos hijos, un hogar familiar- la estremecía sin piedad, y a la vez, un secreto deseo de rejuvenecimiento palpitaba en sus entrañas, haciéndole cosquillas en los pies, impulsándola a vivir la última deuda pendiente de su adolescencia; quizá, su última gran aventura.&lt;br /&gt;            Así que una mañana, con la cara de él devorándose desde el recuerdo todo su campo visual, sin pensar demasiado en nada, ni siquiera en el increíble coraje que estaba necesitando para levantar el teléfono y marcar su número, decidió terminar con tanta incertidumbre, atravesando con su propio deseo aquella tupida jungla de sus dudas. Y dejando a un lado la imagen de él como amigo entrañable de su familia de origen, compinche en la adolescencia de sus hermanos, a la presencia de su marido y de sus queridos hijos, incluso hasta su rol de ama de casa, queriendo simplemente sentirse VIVA, se lanzó hacia el abismo…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;*   *   *&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;La misma estación ferroviaria de hace un tiempo atrás, otra soleada mañana de otoño. El llega primero, con una ansiedad inusitada. Hasta hace pocos minutos, viajaba tarareando canciones de Sabina, metiéndose en clima, entusiasmado. Pero ni bien desciende del vagón, un creciente temblor le ataca las tripas, le contractura la espalda, le seca la boca. Ella no llegó. ¿Vendrá? ¿O se arrepentirá a último momento? Le tiemblan las manos. Camina a lo largo de la plataforma, sale despacio de la estación, crujen las hojas secas bajo sus pies, contempla el bar de enfrente con renovada añoranza. Evoca sus ojos, sus manos, su risa…  Respira hondo. Siente que si piensa sólo un poco más en lo que está a punto de hacer, dará media vuelta y huirá corriendo de allí, el corazón devastado por la culpa y estrujado en un puño. Tiene que recordarla como la última vez, inundarse de su recuerdo, ahogarse en su mirada… ¿Vendrá?&lt;br /&gt; Sin que lo perciba, otro tren acaba de llegar a sus espaldas. Y apenas da un paso, resuelto a esperarla dentro del bar y salir ni bien la vea, o quizá buscando excusas para cruzar la calle y zambullirse en el primer colectivo que lo saque de allí, cuando unos dedos lo llaman por detrás. Al volverse está ella, con una media sonrisa que intenta disimular el enorme susto que le oprime la garganta, aunque con su habitual transparencia en la mirada. Se abrazan de nuevo, sintiendo que aquel contacto de la última vez tampoco ha desaparecido. No se dicen nada. Entonces él le busca la boca, y ella le devuelve el beso más que complacida, deshaciéndose en sus brazos, experimentando una corriente eléctrica a lo largo de su cuerpo que la despabila del tedio cotidiano hasta los huesos. &lt;br /&gt;Caminan tomados de la mano, hablando poco, temblando mucho. Según él, hay un hotel cerca, aunque nunca lo haya frecuentado. Ella se deja llevar; no podría hacerse cargo de nada. Pocas cuadras más adelante lo encuentran, tapado por unos enormes maceteros con ligustros que le dan una ilusoria imagen de privacidad. Al ingresar, la sensación de angustia crece entre los dos. Esto no lo han vivido nunca juntos. ¿Cómo será? ¿Qué actitud tomará el otro en una situación como ésta? ¿Aflorará en el momento más íntimo del encuentro algo desconocido, que los espante, o será la escena soñada que han imaginado durante años? La pregunta atraviesa sus mentes al unísono, aunque ninguno se anime a decirla en voz alta, o a querer pensar demasiado.&lt;br /&gt;El paga en la caja -“Ya no hay vuelta atrás”, piensa-, toma la llave con una mano, a ella con la otra, y ascienden al primer piso por un pasillo estrecho y una escalera oscura. Desde que se vieran hace unos minutos, pareciera que no pudieran despegarse el uno del otro a menos que sea absolutamente necesario. Pero caminan hacia la puerta de la habitación como autómatas, sin saber muy bien qué están haciendo ahí.&lt;br /&gt;Al entrar, ven una habitación simple, con una cama de dos plazas dominando la escena, algunas luces de colores, y espejos por todos lados. Nada de excentricidades. El revisa los botones, gradúa la iluminación, y consigue bajar el volumen de una horrible música instrumental que apenas continúa escuchándose. Se quita la campera y la contempla a su lado. Ella permanece de pie, mirando en derredor como si fuese su primera vez. Palpitan con extrañeza, ¿incómodos? El se quita el pulóver y la toma de un brazo con suavidad. Recién entonces ella lo vuelve a mirar a los ojos, y el puente invisible que ha existido entre ambos desde que se conocieran se tiende nuevamente en su total intensidad. La sonrisa aflora en sus rostros, las miradas se iluminan, y una risa cómplice y nerviosa crece entre los dos, impulsándolos al abrazo.&lt;br /&gt; Besos y caricias llegan con naturalidad, con muchísima ternura. Consiguen sentarse al borde de la cama, mientras ella se va quitando su propio abrigo y él busca en la campera hasta encontrar el MP3 en un bolsillo y encenderlo. La embriagante música del saxo de John Coltrane, con Johnny Hartman entonando “My one and only love”, los envuelve y transporta hacia otro lugar, quizá desconocido, donde ellos sean otros de los que son, reinventándose al estar juntos.&lt;br /&gt;Muy lentamente la ropa va cayendo junto con sus miedos, los besos crecen en intensidad, la pasión se instala y despliega sin brusquedades. El la recorre, cubriéndola de besos, estremeciéndola al acariciarle una piel tan suave con la yema de sus dedos, oliendo el perfume de su cabello al hundir su cara en él, contemplando esta belleza que sólo ha madurado con la edad. Ella lo toca para saber que él está allí, que no se extinguirá en la vorágine de sus sueños, que esta situación está ocurriendo realmente, aunque buena parte de su mente se lo niegue, y a él también. Las contracturas y temblores parecen haberse fugado muy lejos, relajándolos como nunca antes, con el vago recuerdo de aquella noche en la clínica mientras él estaba internado, previo a sus operaciones, o en la cocina de su casa, una tórrida madrugada de febrero. Besos que saben mejor que aquellos, potenciados por el tiempo y la experiencia.&lt;br /&gt;Finalmente se desnudan por completo, y sus imágenes rebotan sobre todos los espejos, multiplicando su deseo hasta el infinito. Ella lo recuesta sobre el colchón y se le trepa encima, sin dejar de besarlo, respirando agitada, mientras él teme no llegar a ponerse el preservativo, al acariciarle las nalgas y ser transportado por este vertiginoso huracán de sensaciones hacia las profundidades de su ser, allí donde el pensamiento ya no tiene cabida, deshaciéndose del beso para acariciarle un pezón con los dientes… Y se siguen tocando, gustando, chupando, fregando, mordisqueando, como si nada de lo que hicieran les alcanzase, con una extraña mezcla de dulzura y de pasión.&lt;br /&gt;Hasta que consigue entrar en ella, previa protección, y el lento vaivén de las caderas adquiere un ritmo compartido, una cadencia propia, evocándoles por un segundo aquella plasticidad y sincronía que descubrieran entre ambos al bailar, allá lejos en el tiempo, envueltos como ahora por la música. Como si cada movimiento de uno tuviera su reflejo en el otro, ya estén sentados frente a frente, o acostados uno encima del otro, o yaciendo de costado… Y aunque en el infatigable rodar de los cuerpos jadeantes ella apenas se dé cuenta de lo que piensa, sí se percata de que lo que alguna vez fantaseara como adicción al hecho de estar con él……pareciera recién haber comenzado…&lt;br /&gt; Misteriosamente, es tal la conexión que han logrado desde que se iniciara la música en el MP3, que alcanzan juntos el orgasmo, atravesados por una descarga eléctrica que los estremece por entero al gemir al unísono. El se desploma entre espasmos sobre ella, agotado, intentando recuperar el aliento, embriagado por su perfume a mujer, sintiendo que el cuarto gira a su alrededor, multiplicada su imagen sobre el techo y las paredes, perdiendo la total noción del espacio. Ella lo abraza con una ternura desconocida, cálida y vigorosa a la vez, deseando en lo más profundo del alma que este instante se eternice, que lo recuerde cada vez que se sienta vacía y triste, que le sea imposible de olvidar. Y a medida que pasan los segundos, transformados en minutos, en medio de las cariñosas frases que se prodigan el uno al otro, una pregunta va cobrando forma entre ambos, ineludible, decisiva…&lt;br /&gt;“¿Y a partir de ahora… qué hacemos?”&lt;br /&gt;Ambos creen que cualquier cosa que digan, cualquier movimiento que realicen, sería capaz de desvanecer para siempre este maravilloso hechizo que los funde en una sola entidad. En este espacio que han creado entre los dos, todo parece tan simple, tan pujante, tan hermoso… ¿Para qué destruirlo pensando en lo que pueda ocurrir una vez que abandonen este cuarto? ¿Por qué atormentarse desde ahora con la idea de que van a extrañarse, necesitarse, enloquecerse al estar separados? ¿Y si eso no ocurriese? ¿Y si sólo fuera un lento fluir del sentimiento, que quizá les provoque el día de mañana un nuevo deseo por volver a verse? &lt;br /&gt;Para ella, nada parece lento ni posible de moderar a futuro. Lo quiere, lo necesita, quizá hasta lo ame con locura. Es lo más mágico que le ha pasado en la vida. Es mucho más hermoso de lo que fantaseaba mientras releía de memoria aquellas viejas cartas. Es REAL, es un hombre que lejos de ser sólo palabras está VIVO… Y no sabe aún cómo entender esta arrolladora irrupción de la realidad comparada con la imagen ideal que en soledad se formase de él. Por su parte, él se siente como un adolescente que acaba de tener su primera relación, con la energía necesaria para seguir ni bien recupere el aliento, pero también con el devastador efecto sensorial que le causa la sorpresa de lo nuevo, concretizando una expectativa moldeada y pulida durante años. Sólo que hace rato que dejó de ser un adolescente, y lo que se le juega hoy es algo más que un momento sexual…&lt;br /&gt;Entonces la razón, la maldita razón que le carcome el cerebro desde que tuvo conciencia para pensar, esa puta razón que nunca lo dejó vivir en paz, le dice “Ya está, boludo: levantate y rajá, que esto se terminó”. Y por otro lado, experimenta esa misma sensación de adicción que le brota a ella por cada uno de sus poros. Siente que le está por estallar la cabeza. ¿Cómo se puede vivir amando a dos mujeres a la vez? Y ella, temblando aún de felicidad, sin deshacer este tierno abrazo que quisiera no terminar nunca, quizá llega a la misma conclusión: el corazón dividido entre dos amores. La culpa… La maldita, torturante, repulsiva y puta culpa… ¿Cómo se hace para seguir viviendo después de esto?&lt;br /&gt;Se miran a los ojos, profundamente. Se intuyen similares, tanto en el placer experimentado minutos antes, que ha superado cualquier imaginación, como en el terror que comienza a ganarles la jugada si no se tornan precavidos y reprimen lo que sienten cada vez con mayor intensidad.. Maldita adicción… Maldita atracción… Maldita calentura que no cesa… Ni aún habiéndola concretado…&lt;br /&gt;El deseo nunca pide permiso… arrasa sin medir las consecuencias.&lt;br /&gt;Se besan por enésima vez, y casi como en un juego infantil, dicen al mismo tiempo la frase que los suspende colgados de la ilusión, una vez más, para que esta función del Gran Circo del Amor no termine, para que las payasadas y acrobacias que les nacen de las entrañas sigan por tiempo indeterminado, para que los puñales del mago hagan centro en el corazón de ambos, para que continúen haciendo equilibrio sobre un cable por encima del abismo, para que los rombos y cascabeles de los coloridos disfraces les oculten el miedo, para que las fieras que albergan dentro de sus pechos no se domestiquen a fuerza de latigazos, para que la frescura de su juventud compartida no se muera nunca.&lt;br /&gt;“¡El primero en levantarse de la cama, pierde!”&lt;br /&gt;Y así permanecen, hipnotizados por una sonrisa que se torna sonora carcajada, que los impulsa a las cosquillas y al juego de manos, hasta que suene la campanilla del teléfono, y una voz impersonal les anuncie que “Su turno terminó”…&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;*De ALDIMA.  licaldima@yahoo.com.ar&lt;br /&gt;Mayo de 2011&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; EL TREN FANTASMA*&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Cuando era aún una niña, recuerdo a mi padre que trabajaba como ferroviario. El tren tenía un encanto especial, digo el tren pero en realidad me refiero a todos los trenes que recorrieron tantas soledades y poblaciones.&lt;br /&gt;Cuando mi padre volvía de alguna de sus recorridas habituales, siempre tenía alguna anécdota para contarnos.&lt;br /&gt;Mis hermanos y yo, aprendimos a amar todo lo referente a trenes, subyugados por lo que papá contaba y porque veíamos como se deslizaban tranquilamente sobre aquellos rieles interminables.&lt;br /&gt;Entonces vivíamos en un pueblito cerca de Santa Fe, en una casita encantada , propiedad del ferrocarril, que le habían cedido cuando se casó, y luego llegaron los hijos y se formó un verdadero hogar.&lt;br /&gt;Muchas veces, cuando había algún feriado, íbamos de viaje en algún vagón semi  vacío, allí nos acomodábamos y veíamos por las ventanillas como el campo, los árboles, las nubes y hasta los hombres que a veces cruzaban de a pié, se deslizaban como sobre patines en el sentido contrario al que iba el tren. Otras veces,  cuando pitaba,  aspirábamos el vapor  que salía de su inmensa nariz negra. El viaje era especial para adormilarse con el traqueteo cansino y el constante tran tran tran que sonaba junto con el mecimiento de la máquina y sus vagones vibradores.&lt;br /&gt;El que viajó en tren a vapor, sabe de lo que digo. Más adelante aparecieron los coche a motor que eran menos ruidosos y más parejos en su andar.&lt;br /&gt;Así pasaron los días, los meses y los años de mi infancia. Pero llegó el momento en que una mano negra hizo desaparecer de un manotazo toda esa riqueza montada sobre vías que ayudaba a tener un transporte seguro, sin peligros y hasta más económico. &lt;br /&gt;Muchas familias quedaron a la deriva, sin trabajo, con la agonía de la muerte de algo tan nuestro.&lt;br /&gt;Mi  padre no podía entender lo que ocurría. De pronto se desmantelaron las estaciones de trenes, se sacaron los rieles que servían de vías, murieron muchos pueblitos como el nuestro.&lt;br /&gt;Nos fuimos a vivir a la capital porque decían que era más fácil conseguir trabajo. Allí también el desmantelamiento de todos los ramales ferroviarios era evidente. Donde pasaban las vías  se abrieron calles y  a los gigantes negros que adornaban con su andar los campos y los caminos los arrumbaron a todos en un predio como para que terminen muriendo carcomidos por el herrumbre y la desolación. Sí, así era la manera más fácil de sacarse de encima algo tan antiguo, tan pasado de moda.&lt;br /&gt;Junto con ellos, también aquietaron sus ansias los trabajadores. Más de uno no vivió mucho para contar la triste historia.&lt;br /&gt;Mi padre se enfermó de tristeza, no sabía que hacer con su vida, se sentía inútil y totalmente desdichado. Él no veía nada más que sus amados trenes, toda su vida se había sumido en un profundo dolor . &lt;br /&gt;Yo me había hecho cargo de él, pero mis hermanos siempre estaban presentes cuando los necesitaba. Por las noches, lo ayudaba a acostarse y siempre me decía: No olvides  escuchar el sonido del tren, yo lo oigo pasar y desinflarse en vapores cuando llega a la estación. Hoy suben muchos pasajeros que van hacia el norte.&lt;br /&gt;Todos los días veía cosas diferentes y me las contaba. Tantas historias se fueron grabando en mi mente. &lt;br /&gt;Un día el Señor se lo llevó y desde entonces, por las noches, cuando salgo a la vereda, veo sobre los restos de algunas vías, la figura de un tren que marcha pitando y arrojando humo de su negra naríz. Primero me pareció una ilusión, pero después de tanto tiempo, me animé y lo comenté con algunos vecinos, y todos coincidieron  y reconocieron que aquel  tren que tanto amaba mi padre, se hacía presente en las noches claras de luna.&lt;br /&gt;Todas las personas que ven el tren fantasma piensan que quizás mi padre es el maquinista y pasa pitando como para saludar a todos aquellos que lo conocieron y que aún hoy lo recuerdan con cariño. Nadie siente temor, al contrario, es una figura que se ama y respeta. Pienso que cuando las cosas se hacen con amor profundo, jamás desaparecen, quedan como bellos ejemplos para las generaciones que vienen.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;                                                                                                                          &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;*De Norma Costanzo. normacostanzo@vocampo.com.ar&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Simbiosis*&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Separadas&lt;br /&gt;por mundos &lt;br /&gt;se buscan&lt;br /&gt;se tocan&lt;br /&gt;En pánico&lt;br /&gt;y arrastrándose&lt;br /&gt;escuchan las señales&lt;br /&gt;Para no destruirse&lt;br /&gt;aislados eslabones&lt;br /&gt;recomienzan.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;*De Ana Romano. romano.ana2010@gmail.com&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;*&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Inventren Próxima estación: SANTOS UNZUÉ.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;-Colaboraciones a inventivasocial@yahoo.com.ar&lt;br /&gt;http://inventren.blogspot.com/&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Editor Responsable del Inventren: Urbano Powell. urbanopowell@yahoo.com.ar&lt;br /&gt; http://urbamanias.blogspot.com/&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Inventren sigue su recorrido por las siguientes estaciones:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  &lt;br /&gt;-DUDIGNAC.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-MOREA.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-INGENIERO DE MADRID&lt;br /&gt;(CON COMBINACIÓN EN EL FERROCARRIL PROVINCIAL&lt;br /&gt;CON DESTINO LA PLATA O MIRAPAMPA)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-ORTIZ DE ROSAS.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-ARAUJO.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-BAUDRIX.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-EMITA.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-INDACOCHEA.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-LA RICA.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-SAN SEBASTIÁN.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-J.J. ALMEYRA.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;INGENIERO WILLIAMS.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;GONZÁLEZ RISOS.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;PARADA KM 79.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;ENRIQUE FYNN.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;PLOMER.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;KM. 55.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;ELÍAS ROMERO.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;KM. 38.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;MARINOS DEL CRUCERO GENERAL BELGRANO.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;LIBERTAD. &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; MERLO GÓMEZ.   &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;RAFAEL CASTILLO.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;ISIDRO CASANOVA.   &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;JUSTO VILLEGAS.  &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;JOSÉ INGENIEROS.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;MARÍA SÁNCHEZ DE MENDEVILLE.  &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;ALDO BONZI.  &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;KM 12.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;LA SALADA.  &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; INGENIERO BUDGE. &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; VILLA FIORITO.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;VILLA CARAZA.   &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;VILLA DIAMANTE.   &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;PUENTE ALSINA.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;INTERCAMBIO MIDLAND.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;InventivaSocial&lt;br /&gt;"Un invento argentino que se utiliza para escribir"&lt;br /&gt;Plaza virtual de escritura&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para compartir escritos dirigirse a : inventivasocial(arroba)yahoo.com.ar&lt;br /&gt;-por favor enviar en texto sin formato dentro del cuerpo del mail-&lt;br /&gt;Editor responsable: Lic. Eduardo Francisco Coiro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Blog: http://inventivasocial.blogspot.com/&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Edición Mensual de Inventiva.&lt;br /&gt;Para recibir mes a mes esta edición gratuita como boletín despachado por &lt;br /&gt;Yahoo, enviar un correo en blanco a: &lt;br /&gt;inventivaedicionmensual-subscribe@gruposyahoo.com.ar&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;INVENTREN&lt;br /&gt;Un viaje por vías y estaciones abandonadas de Argentina.&lt;br /&gt;Para viajar gratuitamente enviar un mail en blanco a: &lt;br /&gt;inventren-subscribe@gruposyahoo.com.ar&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Inventiva Social publica colaboraciones bajo un principio de intercambio: la libertad de escribir y leer a cambio de la libertad de publicar o no cada escrito. los escritos recibidos no tienen fecha cierta de publicación, y se editan bajo ejes temáticos creados por el editor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las opiniones firmadas son responsabilidad de los autores y su publicación en Inventiva Social no implica refrendar dichos, datos ni juicios de valor emitidos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La protección de los derechos de autor, o resguardo del copyrigt de cada obra queda a cargo de cada autor. &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Inventiva social recopila y edita para su difusión virtual textos literarias que cada colaborador desea compartir.&lt;br /&gt;Inventiva Social no puede asegurar la originalidad ni autoria de obras recibidas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Respuesta a preguntas frecuentes&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Que es Inventiva Social ?&lt;br /&gt;Una publicación virtual editada con cooperación de escritores y lectores.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuales son sus contenidos ?&lt;br /&gt;Inventiva Social relaciona en ediciones cotidianas contenidos literarios y noticias que se publican en los medios de comunicación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuales son los ejes de la propuesta?&lt;br /&gt;Proponer el intercambio sensible desde la literatura.&lt;br /&gt;Sostener la difusión de ideas para pensar sin manipulación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es gratuito publicar ?&lt;br /&gt;En inventiva social no se cobra ni se paga por escribir. 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J. DEUTSCH.</title><content type='html'>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-u8gfHMuYnXg/TdFUjuU8lkI/AAAAAAAABg8/gqPxJlPPLgE/s1600/cmu27759.jpg" imageanchor="1" style="margin-left:1em; margin-right:1em"&gt;&lt;img border="0" height="252" width="400" src="http://2.bp.blogspot.com/-u8gfHMuYnXg/TdFUjuU8lkI/AAAAAAAABg8/gqPxJlPPLgE/s400/cmu27759.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Inventren&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;ESTACIÓN MELANCOLÍA*&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El tren del amor&lt;br /&gt;pasó a las seis de la mañana/&lt;br /&gt;Heme ahora aquí&lt;br /&gt;con un boleto de abordaje&lt;br /&gt;sin saber adónde ir/&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;*De Daniel Montoly. danielmontoly@yahoo.es&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Voy...*&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No puedo dormir&lt;br /&gt;Los cascabeles de mis pensamientos &lt;br /&gt;Tintinean en mi cabellera&lt;br /&gt;El suspiro de ideas de trabajo&lt;br /&gt;Inundan mis fantasías de cristales&lt;br /&gt;Rígidos y opacos &lt;br /&gt;No puedo reencontrarme con el arco iris de colores&lt;br /&gt;Los siniestros susurros de la vigilia &lt;br /&gt;Dan rienda suelta saltando alrededor.&lt;br /&gt;Como gotas heladas que enfrían el alivio&lt;br /&gt;Tengo que descansar de mí, &lt;br /&gt;De mis reproches y equívocos&lt;br /&gt;Mis no puedo no dan tregua &lt;br /&gt;A la frontera abierta para el soñar&lt;br /&gt;Estoy agitada y confusa &lt;br /&gt;Cobijando un endiablado fastidiar&lt;br /&gt;Quisiera que viniera el tren de las utopías&lt;br /&gt;Subirme al vagón de la reconciliación&lt;br /&gt;Y andar despreocupada observando por la ventanilla&lt;br /&gt;El paisaje de la imaginación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;*De Azul. azulaki@hotmail.com&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A Subway Named Möbius*&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-1950-&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;*De Armin Joseph Deutsch.&lt;br /&gt;(1918-1969)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Partiendo de un punto central en Park Street, el metropolitano se había extendido a través de un complicado e ingenioso sistema ferroviario. Un desvío conectaba la línea de Lechmere con la de Ashmont para los trenes que se dirigían al sur, y con la línea de Forest Hills para los que se dirigían al norte. Harvard y Brookline habían sido enlazadas con un túnel que pasaba a través de Kenmore Under, y durante las horas punta todos los otros trenes eran desviados a través del ramal de Kenmore hacia Egleston. El ramal de Kenmore enlazaba con el túnel Maverick cerca de Fields Corner. Ascendía unos treinta metros en dos manzanas para conectar Copley Over con Scollay Square, y luego descendía de nuevo para unirse a la línea Cambridge en Boylston. La variante de Boylston había unido finalmente las siete líneas principales a cuatro niveles distintos. Entró en servicio el 2 de marzo. A partir de entonces, un tren podía viajar desde una estación cualquiera a cualquier otra estación en todo el sistema.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todos los días de la semana circulaban doscientos veintisiete trenes, y transportaban un millón y medio de pasajeros, aproximadamente. El tren Cambridge-Dorchester que desapareció el 4 de marzo era el número 86. Al principio, nadie lo echó de menos. A última hora de la tarde, la línea estuvo un poco más cargada que de costumbre. Pero una multitud es una multitud. Los postes indicadores de los andenes de Forest Hills marcaron el número 86 alrededor de las 7:30, pero ninguno de ellos mencionó su ausencia hasta  tres días después. El interventor del cruce de la Milk Street pidió al inspector de la Harvard un tren suplementario aquella noche, con motivo de celebrarse un partido de hockey, y el inspector de la Harvard transmitió la petición. La central envió el 87, que había sido puesto fuera de servicio a las diez, como de costumbre. Nadie se dio cuenta que faltaba el 86.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A la mañana siguiente, cuando la afluencia de pasajeros era más intensa, Jack O'Brien, del control de Park Street, llamó a Warren Sweeney, de Forest Hills, y le dijo que pusiera otro tren en la línea de Cambridge. Sweeney no disponía de ninguno, de modo que se dirigió al tablero y buscó en él algún tren disponible. Entonces, por primera vez, observó que Gallagher no había marcado su tarjeta la noche anterior. Sweeney dejó la tarjeta a la vista, con una nota. Gallagher tenía que entrar de servicio a las diez. A las diez y media, Sweeney se dirigió de nuevo al tablero y comprobó que la tarjeta de Gallagher continuaba en el mismo sitio, con la nota que él había dejado. Acudió al inspector y le preguntó si Gallagher había llegado tarde. El inspector le dijo que no había visto a Gallagher aquella mañana. Entonces, Sweeney quiso saber quién conducía el 86.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Eran las 11:30 cuando se enteró, finalmente, que había perdido un tren.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sweeney pasó la siguiente hora y media en el teléfono, interrogando a todos los interventores e inspectores del sistema. Después de almorzar, a las 13.30, repitió las llamadas. A las 16.40, poco antes que terminara su jornada laboral, informó el asunto a la Central de Tráfico. Los teléfonos zumbaron a través de los túneles y talleres hasta casi medianoche, antes que el Director General recibiera finalmente la noticia en su casa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El encargado principal de la Central de cambios fue el primero en asociar, a última hora de la mañana del día 6, el tren que faltaba con los artículos de los periódicos acerca de la súbita desaparición de numerosas personas. Llamó al Transcript, y aquella misma tarde tres periódicos publicaron números extraordinarios. Así se hizo pública la historia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kelvin Whyte, el Director General, pasó una buena parte de aquella tarde con la policía. Interrogaron a la esposa de Gallagher. El conductor del 86 no se había presentado en casa desde la mañana del día 4. A media tarde, la policía había comprobado que unos trescientos cincuenta bostonianos, aproximadamente, habían desaparecido con el tren. El sistema se cerró, y Whyte casi enfermó de rabia. Pero el tren no fue encontrado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Roger Tupelo, el matemático de Harvard, entró en escena la noche del día 6. Telefoneó a Whyte, muy tarde, a su casa, y le dijo que tenía algunas ideas acerca del tren desaparecido. Luego se dirigió a casa de Whyte en Newton, y sostuvo con él la primera de numerosas conversaciones acerca del número 86.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Whyte era un hombre inteligente, un buen organizador, y no carecía de imaginación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Pero no sé de qué está usted hablando! -exclamó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tupelo estaba dispuesto a mostrarse paciente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Esto es algo muy difícil de comprender para cualquiera, señor Whyte -dijo-. No me extraña que esté intrigado. Pero es la única explicación. Ha desaparecido el tren, y las personas que iban en él. Pero el Sistema está cerrado. Los otros trenes continúan allí. ¡Está en alguna parte del sistema!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Whyte replicó, levantando de nuevo la voz:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Y yo le digo a usted, doctor Tupelo, que el tren no está en el sistema! ¡No está! Un tren de siete vagones con cuatrocientos pasajeros no puede ser pasado por alto. El sistema ha sido registrado de arriba a abajo. ¿Piensa usted que estoy tratando de ocultar el tren?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Desde luego que no. Seamos razonables, señor Whyte. Sabemos que el tren estaba en camino hacia Cambridge a las 8.40 de la mañana del día 4. Al menos veinte de las personas desaparecidas subieron al tren unos minutos antes, en Washington, y cuarenta más en Park Street. Unas cuantas se bajaron en ambas estaciones. Y esto es todo. Las que iban a Kendall, a Central, a Harvard... no llegaron allí. El tren no llegó a Cambridge.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Sé todo eso, doctor Tupelo -dijo Whyte bruscamente-. En el túnel, debajo del río, el tren se convirtió en un barco. Abandonó el túnel y empezó a navegar hacia África.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No, señor Whyte. Estoy tratando de explicárselo. Se encontró con un nódulo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Whyte estaba lívido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Qué nódulo ni que ocho cuartos! -estalló-. El Sistema mantiene las vías limpias. Nuestros servicios no dejan ningún nódulo...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Sigue usted sin comprender. Un nódulo no es una obstrucción. Es una singularidad. Un olo de orden superior.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las explicaciones de Tupelo en el curso de aquella primera conversación no contribuyeron a aclarar la situación para Kelvin Whyte. Pero a las dos de la mañana, el Director General otorgó a Tupelo el privilegio de examinar los mapas principales del Sistema.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tupelo se dirigió, pues, a la Central de Tráfico y estudió los mapas hasta que se hizo de día. Después de desayunar, se presentó en la oficina de Whyte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Encontró al Director General pegado al teléfono. Estaba dando órdenes para que se llevara a cabo una inspección más minuciosa del túnel Cambridge-Dorchester, debajo del río Charles. Cuando terminó de hablar, Whyte colgó el receptor y miró a Tupelo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Creo que la causa de la desaparición está en la nueva variante -dijo el matemático.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Whyte se agarró al borde de su escritorio y rebuscó silenciosamente en su vocabulario hasta encontrar algunas palabras prudentes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Doctor Tupelo -dijo-, he estado despierto toda la noche pensando en su teoría. No la entiendo. No sé qué tiene que ver con esto la variante de Boylston.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Recuerda lo que le dije acerca de las propiedades conectivas de los retículos? -preguntó Tupelo-. ¿Recuerda la cinta de Moebius que hicimos..., la superficie con una sola cara y un borde? ¿Recuerda esto? -y sacó de su bolsillo un pequeño frasco de cristal Klein y lo depositó sobre el escritorio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Whyte se echó atrás en su asiento y contempló en silencio al matemático. Tres emociones se reflejaron en su rostro en rápida sucesión: rabia, desconcierto y absoluto desdén.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tupelo continuó:&lt;br /&gt;-Señor Whyte, el Sistema es una red de sorprendente complejidad topológica. Ya era complicada antes que se instalara la variante de Boylston, y de un alto grado de conectividad. pero esa variante ha hecho que la red sea absolutamente única. No lo comprendo del todo, pero la situación parece ser esta: la variante ha elevado hasta tal punto la conectividad del Sistema que no sé cómo calcularlo. Sospecho que la conectividad se ha convertido en infinita.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El director general escuchaba como a través de una niebla. Mantenía sus ojos pegados al pequeño frasco Klein.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-La cinta de Moebius -continuó Tupelo- posee unas propiedades desusadas debido a que tiene una singularidad. El frasco Klein, con dos singularidades, consigue permanecer dentro de sí mismo. Los topólogos conocen superficies de hasta un millar de singularidades, las cuales poseen propiedades que hacen que la cinta de Moebius y el frasco Klein parezcan sencillos. Pero una red con una conectividad infinita debe tener un número infinito de singularidades. ¿Puede usted imaginar cuáles podrían ser las propiedades de esa red?&lt;br /&gt;Después de una larga pausa, Tupelo añadió:&lt;br /&gt;-Yo tampoco puedo imaginarlo. A decir verdad, la estructura del Sistema, con la variante de Boylston, supera por completo mis posibilidades de comprensión. Sólo puedo hacer conjeturas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Whyte apartó sus ojos del escritorio en un momento en que la rabia era el sentimiento que predominaba en su interior.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Y se dice usted matemático, Profesor Tupelo! -exclamó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tupelo se echó a reír. Lo absurdo de la situación no le hizo perder la calma.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No soy topólogo, señor Whyte -dijo-. En realidad, soy un aprendiz de la materia. Sé de ella poco más que usted. Las matemáticas son un campo muy amplio. Y da la casualidad que soy especialista en Álgebra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su sinceridad ablandó un poco a Whyte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Bueno -sugirió-, si usted no lo comprende, tal vez deberíamos llmar a un topólogo. ¿Hay alguno en Boston?&lt;br /&gt;-Sí y no -respondió Tupelo-. El mejor del mundo está en Tech.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Whyte alargó la mano hacia el receptor telefónico.&lt;br /&gt;-¿Cómo se llama? -preguntó.&lt;br /&gt;-Merritt Turnbull. Pero no hay modo de localizarle. Lo he intentado desde hace tres días.&lt;br /&gt;-¿Está fuera de la ciudad? -inquirió Whyte-. Lo enviaremos a buscar. Diremos que se trata de una emergencia.&lt;br /&gt;-No lo sé. El profesor Turnbull es soltero. Vive solo en el Brattle Club. No le han visto desde la mañana del día 4.&lt;br /&gt;Whyte captó inmediatamente las posibilidades de aquella afirmación.&lt;br /&gt;-¿Iba en el tren? -preguntó.&lt;br /&gt;-No lo sé -respondió el matemático-. ¿Qué opina usted?&lt;br /&gt;Se produjo un largo silencio. Whyte miró alternativamente a Tupelo y al objeto de cristal depositado sobre el escritorio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No lo entiendo -dijo finalmente-. Hemos revisado todo el Sistema. No existe ningún medio para que el tren se saliera de él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-El tren no se ha salido de él. Está todavía en el Sistema -dijo Tupelo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Dónde?&lt;br /&gt;Tupelo se encogió de hombros.&lt;br /&gt;-El tren no tiene ningún &lt;&lt;dónde&gt;&gt; real. No hay ningún &lt;&lt;dónde&gt;&gt; real en todo el Sistema. Tiene una doble entidad, como mínimo.&lt;br /&gt;-¿Cómo podemos encontrarlo?&lt;br /&gt;-No creo que podamos -dijo Tupelo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se produjo otro largo silencio. Whyte lo rompió profiriendo una exclamación en voz alta. Se puso en pie súbitamente y envió el frasco Klein volando a través de la habitación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Está usted loco, Profesor! -gritó-. Entre la medianoche de hoy y las seis de la mañana, sacaremos todos los trenes de los túneles. Enviaré trescientos hombres para que revisen centímetro a centímetro los doscientos setenta y cinco kilómetros del tendido. ¡Encontraremos el tren! Ahora, discúlpeme, por favor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tupelo salió de la oficina. Se sentía agotado. Maquinalmente, echó a andar a lo largo de la Washington Street hacia la Estación de Essex. Cuando bajaba la escalera se detuvo bruscamente y miró a su alrededor. Luego subió otra vez a la calle y paró un taxi. Una vez en su casa se sirvió un whisky doble y se acostó.&lt;br /&gt;A las 15:30 acudió a dar su clase de Álgebra. Después de una cena rápida en el Crimson Spa, regresó a su apartamento y pasó la velada intentando analizar, por segunda vez, las propiedades conectivas del Sistema. La tentativa resultó inútil, pero el matemático llegó a unas conclusiones importantes. A las once de la noche telefoneó a Whyte a la Central de Tráfico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Pensé que tal vez le gustaría consultarme durante la búsqueda de esta noche -le dijo-. ¿Puedo ir allí?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al Director general no pareció entusiasmarlo el ofrecimiento de Tupelo. Señaló que el sistema resolvería su pequeño problema sin la ayuda de profesores chiflados que creían que todos los trenes metropolitanos podían saltar a la cuarta dimensión. Tupelo encajó sin pestañear el exabrupto de Whyte y se acostó. Alrededor de las cuatro de la mañana, el timbre del teléfono lo despertó. El que llamaba era un contrito kelvin Whyte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Anoche me mostré demasiado brusco -tartamudeó-. Tal vez pueda usted ayudarnos, después de todo. ¿Podría venir al enlace de Milk Street?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tupelo asintió de buena gana. No experimentaba la satisfacción que había previsto. Llamó un taxi, y en menos de media hora se presentó en la estación señalada. Al pie de la escalera, en el piso superior, vio que el túnel estaba brillantemente iluminado, como cuando el Sistema funcionaba normalmente. Pero los andenes estaban desiertos, a excepción de un grupo de siete hombres que se encontraban en el extremo más alejado de la entrada. Mientras caminaba hacia el grupo, observó que dos de los hombres eran agentes de policía uniformados. Observó un tren de un solo vagón parado en la vía, junto al andén. la puerta delantera estaba abierta, el vagón brillantemente iluminado y vacío. Whyte salió a su encuentro con aire compungido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Gracias por haber venido, Profesor -dijo, alargando su mano-. Caballeros, les presento al doctor Tupelo, de Harvard. Doctor Tupelo, el señor Kennedy, nuestro ingeniero jefe, el señor Wilson, representante del alcalde; el doctor Gannot, del Hospital Mercy...&lt;br /&gt;Whyte no se molestó en presentar al conductor del tren y a los dos agentes de policía.&lt;br /&gt;-Encantado, caballeros -dijo Tupelo-. ¿Alguna novedad, señor Whyte?&lt;br /&gt;El Director General intercambió unas miradas indecisas con sus compañeros.&lt;br /&gt;-Bueno..., sí, doctor Tupelo -dijo finalmente-. Creo que hemos conseguido algo.&lt;br /&gt;-¿Ha sido visto el tren?&lt;br /&gt;-Sí -dijo Whyte-. Es decir, prácticamente visto. Al menos, sabemos que se encuentra en alguna parte de los túneles.&lt;br /&gt;Los otros seis asintieron.&lt;br /&gt;A Tupelo no le sorprendió saber que el tren estaba aún en el Sistema. Después de todo, el Sistema estaba cerrado.&lt;br /&gt;-¿Le importa contarme lo que ha sucedido? -insistió Tupelo.&lt;br /&gt;-Me topé con una señal roja -intervino el conductor-. A la salida del empalme de Copley.&lt;br /&gt;-Todos los trenes han sido sacados del tendido -explico Whyte-, excepto éste. Lo hemos hecho circular por todo el Sistema por espacio de cuatro horas. Cuando Edmunds, el conductor, se topó con una señal roja en el empalme de Copley se detuvo, desde luego. Yo pensé que la luz estaba averiada, y le dije que continuara. pero en aquel momento oímos a otro tren que pasaba por el empalme.&lt;br /&gt;-¿Lo vieron ustedes? -preguntó Tupelo.&lt;br /&gt;-No podíamos verlo. la luz está situada detrás de una curva. Pero todos lo oímos. No cabe duda que el tren pasó por el empalme. Y tiene que ser el Número 86, porque nuestro vagón era el único que circulaba por el tendido.&lt;br /&gt;-¿Qué pasó después?&lt;br /&gt;-Bueno, la luz roja se trocó en amarilla y Edmunds siguió adelante.&lt;br /&gt;-¿Detrás del otro tren?&lt;br /&gt;-No podíamos arriesgarnos a seguirlo, puesto que ignorábamos la dirección que había tomado.&lt;br /&gt;-¿Cuándo hace que ocurrió eso?&lt;br /&gt;-A la 1:38, la primera vez...&lt;br /&gt;-¡Oh! -dijo Tupelo-. Entonces, ¿volvió a suceder más tarde?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Sí. Aunque no en el mismo sitio, desde luego. Encontramos otra señal roja cerca de la Estación Sur, a las 2:15. Y luego, a las 3:28...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tupelo interrumpió al director general:&lt;br /&gt;-¿Vieron ustedes el tren a las 2:15?&lt;br /&gt;-Ni siquiera lo oímos. Edmunds trató de localizarlo, pero por lo visto había cruzado ya la Estación de Boylston.&lt;br /&gt;-¿Qué pasó a las 3:28?&lt;br /&gt;-Otra luz roja. Cerca de Park Street. Oímos el tren delante de nosotros.&lt;br /&gt;-¿Pero no lo vieron?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No. Más allá de la luz hay una leve pendiente. Pero todos lo oímos. Lo único que no comprendo, doctor Tupelo, es que ese tren pueda recorrer el tendido por espacio de cinco días sin que nadie lo vea...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Whyte se interrumpió bruscamente y levantó una mano con aire imperativo, reclamando silencio. A lo lejos, el metálico estruendo de un tren rodando a toda marcha fue creciendo hasta convertirse en un rugido. El andén vibró de un modo perceptible mientras pasaba el tren.&lt;br /&gt;-¡Ahora lo tenemos! -exclamó Whyte-. ¡Acaba de pasar por el andén inferior!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Echó a correr hacia la escalera que conducía al piso inferior. Todos los otros lo siguieron, excepto Tupelo, el cual creía saber lo que iba a pasar. En efecto, antes que Whyte llegara a la escalera, asomó por ella un agente de policía uniformado.&lt;br /&gt;-¿Lo han visto ustedes? -gritó el policía.&lt;br /&gt;Whyte se detuvo en seco, y los otros con él.&lt;br /&gt;-¿Han visto ustedes el tren? -preguntó de nuevo a la gente, mientras aparecían otros dos hombres procedentes del piso inferior.&lt;br /&gt;-¿Qué ha pasado? -quiso saber Wilson.&lt;br /&gt;-¿Lo han visto ustedes? -aulló Kennedy.&lt;br /&gt;-Desde luego que no -respondió el agente-. Ha pasado por aquí arriba.&lt;br /&gt;-¡Ni hablar! -rugió Whyte-. ¡Ha pasado por abajo!&lt;br /&gt;Los seis hombres que acompañaban a Whyte se enfrentaron con expresión desafiante a los tres hombres procedentes del piso inferior. Tupelo se acercó al director general y le dijo, en voz baja:&lt;br /&gt;-El tren no puede ser visto, señor Whyte.&lt;br /&gt;Whyte lo miró con aire de incredulidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Usted  mismo lo ha oído. Ha pasado por el piso de abajo...&lt;br /&gt;-¿Podemos ir al vagón, señor Whyte? -inquirió Tupelo-. Creo que tendríamos que hablar un poco.&lt;br /&gt;Whyte  asintió de mala gana. Luego se volvió hacia el agente de policía y los otros dos hombres que habían estado vigilando en el andén inferior.&lt;br /&gt;-¿De veras no lo han visto? -insistió.&lt;br /&gt;-Lo hemos oído -respondió el agente-. Y nos ha parecido que pasaba por aquí...&lt;br /&gt;-Vuelvan abajo, Maloney -ordenó uno de los agentes que acompañaban a Whyte.&lt;br /&gt;maloney se rascó la cabeza, dio media vuelta y desapareció por la escalera. Los otros dos hombres le siguieron. Tupelo condujo al grupo hacia el vagón estacionado junto al andén. Entraron en él y tomaron asiento, en silencio. Luego, todos miraron al matemático y esperaron.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Supongo que no me ha hecho venir hasta aquí sólo para decirme que había encontrado el tren desaparecido -empezó Tupelo, dirigiéndose a Whyte-. ¿Había ocurrido ya algo como esto?&lt;br /&gt;Whyte se removió en su asiento e intercambió una mirada con el ingeniero jefe.&lt;br /&gt;-No exactamente igual -dijo, en tono evasivo-, pero han sucedido algunas cosas raras.&lt;br /&gt;-¿Por ejemplo? -insistió Tupelo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Bueno, lo de las luces rojas. los vigilantes apostados cerca de Kendall descubrieron una luz roja al mismo tiempo que nosotros encontrábamos otra cerca de la Estación Sur.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Qué más?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-El señor Sweeney lo llamó desde Forest Hills. Había oído el tren dos minutos después que lo oyéramos nosotros en el empalme de Copley. A unos cuarenta kilómetros de distancia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-En realidad, doctor Tupelo -intervino Wilson-, varias docenas de hombres han visto luces rojas, o han oído el tren, o las cosas, durante las últimas cuatro horas. La cosa actúa como si pudiera estar en varios lugares al mismo tiempo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Puede -dijo Tupelo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Hemos estado recibiendo informes de vigilantes que veían la cosa -añadio el ingeniero-. Bueno, viéndola no, exactamente... A veces en dos e incluso en tres lugares, muy apartados entre sí, al mismo tiempo. seguro que se encuentra en el tendido. Tal vez los vagones están desenganchados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Está usted realmente seguro que se encuntra en el tendido, señor Kennedy? -preguntó Tupelo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Absolutamente-dijo el ingeniero-. El medidor, en la central eléctrica, señala un consumo de energía. El consumo era continuo. de modo que a las 3:30 cerramos los circuitos. Cortamos la corriente.&lt;br /&gt;-¿Y qué pasó?&lt;br /&gt;-Nada -respondió Whyte-. Absolutamente nada. la corriente estuvo cortada por espacio de veinte minutos. Durante ese tiempo, ninguno de los doscientos cincuenta hombres apostados en los túneles vio una luz roja ni oyó un tren. Pero, cinco minutos después de haber vuelto a dar la corriente, nos habían llegado otros dos informes: uno de Arlington, otro de Egleston.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando Whyte terminó de hablar se produjo un largo silencio. En el túnel inferior, un hombre le gritó algo a otro. Tupelo consultó su reloj. Eran las 5:20.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-En resumen, doctor Tupelo -dijo finalmente el Director General-, nos vemos obligados a admitir que puede haber algo de cierto en su teoría.&lt;br /&gt;Los otros asintieron.&lt;br /&gt;-Gracias, caballeros -dijo Tupelo.&lt;br /&gt;El médico se aclaró la garganta.&lt;br /&gt;-En lo que se refiere a los pasajeros -dijo-, ¿tiene usted idea de lo que...?&lt;br /&gt;-Ninguna -le interrumpió Tupelo.&lt;br /&gt;-¿Qué hemos de hacer? -preguntó el representante del Alcalde.&lt;br /&gt;-No lo sé. ¿Qué puede hacer usted?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Si no he comprendido mal las explicaciones del señor Whyte -dijo Wilson-, el tren ha... bueno, ha saltado a otra dimensión. No se encuentra ya en el Sistema. Se ha marchado de él. ¿Es verdad eso?&lt;br /&gt;-Es una forma de decirlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Y esta... ejem... conducta singular se ha derivado de ciertas propiedades matemáticas asociadas con la nueva variante de Boylston?&lt;br /&gt;-Desde luego.&lt;br /&gt;-¿Y no hay nada que podamos hacer para atraer de nuevo el tren a... hum... esta dimensión?&lt;br /&gt;-Que yo sepa, no.&lt;br /&gt;Wilson agarró la ocasión por los pelos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-En tal caso, caballeros -dijo-, la cosa está clara. En primer lugar, tenemos que cerrar la nueva estación, para que no pueda volver a ocurrir algo tan fantástico. Después, dado que el tren desaparecido se encuentra en otra dimensión, a pesar de todas esas luces rojas y de todos esos ruidos, podemos restablecer el funcionamiento normal del Sistema. Al menos no existirá el peligro de una colisión, que era lo que más preocupaba al señor Whyte. En cuanto al tren desaparecido y las personas que viajaban en él... -Wilson los remitió al infinito con un gesto-. ¿Está usted de acuerdo, doctor Tupelo? -le preguntó al matemático.&lt;br /&gt;Tupelo sacudió la cabeza lentamente.&lt;br /&gt;-No del todo, señor Wilson -respondió-. Les ruego que no pierdan de vista que no he comprendido en sus términos exactos lo que ha sucedido. Es una pena que no puedan encontrar ustedes a alguien capaz de dar una explicación satisfactoria de los hechos. El único hombre que podía haberla dado es el profesor turnbull. de tech, y era uno de los pasajeros del tren. pero, de todos modos, ustedes querrán contrastar mis conclusiones con las de algunos eminentes topólogos. Puedo ponerles en contacto con varios de ellos.&lt;br /&gt;&gt;&gt;Ahora bien, en lo que se refiere a la recuperación del tren desaparecido, puedo decir que en mi opinión no se ha perdido toda esperanza. Existe una probabilidad finita, tal como yo lo veo, que el tren pase eventualmente desde la parte no-espacial de la red, que ahora ocupa, a la parte espacial. Dado que la parte no-espacial es completamente inaccesible, no hay nada que podamos hacer, por desgracia, para contribuir a esa transición, ni siquiera para predecir cómo o cuándo se producirá. Pero la posibilidad de la transición se desvanecerá si se cierra la variante de Boylston. Ese sector del tendido es precisamente el que da a la red sus singularidades fundamentales. Si las singularidades son eliminadas, el tren no podrá reaparecer nunca. ¿Está claro?&lt;br /&gt;No estaba claro, desde luego, pero los siete hombres que lo escuchaban asintieron en silencio.&lt;br /&gt;Tupelo continuó:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-En cuanto a lo de restablecer el funcionamiento del Sistema mientras el tren desaparecido se encuentra en la parte no-espacial de la red, sólo puedo enumerarles los hechos, tal como yo los veo, y dejar a su criterio el extraer las pertinentes conclusiones. La transición de regreso a la parte espacial es impredecible, como ya les he dicho. No hay modo de saber cuándo se producirá, ni dónde. En especial, hay un cincuenta por ciento de probabilidades en que, cuando reaparezca el tren, corra por una vía que no le corresponde. Entonces se producirá una colisión, desde luego.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El ingeniero preguntó.&lt;br /&gt;-Para eliminar esa posibilidad, doctor Tupelo, ¿no podríamos dejar abierta la variante de Boylston, pero sin enviar ningún tren a través de ella? De este modo, cuando el tren desaparecido vuelva a presentarse, no podrá chocar con otro tren.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Esa precaución sería ineficaz, señor Kennedy -respondió tupelo-. Verá, el tren puede reaparecer en cualquier parte del Sistema. Es cierto que el Sistema debe su complejidad topológica a la nueva variante. Pero, con la variante en el Sistema, ahora es todo él el que posee una conectividad infinita. En otras palabras, la pertinente propiedad topológica es una propiedad derivada de la variante, pero perteneciente a todo el Sistema. Recuerde que el tren efectuó su primera transición en un punto situado entre Park y Kendall, a más de cuatro kilómetros de distancia de la estación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&gt;&gt;Hay otra pregunta que ustedes querrán ver contestada. Si deciden ustedes restablecer el funcionamiento del Sistema, dejando abierta la variante hasta que el tren aparezca, ¿puede volver a ocurrir lo mismo con otro tren? No estoy seguro de la respuesta, pero creo que es negativa. Opino que en este caso existe un principio de exclusión, en virtud del cual el no-espacio de la red sólo puede ser ocupado por un tren.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El médico se puso en pie.&lt;br /&gt;-Doctor Tupelo -inquirió, tímidamente-, cuando el tren reaparezca, ¿estarán los pasajeros...?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No sé nada de los ocupantes del tren -le interrumpió Tupelo-. La teoría topológica no tiene en cuenta esos aspectos. -Su mirada recorrió rápidamente los siete cansados rostros que le rodeaban-. Lo siento, caballeros -añadió, en tono más amable-. No lo sé, sencillamente. -Dirigiéndose a Whyte, añadió-: Creo que esta noche no puedo serle útil en nada más. Ya sabe dónde encontrarme.&lt;br /&gt;Dando media vuelta, salió del vagón y se encaminó a la escalera.&lt;br /&gt;Al salir a la calle, las primeras claridades del alba empezaban a disolver las sombras de la noche.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ningún periódico informó de aquella improvisada conferencia en un solitario vagón del metropolitano.&lt;br /&gt;Ni de los resultados de la vigilancia nocturna en los oscuros túneles.  Durante la semana que siguió, Tupelo tomó parte en otras conferencias con Kelvin Whyte y algunos funcionarios de la municipalidad. En dos de ellas estuvieron presentes otros topólogos: Orstein, de Filadelfia, Kashta, de Chicago, y Michaelis, de los Ángeles. los matemáticos no lograron ponerse de acuerdo. Ninguno de los tres quiso aceptar como buenas las conclusiones de Tupelo, aunque Kashta admitió que podía haber algo de cierto en ellas. Orstein insistió en que una red finita no podía poseer una conectividad infinita, pero no pudo demostrar este aserto, y ni siquiera fue capaz de calcular la conectividad del Sistema. Insistió en que si el tren no podía ser localizado en el Sistema, éste debía abrirse.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero, cuando más a fondo analizaba Tupelo el problema, más convencido estaba de lo correcto de sus primeras conclusiones. Desde el punto de vista de la topología, el Sistema sugería inmediatamente la existencia de familias enteras de redes de entidad múltiple, cada una de ellas con un número infinito de discontinuidades infinitas. pero Tupelo se sustraía a un examen concreto de aquellas nuevas redes hiperespaciales. Dedicó toda su atención al tema por espacio de una semana. Luego, sus ocupaciones le obligaron a dejar el análisis a un lado. Decidió enfrentarse de nuevo con el problema más tarde, en primavera, cuando terminara el curso escolar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entretanto, el sistema volvía a funcionar como si nada hubiese ocurrido. el director general y el representante del alcalde habían conseguido olvidar la noche del 6 de marzo, o al menos habían vuelto a interpretar a su manera lo que vieron y no vieron. Los periódicos y el público hacían las más descabelladas suposiciones y continuaban presionando a Whyte. Muchas personas que habían perdido algún pariente presentaron demandas contra el Sistema. El estado intervino en el asunto e investigó por su cuenta. El caso llegó hasta el Congreso. Una versión resumida de la teoría de Tupelo fue ampliamente difundida por la prensa. Tupelo la ignoró, y no tardó en ser olvidada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Transcurrieron varias semanas. La investigación estatal se dio por conclusa. Los periódicos trsladaron el caso de la primera a la segunda plana; luego lo pasaron a la veintitrés; y después dejaron de ocuparse de él. Las personas desaparecidas no regresaron. A la larga, nadie las echó de menos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un día, a mediados de abril, Tupelo viajaba en el metropolitano desde Charles Street a Harvard. Iba sentado en la parte delantera del primer vagón y contemplaba las vías y las grises paredes de los túneles salir al encuentro del tren. Se detuvieron en dos ocasiones ante una luz roja, y Tupelo se preguntó súbitamente si el otro tren estaba allí, delante de ellos, o más allá del espacio. Bastó aquello para que el viaje resultara excitante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Otra vez, en mayo, tomó el tren en Beacon Hill. Pero en esta ocasión se instaló en un asiento lateral y se dedicó a leer el periódico. De pronto, experimentó una extraña sensación. Miró al hombre sentado a su lado, con la cesta del almuerzo sobre las rodillas. Los otros asientos estaban ocupados y había una docena de pasajeros que viajaban de pie. Un jovencito fumaba un cigarrillo, violando el reglamento. Detrás de él, dos muchachas hablaban de una fiesta a la que pensaban asistir. En el asiento de enfrente, una joven madre reñía a su hijo. A su la do, un hombre leía el periódico. Lo mantenía abierto por las páginas centrales, y la mirada de Tupelo resbaló incoscientemente por la primera plana. Los titulares le sonaron a cosa olvidada. La mirada de Tupelo continuó hasta llegar a la fecha: ¡era un periódico del mes de marzo!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los ojos de Tupelo se volvieron hacia el hombre sentado a su lado. Debajo de la cesta del almuerzo había un periódico. Del día. Miró detrás de él. Un joven leía el Transcript, manteniéndolo abierto por las páginas deportivas. La fecha era 4 de marzo. Los ojos de Tupelo recorrieron el pasillo. Una docena de pasajeros llevaban periódicos con fecha 4 de marzo.&lt;br /&gt;Tupelo se levantó de un salto. El hombre del pasillo se quejó en voz alta mientras Tupelo le apartaba a un lado sin miramientos para precipitarse hacia el aparato de alarma. Tiró de la palaca con todas sus fuerzas. Chirriaron los frenos y el tren se detuvo. Los intrigados pasajeros contemplaban a Tupelo con ojos hostiles. En la parte trasera del vagón se abrió la puerta de paso y un hombre alto y delgado, uniformado de azul, la cruzó apresuradamente.&lt;br /&gt;Tupelo corrió a su encuentro.&lt;br /&gt;-¿Señor Gallagher? -inquirió.&lt;br /&gt;-¿Qué pasa? -preguntó a su vez el hombre, sorprendido.&lt;br /&gt;Tupelo ignoró la pregunta.&lt;br /&gt;-¿Dónde ha estado usted? -quiso saber.&lt;br /&gt;-En el vagón contiguo, pero...&lt;br /&gt;Tupelo no lo dejó terminar. Consultando su reloj, les gritó a los pasajeros:&lt;br /&gt;-¡Faltan diez minutos para las nueve de la mañana del día 17 de mayo!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquellas palabras acallaron por un momento el creciente clamor. Los pasajeros intercambiaron miradas desconcertadas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Miren sus periódicos! -gritó Tupelo-. ¡Sus periódicos!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los pasajeros empezaron a cuchichear. a medida que consultaban las fechas de sus periódicos, las voces subían de tono. Tupelo tomó a Gallagher del brazo y lo arrastró hacia la parte trasera del vagón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Qué hora es? -le preguntó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Las 8:21 -dijo Gallagher, consultando su reloj.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Abra la puerta -dijo Tupelo-. Déjeme salir. ¿Dónde está el telefono?&lt;br /&gt;Gallagher siguió las instrucciones de Tupelo. Señaló un hueco en la pared del túnel, a un centenar de metros de distancia. Tupelo se bajó del vagón y echó a correr por el estrecho pasillo que discurría entre los vagones y la pared del túnel.&lt;br /&gt;-¡Póngame con la Central de Tráfico! -le gritó al telefonista. Espero unos segundos y vio que un tren se había parado ante la señal roja detrás del que él acababa de abandonar. Cuando la Central de tráfico contestó, Tupelo gritó-: ¡Póngame con Whyte! ¡Es muy urgente!&lt;br /&gt;Al otro extremo del hilo una voz de hombre dijo:&lt;br /&gt;-El señor Whyte está ocupado. Dígame lo que sea.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-El número 86 ha vuelto -dijo Tupelo-. Ahora se encuentra entre la Estación Central y Harvard. Ignoro cuándo efectuó el salto. Yo lo tomé en Charles Street, hace diez minutos, y no me di cuenta hasta hace un minuto.&lt;br /&gt;Al otro extremo, el hombre que atendía la llamada tragó saliva audiblemente.&lt;br /&gt;-¿Y los pasajeros? -tartamudeó.&lt;br /&gt;-Están perfectamente... los que quedan en el tren. Algunos deben haberse bajado en Kendall y en la Estación Central.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Dónde han estado?&lt;br /&gt;Tupelo dejó caer el receptor de su oído y lo contempló fijamente, con la boca abierta. Luego lo colgó y echó a correr hacia la puerta abierta del vagón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Eventualmente, el orden quedó restablecido y al cabo de media hora el tren llegó a Harvard. En la estación, la policía tomó a los pasajeros bajo su custodia. Whyte había llegado a Harvard antes que el tren. Tupelo le encontró en el andén.&lt;br /&gt;Whyte hizo un gesto en dirección a los pasajeros.&lt;br /&gt;-¿Están realmente bien? -inquirió.&lt;br /&gt;-Perfectamente -respondió Tupelo-. No saben dónde ha estado.&lt;br /&gt;-¿Alguna señal del profesor Turnbull? -preguntó el director general.&lt;br /&gt;-No lo he visto. probablemente descendió en Kendall, como de costumbre.&lt;br /&gt;-¡Lástima! -dijo Whyte-. Me gustaría verle.&lt;br /&gt;-También a mí -declaró Tupelo-. A propósito, ahora es el momento de cerrar la variante de Boylston.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Demasiado tarde -dijo Whyte-. El tren 143 desapareció hace veinticinco minutos, entre Egleston y Dorchester.&lt;br /&gt;Tupelo no dijo nada.&lt;br /&gt;-Tenemos que encontrar a Turnbull -continuó Whyte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Cree usted de veras que Turnbull se bajó de este tren en kendall? -preguntó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Desde luego! -respondió Whyte-. ¿En qué otra parte, si no?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;* * *&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ultima estación… Revolución*&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;*De Danilo Gatti desarma_ysangra@hotmail.com&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Última parada, Estación Revolución! Grito el guarda por segunda vez, anoticiando de que todos debíamos bajar del tren, y con la mayor celeridad posible.&lt;br /&gt;Tome rápido mi bolso de mano, me abrí paso entre la gente, y una vez afuera, el frio caló hondo en mis huesos.&lt;br /&gt;Frote mis manos, como para tomar impulso, y comencé a caminar a paso apurado, ganando calor en mi cuerpo…&lt;br /&gt;Una vez más el tiempo no estaba de mi lado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde el andén, mientras el tren se alejaba a su descanso, ya podía verse la ciudad brillando, halos de luces, como luciérnagas, como si la gente estuviera jugando con linternas.&lt;br /&gt;Pero no.&lt;br /&gt;Era el fuego lo que iluminaba toda la ciudad, que ahora parecía casi "anaranjada".&lt;br /&gt;Fogatas como rituales medievales, mientras los más jóvenes bailaban y festejaban alrededor. Hogueras.&lt;br /&gt;Ni un rastro de electricidad, ni una sola luz o farol encendido.&lt;br /&gt;Todo ardía.&lt;br /&gt;Tome la salida&lt;br /&gt;Y gane la calle.&lt;br /&gt;Una vez allí, todo era oscuridad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De la nada, o mejor dicho de "ese todo" ante mis ojos, la palabra "decadencia"  apareció en mi cabeza.&lt;br /&gt;Comercios ardiendo. Hogueras.&lt;br /&gt;Casas a oscuras con las puertas abiertas, mientras afuera sus dueños improvisaban parrillas, donde asaban comida para todo aquel que lo pedía.&lt;br /&gt;La ciudad, cubierta de humo, parecía estar llena de trincheras.&lt;br /&gt;Jamás la he presenciado, pero esto debe ser lo más parecido a una guerra civil. Mejor dicho, a las consecuencias de una, ya que no aquí había combates a la vista. Al menos no evidentes o a gran escala. Todo eso ya había quedado atrás.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hace mucho se hablaba de este lugar, de llegar a él.&lt;br /&gt;Del "como", del "cuándo".&lt;br /&gt;Ahora era real. Aquí estábamos todos, y los que no, estaban llegando a regañadientes.&lt;br /&gt;El punto es, ¿Qué hacer con todo esto?&lt;br /&gt;Nunca nadie planteo "el después", o inclusive él "para qué". Por lo menos no de manera profunda, a fondo. "No hay tiempo para perder pensando en eso", era la excusa más comúnmente escuchada por la mayoría.&lt;br /&gt;Trate de acomodar mis pensamientos e hice una breve mueca de tristeza en mi cara, mientras una bala pasaba zumbando a mi lado, y un chico (mas allá) con risa de hiena, parecía disfrutar del momento&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Sin culpa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Correo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;*&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Sr. Urbano Powell es una persona con una sensibilidad atrapante. Sus ojos claros tienen la virtud de sobrevolar por rincones del arte de la escritura. Lee con tenacidad y una innegable cuota de virtuosismo los escritos de sus colegas de las letras. Ellas, con la amplitud del lenguaje, flotan en la estación de las ilusiones esperando tomar un asiento cómodo para poder distenderse mirando los paisajes de la experiencia, de la poesía, de lo cotidiano. Hacen  una larga fila, a veces empujadas por las que están más atrás, para poder tomar el boleto de viaje para alcanzar y transitar por las vías de su Inventren. &lt;br /&gt;Algunas notas son serenas, y esperan su turno con paciencia. Otras, más insistentes quieren llegar primeras, no respetando el lugar que les corresponde. Las arrogantes y engreídas, balbucean frases de  enojo y desprecio, creyéndose muy especiales. &lt;br /&gt;El Sr. Urbano, intenta, releyendo ir seleccionando cada una de las inscripciones y compilarlas en armonía. No es una tarea fácil escoger el orden de las esquelas, pues ellas se comportan en forma competitiva y le susurran al oído sus deseos de ser finalistas. &lt;br /&gt;Por momentos Don Urbano se cansa de tanto alboroto y no tiene ganas de seguir editando. No encuentra el resultado preciado. &lt;br /&gt;Quizás porque se siente inseguro, presionado y su trabajo que no es remunerativo.&lt;br /&gt;Además algunas mensajes son pesados pegajosos, y densos. Otros, por el contrario son livianos y volátiles, son los que más dan rienda suelta a la imaginación. &lt;br /&gt;En ese universo salteado de vocales y consonantes, Don Urbano persiste en su tarea de mostrar las escrituras de sus amistades.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Muchas gracias, &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;*Azul. azulaki@hotmail.com&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;*&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Inventren Próxima estación: CORBETT. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Editor Responsable del Inventren: Urbano Powell. urbanopowell@yahoo.com.ar &lt;br /&gt; http://urbamanias.blogspot.com/&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Colaboraciones a inventivasocial@yahoo.com.ar&lt;br /&gt;http://inventren.blogspot.com/&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Inventren sigue su recorrido por las siguientes estaciones:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;    SANTOS UNZUÉ.   &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;MOREA.   ORTIZ DE ROSAS.   ARAUJO.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;BAUDRIX.   EMITA.   INDACOCHEA.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;LA RICA.   SAN SEBASTIÁN.   J.J. ALMEYRA.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;INGENIERO WILLIAMS.   GONZÁLEZ RISOS.  PARADA KM 79.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;ENRIQUE FYNN.  PLOMER.   KM. 55.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;ELÍAS ROMERO.    KM. 38. MARINOS DEL CRUCERO GENERAL BELGRANO.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;LIBERTAD.  MERLO GÓMEZ.   RAFAEL CASTILLO.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;ISIDRO CASANOVA.   JUSTO VILLEGAS.  JOSÉ INGENIEROS.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;MARÍA SÁNCHEZ DE MENDEVILLE.  ALDO BONZI.  KM 12.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;LA SALADA.   INGENIERO BUDGE.  VILLA FIORITO.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;VILLA CARAZA.   VILLA DIAMANTE.   PUENTE ALSINA.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;INTERCAMBIO MIDLAND.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;InventivaSocial&lt;br /&gt;"Un invento argentino que se utiliza para escribir"&lt;br /&gt;Plaza virtual de escritura&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para compartir escritos dirigirse a : inventivasocial(arroba)yahoo.com.ar&lt;br /&gt;-por favor enviar en texto sin formato dentro del cuerpo del mail-&lt;br /&gt;Editor responsable: Lic. Eduardo Francisco Coiro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Blog: http://inventivasocial.blogspot.com/&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Edición Mensual de Inventiva.&lt;br /&gt;Para recibir mes a mes esta edición gratuita como boletín despachado por &lt;br /&gt;Yahoo, enviar un correo en blanco a: &lt;br /&gt;inventivaedicionmensual-subscribe@gruposyahoo.com.ar&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;INVENTREN&lt;br /&gt;Un viaje por vías y estaciones abandonadas de Argentina.&lt;br /&gt;Para viajar gratuitamente enviar un mail en blanco a: &lt;br /&gt;inventren-subscribe@gruposyahoo.com.ar&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Inventiva Social publica colaboraciones bajo un principio de intercambio: la libertad de escribir y leer a cambio de la libertad de publicar o no cada escrito. los escritos recibidos no tienen fecha cierta de publicación, y se editan bajo ejes temáticos creados por el editor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las opiniones firmadas son responsabilidad de los autores y su publicación en Inventiva Social no implica refrendar dichos, datos ni juicios de valor emitidos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La protección de los derechos de autor, o resguardo del copyrigt de cada obra queda a cargo de cada autor. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Inventiva social recopila y edita para su difusión virtual textos literarias que cada colaborador desea compartir.&lt;br /&gt;Inventiva Social no puede asegurar la originalidad ni autoria de obras recibidas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Respuesta a preguntas frecuentes&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Que es Inventiva Social ?&lt;br /&gt;Una publicación virtual editada con cooperación de escritores y lectores.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuales son sus contenidos ?&lt;br /&gt;Inventiva Social relaciona en ediciones cotidianas contenidos literarios y noticias que se publican en los medios de comunicación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuales son los ejes de la propuesta?&lt;br /&gt;Proponer el intercambio sensible desde la literatura.&lt;br /&gt;Sostener la difusión de ideas para pensar sin manipulación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es gratuito publicar ?&lt;br /&gt;En inventiva social no se cobra ni se paga por escribir. 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J. 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Se encuentran en aquel espacio desierto, descubriéndose en una sonrisa compartida, él de traje sport, ella muy informal, mientras el tren se aleja pitando hacia la próxima parada. Se acercan resueltos, quizá algo temblorosos, para fundirse en un breve pero intenso abrazo. Un reencuentro entre el pasado y el presente, con un secreto &lt;br /&gt;anhelo de futuro.&lt;br /&gt;Caminan uno junto al otro hasta salir de aquella antigua estación, rozándose las manos. Al cruzar la calle encuentran un bar, clásico, con mucha madera. &lt;br /&gt;Se sientan junto a la ventana, al solcito, pudiendo elegir ubicación al haber varias mesas vacías a esa hora de la mañana. Piden dos cafés, sin leche ni crema, y vuelven a mirarse.&lt;br /&gt;Más de quince años de distancia entre ambos se volatilizan en segundos. &lt;br /&gt;Parece como si se hubiesen visto el mes pasado, o tal vez un año antes. La esencia de la relación está allí, inquebrantable, como si ambos la hubiesen preservado para llegar a este momento, como si nunca se hubiese muerto entre los dos. Contemplándose a pocos centímetros, evaluando cada detalle, sorprendidos ante la decantación del tiempo.&lt;br /&gt;La charla comienza con el intercambio habitual de figuritas: ¿en qué estás trabajando?. ¿te casaste?. ¿cuántos hijos tenés?. ¿qué fue de la vida de tus hermanos?. ¿y de tu vieja? El cruce de los relatos se abre paso en la memoria de ambos, cada uno modelando el camino recorrido en su propia vida hasta entonces. Y en medio de tanta frase interrumpida por la emoción de querer contarse todo, silenciando quizá lo más importante, no dejan de contemplarse. El la ve mucho más bonita que en su adolescencia, sin haber perdido la frescura, con los rasgos marcados de haber vivido mucho, con la risa chispeante de siempre. Ella lo ve más calmo, con menos pelo y más canoso, con esa típica profundidad en la mirada que lo atraviesa todo, atento a cada cosa que ella dijese. Y a medida que van pasando los minutos, que el café desaparece o se enfría en el pocillo, que la rigidez inicial que los dominara se va diluyendo, sin darse cuenta comienzan a extrañarse.&lt;br /&gt;De pronto, ya no están más allí. La charla los lleva por caminos transitados en otra época, volviendo atrás en el tiempo, para descubrirse solteros e inexpertos, con la torpeza propia de la juventud para saber qué hacer con ese sentimiento que nace dentro del pecho y se proyecta de diversas maneras hacia el otro. El siempre quiso cortejarla de manera romántica, respetándola por sobre todo, y le escribió extensas cartas que ella releería durante años, volviendo a escuchar a su lado la voz de él -única para ella- al repasar aquellas arrugadas líneas, consiguiendo recrear la magia del primer momento, sintiendo cómo la calmaba con sólo hablarle, contemplando en ella a una persona además de una mujer. Por su parte, ella siempre se maravilló de que alguien pudiese considerarla de esa forma, ya que la diferencia en el trato habitual que mantenía con los demás varones que la rodeaban era abismal, acostumbrada más al lenguaje de los cuerpos que a la palabra. Y generó algo que él jamás había conocido hasta entonces de esa manera: lo excitó. En aquellos veranos que pasaron juntos en las llanuras entrerrianas, rodeados de árboles y caballos, saboreando mates y tortas fritas, a medio camino entre la estancia familiar de él y las estrechas calles del pueblo de ella, el sentimiento fue creciendo y madurando para ambos, quizá con tonos diferentes, pero siempre pujante, con el impostergable deseo de volverse a ver.&lt;br /&gt;Hasta que promediando él los veintiún años, y ella con los dieciocho recién cumplidos, una madrugada de enero el destino los encontró en una bocacalle del pueblo, con varias copas de más, y el desvencijado jeep en el que viajaban con amigos y parientes volcó al morder el ripio de la cuneta en una maniobra desafortunada, y todos a su vez mordieron el polvo, algunos más que otros. Ella rodó y quedó en shock por algunos minutos, afortunadamente ilesa, hasta que escuchó los alaridos de él, atrapado debajo de una de las ruedas del vehículo, y volvió a la realidad sólo para ver cómo su mundo se derrumbaba. De pronto, sintió que a pesar de cada desencuentro amoroso estaba a punto de perderlo, y se le estrujó el corazón. Hizo todos los esfuerzos posibles por acompañarlo mientras estuvo internado, mientras él sufría tendido en aquella cama de hospital, con un brazo y una pierna quebrados -inmovilizados por toda una estructura ortopédica-, canalizado con una botella de suero y aguardando un par de operaciones. Fue en aquella &lt;br /&gt;habitación, una madrugada en que ella se quedó a cuidarlo, dos días después del accidente, cuando se besaron por primera vez. Ella sentía que era la única manera en que podía reconfortarlo, para que sintiera menos dolor y estuviese más vivo. Pero las ilusiones de él se dispararon al infinito. &lt;br /&gt;Volvieron a encontrarse un mes después, ya dado de alta, en casa de él, mientras hacía su rehabilitación física, y ella se tomaba unos días de inesperadas vacaciones en Buenos Aires. Otra madrugada de besos y caricias, de mates y canciones en la cocina, que acrecentaron aún más -si fuera posible- el amor que él le profesaba en solitario desde hacía mucho tiempo.&lt;br /&gt;Se distanciaron por espacio de varios años, entre nuevas idas y venidas cuyo recuerdo se desdibuja, él siempre buscándola, con el corazón en la mano, ella siempre toreándolo, esquiva pero sin desaparecer. Hasta que otro verano, seis años después de aquel accidente, él la invitó a pasar la tarde en la casa quinta que una tía le pidió que cuidase, y ella aceptó gustosa, sabiendo que se reencontraría con su amigo de siempre, cuyo único adjetivo válido que pudiera definirlo correctamente fuera "incondicional". La tarde discurrió en el parque arbolado, entre mates y anécdotas, hasta la noche, cuando ella quiso irse a su casa después de cenar y él no la dejó. &lt;br /&gt;Terminaron jugando de manos y cayendo muertos de risa en una pileta, estrategia que él usara para que ella no pudiera irse, aunque tenía puesta una bikini debajo de la ropa mojada. Pasaron la noche juntos, con un abrazo que comenzó al borde de la pileta y se continuó dentro de su cama, charlando y tarareando canciones, mientras las horas pasaban y la magia inundaba la noche sin que se hubiesen desnudado. La atracción seguía siendo la misma del primer día, pero él ni siquiera se animó a volver a besarla, temeroso de que lo rechazase como con aquel último beso en la puerta de la pensión, seis años antes, él aún calzado con muletas, ella transitando sus primeros meses de vida lejos de su familia, en la capital.&lt;br /&gt;Aquella noche de la zambullida, ella deseó concretamente hacerle el amor, porque el clima gestado entre ambos era el mejor, y sin embargo. . algo la detuvo. Una sombra que quizá se le haya presentado varios años antes, en la cocina de la casa de él, mientras lo veía acurrucado en su silla de ruedas, y se lamentaba de no tenerlo entero y de una pieza para poder abrazarlo y besarlo como a un verdadero hombre, y no como a la estatua enyesada que tenía delante. Una sombra que esa noche de la zambullida se le grabó para siempre: la del sexo imposible. Esa maldita sombra que había marcado la diferencia desde el principio, y que a pesar de llegar a nombrarse como "respeto" o "romanticismo", quedó bautizada desde entonces como "admiración". &lt;br /&gt;Sombra que lo tornara inalcanzable, diferente al resto de los mortales, incorpóreo en su propia idealización.&lt;br /&gt;El permaneció expectante, soñando con el momento preciso en que ella accediera a entregarse por su propia voluntad y sin reservas. Ardiente fantasía que lo consumiera durante eternas noches de insomnio, intentando abrazar en la oscuridad a ese cuerpo que se le escabullía en el recuerdo. Y a pesar de sus caprichosas insistencias, de la muda negativa de ella, de la pujante incomodidad que creció entre ambos luego de aquella madrugada de la casa quinta en la que yacieron juntos en traje de baño, ninguno de los dos supo cómo manejar las sensaciones que les despertara semejante atracción. Y volvieron a dejar de verse, portazo mediante, esta vez de manera definitiva. .¿O no?.&lt;br /&gt;La bruma del recuerdo abre paso a esta realidad de bar de provincia, quince años después, ambos casados, con hijos en edad escolar o aún usando pañales, con responsabilidades propias, maduros y asentados -como los buenos vinos-, contemplándose a los ojos, disfrutando de lo increíble. Una mirada que tiende un puente entre ambas sensibilidades, pero que los sigue incomodando. &lt;br /&gt;Un sentimiento que no debería estar presente, que tendría que haber fluido por su cuenta hacia el olvido, que pertenece a un pasado que ya no existe. &lt;br /&gt;¿Qué estamos haciendo acá?, parecen preguntarse sin decirlo, aunque ninguno se atreva a tomar las manos del otro, sabiéndose en peligro, con el vértigo de estar de pie al filoso borde de un abismo sin retorno.&lt;br /&gt;Ambos lo saben, pero es él, como siempre, quien pone en palabras lo que ambos sienten. Y tararea aquella canción de Serrat, que cuenta de las aventuras vulgares y la literatura sobre la piel. Pero ella baja la mirada, juguetea con la cucharita, suspira hondamente. No sabe qué decir, balbucea incoherencias, y él tampoco se atreve a más. ¿De qué vale insistir con una excitación del pasado, que recuerda erotismos casi ajenos a este producto adulto que la vida ha ido moldeando? Parecen haberse convertido por un instante, desde que se sentasen a la mesa de este bar, en aquellos mismos adolescentes que correteaban bajo el sol a la vera de un arroyo entrerriano, pescaban con red, se iban a bailar las noches del sábado al club del pueblo, y tomaban mate en la galería de la estancia o una cerveza en el pool. Pero vuelven a mirarse, y siguen siendo un hombre y una mujer sentados en un bar, cada uno con su historia y sus romances pasados, con una vida hecha. Ambos saben que la magia se extinguirá ni bien se separen, volviendo cada uno a su vida de siempre. Porque ella, aunque apenas lo diga, prefiere quedarse con su ilusión de un amante fantasma, que la viste como nadie con palabras hermosas, antes que verse frustrada ante la vacuidad de una relación sexual igual a todas, donde la magia se pierde y sólo quedan los cuerpos extenuados. Y quizá él tampoco tenga la valentía, como ya le ocurriese de adolescente, de abordar lascivamente a esta mujer. Algo parece detenerlo, como si aún la sostuviese en aquel altar romántico de su juventud y no pudiese desterrarla hacia la más cruda carnalidad, o simplemente lo devore la culpa de engañar a su mujer por primera vez. ¡Qué odiosas son las primeras veces!, piensa él, y evoca sin quererlo a sus primeras ex novias.&lt;br /&gt;El silencio resulta más incómodo aún que cualquier negativa que pudieran decirse. El ordena la cuenta. Ella extrae una cámara digital y le pide al mozo que los retrate cuando vuelve a darles el cambio. El quiere una copia de esa foto. Ella quisiera que él le garabatee en alguna servilleta una enésima poesía en la que le declare todo su amor. El se conforma con mucho menos: una caricia, un beso que llevarse de recuerdo.. No han tenido más que esto en esta historia compartida. Y sin embargo, es precisamente eso lo que han vivido: una historia. Un romance que se extendió a lo largo del tiempo, con sus vaivenes y anécdotas, sus encuentros y soledades, sus roces y ansiedades, sus palabras y miradas.&lt;br /&gt;¿De qué sirve mantener un contacto posterior a este café?, piensa él, aturdido de no concretar hoy lo que ansiara durante tantos años, sabiendo que por su propia salud mental deberá sumergir todo este sentimiento nuevamente en el arcón de los recuerdos de donde parece haber surgido; o de la cámara criogénica donde se conservara congelado e intacto, dispuesto a resurgir en cuanto las condiciones necesarias estuviesen dadas. Ella tiembla por dentro de solo pensar en acariciarlo desnudo, pero le resultaría imposible, algo prohibido, de lo que quizás se arrepienta por el resto de su vida; ha traspasado la línea sin retorno del matrimonio, se ha civilizado, ya ha cometido sus locuras de muy chica, ¿para qué arriesgarse a algo de lo que no está segura. como quizá nunca lo estuvo de nada? Ambos cargan con sus temores, sus vacilaciones, y un intenso contacto con el otro que no quisieran perder ni aun estando lejos, o muertos.&lt;br /&gt;A paso lento y vacilante se dirigen hacia la puerta. Cada uno lleva una marca en el corazón que los unirá de por vida, y hoy la han descubierto, casi aterrados. La tensión erótica entre los dos permanece inmutable. Y al llegar a la calle, donde sus caminos se bifurcan, ella para tomar el tren de regreso, él para adentrarse en la ciudad, se detienen frente a frente, arrasados por las emociones, conformándose con un reencuentro que ha sido demasiado breve, pero sin lugar en sus conciencias para generar algo más.&lt;br /&gt;El abrazo, cálido, estrecho, cariñoso, los funde en un preciado instante de intimidad. Aunque puedan dejar de verse para siempre, esta despedida tiene un sabor mucho más grato y entrañable que el de la última vez, resentidos y asustados. El se aferra a ella sin deseos de dejarla ir, queriendo retenerla a su lado para cuando tenga ganas de reír, guardándola como un tesoro muy preciado del que desconoce su verdadero valor. Y ella en sus brazos, sencillamente se encuentra en paz, ajena a cualquier tristeza o desilusión que pudiera enfermarla en sus horas de soledad, mientras ordena la casa o espera que sus hijos salgan del colegio. Fantasean con compartir la vida cotidiana del otro, visitándose en familia, conociendo al resto de sus seres queridos. Pero ambos saben que nunca lo harán. Que éste es el final, y que preservan la ilusión, por sobre todas las cosas.&lt;br /&gt; Los únicos besos que se permiten -muchos, que nunca se terminen-, son en la mejilla o en el pelo. Sus embarcaciones zarpan en direcciones distintas, y la sirena de un puerto imaginario ya clama por la partida. Deben irse, por más que se resistan. Y aunque se digan lo contrario, saber que nunca más se &lt;br /&gt;volverán a ver.&lt;br /&gt;Se tienden las manos al alejarse. Al dar la vuelta y seguir su camino, ella se emociona, casi al borde de las lágrimas, que esta vez son de felicidad. Y él, con la mirada perdida en el horizonte, sabe que para encender de nuevo la cámara criogénica.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;...tiene que volver a escribir....&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"No hay nostalgia peor&lt;br /&gt;que añorar lo que nunca jamás sucedió"&lt;br /&gt;"Por las arrugas de mi voz&lt;br /&gt;se filtra la desolación&lt;br /&gt;de saber que éstos son&lt;br /&gt;los últimos versos que te escribo&lt;br /&gt;para decir con Dios:&lt;br /&gt;¡a los dos nos sobran los motivos!"&lt;br /&gt;(J.Sabina)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;*De ALDIMA.  licaldima@yahoo.com.ar&lt;br /&gt;Abril de 2011 &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EL ÚLTIMO TREN*&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;“Perdieron el anterior, pero aun queda un tren, uno solo…” &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Venían de destierros. &lt;br /&gt;De éxodos sangrientos. &lt;br /&gt;De deshielos de lágrimas. &lt;br /&gt;Candentes. Quemantes. &lt;br /&gt;Les habían colocado mortajas. &lt;br /&gt;Monedas de oro en sus ojos. &lt;br /&gt;Pero la desnudez les salía por el costado izquierdo. &lt;br /&gt;Castos almendros, impúberes trigales. &lt;br /&gt;El viento del otoño les rozaba la frente. &lt;br /&gt;Recorría sus hombros y sus lodos. &lt;br /&gt;Renovaba  panes,  niños  y  rebaños. &lt;br /&gt;Simiente y tierra dulce. &lt;br /&gt;Casi sin buscarse se encontraron. &lt;br /&gt;La flor del aire y la paloma. &lt;br /&gt;Los árboles y el nido. &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era el último tren. &lt;br /&gt;El último vagón… y lo tomaron. &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;*De Amelia Arellano.  arellano.amelia@yahoo.com.ar&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;ORDOQUI*&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;*Por Alfredo Armando Aguirre. choloar47@rocketmail.com &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No quiero demorar en volcar a texto escrito algunos recuerdos y reflexiones basadas en algo que&lt;br /&gt;viví, allá lejos y hace tiempo en Ordoqui, el 19 de noviembre de 1972.&lt;br /&gt;En esos días los argentinos estábamos bajo la conmoción que había producido el regreso del general Perón al país luego de 18 años de forzado exilio.&lt;br /&gt;Pero como que cada uno tiene sus prioridades, ese evento no había podido con la pasión de corredor pedestre, que estimulaba nuestros movimientos de entonces.&lt;br /&gt;Habíamos viajado desde Buenos aires, hasta Henderson para disputar una carrera pedestre. Lo habíamos hecho en colectivo, pero ya sabíamos que volveríamos a la estación Tapiales, con el coche motor que venía de Carhué.&lt;br /&gt;Terminado nuestro ritual atlético, me mandé para la estación. Recuerdo que compré algo de fiambre y&lt;br /&gt;algo así como un jugo de naranja, y me quedé en un banco de la estación ferroviaria a esperar el tren.&lt;br /&gt;Sabía que no volvería sólo. Un grupo de atletas, volverían conmigo, pero como representaban al Club San Lorenzo de Almagro, la gente de la peña sanlorencista local los había invitado a un asado.&lt;br /&gt;Al rato, apareció un tren de carga, traccionado por una locomotora a vapor,&lt;br /&gt;con rumbo a Buenos Aires.&lt;br /&gt;Se acercó a mí un trabajador ferroviario y me sugirió que tomara ese tren, así ahorraba dinero, para cuando lo alcanzara el tren de pasajeros, que pasaría mas tarde. Le agradecí y no acepté el convite. El destino me había reservado otra posibilidad.&lt;br /&gt;Pasó un largo rato, y ya con mis compañeros, nos aprestamos a esperar el coche motor. Vale contar que el servicio era atendido por uno de esos coches motores de procedencia húngara, marca Ganz Mavag, que habían sido comprados por el Ferrocarril del Estado a mediados de la década del treinta y que desde entonces venían prestando eficaces servicios en los ramales de trocha angosta, aunque también se emplearon en los de trocha ancha (En 1934 inauguraron el servicio Viedma- Bariloche).&lt;br /&gt;Los coches eran como los que aun se ven en las películas: tenían compartimiento para seis u ocho pasajeros. Y fue en uno de esos en los que nos ubicamos los corredores y la corredora que volvíamos juntos a Buenos aires. El tren había salido a eso de las 3 de la tarde y debía llegar a eso de las 21.50 a Tapiales...Debía.&lt;br /&gt;De mis acompañantes recuerdo a Iris Fernández, al entrenador Gilberto Miori y aunque, algo desdibujados, creo que venían Adolfo Olivera y Arraigada.&lt;br /&gt;Si uno viene leyendo la saga que se publica por Inventiva social, sabrá que de Henderson hasta Ordoqui hay dos o tres estaciones.&lt;br /&gt;Bueno, a horario llego el tren a Henderson. Arriba venía un empleado del correo con un singular gorrito azul con un escudo de bronce con la leyenda de Correos y Telecomunicaciones. El tren seguía cumpliendo su aun civilizadora función de "vagón postal".&lt;br /&gt;Bueno la cosa que al llegar a Ordoqui, el motor empezó a hacer ruidos raros y al rato tuvimos el diagnóstico: el motor se había roto. Y había que esperar una locomotora a vapor que llegara, vaya a saber de dónde, y nos llevaría lentamente hacia nuestro destino.&lt;br /&gt;Así las cosas, nos bajamos del tren en busca de algo para tomar y comer.&lt;br /&gt;Ordoqui (situado aun, pero sin tren, en el partido de Carlos Casares), tenía calles de tierra. Enseguida llegamos a la sede del Club Atlético Argentino Ordoqui. Recuerdo que en un momento llego un camión con la hinchada del club que venía de un partido de futbol, que le equipo había jugado en otro pueblo de la misma Liga.&lt;br /&gt;En la sede del club (es esas que tantas veces hemos visto en nuestras recorridos por el subyugante interior argentino), había pocas cosas para comprar. Recuerdo que compramos galletitas dulces de hojaldre y vino tinto.&lt;br /&gt;Esa sería nuestra comida hasta las 11 de la mañana del día siguiente, que es cuando me bajé en la estación Tapiales. También recuerdo que los colores del club Ordoqui eran azul y blanco y pienso que el club subsiste y también sus colores.&lt;br /&gt;Unas horas después vino la locomotora de vapor y comenzó  la lenta marcha.&lt;br /&gt;El frío apretó a la noche y el vino no calentaba mucho. Veníamos durmiendo dándonos calor con los cuerpos los unos a los otros. Así amanecimos. Con el curso del tiempo, atento a nuestra afición por los transportes y a nuestro amor desembozado por los ferrocarriles, le fuimos dando contexto a nuestros recuerdos. También esas nostalgias, nos incentivaron a profundizar, el porqué de esa retracción de los ferrocarriles, que ya habíamos empezado advertir en 1972, cuando al querer ir por tren a participar en carreras pedestres por el interior, se nos decía que el tren que otrora nos llevaría había dejado de circular.&lt;br /&gt;Miradas holísticamente las cosas, Ordoqui era un minicomponente de un subsistema, concebido a principios del siglo XIX, y el que recibió un mazazo casi terminal (más adelante diré porque digo casi...esperanzadamente), entre fines de 1976 y 1977.&lt;br /&gt;Dicen que es hacer ucronías o contrafactualismo, suponer como las cosas podrían haber sido de otro modo, sino se hubieran adoptado ciertas actitudes o decisiones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero vayamos al principio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hubo una Argentina que se montó entre 1880, luego de la federalización a sangre y fuego de la ciudad de Buenos Aires, en 1880 y el comienzo de la Primera guerra Mundial en 1914.&lt;br /&gt;Hay acuerdo entre los estudiosos, que esa Argentina se desarrolló inserta en el esquema del sistema cuya potencia hegemónica era Gran Bretaña. El despliegue de la red ferroviaria era parte de ese esquema. Pero había detalles, que se le escapan a los generalistas, y más aun a los que han estudiado ese periodo con un entendible sesgo anglófobo. Mirado desde las cosas cotidianas y desprovistos de cargas teóricas se puede apreciar diferente. Sobre todo cuando uno tiene la suerte o la intencionalidad de estudiar los documentos concretos y los testimonios de los ancianos memoriosos.&lt;br /&gt;En ese contexto, había dos herramientas muy vertebradoras: el ferrocarril y los puertos, y un ingrediente aun no debidamente ponderado: el telégrafo.&lt;br /&gt;Y como nada se hace en última instancia a máquina, estaban los pioneros u hombres de negocios, que con su avidez animaban todo este movimiento, y daban marco a la inmigración europea como mano de obra para estos "emporios" como así se llamaban.&lt;br /&gt;Poco se conoce de los "pioneers" (salvo sus leyendas negras). Así los D'Abreu, los Devoto, los Bustinza, los Stroeder, los Mulhall. Hay más...  Más, enfaticemos en uno: Lavalle. Enrique Lavalle estaba vinculado a la "Utopía" emblemática de la época: la construcción de la ciudad de La Plata (específicamente de su puerto).&lt;br /&gt;La Constitución del 53, les había reconocido a las provincias la facultad de levantar ferrocarriles. Pocas provincias hicieron uso de esta facultad. Los ferrocarriles autorizados por la Nación, terminaron neutralizando esa facultad.&lt;br /&gt;En ese contexto la Legislatura de la provincia de Buenos Aires, sancionó la ley llamada Williams, por el senador Orlando Williams que la alentó. Se trataba de una norma para construir ferrocarriles que fomentaran la creación de nuevas núcleos de producción, debiendo los trazados no pasar por poblaciones ya establecidas, sino para facilitar la creación de nuevos núcleos poblados. Con ese marco, uno de los "pioneros", Lavalle, obtuvo la concesión para un ferrocarril entre Puente Alsina -a la vera del Riachuelo- donde instalaría un puerto y la laguna de Carhue, ya visualizada como un emporio turístico. El puerto se instaló, el ferrocarril también y el lugar para turismo de lo que hoy se llamaría "alta gama" también (Este intento padecería un colapso hacia los 70 por un grave error ambiental de orden antrópico que aún no está del todo esclarecido).&lt;br /&gt;Respecto al puerto debe recordarse que entonces el Riachuelo tenía intensa actividad. El ferrocarril Oeste tenía su propio puerto en una gran Dársena (hoy tapada por la Villa Zabaleta, al lado de la cancha de Huracán). El ferrocarril llego a Carhué, en 1911. Año significativo por demás porque ese&lt;br /&gt;año con el suicidio del gobernador Inocencio Arias, la provincia de Buenos Aires comenzó a declinar sus pretensiones autonómicas, que ya habían sido cercenadas cuando le nacionalizaron el Puerto de la Plata y la Universidad (con su Museo y Observatorio Astronómico incluidos).&lt;br /&gt;El puerto aunque funcionó, corrió la misma o peor suerte que el puerto del Ferrocarril Oeste (al que llegaba desde Villa Luro, por donde hoy corre la Avenida Perito Moreno). Resulta que los servicios suburbanos del Ferrocarril Sur, se las ingeniaron para que se levantara pocas veces el puente, porque&lt;br /&gt;ello perjudicaba sus servicios de pasajeros suburbanos. Y así fueron languideciendo los puertos sobre el Riachuelo, por más que la rectificación del mismo, preveía la navegación aguas arriba (Tal vez el Mercado Central reactive esa posibilidad).&lt;br /&gt;Es curioso pero estos ferrocarriles económicos, ya tenían propuestas de levantamiento a la fecha de la nacionalización entre 1946-1947.&lt;br /&gt;Así  no sorprendería que figuraran de la lista de los ramales a levantar, atento el nefasto Plan Larkin, entregado al gobierno de Frondizi en febrero de 1962, pocas semanas antes de su derrocamiento. La caída de Frondizi no impidió que el plan se llevara a cabo, recibiendo sus golpes finales durante&lt;br /&gt;Videla y Menem, curiosamente a manos del mismo responsable Jorge Kogan.&lt;br /&gt;Menem tuvo como asesor a uno de los mentores del Plan Larkin: Ovidio Zabala...&lt;br /&gt;Bueno; pues que este Ordoqui que evocamos desde la nostalgia personal, refleja un país que pudo ser y que dejó de ser. Y ello no fue fruto del azar sino de políticas deliberadas, que han sido nefastas para las posibilidades de la Argentina.&lt;br /&gt;Pero en medio del naufragio, quedaron sembradas aquellas poblaciones, demostrando que la resiliencia es una posibilidad humana.&lt;br /&gt;A la espera de las nuevas oportunidades que induce la triple crisis planetaria (alimentaria, climática y energética), están esos pequeños pueblos que disemino la expansión ferroviaria a fines del siglo XIX y&lt;br /&gt;principios del XX: con sus trazados urbanos, sus infraestructuras  públicas y privadas subutilizadas;  con aptitud pese a los deteriores experimentados para posibilitar la calidad de vida inexorablemente deteriorada en las metrópolis y grandes ciudades argentinas. Ordoqui y asentamientos como Ordoqui, que se cuentan por cientos, tiene un futuro promisorio. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;** Escrito motivado por el proyecto INVENTREN que fogonea el aparcero COIRO.&lt;br /&gt;Buenos Aires, 10 de febrero de 2011.&lt;br /&gt;  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;ESCARCHA DE LUNA*&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;“Mientras avanzábamos raudamente, veía que el campo giraba como un enorme disco iluminado bajo la luna llena, plateado por la escarcha…”&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mamá me entregó un bolso con la ropa y otras cosas y me acompañó hasta el portoncito batiente de la entrada.&lt;br /&gt;El portillo estaba flanqueado por los dos altos y lozanos cipreses, que semejaban un poco, a dos verdes, gigantescas, y estilizadas espigas; que montaban guardia permanente, vigilantes y quietos, rodeados por un florido conjunto de  plantas y plantitas del jardincito del frente. En él resaltaban profusas las enhiestas y copetudas crestas de gallo, de flores verrugosas y aterciopeladas de un furioso color carmín.&lt;br /&gt;El camión azul deslucido de mi tío estaba en marcha y él aguardaba en el volante a que el motor se calentara. Yo le di un beso a mamá y corrí dando un rodeo para subir por el otro lado. &lt;br /&gt;Se terminaba la tarde y comenzó a refrescar de golpe. &lt;br /&gt;El sol, como un disco gigante color naranja pálido, bajaba sobre la quinta de naranjos que daba al oeste, y el cielo se había pintado del granate al rojo intenso; mientras algunas pequeñas nubes amarillentas y oscurecidas se recortaban con ribetes iridiscentes, como ovejas deformes pastando en un campo en llamas.&lt;br /&gt;-Mañana va a helar- dijo mamá, despidiéndose, mientras nos poníamos en marcha.&lt;br /&gt;Me sentí en la gloria.- Un vaho tibio se respiraba dentro de la cabina, emanado por el motor; tenía aromas de aceites cálidos y tan tenues que eran como un perfume metálico, agradable y reconfortante. Además, iniciar este viaje con mi tío era para mí un sueño. &lt;br /&gt;Cruzamos el pueblo, el puente y la ciudad vecina, ambas aún con calles de tierra, y salimos a la ruta, también de tierra.&lt;br /&gt; Enseguida cayó la noche y la oscuridad fue cercándonos. Los faros del camión iluminaban temblorosamente una porción no muy grande delante y un poco a los costados del camino, bañando escasamente de amarillo una pequeña mancha dentro de la inmensa noche cerrada. &lt;br /&gt;Mientras, el ronroneo del motor iba quedando atrás con el camino recorrido; dejando a su paso un eco debilitado que rebotaba en los costados irregulares y nos iba persiguiendo junto con la noche.&lt;br /&gt;Pese a la dicha que sentía, me fui durmiendo sin darme cuenta, acunado por el  vibrar suave y parejo, y el regular sonido de la marcha que nos envolvía…&lt;br /&gt;Hicimos así la mitad del camino.&lt;br /&gt;Me desperté al sentir que el camión disminuía la velocidad hasta casi detenerse y el traqueteo de las ruedas sobre los rieles al cruzar las vías del tren. Un poco más allá mi tío se estacionó ante una casa o un tipo de negocio que daba a la calle.&lt;br /&gt; Luego vi que tenía un alero pequeño que sobresalía sobre un surtidor de nafta, de los de aquella vez, altos, con un remate redondo como un caramelo, o una almeja, y una gran palanca con la que bombeaban el combustible.&lt;br /&gt;Por la puerta abierta y por la ventana salía una larga porción de luz que daba un farol muy potente que se conocía como “sol de noche”; y blanca y luminosa cruzaba la calle y alumbraba la garita del guardabarreras del ferrocarril cerca de la vía. Sentí voces, y vi pasar gente en la ventana, e incluso algún  chico jugando, quizás más adentro.&lt;br /&gt;Mientras esperaba a mi tío, y terminaba de despertarme, pensaba en esa casa y en esa gente, que en verdad no conocía, ni conocía el lugar, y en realidad tampoco sabía mucho sobre en qué parte del camino estábamos, y hasta pensé que, tal vez habríamos llegado.&lt;br /&gt;¿Cómo sería la casa de mi tío? A mis escasos nueve años era la primera vez que iba. Cada tanto mis primos venían a casa, ya que el negocio se proveía con estos viajes que eran frecuentes, y este coincidió justo con la feria escolar de invierno, así yo al fin puede colarme.&lt;br /&gt;Mi tío volvió y el motor ronroneó de nuevo… &lt;br /&gt;Ahí fue cuando me informé que estábamos a mitad de camino, de modo que enseguida reanudamos la marcha.&lt;br /&gt;De cuando en cuando él encendía un cigarrillo, lo ponía en la boquilla y fumaba quedamente. Las caprichosas espiras de humo azul, como danzantes arabescos, alcanzaban a cautivarme antes de desvanecerse en el interior de la cabina. Cuando terminaba de consumir el cigarrillo, solía mantener la boquilla vacía largo rato entre los labios, y así la sostenía, incorporada y firme, casi todo el tiempo. Decía que era un buen truco para fumar menos.&lt;br /&gt; Yo lo veía recortado contra la penumbra exterior, junto con el resto oscuro de la cabina, donde apenas brillaba tenuemente una pequeña luz en el tablero, casi espartano, propio de los modelos de entonces, de antes de- mediados de siglo. Lo veía pensativo y al mismo tiempo tan sereno, que me cohibía molestarlo o interrumpirlo en sus cavilaciones; hasta que él mismo vio que yo estaba despierto y abrió el fuego con una gran sonrisa, y con un gesto cariñoso soltó el volante y con la mano derecha me revolvió el cabello…&lt;br /&gt;Charlamos larga y despaciosamente, mientras el camión devoraba raudamente buenos tramos del camino.&lt;br /&gt;En realidad hacía apenas cuatro años que se habían asentado en aquella colonia casi virgen, de grandes campos, montes y bañados. También otros colonos habían hecho lo mismo por aquel entonces y se formó una población considerable, además les estaba yendo bastante bien a todos, así que mi tío estaba agrandando sus negocios, y aparte de vender y fletear mercaderías y comestibles, vendía insumos para el campo y estaba iniciando el acopio de cereales y ahora también algodón que estaban comenzando a sembrar como una novedad en aquella latitud agrícola.&lt;br /&gt;Por largos ratos quedábamos en silencio, ensimismados  cada uno en sus cosas. Yo mismo trataba de imaginarme cómo sería todo lo que me esperaba, lo que aún no conocía, e iba quedando cada vez más cerca.&lt;br /&gt; De reojo veía que mi tío de cuando en cuando tarareaba una canción en voz tan baja que casi no estaba seguro que estuviera cantando.&lt;br /&gt; Además la soledad de tremendos contornos me intimidaba por momentos. Ahora cruzábamos cerrados e interminables montes que reconocía a nuestros costados y escondidos arroyos que se reflejaban entre la negrura, y la luz de una luna que nacía frente a nosotros. &lt;br /&gt;Pero tenía mucha confianza en él, mi tío era también mi padrino y lo veía como a un héroe, un verdadero paladín. Lo que no estaba al alcance de mi padre, él lo haría accesible, sin dudas, porque sabía que me quería bien. &lt;br /&gt;Mi padre y él tuvieron suertes diferentes. Mi padre vino de Italia de niño y la vida lo trató muy duro. Desde pequeño tuvo que trabajar como único sostén, ya que quedaron huérfanos de padre recién llegados de Europa, y apenas nacidos los hermanitos más chicos. Mi tío era el más joven y accedió a todo más fácilmente, un poco quizás por ser el menor.&lt;br /&gt;Estábamos llegando. Doblamos el último tramo. Se había alzado la luna, grande y ovalada. La teníamos ahora a la derecha y me permitía ver los grandes campos que pasaban corriendo, más fuerte acá cerca, y los grupos de árboles y casas más lejanas apenas se iban moviendo. Parecía que todo girara como en un plato gigantesco, teniendo como eje la luna, mientras bañaba todo con su luz pálida y platinada.&lt;br /&gt;La casa se me apareció entre una extensa arboleda de variados tamaños, negra a trasluz, donde se recortaban altas grevileas y pinos; y los techos metálicos se reflejaron fríos y blanquecinos por la escarcha recién caída y la luz de la luna.&lt;br /&gt;Lo demás estaba en tinieblas, pero enseguida hubo linternas y luz en la cocina, y un par de perros alegres que aullaron y corrieron atropelladamente a saludarnos, antes aún que los demás de la casa.&lt;br /&gt;Así llegué aquella primera vez a aquel lugar, que tanto significaría para mi de ahí en más, especialmente en el transcurso de mi niñez.-  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;*de Celso H. Agretti.  celsoagr@trcnet.com.ar&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;*&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Inventren Próxima estación: CORBETT. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Colaboraciones a inventivasocial@yahoo.com.ar&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;http://inventren.blogspot.com/&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Inventren sigue su recorrido por las siguientes estaciones:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;    SANTOS UNZUÉ.   &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;MOREA.   ORTIZ DE ROSAS.   ARAUJO.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;BAUDRIX.   EMITA.   INDACOCHEA.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;LA RICA.   SAN SEBASTIÁN.   J.J. ALMEYRA.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;INGENIERO WILLIAMS.   GONZÁLEZ RISOS.  PARADA KM 79.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;ENRIQUE FYNN.  PLOMER.   KM. 55.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;ELÍAS ROMERO.    KM. 38. MARINOS DEL CRUCERO GENERAL BELGRANO.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;LIBERTAD.  MERLO GÓMEZ.   RAFAEL CASTILLO.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;ISIDRO CASANOVA.   JUSTO VILLEGAS.  JOSÉ INGENIEROS.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;MARÍA SÁNCHEZ DE MENDEVILLE.  ALDO BONZI.  KM 12.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;LA SALADA.   INGENIERO BUDGE.  VILLA FIORITO.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;VILLA CARAZA.   VILLA DIAMANTE.   PUENTE ALSINA.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;INTERCAMBIO MIDLAND.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;InventivaSocial&lt;br /&gt;"Un invento argentino que se utiliza para escribir"&lt;br /&gt;Plaza virtual de escritura&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para compartir escritos dirigirse a : inventivasocial(arroba)yahoo.com.ar&lt;br /&gt;-por favor enviar en texto sin formato dentro del cuerpo del mail-&lt;br /&gt;Editor responsable: Lic. Eduardo Francisco Coiro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Blog: http://inventivasocial.blogspot.com/&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Edición Mensual de Inventiva.&lt;br /&gt;Para recibir mes a mes esta edición gratuita como boletín despachado por &lt;br /&gt;Yahoo, enviar un correo en blanco a: &lt;br /&gt;inventivaedicionmensual-subscribe@gruposyahoo.com.ar&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;INVENTREN&lt;br /&gt;Un viaje por vías y estaciones abandonadas de Argentina.&lt;br /&gt;Para viajar gratuitamente enviar un mail en blanco a: &lt;br /&gt;inventren-subscribe@gruposyahoo.com.ar&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Inventiva Social publica colaboraciones bajo un principio de intercambio: la libertad de escribir y leer a cambio de la libertad de publicar o no cada escrito. los escritos recibidos no tienen fecha cierta de publicación, y se editan bajo ejes temáticos creados por el editor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las opiniones firmadas son responsabilidad de los autores y su publicación en Inventiva Social no implica refrendar dichos, datos ni juicios de valor emitidos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La protección de los derechos de autor, o resguardo del copyrigt de cada obra queda a cargo de cada autor. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Inventiva social recopila y edita para su difusión virtual textos literarias que cada colaborador desea compartir.&lt;br /&gt;Inventiva Social no puede asegurar la originalidad ni autoria de obras recibidas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Respuesta a preguntas frecuentes&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Que es Inventiva Social ?&lt;br /&gt;Una publicación virtual editada con cooperación de escritores y lectores.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuales son sus contenidos ?&lt;br /&gt;Inventiva Social relaciona en ediciones cotidianas contenidos literarios y noticias que se publican en los medios de comunicación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuales son los ejes de la propuesta?&lt;br /&gt;Proponer el intercambio sensible desde la literatura.&lt;br /&gt;Sostener la difusión de ideas para pensar sin manipulación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es gratuito publicar ?&lt;br /&gt;En inventiva social no se cobra ni se paga por escribir. 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Ventanillas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La mamma y un ramo de fragantes hortensias.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Presente se conjuga en pasado?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desafía los tiempos y  distancias.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Espera niño mío, quizás sea posible el regreso.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;*De Amelia Arellano. arellano.amelia@yahoo.com.ar&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Estación Hortensia*&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;“Hermoso día para pasear”, piensa, mientras el sol les arde sobre la piel, gradual pero implacable, en esta calurosa mañana de enero. Su hermosa y vivaz hijita de casi tres años lo toma de la mano y no deja de relatarle lo que ve, excitada y con ojos asombrados.&lt;br /&gt;-¡Papi, unos pajaritos! ¡Uuuuuhhh! -, y agrega con decisión: –Yo voy a volar como los pajaritos.&lt;br /&gt;-¿Y si en lugar de volar por el aire, volamos en un tren? -, propone él, midiendo la distancia que les resta: detrás de la arboleda de araucarias se encuentra la estación.&lt;br /&gt;-¡Un tren, sí! Me encanta viajar en tren-, y se cuelga de su brazo, apurando la marcha. &lt;br /&gt;Una suave brisa mitiga el progresivo calor de la mañana. Mire donde mire, estallan los colores bajo el poderoso sol del verano. Y al acercarse a los límites de la estación, contempla casi como al descuido, a un costado del camino de grava, un enorme macizo de hortensias que lo proyecta abruptamente hacia el pasado…&lt;br /&gt;…¿Cuánto tiempo hace que no piensa en aquellas hortensias del jardín de su casa, en Mar del Plata? En aquel sendero de ladrillos húmedos que llevaban hasta el quincho, donde chirriaban las brasas de la parrilla, su padre acomodaba el fuego, y el asado con los chorizos se iba cocinando lento y parejo debajo de un cartón extendido. En la sombra mohosa de aquel pino centenario, cuya frescura regaba hacia las tres casas vecinas. En las ligustrinas que se desbordaban, aferradas con firmeza al alambre tejido. En la ropa limpia que su abuela había colgado de la soga que cruzaba el parque. En las rejas nuevas que su padre había hecho instalar pocos años antes, a raíz de los robos cometidos en el barrio, incluso en aquel mismo jardín, del que unos malditos rateros se habían llevado durante la noche un secarropas, algunas herramientas, varias reposeras plásticas, y la mesa de tablones de madera que conservaban desde hacía décadas.&lt;br /&gt;¿Cuánto tiempo…? Los recuerdos le resultan extraños, como si perteneciesen a otra vida, o quizás a otra persona. ¿Acaso fuera así? ¿Cuántas cosas le han ocurrido durante aquellos años, desde la última vez que pisara aquel entrañable parque cubierto de hortensias? ¿Cuántas vivencias, compartidas o en soledad? Aunque a él le costara recordar momentos de soledad; siempre había preferido evocar momentos compartidos con sus afectos, tener más presente una risa que un silencio. Recuerdos de sus tres hermanos menores, recorriendo las parquizadas cuadras del Barrio Constitución hasta la playa, mientras cargan con el mate, a veces la sombrilla, y comentan películas vistas, o libros e historietas leídos. De su abuela, quien hoy ya no está, preparando las mismas tortas fritas con grasa vacuna que solían amasar y cocinar a la par en aquel campo de Entre Ríos, escuchándola decir que “al menos, con eso los chicos tenían un alimento para la tarde”. De su padre, acompañándolo a hacer compras a bordo de una vetusta camioneta Datsun, que continúa funcionando de manera inexplicable, escuchándole narrar las mismas anécdotas de siempre, referidas a su pasado familiar o laboral –vinculado de por vida con el ferrocarril-, ayudándolo a terminar las frases y recibiendo como habitual corolario la pregunta: “¿Cómo: ya te lo conté?”.&lt;br /&gt;“¿Dónde se ha ido todo eso?”, se pregunta, hipnotizado por las frondosas hortensias, oyendo muy a lo lejos el incesante parloteo de su hijita, aferrada de su mano mientras ingresan a la estación, recorren el pasillo de la boletería cerrada, se acercan al andén. “¿En qué me convertí?”&lt;br /&gt;Imágenes sin conexión aparente se le presentan delante de sus ojos; escenas editadas de diferentes películas conforman en un caos particular su propia película, la de su vida, tan errática y variada como la de cualquiera, con una enorme cantidad de detalles que la terminan haciendo única. Recuerdos de sus afectos primarios, claro está, pero también de sus amigos, sus ex parejas, sus compañeros y compañeras de trabajo… Todos aquellos que alguna vez, en determinado momento, han sido significativos en su vida y le han dejado una marca, que por pequeña que sea, hace una enorme diferencia: la de que hoy, él sea de esta manera y no de otra…&lt;br /&gt;-Ahí viene el tren -, se escucha decir, al arrodillarse junto a su hijita y señalar con el brazo extendido hacia el horizonte, donde la inconfundible silueta del frente de una locomotora diesel se recorta contra la profundidad de la vía, haciendo sonar su estridente silbato en la distancia. &lt;br /&gt;El se ha convertido en esto: hoy es padre de familia. Además de ser amigo inclaudicable de sus amigos, de atesorar el cariño hacia sus hermanos -aunque se vean poco, y dos de ellos también hayan sido padres-, de agradecerle a sus padres todo lo que han hecho por él –con sus aciertos y sus errores-, de ejercer con su título profesional y poder vivir de eso –algo que hasta hace unos años no le parecía muy tangible-, además de todo eso tiene una familia que adora, una hija que lo enternece como nadie pero que también lo saca de quicio, una mujer a la que considera un par y en quien confía plenamente. &lt;br /&gt;El, de alguna forma, ha dejado de ser hijo y se ha convertido en hombre. Y la evocación de las hortensias se lo recuerda de manera inexorable.&lt;br /&gt;-Vamos a volar…¡en tren! -, grita ella, agitando los brazos, dando emocionados saltitos a su lado.&lt;br /&gt;-Si, hijita -, murmura él, mirando hacia el futuro. –Vamos a volar…&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;*De ALDIMA.  licaldima@yahoo.com.ar&lt;br /&gt;Marzo de 2001&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin pies ni cabeza*&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Es 4 de abril. Fecha del cumpleaños de mi padre. &lt;br /&gt;Lo recuerdo bajo el nogal que él planto hace muchos años. Hoy comienzo a cosechar las nueces que el árbol da todos los años durante los días cercanos a su cumpleaños.&lt;br /&gt;Me parece escuchar su voz cuando decía a quien quisiera oírlo: &lt;br /&gt;"Hombre avisado, medio salvado". &lt;br /&gt;Sin embargo tengo la certeza de haber desoído advertencias una y otra vez durante mi vida. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;*&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;El que no tiene cabeza tiene pies -decía mi abuela materna.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fue con la fractura de tobillo cuando me di cuenta que antes no tenia cabeza para pensar mis cuestiones y que -por largos meses- tampoco tendría pies para andar.&lt;br /&gt;Sin ninguna ocurrencia razonable para mejorar las cosas intentaba leer. &lt;br /&gt;Había tenido el libro de Felisberto Hernández en un estante durante 30 ó más años.&lt;br /&gt;Al comenzar la lectura de Las Hortensias -que tiene prólogo de Julio Cortázar- sentí agotamiento. &lt;br /&gt;El cuento era demasiado terrible para mi situación de fragilidad física y anímica.&lt;br /&gt;Quise distraerme con la televisión, pero me parece que el resultado fue peor aun. &lt;br /&gt;Puse el canal Crónica TV.  Era la hora del programa de Anabela Ascar: "Hechos y protagonistas"  no estaban ni el "Hombre hormiga" ni un cantante perdido en el túnel del tiempo. &lt;br /&gt;Ese día llevaba a su programa a un imitador de López Rega.&lt;br /&gt;Había colocado un ataúd en una larga mesa armada con caballetes. Luego presentó a una mujer que a su vez imitaba a Isabel Martínez. (Era idéntica con el pelo tirado hacia atrás y elevado en un frontón).&lt;br /&gt;El falso López Rega hizo que la falsa Isabel se acueste sobre la mesa para hacer su representación. La cabeza estaba tocando a la cabeza oculta en el ataúd. Se apagan las luces. Un par de reflectores iluminabann el rostro de la Isabelita.&lt;br /&gt;El falso brujo hizo maniobras con sus manos en el aire.  Hablaba con un lenguaje que nadie podría traducir.&lt;br /&gt;Anabela puso la cara de Anabela. López Rega dijo que había logrado trasferir a su Isabel el alma de Evita.&lt;br /&gt;Anabela le pidío al falso Lopecito que abra el ataúd, este ensayó una fingida resistencia pero enseguida  la cámara mostro una muñeca de tamaño humano con el rostro de lejanamente parecido a la Evita de la foto que luce esa sonrisa enorme y su pelo atado con rodete.&lt;br /&gt;Me sobresalté. Son rostros de Hortensias. -Pensé. &lt;br /&gt;Iluminación o delirio bien propio, pude ver que López Rega era un digno y verdadero protagonista del cuento de Felisberto cuando detrás de un cortinado le soplaba palabras que la Isabel - Hortensia debía decir al aire en sus discursos televisados. &lt;br /&gt;Me extraño un poco que la imagen de Crónica TV fuese en blanco y negro. &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Recordé mi mano sujetando el crayón rojo -era madrugada y la neblina no dejaba ver demasiado- cuando escribí sobre un paredón blanco "Isabel títere fascista".&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;*&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Deje pasar varios días e intente con otro cuento, pero la primera frase también me llevo lejos: "Úrsula era callada como una vaca" &lt;br /&gt;Esto me impulso a leer el folleto que me había traído el tío Lito de un establecimiento rural, se lo dieron en uno de sus paseos en tren para derrotar a la soledad de los domingos (cuando no haya lluvia que lo detenga en su casa).&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Establecimiento "Las Hortensias"&lt;br /&gt;Huerta orgánica. Granja ecológica. Espacio de reflexión.&lt;br /&gt;Estación Hortensia. Provincia de Buenos Aires. Argentina&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Somos un espacio ecléctico que reúne en un ambiente rural:&lt;br /&gt; Una huerta orgánica. Una granja modelo. Un hostal para visitantes con actividades al aire libre y ciclos de intercambio. Un espacio natural donde se programan encuentros para la reflexión de las cuestiones humanas. En su programa 2011  las reuniones se aplicaran al pensamiento sobre la histeria.  En una época donde lo lábil domina los afectos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Que bien me vendrían uno días de recreación y pensamiento, bien lejos de mis problemas.&lt;br /&gt;-Me dije con una sonrisa, antes de seguir leyendo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Elegimos la producción ecológica para cultivar vegetales, frutas y aromáticas. Con métodos de “agricultura orgánica” mantenemos la fertilidad del suelo y su diversidad biológica. No utilizamos sustancias artificiales, químicos, pesticidas o elementos contaminantes.&lt;br /&gt;En nuestros eventos no se permite la utilización de celulares ni existe la contaminación generada por televisores (....)&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;*&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entonces pude verme con Eleonora leyendo en fotocopia un texto de Pitirim Sorokin, nos reímos como niños con el nombre y apellido del intelectual ruso. Eleonora dejo su legado en mi memoria con una advertencia dicha como al pasar en una única frase. "vos sos pasto para la histéricas".&lt;br /&gt;En el momento me pareció una rareza surgida de una desconocida con la que no tendría otra relación que la de estudiar una materia para la facultad.&lt;br /&gt;Pero, con el tiempo esas palabras fueron madurando y creciendo, ganando espacio como una verdad revelada tardíamente.&lt;br /&gt;Años después ubicarla. Tenía el teléfono de la casa de sus padres y ellos me contaron que tiempo después de recibirse dejo de militar en el Partido Obrero y abrazo una causa distinta: decidió quedarse a vivir en Tailandia trabajando en un programa que intenta preservar y rescatar a los orangutanes de la brutalidad de la sociedad. Podría haber intentado pedir una dirección postal para escribirle, pero enseguida desistí, supuse que no solo no recordaría su frase genial ni a quien estaba destinada sino que mi actitud de comunicarme con el objetivo de preguntar sobre esto seria francamente ridícula.&lt;br /&gt;Pensé en los espejos a los que teme el protagonista de las Hortensias. En espejo del tiempo que se refleja en uno y en cada cual. En el espejo de los otros pueden dar -hasta involuntariamente- al patetismo propio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;*&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Estación Hortensia. 315 Km. de Puente Alsina.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Vuelvo una y otra vez a intentar sin éxito concluir la lectura de "Las Hortensias".&lt;br /&gt;Sigo siendo una persona que busca su lugar en el mundo; que necesita escribir pero debe vencer en cada palabra la inmovilidad. La parálisis de la angustia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Sin encontrar las respuestas que necesito, al menos me distraigo unos días en este club de campo que brinda a quien lo necesite un buen "pastoreo" reflexivo sobre el tema de la histeria.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;*De Eduardo Francisco Coiro. inventivasocial@hotmail.com&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;PRESENCIA DE ABRIL*&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las hojas nunca repiten el otoño.&lt;br /&gt;Se renueva la experiencia&lt;br /&gt;de caer silenciosas&lt;br /&gt;sobre su asombro y el mío.&lt;br /&gt;No parece cierto que antes haya sucedido&lt;br /&gt;será que hoy descubro&lt;br /&gt;en cada árbol un sol encendido&lt;br /&gt;que se inmola con la serena postura&lt;br /&gt;de alguien que ha llegado a destino.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No hay palabras que describan&lt;br /&gt;estas calles que caminamos juntos.&lt;br /&gt;Están maduras de esperas, mullidas, rojizas...&lt;br /&gt;Desmenuzo los recuerdos hasta hacerlos&lt;br /&gt;polvo dorado sobre el alma en armonía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las hojas nunca repiten el otoño.&lt;br /&gt;Lo hacen nuevo cada vez, como&lt;br /&gt;si nunca antes hubiera sucedido.&lt;br /&gt;Y yo no sé con qué palabras&lt;br /&gt;hacerlo como ellas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Acaso sean necesarios otra vez&lt;br /&gt;nuestros pasos en la calle atardecida.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;*De Miryam Seia. miryamseia@cablenet.com.ar&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;EL CAMAROTE OCUPADO*&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;-Sexta y última parte-&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Un crujido de madera antigua, el chasquido de una cerradura al romperse, una puerta que se abre de par en par y la violenta aparición de un hombre dentro del camarote fueron los elementos que desgarraron aquel momento de intensa sensorialidad femenina. ¿E incluso masculina?&lt;br /&gt;Ernesto cayó sobre su costado izquierdo con un quejido de dolor, bañado por el foco del pasillo a sus espaldas. El chorro de luz horadó la semipenumbra del camarote, revelando la intimidad de una imagen en extremo obscena y excitante. Las protagonistas chillaron ante la sorpresa, deteniéndose en el acto. &lt;br /&gt;Los tres parpadearon incrédulos. Ernesto, conmocionado ante la visión de un par de mujeres semidesnudas, sólo luego de un par de segundos de estupor reconoció a la estudiante de Psicología, sin sus gruesos anteojos, yaciendo boca arriba sobre el suelo de goma, y a la mentada pasajera del camarote, con quien él pretendiese un acercamiento galante durante su breve paso por el vagón comedor, recostada encima de la chica. Lorena, por su parte, mientras lo contemplaba con mirada asesina, identificó al estúpido barman que había intentado seducirla en vano hacía ya tanto tiempo –quizá en algún otro viaje……u otra vida-, inventando absurdas historias de fantasmas. Y Claudia, desconocida como amante bisexual, se desconcertó ante la visión de aquella libidinosa mujer que yacía encima de ella, oprimiéndole los pechos contra los suyos, maldiciendo casi al unísono al intempestivo visitante.&lt;br /&gt;Otra violenta corriente de aire helado se abatió sobre ellas, alcanzándolo a Ernesto sobre el rostro, quien volvió la mirada hacia el rincón de donde procedía la ventolina, aunque no llegase a tiempo a registrar certeramente lo que veía.&lt;br /&gt;Un furioso sopapo se abatió de revés sobre él, sumado a un agudo e irascible chillido. Ernesto, reaccionando mediante un acto reflejo, se apartó de costado, rodando sobre el piso en dirección contraria, hacia la pared. Una amenazante figura se incorporó detrás suyo, y sin dejar de chillar, se abalanzó sobre su espalda, arreciando con una salvaje descarga de golpes.&lt;br /&gt;-¡Tómatelas, hijo de puta!!! -, aullaba Lorena, pegándole sin cesar. -¡Dejame tranquila de una buena vez!!! ¿No tuviste suficiente con cagarme la vida mientras vivíamos juntos??? ¡Andate, la puta que te parió!!! ¡Aaan-daaaaa-teeeeeee!!!!&lt;br /&gt;Ernesto giró nuevamente y la enfrentó, enmudecido ante la sorpresa o el absurdo. Intentó aferrarle los brazos para que dejase de golpearlo, pero le resultaba imposible; apenas si podía desviar los sopapos y trompadas, evitando que lo desfigurase. Claudia se incorporó, desconociéndose una vez más, quizá recordando el efecto de la cámara lenta en el cine, y se lanzó sobre la espalda de Lorena, atajando sus brazos por detrás, aunque sin lograr detenerla. &lt;br /&gt;-¡Basta, basta! ¡Dejalo! -, imploraba la chica a medio vestir, deseando muy dentro suyo que aquella mujer volviese a estimularla como hasta hacía apenas unos segundos, regresando a la misteriosa burbuja autista de placer en la que la había sumergido al encerrarse juntas dentro del camarote.&lt;br /&gt;Lorena se sentía ajena a sí misma. ¿Por qué le resultaba tan extraña su propia voz, como si se hubiera vuelto más grave……más parecida a la de un hombre? ¿Y de dónde extraía semejante fuerza, capaz de azotar a este tipo y dejarlo fuera de combate? Además, ¿quién era este fulano? El boludo del barman, claro, ……aunque un secreto pensamiento le decía que lo conocía de algún otro lugar, de otra época, de un momento afectivo diferente… ¿Sergio? La sola aparición de aquel nombre dentro de su cabeza la hizo enfurecer aún más. &lt;br /&gt;El viento a su alrededor, agorero y siniestro, no dejaba de silbar…&lt;br /&gt;Aún excitada, Claudia quería retenerla cerca del catre, lejos del empleado ferroviario, pero la pasajera del camarote era demasiado fuerte para ella. Lorena, poseída por una misteriosa fuerza que la impulsaba hacia delante, arreciaba contra Ernesto, quien a duras penas conseguía evitar que le rompieran la nariz.&lt;br /&gt;Y entonces, por entre el griterío, los golpes y el escalofrío del viento, una decidida voz los inmovilizó, congelando la escena.&lt;br /&gt;-¡Deténganse todos!!! ¡Atrás, íncubo maldito!!! ¡Vete de aquí!!! ¡Dios es mi Salvador y mi escudo!!! ¡Y aunque camine por el Valle de las Lágrimas y me enfrente a la Iniquidad, jamás temeré, porque sé que Él está de mi lado!!!&lt;br /&gt;Los tres volvieron la cabeza hacia la puerta abierta. La desaforada imagen de Heriberto Fort, emergido de una alucinada estampa bíblica, empuñando la cruz de plata en alto como si se tratase de una espada flamígera, les causó una impresión tan sorprendente por su inmediatez como grotesca en su contenido. &lt;br /&gt;Nadie supo muy bien qué hacer o decir. Hasta que la silenciosa tensión en el ambiente, apenas contorneada por el silbido del viento, fue desgarrada por una sonora carcajada. Lorena reía a mandíbula batiente, incapaz de comprender semejante aparición. ¿A quién quería derrotar este santurrón?&lt;br /&gt;-¡No teman!!! -, arreció Heriberto, su pie derecho recargando el peso del cuerpo hacia delante, el puño firme y en alto, la mirada llameante. -¡Combatiré a esta súcuba hasta el último aliento!!! ¡Exorcisaré a la pérfida criatura, mitad hombre y mitad mujer, y recuperaremos para el rebaño a esta abandonada hija de Dios!!!&lt;br /&gt;Lorena comenzó gradualmente a contener la risa, mientras Ernesto y Claudia la contemplaban sin saber qué hacer. Entonces la mujer se puso de pie de un salto, apenas vestida por una remera que le colgaba del cuello y un par de soquetes oscuros, y enfrentó al seminarista.&lt;br /&gt;-¿Y vos de dónde carajo saliste, pelotudo? ¡Sos peor que cualquier otro hombre, más reprimido y más puto!!! ¡Tómatelas o te fajo a vos también!!! ¡Y te enrosco brazos y piernas con esa sotana de mierda, para después meterte la cruz bien en el culo, donde debería estar!!!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡No la oigan!!! -, chilló Heriberto, capturado por su personaje, impostando la voz como si se encontrase representando una épica ópera de Wagner. -¡Quiere confundirnos a todos con su malignidad!!! ¡Aléjensé!!! ¡Podré solo contra ella, con la divina ayuda del Señor, mi guía y mi pastor!!! &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una silueta apareció de improviso detrás del seminarista. &lt;br /&gt;-Pero… -, balbuceó Fernando Suárez, el guarda. -¿Me pueden explicar qué está pasando? ¡Señorita, ubíquese y hága el favor de vestirse, que éste no es un tren nudista! Los pasajeros vuelvan a sus asientos, que ya estamos por arribar a la Estación Hortensia. ¡Y vos, Ernesto, ¿qué hacés ahí tirado?! ¡Levantate de una buena vez, que Gorriarán está como loco y quiere verte enseguida en el vagón comedor!&lt;br /&gt;-¡Basta! -, protestó Claudia, volviendo a hilvanar sus extraviados pensamientos, habiendo perdido con tantas interrupciones, muy a su pesar y quizá definitivamente, aquella novedosa sensación erógena causada por otra persona de su mismo sexo. -¿No se dan cuenta de que esta mujer está mal y necesita ayuda de inmediato?&lt;br /&gt;-¡Sí!!! –bramó Heriberto. -¡Yo, en mi carácter de abnegado Soldado de la Fé, seré el encargado de librarla para siempre de Todo Mal!!! ¡Refúgiate en Cristo, pecadora!!!&lt;br /&gt;-Pero…, ¡si serás necio!!! -, estalló Claudia, colmada por la irritación. -¡Acá hace falta medicación, administrada por un psiquiatra!!! Y después, un buen tratamiento psicológico. ¡Nada de delirios místicos!&lt;br /&gt;Lorena, sin mirar ni escuchar a nadie en particular, volvió a estallar en carcajadas, ante el estupor e indignación de Fernando, azorado ante su impúdica desnudez. Ernesto consiguió ponerse en cuclillas, para luego incorporarse lentamente, sin que nadie reparase en sus movimientos. Y estaba a punto de abalanzarse sobre Lorena y apresarla por detrás, poniendo un poco de orden a semejante descontrol, cuando otra enigmática silueta apartó a Fernando hacia un costado e ingresó en el camarote, con andar cansino pero majestuoso, enmudeciendo con su sola presencia al seminarista, quien se volvió sorprendido para contemplarlo. Desconcentrado, el seminarista bajó su brazo exorcisante, deponiendo el poder de la cruz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;El recién llegado vestía por única prenda un enorme poncho de cuero salvaje, calzado con ojotas y luciendo una vincha descolorida que le cruzaba la frente y alejaba de su rostro una extensa y tupida cabellera negra. De rasgos inconfundiblemente aindiados y untado con brillantes tintas vegetales que le cruzaban las facciones, parecía haberse fugado de alguna otra dimensión temporal, como si su presencia allí no cuadrase en absoluto.&lt;br /&gt;-¡Todos quietos! -, les ordenó, con voz grave y pausada, sin necesidad de gritar, al tiempo que extraía debajo de su poncho una serie de diversos y extraños amuletos confeccionados con huesos de animales, entre los cuales comenzó a agitar uno de aspecto atemorizante, casi fálico, parecido a una maraca. –Las señales fueron inequívocas durante los últimos días. Los vientres de los terneros sacrificados y los mensajes de los huesos esparcidos sobre la tierra habían repetido lo mismo, una y otra vez. El espíritu ha vuelto, con la misma sed de sangre de siempre, dispuesto a asesinar a nuestros hombres y vejar sin piedad no sólo a nuestras mujeres, sino también a las de Uds. Por eso -, y esparció a izquierda y derecha (¿babor y estribor? … la trochita angosta oscila con “vaivén de barco” al desplazarse sobre rieles tan estrechos) unos polvillos de colores sobre el suelo de goma del camarote, -ungido como el último médico brujo de los tehuelches, declaro a éste como lugar sagrado, imposible de ser mancillado por el paso de cualquier espíritu que no pertenezca a nuestra tierra. ¡Aléjate de aquí, verdugo cruel de mis gloriosos antepasados! ¡Abandona estos terrenos, que reclamo orgulloso en nombre de mi pueblo!   &lt;br /&gt;La ráfaga de viento volvió a arreciar al término del discurso. El estupor de los presentes no se retraía en lo más mínimo. Nadie supo cómo actuar, hasta que el guarda, como autoridad del ferrocarril, emergiendo del mismo letargo que inmovilizaba a todos, protestó:&lt;br /&gt;-¡No me diga que viene a exorcizar un fantasma! ¡Vamos, hombre, déjese de joder! ¡A usted lo mandó el escandaloso ése de la televisión, el Marcelo Tinelli! ¿Cuánto le pagó para armar esta patraña? ¿Dónde lleva la cámara oculta? ¿Entre medio de toda esa pelambre?&lt;br /&gt;-Los aborígenes están cada día más aculturados -, reflexionó Claudia en voz baja, -despersonalizados por los mass-media…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Es la pérfida acción del demonio! -, sentenció Heriberto. –Esto ocurre porque nadie se ha tomado en serio la misión evangelizadora de los infieles. ¡Pero eso cambiará en este nueva era que se inicia! -, y volvió a empuñar en alto la cruz de plata. -¡Volveremos a Cristo!!!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;-¡No se burlen! -, exclamó el médico brujo, sin apartarse un ápice de su misteriosa y específica tarea, arrojando un poco más de sus polvitos de colores, haciendo sonar su fálica maraca de hueso, y defendiendo su vapuleada dignidad en contra del vulgar prejuicio occidental que los catalogaba como “pueblo oprimido”. –El ánima de ese cruel asesino vaga insepulta entre Uds. desde hace muchísimo tiempo, y ninguno ha sido capaz de evitar que su figura fatal atormentara a nuestros hijos por las noches. ¡Yo te convoco, entonces, General Julio Argentino Roca, a ser desterrado para siempre, y que acabes de una vez con ese martirio que nos acosa desde hace más de un siglo!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;-¡Frígidos de mierda! -, estalló Lorena, temblando de furiosa calentura. -¡Hombres tenían que ser!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Están todos borrachos… -, masculló Ernesto, incapaz de eludir la incredulidad, sin saber si ponerse a reír o a llorar a raíz de semejante absurdo. -¿Qué carajo está pasando en este camarote? &lt;br /&gt;Una nueva ventolina se abatió sobre ellos, y por un instante se escuchó como si la ráfaga helada sonase al estilo de una maléfica risa de ultratumba. Entonces Ernesto, acopiando lo poco que aún le restaba de valor, giró la cabeza hacia aquel rincón del camarote donde creía que se originaba la misteriosa irrupción de aire helado. Una abrupta comprensión lo abofeteó de lleno, insultando su inteligencia, sintiéndose de inmediato el boludo más grande que pisase alguna vez un tren provincial de larga distancia. Por lo que exclamó a viva voz, indignado y herido en su más profunda autoestima:&lt;br /&gt;-¡A ver si se dejan todos de joder y vuelve cada uno a lo que estaba haciendo! ¡Que bastante hinchadas las pelotas tengo por esta noche!&lt;br /&gt;Y habiendo captado la atención del resto de los ocupantes del lugar, señaló con su dedo índice, para que no quedase lugar a dudas, hacia la pared opuesta a la puerta del camarote, donde nadie parecía haber reparado en un detalle tan cotidiano como banal. &lt;br /&gt;Todos giraron sus cabezas, probablemente sin sorprenderse por nada de lo que pudiesen contemplar a esta altura de los acontecimientos, para descubrir que la antigua y elegante ventanilla de cristal biselado del vagón camarote, quién sabe durante cuánto tiempo, había quedado abierta…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;*de Aldima.  licaldima@yahoo.com.ar&lt;br /&gt;-Capítulos anteriores en http://inventren.blogspot.com/&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;DILEMA*&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Muchas manos&lt;br /&gt;Ayudan a una multitud de gente.&lt;br /&gt;Una mano que aprieta,&lt;br /&gt;Define el grado de nuestra conciencia,&lt;br /&gt;O quizás revela el lugar que tomaremos&lt;br /&gt;El día que cambie el rumbo definitivo&lt;br /&gt;De la historia.&lt;br /&gt;Cada dìa es una lucha,&lt;br /&gt;Es la preparación previa al enfrentamiento&lt;br /&gt;Inevitable cuenta regresiva,&lt;br /&gt;Que ansío con ganas verla &lt;br /&gt;En vida,&lt;br /&gt;Pero es como la espera&lt;br /&gt;De lo que nunca sucederá.&lt;br /&gt;Me aferro a la fe ciega&lt;br /&gt;De un instante&lt;br /&gt;Donde todos &lt;br /&gt;Nos parecemos a todo,&lt;br /&gt;Y la crueldad vil &lt;br /&gt;De quien selló &lt;br /&gt;Mi jerarquía, &lt;br /&gt;Sea sentenciado &lt;br /&gt;Al mar de azufre&lt;br /&gt;Que alguna vez &lt;br /&gt;Leimos en nuestra niñez,&lt;br /&gt;Solo que ahora&lt;br /&gt;Ya no somos tan niños.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;*De Daniela Wallffiguer. danielawallffiguer@gmail.com&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Tren*&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El tren era el de todos los días a la tardecita, pero venía moroso, como sensible al paisaje.&lt;br /&gt;Yo iba a comprar algo por encargo de mi madre.&lt;br /&gt;Era suave el momento, como si el rodar fuera cariño en los lúbricos rieles. &lt;br /&gt;Subí, y me puse a atrapar el recuerdo más antiguo, el primero de mi vida. El tren se retardaba tanto que encontré en mi memoria un olor maternal: leche calentada, alcohol encendido. Esto hasta la primera parada: Haedo. Después recordé mis juegos pueriles y ya iba hacia la adolescencia, cuando Ramos &lt;br /&gt;Mejía me ofreció una calle sombrosa y romántica, con su niña dispuesta al noviazgo. Allí mismo me casé, después de visitar y conocer a sus padres y al patio de su casa, casi andaluz. Ya salíamos de la iglesia del pueblo, cuando oí tocar la campana; el tren proseguía el viaje. Me despedí y, como soy muy ágil, lo alcancé. Fui a dar a Ciudadela, donde mis esfuerzos querían horadar un pasado quizá imposible de resucitar en el recuerdo.&lt;br /&gt;El jefe de estación, que era amigo, acudió para decirme que aguardara buenas nuevas, pues mi esposa me enviaba un telegrama anunciándolas. Yo pugnaba por encontrar un terror infantil (pues los tuve), que fuera anterior al recuerdo de la leche calentada y del alcohol. En eso llegamos a Liniers.&lt;br /&gt;Allí, en esa parada tan abundante en tiempo presente, que ofrece el ferrocarril Oeste, pude ser alcanzado por mi esposa que traía los mellizos vestidos con ropas caseras. Bajamos y, en una de las resplandecientes tiendas que tiene Liniers, los proveímos de ropas standard pero elegantes, y &lt;br /&gt;también de buenas carteras de escolares y libros. En seguida alcanzamos el mismo tren en que íbamos y que se había demorado mucho, porque antes había otro tren descargando leche. Mi mujer se quedó en Liniers, pero, ya en el tren, gustaba de ver a mis hijos tan floridos y robustos hablando de foot-ball y haciendo los chistes que la juventud cree inaugurar. Pero en Flores me aguardaba lo inconcebible; una demora por un choque con vagones y un accidente en un paso a nivel. El jefe de la estación de Liniers, que me conocía, se puso en comunicación telegráfica con el de Flores. Me anunciaban malas noticias. Mi mujer había muerto, y el cortejo fúnebre trataría de alcanzar el tren que estaba detenido en esta última estación. Me bajé atribulado, sin poder enterar de nada a mis hijos, a quienes había mandado &lt;br /&gt;adelante para que bajaran en Caballito, donde estaba la escuela.&lt;br /&gt;En compañia de unos parientes y allegados, enterramos a mi mujer en el cementerio de Flores, y una sencilla cruz de hierro nombra e indica el lugar de su detención invisible. Cuando volvimos a Flores, todavía encontramos el tren  que nos acompañara en tan felices y aciagas andanzas. Me despedí en el &lt;br /&gt;Once de mis parientes políticos y, pensando en mis pobres chicos huérfanos y en mi esposa difunta, fui como un sonánbulo a la "Compañia de Seguros", donde trabajaba. No encontré el lugar.&lt;br /&gt;Preguntando a los más ancianos de las inmediaciones, me enteré que habían demolido hacía tiempo la casa de la "Compañia de Seguros". En su lugar se erigía un edificio de veinticinco pisos. Me dijeron que era un ministerio donde todo era inseguridad, desde los empleos hasta los decretos. Me metí en un ascensor y, ya en el piso veinticinco, busqué furioso una ventana y me arrojé a la calle. Fui a dar al follaje de un árbol coposo, de hojas y ramas como de higuera algodonada. Mi carne, que ya se iba a estrellar, se dispersó en recuerdos. La bandada de recuerdos, junto con mi cuerpo, llegó hasta mi madre. "¿A que no recordaste lo que te encargué?", dijo mi madre, al tiempo que hacía un ademán de amenaza cómica: "Tienes cabeza de pájaro"&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;*de Santiago Dabove, incluido en "La muerte y su traje".&lt;br /&gt;Buenos Aires, Alcántara. Edición de 1961. (págs 137-138) &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;*&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Inventren Próxima estación: ORDOQUI&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Colaboraciones a inventivasocial@yahoo.com.ar&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;http://inventren.blogspot.com/&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;El Inventren sigue su recorrido por las siguientes estaciones:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  CORBETT.   &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;SANTOS UNZUÉ.   MOREA.   ORTIZ DE ROSAS.   ARAUJO.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;BAUDRIX.   EMITA.   INDACOCHEA.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;LA RICA.   SAN SEBASTIÁN.   J.J. ALMEYRA.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;INGENIERO WILLIAMS.   GONZÁLEZ RISOS.  PARADA KM 79.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;ENRIQUE FYNN.  PLOMER.   KM. 55.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;ELÍAS ROMERO.    KM. 38. MARINOS DEL CRUCERO GENERAL BELGRANO.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;LIBERTAD.  MERLO GÓMEZ.   RAFAEL CASTILLO.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;ISIDRO CASANOVA.   JUSTO VILLEGAS.  JOSÉ INGENIEROS.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;MARÍA SÁNCHEZ DE MENDEVILLE.  ALDO BONZI.  KM 12.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;LA SALADA.   INGENIERO BUDGE.  VILLA FIORITO.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;VILLA CARAZA.   VILLA DIAMANTE.   PUENTE ALSINA.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;INTERCAMBIO MIDLAND.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;InventivaSocial&lt;br /&gt;"Un invento argentino que se utiliza para escribir"&lt;br /&gt;Plaza virtual de escritura&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para compartir escritos dirigirse a : inventivasocial(arroba)yahoo.com.ar&lt;br /&gt;-por favor enviar en texto sin formato dentro del cuerpo del mail-&lt;br /&gt;Editor responsable: Lic. Eduardo Francisco Coiro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Blog: http://inventivasocial.blogspot.com/&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Edición Mensual de Inventiva.&lt;br /&gt;Para recibir mes a mes esta edición gratuita como boletín despachado por &lt;br /&gt;Yahoo, enviar un correo en blanco a: &lt;br /&gt;inventivaedicionmensual-subscribe@gruposyahoo.com.ar&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;INVENTREN&lt;br /&gt;Un viaje por vías y estaciones abandonadas de Argentina.&lt;br /&gt;Para viajar gratuitamente enviar un mail en blanco a: &lt;br /&gt;inventren-subscribe@gruposyahoo.com.ar&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Inventiva Social publica colaboraciones bajo un principio de intercambio: la libertad de escribir y leer a cambio de la libertad de publicar o no cada escrito. los escritos recibidos no tienen fecha cierta de publicación, y se editan bajo ejes temáticos creados por el editor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las opiniones firmadas son responsabilidad de los autores y su publicación en Inventiva Social no implica refrendar dichos, datos ni juicios de valor emitidos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La protección de los derechos de autor, o resguardo del copyrigt de cada obra queda a cargo de cada autor. &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Inventiva social recopila y edita para su difusión virtual textos literarias que cada colaborador desea compartir.&lt;br /&gt;Inventiva Social no puede asegurar la originalidad ni autoria de obras recibidas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Respuesta a preguntas frecuentes&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Que es Inventiva Social ?&lt;br /&gt;Una publicación virtual editada con cooperación de escritores y lectores.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuales son sus contenidos ?&lt;br /&gt;Inventiva Social relaciona en ediciones cotidianas contenidos literarios y noticias que se publican en los medios de comunicación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuales son los ejes de la propuesta?&lt;br /&gt;Proponer el intercambio sensible desde la literatura.&lt;br /&gt;Sostener la difusión de ideas para pensar sin manipulación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es gratuito publicar ?&lt;br /&gt;En inventiva social no se cobra ni se paga por escribir. La publicación de cada escrito es un intercambio de libertades entre escritor y editor. cada escritor envia los trabajos que desea compartir sin limitaciones de estilo ni formato.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cómo se sostiene la actividad de Inventiva Social ?&lt;br /&gt;Sus socios lectores remuneran con el pago de una cuota anual el tiempo de trabajo del editor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cómo ayudar a la tarea de Inventiva Social?&lt;br /&gt;Difundiendo boca a boca (o mail a mail ) este espacio de cooperación y sus propuestas de escritura.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8152663-2700054920362512434?l=inventren.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://inventren.blogspot.com/feeds/2700054920362512434/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8152663&amp;postID=2700054920362512434' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8152663/posts/default/2700054920362512434'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8152663/posts/default/2700054920362512434'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://inventren.blogspot.com/2011/04/estacion-hortensia.html' title='ESTACIÓN HORTENSIA.'/><author><name>INVENTIVAsocial</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03718323321101678159</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='23' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_WYMZYNaUz9U/SKhsLPt26BI/AAAAAAAAAZU/JcMycF3B8SA/S220/coirito_fumador%5B1%5D.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/-unHfyWLPyG8/TZzu6EQGKNI/AAAAAAAABdU/N0Bk7UNPOp0/s72-c/HORTENSIA.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8152663.post-8396280606340344745</id><published>2011-01-19T15:43:00.000-08:00</published><updated>2011-01-19T15:47:16.984-08:00</updated><title type='text'>ESTACIÓN HERRERA VEGAS</title><content type='html'>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_WYMZYNaUz9U/TTd39OyA_pI/AAAAAAAABZg/6xB6usTba0c/s1600/Horariomidlandcarhue.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 257px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_WYMZYNaUz9U/TTd39OyA_pI/AAAAAAAABZg/6xB6usTba0c/s400/Horariomidlandcarhue.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5564047758463139474" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;InvenTren.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;SOLO UN CAFÉ…*&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;A Silvio&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Todo era vasto, pero al mismo tiempo era íntimo y, de alguna manera, secreto. &lt;br /&gt;El Sur&lt;br /&gt;Jorge Luis Borges&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La vio acercarse, con el mismo sombrerito que usó en la televisión… &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Se hallaba a punto de partir a provincias a una gira promocional de su más reciente disco, encendió el televisor para no sentir tanto silencio – o para acallar los gritos de sus pensamientos – y vio que estaban pasando una entrevista a enfermos terminales. Una idea un poco cruel, pensó, sin darle demasiada importancia.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;De pronto escuchó su nombre. El entrevistador le preguntaba de nuevo a una de las pacientes – vaya ensañamiento – si ese era su último deseo. &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;-          Sí - respondió una mujer con un sombrerito de terciopelo verde oscuro, apenas para intentar cubrir la calvicie a la que la condenaba su enfermedad -, de niña y adolescente fue mi ídolo, mi primer y gran amor, compraba sus discos, iba a sus conciertos, perseguía sus entrevistas, me sé sus canciones, sus poemas... Jamás pude siquiera tenerlo cerca… Ahora que estoy tan próxima a partir, desearía poder tomarme un café con él. &lt;br /&gt;-          ¿Y que le dedique una canción, tal vez? – insistió el periodista.&lt;br /&gt;-          Solo un café – dijo ella, mirando fijamente a la cámara.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Le pareció que los ojos de la mujer, de un azul casi transparente, se clavaban en los suyos. Aquello lo impresionó. ¿Sería una señal? Su religiosidad personal, conformada por lo que había ido eligiendo de varios credos, era muy profunda. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si, a pesar de nunca ver televisión, de estar apenas prestando oídos, una mujer a punto de morir decía su nombre, y vivía en una ciudad donde harían una corta estancia… Era un llamado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Logró localizarla a través del hospital donde se realizó la entrevista. Ella, muy emocionada, le dijo que no vivía en la ciudad, sino en un pueblo cercano, pero podía tomar un tren y coincidir con su apretado horario, una hora antes de partir. Para ayudar al encuentro, fue él quien propuso que fuera en el café de la terminal, un sitio agradable. No era primera vez que hacían esta parada, ahí vivía la madre de uno de sus músicos. El resto hacía cualquier cosa, hasta que se reunían en el punto acordado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se levantó, saludó con una inclinación de cabeza que ella respondió del mismo modo. La ayudó a sentarse y esperaron, sonriendo en silencio, que viniera la camarera para ordenar, él un café expreso, ella un capuchino. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tenía la nariz levantada y las mejillas tersas, muy pálidas. En contraste, las pecas que salpicaban su rostro eran casi rojas. “Parece una niña que se resistió a crecer, tiene rostro de bebé”, pensó y se le heló la sangre al recordar que estaba frente a una persona a la que le quedaban, con suerte, unos meses de vida. Su antiguo miedo a la muerte estaba sentado frente a él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella adivinó sus pensamientos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-          Conozco esa mirada, no te preocupes, no es tan terrible como parece... Todos venimos al mundo con fecha de vencimiento, la diferencia es que yo conozco la mía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No sabía qué responder, mas, al verla echar a reír, aflojó la tensión y rió también. Había tenido sus temores, a última hora casi se retracta del encuentro. Las fans lo ponían nervioso, esperaban de él algo más de lo que era, como si tuviera que hablar todo el tiempo en el idioma de sus canciones, tener salidas geniales ante cada frase, tararear lo que ellas le pidieran. Hubo una que le reprochó su estatura… y hasta su edad, comentándole que “en la portada de los discos se veía más joven y más alto”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-          No espero nada trascendental de este momento – sonrió ella, leyendo su mente de nuevo -, debes estar hastiado de todo tipo de acosos, preguntas fuera de sitio, indiscreciones y comportamientos extremos. Mi deseo era éste, compartir un café contigo, nada más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La hora discurrió tan rápidamente que quien los contemplara hubiera dicho que eran dos amigos que se reencuentran luego de una larga pausa y tienen mucho que contarse. Rieron, comentaron sucesos del pasado, eventos que conmovieron a muchos, otros casi olvidados… No tuvo que mirar el reloj, ella lo hizo por él. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-          Llevo medida del tiempo, sé que estás en una breve parada. Mi agradecimiento no tiene límites y sé que te pondrá nervioso escuchar todo lo que ha significado para mí este encuentro. Solo quería, antes de despedirnos, hacerte un regalo, algo especial que solo yo puedo darte…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De nuevo sus nervios se dispararon: Lo dicho, con los fans todo es de esperar. Pero ella no parecía tener impulsos de besarlo, ni de dispararle con un arma oculta, pedirle su reloj, ni siquiera un autógrafo en algún sitio extraño de su geografía. En vez de esto sacó una agenda y un bolígrafo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-          Como sabes, estoy a las puertas de un viaje sin retorno – lo miró, sabiendo que acaparaba su atención -. Cuántos no habrás perdido, cuántos adioses inesperados, cuántas largas despedidas, cuántos “hasta pronto” que se transforman de golpe en “hasta siempre”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Guardaron silencio por unos segundos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-          Siempre que esto sucede, pensamos que algo esencial faltó, más allá de la ausencia. Rezamos por una hora, por un minuto, así sea por saber que nos escuchan – continuó ella, extendiéndole ambos objetos -. Elije una de estas personas, la que darías cualquier cosa por ver una vez más. Escribe lo que quedó por decir. Te prometo que, si la otra vida existe, la buscaré y se lo diré, así me tome el resto de la eternidad.&lt;br /&gt;-          ¿Y es necesario ponerlo por escrito? – le dijo, con los ojos húmedos, llenos de remembranzas y agradecimiento.&lt;br /&gt;-          Sí, para poder aprendérmelo de memoria en el tiempo que me queda y transmitirlo, con tus palabras exactas, a ese alguien que amaste tanto y el destino te llevó antes de que pudieras decírselo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Comenzó a escribir, entendiendo que el mensaje captado aquel día frente al televisor había sido para él, pero no del modo en que lo entendió. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dejó gotear su dolor en el papel que iba cubriendo de renglones, sin saber si se hallaba en una estación de trenes, frente a una mujer aún joven y bella a pesar de los estragos de la enfermedad, o si se hallaban ambos en una estación de tránsito de un género distinto, y frente a él tenía un ángel que adivinaba sus deseos, sus memorias, sus temores y hasta lo que había pretendido sepultar en los rincones más hondos del olvido.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;*De Marié Rojas Tamayo.&lt;br /&gt;La Habana. Cuba.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;ESTACIÓN HERRERA VEGAS&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La reinvención*&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;*Por Urbano Powell. urbanopowell@yahoo.com.ar&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El hombre camina por su barrio con su mochila de frustraciones antiguas.&lt;br /&gt;Al dar vuelta la esquina reconoce a un compañero de la -ahora lejana- escuela secundaria. No lo ha visto en décadas.&lt;br /&gt;Alejandro esta tirado en el piso debajo de un antiguo camión que parece haber sido fabricado durante la segunda guerra mundial.&lt;br /&gt;"Lo compre por unos pocos pesos". -Explica.  "Lo estoy reparando para que sea casa rodante. Voy a recorrer la argentina con el".&lt;br /&gt;El hombre mira a su amigo con una expresión intraducible. El camión es una ruina con su chasis sostenido por troncos de madera.&lt;br /&gt;El amigo debe haber percibido una mirada escepticismo, o esa piedad que se tiene ante un delirio impracticable.&lt;br /&gt;-"Si no tenés sueños, estas muerto". Dijo con un sentido justificatorio.&lt;br /&gt;Al hombre la frase le pareció un flechazo en el pecho de su propia existencia.&lt;br /&gt;Cambiaron de tema. Que sabían de los compañeros de entonces.&lt;br /&gt;¿Sabes algo de Huber? -Preguntó el hombre-&lt;br /&gt;Con Huber eran un trío inseparable en el primer año del industrial.&lt;br /&gt;-Se fue a trabajar a un pueblo de campo en un centro de investigación. Le cambio la vida. Acá no tenia nada y a los 50 años nadie te da un trabajo estable. Hay que trabajar 12 horas arriba de un remis completo el hombre el cuadro de situación.&lt;br /&gt;Antes de despedirse el hombre pide las direcciones de correo de Huber, y la de Alejandro el portador de ese sueño de acercar distancias que ha intuido como inalcanzable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El hombre siguió su camino acunado en angustias. Son años de sentirse fracasado y por más que haga enormes esfuerzos mentales no logra ver la mitad del vaso lleno. Solo gotas. Y se evaporan.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esa misma noche le escribió a Huber.&lt;br /&gt;Le contó su situación. Una vida horrible. El trabajo un espanto. Ni hablar de la soledad.&lt;br /&gt;Huber le contesto rápido. Leyó su correo en la mañana siguiente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-"Negrito, que alegría me das, salvo de Alejandro hace años que no se nada de los compañeros de la escuela.&lt;br /&gt;-"Lamento que no estés del lado de los integrados al modelo. Esta sociedad casi no da segundas oportunidades a nuestra edad. He tenido un golpe de suerte después de años de golpear puertas.&lt;br /&gt;Esta noche, cuando vuelva a casa te cuento la historia de como llegue aquí."&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El hombre responde: Dale, contame. Quiero saber una buena entre tantas calamidades que escucho en el día.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al amanecer, cuando el calor insoportable apenas ha aflojado durante la noche, el hombre lee la carta Huber. Es una historia larga y no parece sencilla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Había tenido un año peor que malo. Le extirparon un testículo, cuando salió  de esa se quebró una pierna.&lt;br /&gt;Su hija lo dibujaba: "Es papá en su burbuja" y lo representaba: La angustia lo aislaba cada vez más. Imposible ver futuro. El futuro era el día siguiente o la semana a lo sumo.&lt;br /&gt;Un día recibió un llamado de un primo que vive en el campo, justo en el límite de los partidos de Yrigoyen y Bolívar.&lt;br /&gt;"Se viene el ferrocarril de nuevo y va a haber trabajo en cada pueblo. Hasta posibilidad de radicar industrias y empleados"&lt;br /&gt;Huber hizo un bolsito y se fue a ver a su primo. Fue por un par de días y volvió a la semana con otra cara.&lt;br /&gt;Ese título que le dieron a leer era más que prometedor: "La reinvención del ferrocarril. Un proyecto comunitario de articulación social"&lt;br /&gt;El tren volvía, pero cada pueblo debía formular proyectos que se respalden en el tren y den sustentabilidad a largo plazo.&lt;br /&gt;Ahí tomo contacto con la gente de Herrera Vegas, 150 habitantes que tuvieron el criterio de no aceptar cualquier cosa.&lt;br /&gt;Tomaron el asunto del proyecto para refundar su pueblo con el ferrocarril en serio. Armaron un concurso de ideas internacional y lograron el respaldo de la UNESCO.&lt;br /&gt;En asambleas descartaron alternativas: ni planes de vivienda sin trabajo para quien llegue a vivir, ni la instalación de una cárcel -el Estado vive buscando lugares para ampliar su capacidad de encerrar en celdas-.&lt;br /&gt;Tampoco industrias que contaminen más aún el agua.&lt;br /&gt;Fue unánime. El proyecto ganador fue la radicación de un centro de investigación avanzada, al que se bautizo como "Alfonso Luis Herrera" en homenaje a un destacado científico mexicano. Un segundo proyecto también fue aprobado: un polo de microempresas que fabriquen alimentos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Huber consiguió empleo en el centro de investigación como administrativo, a la espera de que lo asignen a un proyecto de investigación específico. Se levantaba bien temprano, caminaba hasta la estación Libertad y se subía al tren hasta Herrera Vegas. Trabajaba 8 horas y tenia casi 6 de viaje entre ida y vuelta.&lt;br /&gt;Cuando lo designaron como empleado contable en el proyecto NOGXA. Huber se animo a llevar a su familia a vivir a Herrera Vegas. "Ahora los chicos pueden jugar en la calle" (....) "dejas la bicicleta o la motito o lo que sea en la puerta de calle y nadie toca nada". (....) "No se si es el paraíso pero se le parece bastante..."&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así como el proceso que lo llevo a conseguir trabajo estable e irse a vivir a ese pequeño pueblo revoluciono su existencia. Huber habla maravillas del proyecto donde trabaja. Aunque el no entiende demasiado de lo que hace ese equipo de científicos, sostiene que el fin es noble, que van a terminar de dar vuelta el modo de pensar la relación entre mente y cuerpo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Negrito, no se lo digas a nadie pero esta gente esta experimentando con una máquina que puede grabar todo lo que la mente de un sujeto almacena durante su vida. (....) todo, absolutamente todo: imágenes, frases propias y de la gente querida. Lo políticamente correcto y lo traumático fijado en la memoria. (...) Además y esto es lo mas decisivo: puede registrar el efecto de  emociones y recuerdos pasados sobre el cuerpo en el aquí y ahora..."&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una vez hablo fuera del horario laboral con el director de NOGXA.&lt;br /&gt;Huber se despreocupo por hablar un lenguaje de códigos y conceptos. Simplemente pregunto: Che, Javi, ¿como se te ocurrió todo esto?&lt;br /&gt;Gracias a Carl Kolchak, por el capítulo del hombre obligado a dormir en un laboratorio. Ese hombre que en sus sueños materializa al hombre musgo, el "Peremalfait", un cuco mítico de su infancia que mata a quienes quieran despertar a su creador.&lt;br /&gt;Era un niño y ese capítulo me impresiono y dejo su huella en el tiempo. Desde ahí, para decirlo mal y breve me obstine por hacer visible, materializar de alguna forma los recuerdos y la actividad cerebral del ser humano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Viste, negrito? Que asombrosas suelen ser las cosas...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Te felicito hermano, le contestó el hombre. Era hora que te tocara un trabajo decente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(...) No lo voy a pensar ni un día más. Voy a visitarte a Herrera Vegas. Buscare un trabajo. No importa en que oficio. Sino estar allí  y vivir en un pueblo que se recrea. Que brinda la ilusión de reinventar la vida de quien pise su suelo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Allá va el hombre a sacar su pasaje para viajar desde Merlo Gómez, la estación más cercana a su casa. En el camino ve un cartel de publicidad que dice: "Es hora de ser quién queres ser"&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No es mala idea, -piensa el hombre-, quizás fuese tarde para ser el que hubiera querido ser a los 25 años. Pero el intento bien va a valer para demostrarse a si mismo que no esta derrotado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La crisis del chocolate* &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;          &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;          *Por Eduardo Francisco Coiro. inventivasocial@hotmail.com&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y hugo ivan cruz-rosas. quetzal.hi@gmail.com&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Por qué íbamos a preveer errores, si avanzábamos sobre teorías sólidas?... La crisis del chocolate se extendía a nivel mundial. Parecía que las plantas de cacao se hubiesen puesto en huelga hasta que las especies transgénicas, introducidas a cada país con tratados de libre comercio, renunciaran a sus patentes en el mercado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Eran esos tiempos futuros, o arcaicos (nadie lo sabe bien), en que el chocolate era valorado más que el oro u el cobre en estos días. El Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional se vieron obligados a intervenir para rescatar al país de lo que los expertos ya llamaban "La Crisis del Chocolate", elaborando un oportuno plan, como en casos similares suelen ser elaborados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las ya tradicionales opciones fueron consideradas: instaurar una dictadura militar, despidos masivos, privatizaciones, permitir que una potencia invada al país para rescatarlo, incrementar la deuda externa... Incluso la opción de dejar al mercado nacional sin protección del Estado, para que por un milagro del mercado mundial se estabilizara el país y lo sacara de esta terrible crisis; algo así como cuando los extraterrestres secuestran a las personas (principalmente mujeres, aunque luego suele haber equivocaciones), y usando técnicas de inseminación artificial les dejan preñadas, solo que en este caso: usando dinero y países para los experimentos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La crisis avanzaba rápidamente, y el plan debía ser definido; pero la experiencia histórica frenaba cada opción al recordar que ninguna de ellas, ni todas implementadas al mismo tiempo, resolvían crisis alguna y sólo protegía los intereses de los grandes capitalistas. Fue entonces que la respuesta que se buscaba, aquella que aportaría la evidencia rotunda de lo acertado de las doctrinas neoliberales, apareció para salvar al país: se adoptarían todas las opciones tradicionales, pero además, y ésta fue la gran respuesta, se construiría una fábrica de chocolate.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y así fue: la construcción se inició un par de horas después de consumado el golpe militar. La localidad elegida fue el pueblito de Herrera Vegas, junto a la vieja estación abandonada del ferrocarril. Su construcción traería desarrollo y empleos a la localidad, además de chocolate a la nación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo que causó la primera sorpresa fue el gran letrero a la entrada de la fábrica, que anunciaba el nombre: "Alfonso Luis Herrera"; que hacía recordar esos tiempos de la revolución mexicana de 1910, donde el tercer mundo había intentado definir una ciencia que se distinguiera del resto por haberse originado en un país llamado "subdesarrollado", y por haber intentado unificar la experiencia y expectativas del pueblo con las explicaciones naturales del Universo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;FÁBRICA DE CHOCOLATE "ALFONSO LUIS HERRERA"&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Auspiciada por el Banco Mundial.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Herrera Vegas, Buenos Aires. República Argentina.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"El patriotismo tiene una base química, pues nuestras cenizas irán a formar parte de nuestros descendientes; estamos formados con detritus de nuestros antecesores y otros seres y minerales de nuestra patria. Después de una guerra, las sales de los muertos, por medio de los vegetales, el trigo, el pan, etc., nutrirán los futuros pobladores de la región en que se dieron las batallas, lo que significa una reconciliación química profunda de las razas combatientes" (Alfonso L. Herrera)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al poco tiempo, las cosas marchaban como era de esperarse: la crisis poco o nada se había resuelto, las medidas adoptadas sólo habían logrado dar estabilidad a los grandes capitalistas, los pobres trabajaban más y comían menos, y la deuda externa se había incrementado en algunos millones de dólares. Todos llegaban a la estación Herrera Vegas con la curiosidad de saber qué se hacía en la fábrica, pero quienes lograban entrar salían siendo personas completamente distintas, aún cuando seguían siendo los mismos (algo por demás extraño de explicar).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los rumores comenzaron a causar desconfianza, pues nadie había visto por la región algún chocolate de los producidos por la fábrica, y regularmente eran observados cargamentos que llegaban al ferrocarril, transportando equipos de laboratorio, secuenciadores de genes, sustancias químicas y demás cosas que pasarían inadvertidas, si a donde eran llevadas no fuera una fábrica de chocolate.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y es que dentro de ésta, colocado inmediatamente en la entrada, se encontraba un espejo que tenía la curiosa propiedad de invertir la simetría de las moléculas en todo aquello que se reflejara en él. Este espejo era utilizado con el fin de invertir la simetría quiral en los seres vivos, pues una propiedad de todos ellos es que los elementos moleculares que los constituyen, en cuanto a los aminoácidos que forman parte de las proteínas y los azúcares que componen el material genético (ADN y ARN), se orientan a un lado en particular: los aminoácidos en los sistemas biológicos son izquierdos (levógiros), y los azúcares son derechos (dextrógiros). Bien, el espejo invertía esta simetría (esta quiralidad), en todo ser vivo que se reflejaba en él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A poco de andar, nos dimos cuenta con Astrid que el proyecto real no iba a ser aceptado ni entendido. Aún en ese mismo Centro de Investigación Avanzada, donde se desarrollaban ideas muy audaces.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Cómo podíamos aceptar ser auditados por los organismos que financiaran las obras y el equipamiento? Tuvimos que fabricar chocolate -el oro de la época- para poder sostener la investigación básica.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Como explicar que el proyecto contaba con la colaboración de una civilización extraterrena? ¿O que nuestras creaciones genéticas estaban poblando el planeta incubadora Gl 581 C?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nosotros trabajábamos en la inversión y/o modificación genética de la vida. No imaginábamos que nuestros procedimientos alteraran la ideología de los sujetos. El marco teórico nos llevaba a suponer que la ideología de los sujetos es más dura e inmutable que su genética.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así pensábamos hasta poco tiempo atrás, cuando en el marco de la visita de un economista, jefe del Banco Mundial, ocurrió un acontecimiento imprevisto: Mientras el hombre recorría la línea de producción de monedas de chocolate -las cuales pueden ser consumidas o utilizadas como medio de pago hasta la fecha de vencimiento, pues vale aclarar que en nuestra época, el dinero es comestible y tiene fecha de vencimiento en su utilización- fue entonces cuando notamos que el espejo inversor había quedado descubierto por una esquina, y sin poder evitarlo, el economista se reflejó en él. Cruzamos miradas de pánico pero no ocurrió nada, todo siguió aparentemente igual.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al final de la visita, Astrid acompañó al hombre hasta la estación. Para el horario de llegada del tren faltaban unos 20 minutos. Al rato de llegar, el hombre se disculpó un momento para ir al baño de la estación. Caminó hasta el muro lateral -pintado impecablemente de color arena- y allí, a la vista de muchos pasajeros que aguardaban el tren al igual que él. Extrajo de sus ropas un aerosol de pintura. ¿Lo había robado de nuestra fábrica, en la sección donde rotulan la producción embalada en cajones?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Astrid  saco fotos con la cámara de su teléfono celular mientras pintaba el muro, y otras al graffiti finalizado:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"La burguesía ha despojado de su aureola a todas las profesiones que hasta entonces se tenían por venerables y dignas de piadoso respeto. Al médico, al jurisconsulto, al sacerdote, al poeta, al hombre de ciencia, los ha convertido en sus servidores asalariados"&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Marx y Engels-&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"El capitalismo es una mafia"&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Lea El Capital y El Manifiesto Comunista".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya ha pasado algún tiempo y todavía no tenemos una explicación confiable a este suceso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;EL CAMAROTE OCUPADO*&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;-Quinta parte-&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;        &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; Abrumada por la sorpresa, mientras escuchaba el chasquido de un picaporte cerrándose en seco, Claudia cayó al suelo del camarote en una densa semipenumbra que apenas le permitía registrar difusas siluetas. Tardó un par de segundos -caída de bruces, con ambas manos sosteniendo en alto sus hombros- en advertir que, además de la escasa visibilidad del lugar, la situación se complicaba al haber perdido sus gruesos lentes, que quizás habían saltado de su rostro en la caída, rebotando sobre la goma del suelo y extraviándose en algún remoto rincón de la habitación, abandonándola en el peor de sus temores: la ceguera –circunstancial o no, la imposibilidad de ver la ponía en extremo susceptible-.&lt;br /&gt;         -¿Qué pasa? -, exclamó, con voz trémula pero imperante. -¿Qué quiere conmigo?&lt;br /&gt;         Nadie le respondió, pero experimentó una ráfaga de aire helado sobre el rostro, más algunas gotas, posiblemente de agua, provenientes de algún punto delante suyo. Y luego, un par de manos, silenciosas y reptantes, que comenzaron a levantarle con decisión la cintura del pulóver hasta el pecho.&lt;br /&gt;         -¡No! -, protestó ella, girando y sentándose sobre la cola, con respiración agitada. -¿Qué pasa?… ¿Quién es?… -, interrogó a la oscuridad.&lt;br /&gt;         Silencio. Sólo el silbido del viento, ahora a sus espaldas. Y una forma, inquietante, avasallante, delante suyo.&lt;br /&gt;         -No… -, murmuró, presa del temor. –No me haga nada… Por favor…&lt;br /&gt;         La borrosa silueta avanzó muy lentamente hacia ella, como si emergiera entre las densas nubes de un sueño. Claudia sintió que el temor inicial se transformaba velozmente en una sensación terrorífica, imposible de eludir. “Es el fantasma del camarote”, pensó una parte de su mente, dominada por la emoción. Aunque la otra mitad, aún manteniendo la fría cordura, le recomendó: “No te sugestiones más con cuentos de hadas”.&lt;br /&gt;         Pero el miedo pudo más, inmovilizándola, sin poder evitar quedar a merced de lo innombrable.&lt;br /&gt;Una respiración se agitó delante de su rostro, mientras unas manos volvían a levantarle el pulóver, acariciándole los pechos con un roce sutil pero en extremo sensual. Claudia levantó uno de sus brazos, intentando zafarse.&lt;br /&gt;-¡No! -, exclamó, quizá con escasa convicción. Y desató la tormenta.&lt;br /&gt;Una feroz descarga de besos arreció sobre su rostro, buscando con ansia sus labios, chupándolos, lamiendo su rostro con una lengua voraz. El impulso le impidió pensar, al tiempo que un cuerpo la empujaba hacia atrás, derramándose sobre ella, rodeándole las piernas. Claudia intentó defenderse, aunque sin éxito; sólo consiguió acariciar retazos de otra piel, tersa y suave, probablemente perteneciente a la pasajera del camarote. La agradable sensación la distendió por espacio de un segundo, agradecida de no estar palpando una superficie fría y viscosa, o como quiera que fuesen las texturas fantasmales o de ultratumba. Pero al segundo siguiente, una ráfaga de aire helado se coló por entre ambos cuerpos, estremeciéndola en la oscuridad.&lt;br /&gt;-Por favor… Basta… Esto no me gusta… -, balbuceaba ella, incapaz de detener el salvaje impulso amatorio que se abatía sobre su cuerpo.&lt;br /&gt;La piel le era femeninamente familiar. Sin embargo, la intensidad seductora de aquella ¿persona? se le antojaba muy masculina, lo que convertía a su partenaire en un ser en extremo ambiguo, en algo demasiado… histérico. La situación le resultó tan perturbadora como fascinante. &lt;br /&gt;Ávidas manos reptaban por debajo de su pulóver, aferrándose con ansia sobre sus pechos, mientras un muslo se contraía sobre su entrepierna, provocándole un cosquilleo inquietantemente sugestivo. Y esa boca, que no dejaba de besarla, mediante un embate pasional desconocido hasta entonces, le hizo rememorar sus pasadas experiencias amorosas. Ninguno de sus antiguos noviecitos, menos aún su actual pareja –que bastante desabrido había resultado en la intimidad-, le habían ofrecido un placer semejante, con tal fortaleza, con tamaña entrega. Al parecer, su partenaire no tenía nada que perder… &lt;br /&gt;Y ella, parecía que tampoco.&lt;br /&gt;Lorena ya no podía pensar, ni sabía exactamente dónde estaba ni quién era esta mujer que había encontrado. ¿Ella la había hecho pasar? ¿Por qué todo estaba tan oscuro? No lo recordaba. Sólo conseguía tener presente un intenso placer anal y vaginal ofrendado por alguien desconocidamente viril que había hecho maravillas sobre su cuerpo, transformando todo cuanto ella conociera al respecto, convirtiéndola en una especie de peligrosa larva amatoria, un ser lascivo y poderoso en plena mutación hacia una instancia sexual superior. Algo que la dominaba por completo, llevándola a tocar, acariciar, besar y chupar a esta mujercita tan dulce y tierna, que parecía recién salida del nidito de mamá, y yacía inerme debajo suyo, pero que quizás comenzara dentro de poco a participar en forma activa en el juego, hábilmente inducida por una pasajera tan fogosa como impredecible…&lt;br /&gt;Entonces, segura de los pasos a seguir, alzó la cadera que oprimía a la jovencita contra el suelo de goma y desplazó velozmente una de sus manos hacia la cintura, por debajo de una sus propias piernas, buscando el cinturón del pantalón de Claudia, luchando contra la hebilla, luego desabotonando y bajando con cierto esfuerzo la bragueta, para finalmente desplazar la yema de sus dedos sobre la tenue bombachita de volados que lucía la muchacha, quien comenzó a gemir –quizá contra su voluntad- al ser estimulada allí debajo, con tanta suavidad como firmeza.&lt;br /&gt;-Bien que te gusta, putita… -, masculló Lorena entre dientes.&lt;br /&gt;Aunque la voz que brotó de sus labios le sonó por completo ajena a la suya. Como si perteneciese a alguna otra persona.&lt;br /&gt;Y esa voz fuese –increíble pero cierto- muy masculina…&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;*&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;        -¡Claudia! ¿Estás bien? -, volvió a llamar Ernesto, azotando la puerta del camarote. Pero una vez más, le contestó el silencio.&lt;br /&gt;-¿Vio eso? -, insistió Heriberto Fort, poseído por un nuevo acceso evangélico. -¡Es el Maligno, recaudando más y más víctimas para saciar su inagotable sed de Mal!!! ¡Déjeme cumplir con mi ilustre misión!!!&lt;br /&gt;-¡Cállese! -, le ordenó Ernesto, mientras aferraba el picaporte. Lo giró decidido, pero nada. Trabado nuevamente. Entonces resolvió, sin mirar a nadie, con la vista fija sobre la puerta y una seguridad que no había experimentado antes: -Hay que tirar la puerta abajo.&lt;br /&gt;El filoso semblante de Heriberto pareció insuflarse con llamas ígneas.&lt;br /&gt;-¡Sí!!! -, exclamó. -¡Arrasemos con las huestes demoníacas que nos acosan en toda hora y lugar! ¡Démosle fiera lucha al Maligno! ¡Que sus malsanas poseídas ardan sin piedad en la hoguera, aullando un perdón que nunca llegará, en medio de brillantes explosiones de azufre infernal!!!&lt;br /&gt;-¿Cómo??? -, se exaltó Ernesto. -¿Qué piensa hacer, pichón de inquisidor??? ¿Prenderle fuego a esas dos mujeres? Quemar a la psicóloga le gustaría, ¿no? -. Y de pronto comprendió, a medida que continuaba hablando, cuáles eran los ocultos motivos que atesoraba el contemporáneo sucesor de Torquemada. –Eliminaría a la competencia, y eso lo haría sentir seguro de su propia fe, ¿no es así?&lt;br /&gt;-No, mi amigo… Ud. no entiende… -, balbuceó Heriberto, con los ojos muy abiertos, mutando con violencia de la exaltación religiosa más virulenta al más atemorizado estupor.&lt;br /&gt;-Ni se le ocurra pensar que yo pueda ser amigo suyo -, le retrucó el barman. –La verdad, creí que buscando un sacerdote podríamos ayudar a esta mujer, pero veo que me equivoqué. En el seminario los deben seguir instruyendo con esas locas ideas de consumir en el fuego a los infieles, sin aceptar ninguna clase de perdón. &lt;br /&gt;-¡Claro que aguardamos el perdón! -, se defendió el seminarista. –Pero no el perdón humano, sino el divino. Y nadie sería tan soberbio como para otorgar un don tal, arrogándose el privilegio único del Altísimo. &lt;br /&gt;-¿Eso es lo que busca, padre? ¿El perdón de esta pasajera perturbada, y el rescate de una estudiante que acudió generosa ante un pedido del personal ferroviario, sin saber cuál podría ser el resultado?&lt;br /&gt;-Yo sólo quiero ayudar a mis semejantes a través de la transmisión de la fe… -, balbuceó Heriberto.&lt;br /&gt;-Me da asco, padre. Hace apenas una hora creí que un sacerdote sí sabría qué hacer en una situación como ésta, actuando de manera eficaz, y no como podría hacerlo un pobre ignorante como yo. Pero Ud. está tan en pelotas como nosotros. O mejor dicho… -, y el estilo en que las ideas afloraron dentro de su mente lo satisfizo enormemente, ganado seguridad. Como si a partir de ese instante hablase consigo mismo, pensando en voz alta: -…en pelotas le gustaría estar a Ud., ¿no? Y despertar al Maligno que vive dentro suyo.&lt;br /&gt;-¡Pero qué dice!!! -, vociferó el seminarista, alzando un brazo delante de su rostro en señal defensiva, aunque Ernesto no se movió de su lugar.   &lt;br /&gt;-Encender el fuego de la hoguera, y que esas dos mujeres queden bien calentitas, ardientes, fogosas, tocándose entre ellas, mientras Ud. empieza a tocarse por ahí, debajo de la sotana, y las chicas se van sacando la ropa…&lt;br /&gt;-¡Cállese, impuro!!! -, chilló Heriberto.&lt;br /&gt;-Y quedan en bolas, fregándose una contra la otra, gimiendo como animales en celo, transpirando sexo, mientras Ud. se hace una bruta paja, porque el ganso le ha crecido de una manera increíble, y está durísimo, padre. Durísimo…&lt;br /&gt;-¡Basta, basta!!!&lt;br /&gt;-Pero no le dura mucho, claro. Porque todo lo que tenga que ver con lo sexual le despierta un cagazo bárbaro. Se siente un pecador irredimible, el delincuente más hijo de puta que pueda haber conocido el Seminario donde estudia. Y para eso necesita azotarse, para expiar la Culpa. ¿O me equivoco?  &lt;br /&gt;-¡Hereje!!! – aulló Heriberto, alzando la cruz de plata delante de sus ojos, a punto de aplastarla contra la frente de Ernesto, como si se hallase delante del propio Maligno y tuviese que freírlo en su propio caldo de azufre sulfuroso.&lt;br /&gt;Ernesto, con una mirada colérica, que asustaría hasta al más valiente, apartó el brazo en alto del seminarista mediante un violento manotazo, aunque la cruz de plata siguió aferrada a la mano de Fort. &lt;br /&gt;-Váyase -, le ordenó entre dientes. –Lárguese de una vez antes de que me enoje en serio y lo cague a trompadas, por cagón y por inepto.&lt;br /&gt;Heriberto Fort, seminarista, padecía de accesos místicos pero no era ningún gil. Así que escondió la cruz de plata y el frasquito de agua bendita en uno de los enormes bolsillos de la sotana y comenzó a retroceder, sin darle la espalda, temeroso de que lo atacara a traición. &lt;br /&gt;-Algún día se arrepentirá de sus palabras -, sentenció.&lt;br /&gt;-¡Chaaauuu!!! -, exclamó Ernesto, y Heriberto apuró el paso, desapareciendo por el pasillo hacia su asiento en la clase Turista.&lt;br /&gt;El barman respiró hondo, intentando controlar la ansiedad, su pulso acelerado, la presión por las nubes. Entonces volvió a fijar la mirada sobre la puerta del camarote Nº 6, y sin pensarlo siquiera, arremetió contra ella, golpeando con su hombro derecho. Nada. Se alejó, tomó carrera y se lanzó otra vez. Nada. Pateó una, dos, tres veces, descargando la suela completa de su zapato. La madera temblaba bajo los impactos, estremeciéndose en los goznes. Hasta que volvió a intentar un empujón, retrocedió en el reducido pasillo y se lanzó contra la antigua puerta de principios de siglo.&lt;br /&gt;Se escuchó un crujido de madera, junto al chasquido de la cerradura al romperse, y Ernesto se vio proyectado hacia la más densa oscuridad. &lt;br /&gt;“Sophrosyne” hizo sonar nuevamente el agudo pitido de su sirena. La tormenta había pasado, pero el viento helado que se había levantado luego de la lluvia era tan helado como el aliento de un resucitado en la tumba…&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;-Continuará-&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;*de Aldima.  licaldima@yahoo.com.ar&lt;br /&gt;-Capítulos anteriores en http://inventren.blogspot.com/&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;El Universo es de Trigo*&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Somos un viaje continuo,&lt;br /&gt;Orbitando entre los límites&lt;br /&gt;De la calle pavimentada&lt;br /&gt;Y la terracería.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En algunos casos tenemos la fortuna&lt;br /&gt;De escuchar a alguien más&lt;br /&gt;Que viaja en el mismo camión que nosotros,&lt;br /&gt;Y somos capaces de romper&lt;br /&gt;El duro armamento que el aire&lt;br /&gt;Construye a su alrededor;&lt;br /&gt;Pero llega tan rápido al lugar planeado&lt;br /&gt;Que baja en la siguiente esquina.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Seguimos en el camión&lt;br /&gt;Hasta que el costo de transporte&lt;br /&gt;Iguale al valor,&lt;br /&gt;En moneditas de acero,&lt;br /&gt;Que hemos pagado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si subimos,&lt;br /&gt;Por descuido o voluntad,&lt;br /&gt;En un camión equivocado,&lt;br /&gt;Terminamos en un lugar también equivocado&lt;br /&gt;Y preguntando cómo regresar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Viajamos entre guajolotes y frutas,&lt;br /&gt;De pie o sentados,&lt;br /&gt;Esperando que el camión nos lleve a algún lado&lt;br /&gt;O, por lo menos,&lt;br /&gt;Que choque contra otro camión&lt;br /&gt;Para no sentirnos tan solos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Somos un viaje continuo,&lt;br /&gt;Y una espera,&lt;br /&gt;Que a veces termina en calles pavimentadas&lt;br /&gt;Y otras tantas en medio de los caminos rurales.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;*de hugo ivan cruz-rosas. quetzal.hi@gmail.com&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;No solo de pan...*&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;"No sólo de pan vive el hombre..también come carne", ironizaba Julián Bustos mientras el último ternero culminaba de trepar al último vagón jaula de "FÉNIX". El cargamento debía llegar esa misma noche a Valentin Alsina, ya que desde allí partirían con rumbo urgente, aunque desconocido para Bustos. Más allá de donde finalizara su misión, el destino del ganado en pie sólo era determinado por los responsables del frigorífico "Santa Anita", quienes aguardaban con ansia aquel lote de vacunos desde hacía ya tres infinitos días.&lt;br /&gt;         Los terneros se agitaban inquietos a bordo de los tres vagones jaula, pero con el correr del tiempo Bustos ya se había acostumbrado a ese detalle. Con lo que no se podía familiarizar era con expresiones taciturnas y distantes como las que esa tarde presentaba el maquinista titular de &lt;br /&gt;"FÉNIX", un Leandro Benítez apagado y acaso rencoroso. Bustos había oído como al pasar que Benítez la "venía piloteando" bastante mal desde hacía un par de meses, cuando comenzaron a investigarlo por un crimen que parecía no haber cometido, vinculado con su trabajo.. pero que nunca se aclaró del todo. &lt;br /&gt;Sus compañeros habían ido apartándose de su lado, y Bustos sentía hasta cierta piedad por el pobre tipo. Sin embargo, ello no impedía que su talante sombrío le inspirara cierto temor, que crecía a medida que compartían las horas transcurridas durante los transportes.&lt;br /&gt;         Eran pasadas las siete cuando la formación reanudó la marcha hacia Valentin Alsina, luego de una breve parada en Estación Herrera Vegas. La tarde tenía un neto corte primaveral. Y Bustos disfrutaba en silencio del paisaje, mientras cebaba unos regios mates, que Benítez aceptaba sin despegar los ojos de la vía, ni acotar palabra alguna.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;         Lo hechos que se sucedieron a partir de la mitad del trayecto le evocaron a Leandro Benítez la siniestra repetición de una escena traumática, que lo obligó a renunciar a su puesto sin titubeos, y a Julián Bustos lo embargaron de un miedo y una indignación que -a pesar de haberlo intentado &lt;br /&gt;infructuosamente- no se le borraron durante lo que le quedó de vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;         Lo primero que vieron, al doblar una curva, fue un par de vetustas y oxidadas camionetas Dodge que apenas si podían moverse, cruzadas sobre los rieles. Benítez movió la palanca con destreza, deteniendo a tiempo a "FÉNIX", haciendo chirriar los frenos con un estallido de chispas. La locomotora se quejó en un último estertor al detenerse, rozando apenas con su enorme parachoques uno de los abollados flancos de las camionetas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;         -¿Pero quién mierda..? -, estalló Benítez, despertando de su letargo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;         No consiguió terminar la frase. Una impensada horda de indigentes, entre quienes se hallaban varias decenas de infiltrados, evidentes punteros políticos que comandaban su errático y famélico accionar, surgió de la densa arboleda que se erigía sobre una de las cunetas y saltó hacia la formación &lt;br /&gt;armada de filosos cuchillos, trepando hacia los vagones jaula en medio de un colosal griterío de guerra, algunos con increíble agilidad, otros con notorias dificultades en la locomoción, producto de una vida plena de privaciones y falta de atención médica. Rostros desencajados, pieles escamadas, bocas desdentadas, miradas alucinadas. Todos ellos parecían vampiros, aunque sin la menor cuota de palidez, ávidos de sangre..y de carne, a fin de llevarse codiciosos hacia la olla o la parrilla. El ganado olfateó el peligro en el ambiente y comenzó a mugir desesperado, pataleando contra los flancos de los vagones y haciendo vibrar la formación, que al ser abordada por la horda amenazó con volcarse y descarrilar, arrastrando a "FÉNIX" consigo.&lt;br /&gt;         Bustos se asomó a la ventanilla de la locomotora sin conseguir articular palabra, estupefacto, dejando caer el mate recién cebado al piso de la cabina de "FÉNIX", intimidado ante tamaña aparición espectral. Sabía que su misión era proteger el cargamento vacuno de cualquier contratiempo, pero jamás lo habían preparado para repeler un ataque como aquél, y menos aún había podido imaginar por su cuenta algo por el estilo. Así como nunca se había sentido tan impotente frente a una situación de peligro como en aquél momento. Benítez, por su cuenta, reaccionó de manera inversa; con el pavoroso recuerdo del frustrado asalto de la caja fuerte británica del siglo pasado delante de sus ojos, se desbordó de furia, no tanto frente a la injusticia de aquel acto -su responsabilidad lo limitaba exclusivamente a conducir la formación hasta destino-, como ante su propia frustración, y el funesto panorama que inconscientemente avecinaba para sí mismo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;         -¡Loco!!! ¿Qué mierda se creen que están haciendo!!! -, chilló desde uno de los balcones laterales de "FÉNIX", dando un par de pasos hacia la multitud, que ni siquiera lo oyó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;         -Quedate piola, chabón, que la cosa no es con vos -, le indicó a escasos cinco metros sobre la cuneta un tipo grueso, con una visera de la Municipalidad de La Matanza calzada hasta las cejas, mientras sopesaba un enorme palo entre sus manos, a manera de garrote.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;         -¡Pero me están cagando el laburo!!! -, protestó Benítez, deseoso de sacarse de encima con sólo chasquear sus dedos a toda aquella gentuza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;         El tipo no le contestó, ni dejó de izar y dejar caer el garrote sobre su palma izquierda, mientras contemplaba parsimonioso el vibrante y efusivo accionar de la gente que habían trasladado hacia allí desde territorios no tan vecinos. La emboscada había sido todo un éxito. Quizá, todo respondiese a un brutal política asistencialista suscripta por el municipio -o por la provincia toda, quién sabe.-; sólo que esta vez no les regalaban empaquetada la carne para el guiso o el asado, sino que se la tenían que procurar de inmediato por sus propios medios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;         Los chillidos de los animales, así como de los hombres y las mujeres que asestaban cuchilladas a diestra y siniestra, parecían similares. &lt;br /&gt;La ferocidad de aquel ataque parecía denotar algo más que hambre; se asemejaba más a una venganza muda, cuyo destinatario principal ni siquiera era una persona o una corporación. El tren no hacía más que vibrar; varios terneros agonizantes trastabillaban y caían sobre el suelo irregular, cruzado por las vigas de acero de todo vagón jaula, generando temblores y estruendos que le ponían al maquinista y al encargado del frigorífico los nervios de punta. Luego de unos minutos, comprobaron que varias mujeres &lt;br /&gt;ensangrentadas se alejaban de la escena munidas por toscos trozos de carne faenada, aún con el peludo cuero pegado sobre sus costados. La sangre vacuna se derramaba indolente sobre los enrejados flancos de los vagones jaula, cayendo sobre los cantos rodados de la vía con un sello ciertamente horroroso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;         Entonces, cuando la masacre parecía haber alcanzado su punto de mayor fragor, con el primaveral aire de la tarde impregnado por el fétido olor de la muerte -coronado por el de la sangre, el miedo y la bosta-, una abominación mayor tuvo lugar ante los incrédulos ojos de Julián Bustos y Leandro Benítez.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;         Los ángeles vengadores del sistema surgieron casi de la nada, sin que nadie reparase en su existencia, sobre la explanada opuesta a la arboleda. Cubiertos por el más cómplice de los silencios, habían llegado a bordo de sus patrulleros blancos y azules sin encender ninguna sirena o baliza, sabedores de su impunidad. Se habían apostado en hilera, protegidos detrás de sus vehículos, todos ellos enfundados en sus uniformes oficiales, sin pronunciar palabra, ejecutando órdenes tan precisas como los punteros que minutos antes comandaran el asalto. Como dos ejércitos enfrentados -uno de ellos probablemente financiado por el frigorífico "Santa Anita", encargado de hacer un seguimiento muy próximo al cargamento, ante los reiterados rumores de un ataque de cuatreros, según los rumores de pasillo que Bustos consiguió milagrosamente evocar en aquel instante-, aunque ambos bandos sostuvieran en alto la misma bandera de la pobreza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;         Alguien gritó, de pie sobre el techo de uno de los camiones jaula, queriendo alertar a sus compañeros en el último segundo. Aunque pocos lo supieran, en la barrabrava de Boca Juniors y en su barrio de Rafael Castillo lo conocían como el Gordo Nacho, muchacho dispuesto como pocos para &lt;br /&gt;el desorden y el beneficio sin esfuerzo alguno; extraña clase de gato salvaje que siempre caía de pie, cualquiera fuese la situación que le tocase enfrentar. Sólo unos pocos consiguieron escucharlo, demasiado tarde para reaccionar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;         En aquel último instante, lo único que consiguieron distinguir el maquinista y el encargado del frigorífico, en medio del caos y la confusión generados por el griterío humano y animal -aunque ya casi no pudiesen diferenciarse entre sí-, fue el sostenido pero breve pitido de un silbato, iniciando las maniobras consistentes en repeler a los invasores. Sólo que, evocando por su ausencia a las oscuras y anchas bocas de los lanza-gases antimotines, las decenas de cañones de pistolas y escopetas que se &lt;br /&gt;parapetaban detrás de los patrulleros, sumados a igual número de ojos fijos a través de sus miras sobre blancos móviles precisos, presagiaban mucho más que lo peor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;         Las últimas luces de la tarde agonizaron en medio de un ensordecedor y sincopado estruendo de disparos, que vomitaron fuego y muerte a discreción sobre aquel malogrado convoy ferroviario. Cápsulas y cartuchos servidos volaron por doquier alrededor de las fuerzas del orden, impregnando el espacio de la cuneta de las vías por el acre aroma de la pólvora. Fue un fusilamiento casi a quemarropa, sin contemplaciones. Nadie preguntó ni se cuestionó nada; todos obedecieron en bloque, disparando y recargando sin pensar. Mientras sus víctimas, humanas y -por desgracia, en el fragor de la contienda- también animales, caían al suelo entre alaridos de sorpresa y de dolor, cubiertos de sangre de pies a cabeza, tajeados por las cuchilladas, agujerados por los balazos, con los brazos en alto en un inútil y postrero intento de rendición, derramando vísceras sobre cada camión jaula y los cantos rodados de las vías, implorando en vano como sus congéneres entre los desolados muros del matadero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;         Bustos se arrojó al suelo de la cabina ni bien sonaron los primeros disparos, que derribaron al tipo del garrote y la visera casi de espaldas, sin que se diese cuenta que estaba muriendo, mientras Benítez se zambullía detrás del encargado del frigorífico desde el balconcito lateral de "FÉNIX". &lt;br /&gt;Desesperados reptaron sobre sus vientres hasta alcanzar la puerta del otro lateral, abriéndola hacia la arboleda, donde parecían querer escapar los últimos asaltantes -entre ellos, un aterrado Gordo Nacho-, seguidos de cerca por el silbido de los proyectiles. Las balas arrancaban fragmentos de corteza de los árboles en busca de los recién fugados, mientras las fuerzas policiales avanzaban en bloque, abandonando la protección de los patrulleros sin dejar de apuntar hacia la ya abatida multitud, yendo a la caza de los escasos heridos y moribundos..y de todo aquel que pudiese oficiar como solitario pero peligroso testigo del hecho.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;         Varios cañones los apuntaron cuando ambos se arrojaban desde  "FÉNIX" hacia la cuneta de la arboleda. Sólo una milagrosa orden del oficial a cargo consiguió salvarles el pellejo, al reconocer en el último segundo a Julián Bustos como uno de los empleados del frigorífico "Santa Anita". Algunos uniformados se adentraron entre los árboles disparando a ciegas, mientras la mayoría de los demás se encargaban de rematar a los caídos, y los pocos restantes se ocupaban de levantar a los empujones al &lt;br /&gt;maquinista y al encargado, apoyarlos de cara contra el costado de la locomotora, y esposarlos, a pesar de las vacilantes y quejumbrosas quejas de Benítez, sin apartar de sus cabezas los humeantes cañones de las armas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;         Bustos se apoyó de espaldas contra la locomotora, dejándose caer al suelo hasta quedar sentado sobre el canto rodado, y vomitó hacia un costado, orinándose al mismo tiempo en los pantalones. Benítez temblaba, manteniéndose apenas en pie, con la mirada perdida a fin de evitar contemplar el rostro del horror, y el semblante desolado frente a su incierto futuro. Más allá, los últimos terneros mugían en estridente agonía, erizándoles la piel. Y decenas de cadáveres teñían de rojo la pampa húmeda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los orificios de bala de distintos calibres permanecieran sobre el lateral de "FÉNIX" durante el resto de su campaña ferroviaria, como cruel y mudo testimonio de aquella tarde de masacre. Sus eventos jamás se dieron a conocer en los medios de prensa, y sólo un par de aterrorizados testigos recordaron por siempre, aunque incapaces de relatarlos ante auditorio alguno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"No sólo de pan vive el hombre..también come carne", recordó -muchos meses después, con unas cuantas copas encima- haber pensado aquella misma tarde, como en un sueño, antes de emprender el viaje, el empleado Julián Bustos. &lt;br /&gt;"Carne de res faenada", musitó con un inconfundible vaho etílico, sobre una anónima mesa del almacen de ramos generales "La Frontera", antiguo boliche de los que se apeaban en la Estación Herrera Vegas, dos o tres décadas antes; "carne que nos alimenta a todos, y que nos acostumbramos a comer desde bien chicos".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aunque, claro, rara vez esa carne faenada con la que se alimenta una nación... termine siendo humana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;*de Aldima. licaldima@yahoo.com.ar&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;*&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Inventren Próxima estación: HORTENSIA&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Colaboraciones a inventivasocial@yahoo.com.ar&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;http://inventren.blogspot.com/&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;El Inventren sigue su recorrido por las siguientes estaciones:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;ORDOQUI.   &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; CORBETT. /  SANTOS UNZUÉ. / MOREA. /  ORTIZ DE ROSAS.  / ARAUJO.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;BAUDRIX. /  EMITA. /  INDACOCHEA.  /  LA RICA. /  SAN SEBASTIÁN.  &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;/ J.J. ALMEYRA.  /  INGENIERO WILLIAMS. /  GONZÁLEZ RISOS.  /  PARADA KM 79.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;ENRIQUE FYNN. / PLOMER.  /  KM. 55. /  ELÍAS ROMERO.  /  KM. 38. &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;MARINOS DEL CRUCERO GENERAL BELGRANO. /  LIBERTAD. /  MERLO GÓMEZ.   &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;RAFAEL CASTILLO. / ISIDRO CASANOVA. /  JUSTO VILLEGAS. / JOSÉ INGENIEROS.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;MARÍA SÁNCHEZ DE MENDEVILLE. / ALDO BONZI. / KM 12.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;LA SALADA. /  INGENIERO BUDGE. / VILLA FIORITO. / VILLA CARAZA.   &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;VILLA DIAMANTE. /  PUENTE ALSINA. / INTERCAMBIO MIDLAND.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;InventivaSocial&lt;br /&gt;"Un invento argentino que se utiliza para escribir"&lt;br /&gt;Plaza virtual de escritura&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para compartir escritos dirigirse a : inventivasocial(arroba)yahoo.com.ar&lt;br /&gt;-por favor enviar en texto sin formato dentro del cuerpo del mail-&lt;br /&gt;Editor responsable: Lic. Eduardo Francisco Coiro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Blog: http://inventivasocial.blogspot.com/&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Edición Mensual de Inventiva.&lt;br /&gt;Para recibir mes a mes esta edición gratuita como boletín despachado por &lt;br /&gt;Yahoo, enviar un correo en blanco a: &lt;br /&gt;inventivaedicionmensual-subscribe@gruposyahoo.com.ar&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;INVENTREN&lt;br /&gt;Un viaje por vías y estaciones abandonadas de Argentina.&lt;br /&gt;Para viajar gratuitamente enviar un mail en blanco a: &lt;br /&gt;inventren-subscribe@gruposyahoo.com.ar&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Inventiva Social publica colaboraciones bajo un principio de intercambio: la libertad de escribir y leer a cambio de la libertad de publicar o no cada escrito. los escritos recibidos no tienen fecha cierta de publicación, y se editan bajo ejes temáticos creados por el editor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las opiniones firmadas son responsabilidad de los autores y su publicación en Inventiva Social no implica refrendar dichos, datos ni juicios de valor emitidos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La protección de los derechos de autor, o resguardo del copyrigt de cada obra queda a cargo de cada autor. &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Inventiva social recopila y edita para su difusión virtual textos literarias que cada colaborador desea compartir.&lt;br /&gt;Inventiva Social no puede asegurar la originalidad ni autoria de obras recibidas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Respuesta a preguntas frecuentes&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Que es Inventiva Social ?&lt;br /&gt;Una publicación virtual editada con cooperación de escritores y lectores.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuales son sus contenidos ?&lt;br /&gt;Inventiva Social relaciona en ediciones cotidianas contenidos literarios y noticias que se publican en los medios de comunicación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuales son los ejes de la propuesta?&lt;br /&gt;Proponer el intercambio sensible desde la literatura.&lt;br /&gt;Sostener la difusión de ideas para pensar sin manipulación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es gratuito publicar ?&lt;br /&gt;En inventiva social no se cobra ni se paga por escribir. 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Y hubiese cantado hasta hacerme una con la noche, hasta deshacerme&lt;br /&gt;desnuda en la entrada del tiempo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un canto que atravieso como un túnel.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Presencias inquietantes, gestos de figuras que se aparecen vivientes por&lt;br /&gt;obra de un lenguaje activo que las alude, signos que insinúan terrores&lt;br /&gt;insolubles.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una vibración de los cimientos, un trepidar de los fundamentos, drenan y&lt;br /&gt;barrenan, y he sabido dónde se aposenta aquello tan otro que es yo, que&lt;br /&gt;espera que me calle para tomar posesión de mí y drenar y barrenar los&lt;br /&gt;cimientos, los fundamentos,&lt;br /&gt;aquello que me es adverso desde mí, conspira, toma posesión de mi terreno&lt;br /&gt;baldío,&lt;br /&gt;no,&lt;br /&gt;he de hacer algo,&lt;br /&gt;no,&lt;br /&gt;no he de hacer nada,&lt;br /&gt;algo en mí no se abandona a la cascada de cenizas que me arrasa dentro de mí&lt;br /&gt;con ella que es yo, conmigo que soy ella y que soy yo, indeciblemente&lt;br /&gt;distinta de ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el silencio mismo (no en el mismo silencio) tragar noche, una noche&lt;br /&gt;inmensa inmersa en el sigilo de los pasos perdidos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No puedo hablar para nada decir. Por eso nos perdemos, yo y el poema, en la&lt;br /&gt;tentativa inútil de transcribir relaciones ardientes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿A dónde la conduce esta escritura? A lo negro, a lo estéril, a lo&lt;br /&gt;fragmentado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las muñecas desventradas por mis antiguas manos de muñeca, la desilusión al&lt;br /&gt;encontrar pura estopa (pura estepa tu memoria): el padre, que tuvo que ser&lt;br /&gt;Tiresias, flota en el río. Pero tú, ¿por qué te dejaste asesinar escuchando&lt;br /&gt;cuentos de álamos nevados?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo quería que mis dedos de muñeca penetraran en las teclas. Yo no quería&lt;br /&gt;rozar, como una araña, el teclado. Yo quería hundirme, clavarme, fijarme,&lt;br /&gt;petrificarme. Yo quería entrar en el teclado para entrar adentro de la&lt;br /&gt;música para tener una patria. Pero la música se movía, se apresuraba. Sólo&lt;br /&gt;cuando un refrán reincidía, alentaba en mí la esperanza de que se&lt;br /&gt;estableciera algo parecido a una estación de trenes, quiero decir: un punto&lt;br /&gt;de partida firme y seguro; un lugar desde el cual partir, desde el lugar,&lt;br /&gt;hacia el lugar, en unión y fusión con el lugar. Pero el refrán era demasiado&lt;br /&gt;breve, de modo que yo no podía fundar una estación pues no contaba más que&lt;br /&gt;con un tren algo salido de los rieles que se contorsionaba y se&lt;br /&gt;distorsionaba. Entonces abandoné la música y sus traiciones porque la música&lt;br /&gt;estaba más arriba o más abajo, pero no en el centro, en el lugar de la&lt;br /&gt;fusión y del encuentro. (Tú que fuiste mi única patria ¿en dónde buscarte?&lt;br /&gt;Tal vez en este poema que voy escribiendo.)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una noche en el circo recobré un lenguaje perdido en el momento que los&lt;br /&gt;jinetes con antorchas en la mano galopaban en ronda feroz sobre corceles&lt;br /&gt;negros. Ni en mis sueños de dicha existirá un coro de ángeles que suministre&lt;br /&gt;algo semejante a los sonidos calientes para mi corazón de los cascos contra&lt;br /&gt;las arenas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(Y me dijo: Escribe; porque estas palabras son fieles y verdaderas.)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(Es un hombre o una piedra o un árbol el que va a comenzar el canto...)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y era un estremecimiento suavemente trepidante (lo digo para aleccionar a la&lt;br /&gt;que extravió en mí su musicalidad y trepida con más disonancia que un&lt;br /&gt;caballo azuzado por una antorcha en las arenas de un país extranjero).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estaba abrazada al suelo, diciendo un nombre. Creí que me había muerto y que&lt;br /&gt;la muerte era decir un nombre sin cesar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No es esto, tal vez, lo que quiero decir. Este decir y decirse no es grato.&lt;br /&gt;No puedo hablar con mi voz sino con mis voces. También este poema es posible&lt;br /&gt;que sea una trampa, un escenario más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando el barco alteró su ritmo y vaciló en el agua violenta, me erguí como&lt;br /&gt;la amazona que domina solamente con sus ojos azules al caballo que se&lt;br /&gt;encabrita (¿o fue con sus ojos azules?). El agua verde en mi cara, he de&lt;br /&gt;beber de ti hasta que la noche se abra. Nadie puede salvarme pues soy&lt;br /&gt;invisible aun para mí que me llamo con tu voz. ¿En dónde estoy? Estoy en un&lt;br /&gt;jardín.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hay un jardín.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;*de El infierno musical, 1971&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;ESTACIÓN MARÍA LUCILA&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;  &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;María Lucila*&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Cubre la memoria de tu cara con la máscara de la que serás y asusta a la niña que fuiste"&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Alejandra Pizarnik. -Caminos del espejo-&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El hombre con el que me encuentro en el bar se llama Emilio, se entero de mi interés por escribir sobre la estación María Lucila del Midland. Dice que va a contarme algo de su historia personal que sin dudas tiene relación con la antigua estación de trenes. Le aviso que no logro escribir razonablemente bien y que más aún, tengo la sensación de que mi escritura empeora con el tiempo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No importa, vengo a contarle esto porque necesito que alguien lo escriba. -me dice con tono de suplica.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Y porque a mi me duele tanto el pasado que necesito contarlo a quien tenga un rato para escuchar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo que sigue es el relato del hombre, dos horas y media sentados, con tres cafés cortados de por medio que quiso invitarme si o si. -Me ofende si no me permite pagar a mi- dijo para terminar con mi resistencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la estación María Lucila trabajaba su abuelo. Su madre nació allí y la llamaron María Lucila para homenajear a la estación que además de darle trabajo a su abuelo era su vivienda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pasó en el pequeño pueblo sus primeros años, luego de la nacionalización cuando el Midland paso a ser parte del ferrocarril Belgrano, al abuelo lo trasladaron un par de veces de estación hasta que se jubilo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo cierto es que su madre pasó su adolescencia y juventud radicada en Avellaneda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se hizo amiga de la Alejandra Pizarnik, cuando era una chiquilina tímida y tartamuda. Y al menos una vez se fueron en tren a conocer el pueblo que lleva el nombre de mi madre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El hombre me muestra una foto con dos jóvenes que posan para la cámara haciendo equilibrio sobre el riel, más allá se observa una estación típica del Midland pero es posible ver el lugar donde se colocaba el cartel con el nombre. Atrás de la foto puede leerse "con florita Pizarnik, María Lucila, enero del '53.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mamá era una mujer hermosa -dice el hombre. Igualita a las chicas que dibujaba Divito.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por alguna cuestión que desconozco lo único perenne en ella, lo que había echado raíces profundas era la angustia. Su verdad era una cuna de angustias de la que nadie había logrado sacarla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(....)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se equivocaron ella y mi padre en casarse. Mi padre era psiquiatra y mi madre su paciente, se enamoraron o se tuvieron lástima -vaya uno a saber- , o quisieron dar vuelta la historia de cada cual que los había llevado en ese punto de encuentro o desencuentro. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Usted sabe que todo, absolutamente todo en el universo se acerca o se aleja, pero nosotros nos ingeniamos para negar esas percepciones incomodas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Creo que mi padre pensó que la iba a cambiar, no hay héroe más fallido que el que quiere cambiar una persona. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llego a decírmelo una vez: -lo que no se da espontáneamente bien entre una mujer y un hombre no se lograra jamás. Nadie puede cambiar al otro -ni a sí mismo, según parece.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La angustia de mi madre le impedía conectarse plenamente con los otros, estar presente y atravesar los acontecimientos que te van marcando en la vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se fue cuando mi hermano tenía 5 y yo 3 años. Dejo una carta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi padre después de leerla ni intento buscarla, entro en un profundo silencio que le duro meses.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un día nos presento a su nueva mujer: Ella es Natalia, vivirá con nosotros -nos dijo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Natalia nos crío y malcrío lo mejor que pudo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi hermano creció, estudio ingeniería electrónica y se fue a vivir a Estados Unidos. Vive en Nueva Orleans, tiene mujer e hijos americanos. Un auto y vacaciones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi padre tenia 70 años cuando falleció, era 8 años mayor que mi madre. Yo no había cumplido los 21.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;años. Antes de enfermar, me invito a charlar en un bar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin que se lo pidiera me dejo su consejo: -A los 20 años un joven debe elegir si en su vida será un hombre o un marido. Yo te recomiendo que seas un hombre...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Creo que le he fallado, no logre ni ser un marido eficiente ni un hombre en el sentido que creo que le daba a esa palabra mi padre con un tono cercano a lo sagrado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;*&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De mi madre, quedaron casi todas las preguntas sin respuesta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nunca sabre si volvió a ver a su amiga Alejandra "la florita" como la llamaban los abuelos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hay un abismo de treinta años de silencio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La tía Eugenia -hermana menor de mi madre- logró encontrarla unos meses antes de su muerte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tuvo una corazonada y la siguió. Volvió a María Lucila 20 años después de que cerraron el ramal los militares y se llevaron las vías. Y allí estaba mamá viviendo en la estación. Sin luz eléctrica, sin vecinos cercanos. Salvo una escuela pública ubicada enfrente de la estación no había nadie a Km.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Allí vivía mi madre. ya envejecida prematuramente. Sacando agua con una bomba manual, cultivando vegetales en unos pocos metros de quinta. Rodeada de pájaros -tenia muchos en jaulas- y otros que venían a visitarla a los que agasajaba regando la tierra con alpiste, o mijo o arroz según lo que tuviera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No sabía nada del mundo, ni siquiera quien era el presidente de turno, no tenia radio ni televisión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Sabe cual era una de sus costumbres? Sentarse con una silla a la hora de salida de la escuela y ver el rostro de los niños. Estudiarlos con detenimiento y luego verlos alejarse por el camino de tierra hasta que eran manchas blancas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(....)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sabía del suicidio de Alejandra y le dolía como si hubiera pasado apenas unos días atrás:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Pobre Florita, repetía. Tan lúcida y tan frágil. Pobres todas las personas sensibles del mundo porque no tienen cabida". Eso es lo que me dijo mucho después la tía, a la que hizo jurar que no le diría a nadie donde estaba y como vivía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;*&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esto es lo que la tía Eugenia rescato: unas fotos, unos libros de Pizarnik con anotaciones de mi madre. Una historia clínica que le dieron en el hospital donde se observa que en los últimos años sufrió demasiado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Muy poco para un enigma de más de 30 años.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El hombre vuelve a abrir el libro que le dejo su madre y me lee otra frase de Pizarnik remarcada con birome azul:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Como una niña de tiza rosada en un muro muy viejo súbitamente borrada por la lluvia"&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así me siento, así me sentí siempre, -escribe al costado mamá- y espero que quienes esperaban algo distinto de mí puedan perdonar esta soledad en la que he hundido mis días.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Emilio derramó lágrimas. Arrugó con rabia una servilleta de papel después de secarse para evitar que sus lágrimas de sal caigan sobre el pocillo de café.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al rato nos despedimos con un abrazo. Mientras caminaba por la avenida me di cuenta que ninguna historia de las que he podido contar son historias de vida de gente feliz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;*De Urbano Powell. urbanopowell@yahoo.com.ar&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;EL CAMAROTE OCUPADO*&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;-Cuarta parte-&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;      &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;   -¡TÓMATELAS DE UNA PUTA VEZ, O TE DESTROZO!!!       &lt;br /&gt;         ¿Quién había dicho eso? ¿Aquella presencia poseía acaso la capacidad de hablar? ¿Se trataba quizá de su propia voz, deformada por la excitación? ¿O bien todo era parte integrante de la posesión orgásmica que aquello indescriptible y sin nombre había hecho con ella? &lt;br /&gt;         Lorena se hallaba tendida en cuatro patas sobre el oscuro piso de goma del camarote, apoyada sobre ambas rodillas y los hombros, ladeada la cabeza, el cabello revuelto, la remera estrujada contra su cuello, la cadera en alto y un dilatado ano apuntando hacia el techo. Sus propias manos le recorrían la piel con movimientos sutiles, mientras las erráticas ráfagas de aire helado-hirviente se enroscaban alrededor de su tronco y de sus miembros, estimulándola sin cesar. Había dejado ya de preguntarse qué pasaba, dónde estaba, quién la acosaba… Lo único que le importaba era que aquella inusual sensación no se acabase, por nada del mundo.&lt;br /&gt;         Sentía por encima de su cuerpo las vibraciones que generaba la figura con sus casi acrobáticos movimientos de amante desaforado y vicioso, incapaz de detenerse. La sometía a su voluntad, y eso a ella parecía gustarle cada vez más. Se relajaba y lo dejaba hacer, convencida de que aquella Lorena que alguna vez decidiese trasladarse hacia la Estación Puente Alsina a bordo del “New Midland Express", en apariencia como turista, pero en definitiva probablemente escapando de alguna inconfesable emoción &lt;br /&gt;–inconsciente y prohibida-, quizá hubiese dejado de existir, olvidando en su lugar a este despojo perverso y lujurioso que sólo deseaba ser satisfecha en brazos de un amante invisible y poderoso, cuya única finalidad en este mundo –quizá tan distante al que conociera en el insondable más allá- fuese la de penetrar la carne ajena, a través de todos sus agujeros…&lt;br /&gt;         El aire se colaba a través de su canal vaginal con una intensidad tan avasallante que la mujer sólo alcanzaba a gemir, con un volumen cada vez más audible, incapaz de comprender cuál sería el límite al que podría llegar su propio cuerpo, si acaso fuera dueña de los recursos físicos necesarios como para soportar semejante embate …¿amoroso? ¿Qué clase de amor era aquél? Ni se le ocurrió contestarlo, o pensarlo siquiera, temerosa de que la respuesta culminara para siempre con esa inquietante cabalgata nocturna.&lt;br /&gt;         Y así, mientras su ventoso partenaire le horadaba las entrañas por detrás, una tenue pero persistente corriente comenzó a rondarle la boca, limando la fiereza de sus labios, deseosa de colarse por encima de su lengua con un intenso deseo por ser paladeada. Pero, …¿cómo podría saborear el aire? Más allá de toda lógica, el inconfundible aroma del semen y el sudor varonil (que a los últimos restos de lo que alguna vez fuera Lorena le hicieron evocar a un –cada vez más- inexistente muchacho llamado Sergio) se esparció por el ambiente, otorgándole a la experiencia un matiz mucho más realista, como si quisiese complacerla en todos los detalles. &lt;br /&gt;         La mujer se mecía sobre el suelo, notando gozosa cómo se agitaba su cadera hacia delante y atrás, mientras su espalda se arqueaba y un profundo abismo de placer se generaba sin pausa dentro suyo, alcanzando un éxtasis exquisito. Placenteras circunstancias ante las cuales profería toda clase de incitantes groserías: &lt;br /&gt;         -¡Así!!! ¡Así, guacho!!! ¡Cojéme bien cogida!!! ¡Rompeme bien el orto, puto!!! ¿Eso es todo lo que podés hacer, eh??? ¡Si ni siquiera se te puede ver la pija, dale!!! ¡Con más ganas, cagón!!!&lt;br /&gt;         La corriente de aire arreció, con tal violencia que la alzó unos centímetros y la desplazó hacia un costado, arrojándole el tronco encima del catre para dejar al descubierto la cadera, proyectada hacia el centro del camarote, donde a ella le era imposible distinguirlo en la oscuridad, pero sí comprobar la demencial presencia de decenas de manos que la aferraban como si se tratase de una invisible orgía, mientras comenzaba a discernir por encima de sus propios gemidos el constante bufido de aquel erótico espectro, dichoso a decir basta, mientras ella se aproximaba a experimentar otro violento estallido orgásmico.&lt;br /&gt;         -¡Así!!! ¡Así!!! ¡ASíííííííí!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!&lt;br /&gt;         &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;*&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;         El guarda avanzó con paso trémulo hacia los vagones de pasajeros, el de Primera Clase y el de Clase Turista, seguido muy de cerca por el barman. En ambos casos, el pedido –o casi ruego- que formuló Fernando Suárez, bajo la atenta mirada de Ernesto y el desconocimiento absoluto de Gorriarán, el supervisor, fue el siguiente:&lt;br /&gt;         -Su atención, por favor. Tenemos un inconveniente de índole psicológico-espiritual en el vagón dormitorio, por lo que nos vemos obligados a solicitar la ayuda de los gentiles pasajeros. ¿Habrá entre Uds. algún sacerdote o psicólogo disponible, que desee colaborar con nosotros?&lt;br /&gt;         Más de la mitad del pasaje ya se encontraba durmiendo a esas horas, y una parte del que estaba despierto padecía los inesperados efectos de la misteriosa intoxicación de la cena; por lo tanto, la cantidad de público que recibió un llamado tan extraño fue bastante escasa. Algunas cabezas se levantaron en silencio, amodorradas, para luego mirar en derredor y otear en busca del valeroso candidato que aceptara la arcana consigna. En un principio, Ernesto y Fernando temieron lo peor, mirándose con desaliento, embargados por la culpa de molestar al pasaje con semejante locura. &lt;br /&gt;Hasta que finalmente, una chica de Primera alzó la mano y se acercó hasta ellos, vistiendo pantalones desflecados en las botamangas, un suéter a rayas horizontales de colores, cabello lacio muy corto y anteojos de marco negro onda retro. Bajita y menuda, llevaba una bolsa de yute colgada de un hombro, donde claramente se advertía la presencia de un par de tomos de las Obras Completas de Sigmund Freud, en la edición de tapas verdes de Amorrortu Editores. Y en sus manos, “Extracción de la piedra de la locura”, de Alejandra Pizarnik.&lt;br /&gt;         -Disculpen… -, se presentó, un tanto tímida. –Me llamo Claudia Bromiker.  No soy psicóloga, sino estudiante, de la U.B.A. Me faltan diez materias para recibirme. ¿Los…… puedo ayudar igual?&lt;br /&gt;         Ambos empleados ferroviarios se miraron incrédulos y contestaron al unísono, sin premeditación alguna:&lt;br /&gt;         -¡Sí, sí, claro, por supuesto!!!&lt;br /&gt;         En la sección Turista, quien acudió al llamado presentaba una apariencia tan inconfundible como la de su futura compañera de tareas: delgado en extremo, con una cara cincelada a cuchillo, vestía una sotana negra hasta las rodillas y lucía una enorme cruz de plata sobre el pecho, además de llevar la cabeza totalmente rapada.&lt;br /&gt;         -Buenas noches -, se presentó. –No soy sacerdote, sino seminarista. Sin embargo, tengo sobrados conocimientos para dar algunos sacramentos esenciales. Mi nombre es Heriberto Fort. Tal vez pueda ayudarles… &lt;br /&gt;         La aliviada respuesta de los empleados, incapaces de creer en su buena suerte, no se hizo esperar:&lt;br /&gt;         -¡Sí, sí, claro, por supuesto!!!&lt;br /&gt;         Los cuatro marcharon en díscola procesión hacia el vagón dormitorio, y en el último descanso antes de abandonar los vagones de Primera y Turista, el guarda y el barman les informaron acerca de los percances suscitados desde el momento en que Lorena llegase al coche comedor. Heriberto y Claudia los escuchaban con extrema atención. Y Ernesto experimentaba la sensación –luego del horroroso golpe en la cabeza y el demoníaco y casi andrógino insulto- de que todo aquello había sucedido en algún otro viaje, quizás en otro tiempo; hasta podría haber ocurrido en otra vida, muy distinta a la suya. &lt;br /&gt;         -Según creo entender -, les advirtió el seminarista, -nos encontramos ante un definitivo caso de posesión demoníaca. Debemos practicar un exorcismo cuanto antes. Llamaré con mi celular al Obispado más cercano para pedir asesoramiento técnico -, y extrajo de entre sus negros ropajes un luminoso teléfono Motorola.&lt;br /&gt;         -Disculpame si te llevo la contra -, le retrucó la estudiante psico-bolche, -pero está claro que lo que experimenta esta mujer es un notable cuadro de histeria conversiva, identificándose al mismo tiempo con las posiciones del hombre y la mujer durante el momento del acto sexual. Habría que ahondar en las fantasías reprimidas que debe sostener a nivel inconsciente quizá desde su más tierna infancia.&lt;br /&gt;         -No quisiera ingresar en controversias teóricas y metodológicas que nos tomarían toda la noche-, argumentó Heriberto, -así que preferiría que nos dediquemos con ahínco a combatir al Maligno, más allá del discurso de una pseudo-ciencia creada por un hombre en extremo perturbado moralmente, en caso de que la señorita se refiera al psicoanálisis…&lt;br /&gt;         -¡No te permito! -, protestó Claudia, airadamente. -¡La religión es el opio de los pueblos, ha consolado ilusoriamente a la Humanidad con el más oscuro de los dogmas, llevándola hacia el abismo de la ignorancia y el sacrificio inútil, y no por eso me opongo a tu participación en este preciso encuadre de trabajo clínico!&lt;br /&gt;         -Dama y caballero, se los suplico, por favor… -, terció Fernando Suárez, interponiéndose entre ambos pasajeros, con las manos en alto, vencido por la incertidumbre de llegar a resolver a tiempo semejante complicación antes de que se enterase Gorriarán. –Trabajemos en conjunto… Ninguno de nosotros sabe qué está pasando realmente ahí adentro. Son sólo conjeturas…&lt;br /&gt;         -Sea lo sea, a mí me asusta muchísimo -, confesó Ernesto, mirando de reojo el pasillo del vagón dormitorio al que estaban por ingresar. –Y no veo el momento de que nos deshagamos de eso, y rescatemos a esa pobre mujer.&lt;br /&gt;         -Bueno, lo de “pobre” yo lo pondría en duda… -, murmuró Claudia. –Si mujeres como éstas alguna vez se convirtiesen en pacientes, haciendo una terapia como corresponde, no estaríamos dando vueltas por los pasillos a estas horas.&lt;br /&gt;         Heriberto estuvo a punto de retrucarle, pero se interrumpió al recibir un leve codazo de parte de Fernando, quien lo fulminó con mirada admonitoria, para luego murmurar:&lt;br /&gt;         -Perdón Padre, pero resolvamos esto rápido. No lo vuelvo a decir otra vez. Si jugamos como chicos, entonces olvidémonos del alma de esta pasajera, y que cada uno siga con lo que venía haciendo hasta ahora. Uds. durmiendo y yo trabajando. &lt;br /&gt;         El seminarista lo miró con mal talante, pero se llamó a silencio, del mismo modo que la estudiante. Ernesto aguardó un segundo a que los ánimos se calmaran, respiró hondo e hizo punta, iniciando la avanzada crucial hacia el camarote Nº 6.&lt;br /&gt;         Al llegar junto a la puerta, los sonidos eran muy distintos a los que percibieran minutos antes. Gemidos y jadeos varios se dejaban escuchar claramente desde el pasillo. Heriberto se persignó de inmediato y comenzó a murmurar una oración, mientras Claudia sonreía satisfecha junto a la puerta y hurgaba en su bolsa de yute a fin de rescatar algún texto freudiano, fundamental entre los que analizan estas intrincadas cuestiones de la patología histérica. Al percibir la presencia de los voluminosos tomos de color verde, Heriberto guardó el Motorola, y del mismo bolsillo del que había extraído el celular hizo aparecer un cristalino frasquito de agua bendita, al tiempo que se descolgaba la cruz de plata del pecho y la sostenía en alto con mano firme, la mirada adusta, el ceño fruncido.&lt;br /&gt; -¡Atrás!!! -, exclamó. -¡Permitan el paso de un soldado de la Fe, dispuesto a inmolarse en pos de la Verdad y la Justicia Celestiales!!!&lt;br /&gt;         -Me parece que viste muchas veces el video de “El exorcista” -, sentenció burlona Claudia, sin alzar la vista, ahondando en el índice del libro.&lt;br /&gt;         -¡Basta! ¡Déjense de joder!!! -, protestó Ernesto. De pronto, los temores que experimentara desde aquel espeluznante golpe en la cabeza parecían haber desaparecido, dando lugar a una decidida firmeza. -¡Parecen chicos peleándose en el patio de una escuela!&lt;br /&gt;         Y miró a Fernando, quien con la visera de la gorra echada hacia atrás y expresión desolada, parecía pensar lo mismo que él: &lt;br /&gt;         -Hubiéramos resuelto esto solos -, murmuró el guarda para sí.&lt;br /&gt;         Afuera, la tormenta parecía haber amainado, aunque la noche seguía siendo horrible. Un viento muy fuerte azotaba los flancos del “New Midland Express", al tiempo que “Sophrosyne”, la locomotora a energía solar, hacía sonar el agudo pitido de su sirena, muy próxima de arribar a la Estación María Lucila. &lt;br /&gt;Fernando pareció despertar de un sueño muy bizarro, confundido entre los límites de la pesadilla y la realidad; manoteó el silbato con gesto desesperado y exclamó:&lt;br /&gt;         -¡Uy, carajo! ¡Gorriarán me mata por no estar en mi puesto! ¡Todo por estar haciéndote caso a vos, Ernesto, con estas pelotudeces! &lt;br /&gt;         -¡EEEH! -, protestó el barman, mientras su compañero se alejaba por el pasillo. -¿Y yo qué culpa tengo? ¡Lo único que hice fue pedirte ayuda! ¡Hay una pasajera en problemas!&lt;br /&gt;         -¡Que se las arregle sola! -, sentenció Suárez, antes de escabullirse hacia donde se encontraba su supervisor.&lt;br /&gt;         -¡Atrás!!! -, insistió Heriberto, la cruz en alto, el agua bendita a punto de ser rociada a su paso. &lt;br /&gt;-¡Tengo una misión divina, sublime, irrevocable!!!&lt;br /&gt;         -¿Se puede callar de una vez? -, le gritó Ernesto, acercándole su rostro colérico, a punto de morderlo. –¡Necesito silencio para poder pensar!!!  &lt;br /&gt;         El seminarista volvió a expresar su mal talante, incomprendido en su indelegable batalla espiritual. &lt;br /&gt;Tan ocupados estaban ambos hombres en dejar sentada su propia posición que ninguno de los dos pudo describir lo que ocurrió inmediatamente después. Menos aún Claudia, absorta en los textos freudianos, intentando releer lo que ya debería haber estudiado para los exámenes finales de mitad de año. Lo único que pudo percibir, aún sin verlo con sus propios ojos, fue la sensación de una puerta que se abría, una corriente de aire constante que le azotaba el rostro, y una mano firme, levemente húmeda, que la asía de una de sus muñecas con la potencia de una tenaza muscular y la tironeaba con violencia hacia adentro, causándole un  molesto tropezón con sus propios pies, ahogando un quejido de sorpresa, para caer de bruces dentro del camarote Nº 6, dejando olvidado contra el acanalado suelo de goma del pasillo el tomo verde de las Obras Completas de Freud, abierto y con el lomo proyectado hacia el cielo.&lt;br /&gt;La puerta se cerró con un estampido, provocando que tanto Ernesto como Heriberto cayeran en la cuenta de lo que ocurría más allá de sus propias rencillas. El barman se volvió, lanzándose contra la puerta del camarote, adosando las palmas de sus manos sobre ella, y exclamó:&lt;br /&gt;-¡Claudia! ¿Estás bien?&lt;br /&gt;Pero en el interior, sólo se oía el viento…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;(Continuará…)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;*de Aldima.  licaldima@yahoo.com.ar&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;*&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;En construcciones imposibles&lt;br /&gt;sobre vigas inconcientes&lt;br /&gt;me esfuerzo por levantarte,&lt;br /&gt;Pero como ya sabemos,&lt;br /&gt;una taza no sostiene el mundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;*&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Que hago si en la vida se me va el alma&lt;br /&gt;Si la sangre estalla en mis manos&lt;br /&gt;Si se desarticulan mis huesos&lt;br /&gt;Si dentro mío esta la fuerza&lt;br /&gt;Si ensordecen mis oídos&lt;br /&gt;Y callan mis gritos&lt;br /&gt;Para siempre&lt;br /&gt;Si el ruido no es mas que&lt;br /&gt;Una suma de silencios.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;*Poemas de Freyja freyja_walkyrien@hotmail.com&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;La María Lucila*&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Era una morocha de rulos, de profundos ojos negros, que siempre lucia un elegante pero antiguo vestido de seda color lila, desbordante de volados, perteneciente a alguna de sus abuelas, y se peinaba con flores frescas sobre sus sienes. En el pueblo todos sonreían al verla pasar, ya que su alegría contagiaba a cualquier vecino con quien se cruzara, siempre rumbo a la estación de trenes. Todos allí la conocían como "La María Lucila". &lt;br /&gt;-Ahí va La Lucila / oliendo a nafta-lila –canturreaban por lo bajo los chicos de la cuadra, ocultando sonrisitas socarronas al verla pasar por la vereda de enfrente, sin que ella se inmutara, siempre sonriente, ajena a los cuchicheos.&lt;br /&gt;            Nadie sabía muy bien cuál era el motivo de su felicidad permanente, como tampoco existía alma alguna que la hubiese visto triste o enojada, ni conociera acaso sus verdaderos sentimientos. Sólo sabían que era una de las tantas hijas de Don Nemesio Nicolaides, aquel esquivo patrón de estancias de quien se contaban las más disparatadas historias, desde las más terribles hasta las más gratas, sin que nadie pudiera definir al personaje en una sola faceta. &lt;br /&gt;Renuente de casar a sus hijas, se vanagloriaba de que ellas eran “todas puras”, desafiando abiertamente a quien sostuviera o incluso insinuara lo contrario durante aquellas verdaderas fiestas populares que se organizaban en los campos de la familia, cuando se transmitían algunos de los partidos importantes del campeonato local, o las peleas de box donde combatían los campeones nacionales, o incluso cada uno de los capítulos de determinados radioteatros, siempre a la misma hora. En tales ocasiones, casi la mitad del pueblo se congregaba en varias hileras de bancos de madera, bajo la copa de los árboles, para disfrutar del espectáculo a través de la atenta escucha del único aparato de radio a galena que existía en la región, mágico y suntuoso. &lt;br /&gt;Hacía ya algunos años que Don Nemesio era una incógnita para el pueblo –en caso de que aún estuviera con vida, recluido en su ancestral estancia colonial-, y la María Lucila, en su aparente inconsciencia, cumplía casi al pie de la letra con aquel folclore familiar, conservando el misterio mediante su mutismo. &lt;br /&gt;            Casi nadie la había escuchado hablar desde que se hizo mujer. Algunos hasta creían que era sorda… ¡Quién sabe…! Lo que todos aseguraban era que no se comunicaba, salvo por miradas, carentes de intensidad. A menos que marchara triunfante hacia la estación…&lt;br /&gt;            El expreso de las 17:15hs. pasaba todos los días, aunque sólo tres veces por semana –pocos años antes de que discontinuaran el servicio- transportaba pasajeros. En estas ocasiones, la María Lucila se acercaba hasta el andén y lucía su sonrisa más radiante, contemplando con la mayor de las expectativas hacia las ventanillas de los vagones, saludando con la mano en alto cada vez que la formación partía o arribaba. ¿A quién esperaba? Nadie lo sabía. Se rumoreaban muchas cosas: la mayoría se inclinaba por imaginar algún amor secreto, cierto pretendiente que le prometiera casamiento años atrás y volviera a cumplir puntualmente con su palabra. También podría estar aguardando la llegada de alguna parienta muy querida, o quizá la llegada de alguna encomienda cuyo misterioso valor sólo ella y el remitente podrían conocer.&lt;br /&gt;            Sus hermanos varones habían emigrado hacía ya una larga década, buscando conchabarse como trabajadores golondrina, y nunca se los había vuelto a ver. Había quienes decían saber que habían cometido algún delito inconfesable y permanecían cumpliendo una larga condena a la sombra. Otros aseguraban haber escuchado rumores de alguna pelea a cuchillo en un almacén de ramos generales, donde los hermanos se habían trenzado entre sí ante la aparición de una ardiente pollera, yendo a parar juntos al cementerio. ¿Por qué, teniendo una propiedad agropecuaria importante, los hijos varones habían abandonado el hogar? ¿Sería la crueldad del padre tan cierta como se fantaseaba? Lo que sí se sabía era que las apariciones de la familia por el pueblo siempre eran fugaces y a escondidas, con miradas torvas y actitudes muy poco sociales. Se limitaban a rodar en un sulky que había conocido épocas mejores, proveerse de mercadería, pasar por el correo y volverse a la estancia. Los negocios agropecuarios parecían no tener cabida con los empresarios o comisionistas del pueblo.&lt;br /&gt;            La María Lucila, en cambio, arribaba siempre sola y a pie. Siempre con su mismo vestido antiguo, fuera invierno o verano, lloviera o brillase el sol. A veces se abrigaba con alguna mantilla, también lila y vetusta. Viéndola con detenimiento, parecía escapada de una fotografía en sepia, aunque su semblante no reflejase más que frescura y vitalidad.&lt;br /&gt;            Hasta que un día, a bordo del expreso de las 17:15hs., arribó un muchacho cuya fugaz existencia no estaba en los planes de nadie. Ni siquiera en los de María Lucila, si es que alguna vez había fantaseado con tal posibilidad.&lt;br /&gt;            Se llamaba Rodrigo Fuentes y era viajante de comercio. Distribuía mercaderías en auge para la época, pero ninguno en el pueblo consiguió adivinar qué clase de productos representaba por aquella zona. Sólo se supo que arrastraba fama de tipo elegante, entrador y buen mozo, y la mayoría de las jovencitas que lo vieron bajar del tren, con su traje gris perla, su maletín y su chambergo, cayeron prendadas de su encanto, suspirando embelesadas. &lt;br /&gt;            Sólo que allí también estaba María Lucila, y los ojos claros de Rodrigo Fuentes, en vilo sobre el estribo del vagón, fueron capturados de inmediato por aquella delgada y atractiva silueta. La muchacha, sin embargo, se mantuvo en su actitud habitual, saludando a los pasajeros que se asomaban por las ventanillas del expreso, ignorando la retribución de dichos saludos, como si los destinatarios nunca hubiesen estado allí.&lt;br /&gt;            Descendió del tren flotando sobre una nube de ilusión, incapaz de concebir la existencia de mujer más hermosa que la María Lucila. Supo de inmediato que debía hacerla suya, casándose con ella, o incluso raptándola y escapando en mitad de la noche, atravesando los campos en una huída salvaje, cargando con la chica sobre sus hombros, luciendo una desquiciada mueca de satisfactoria lujuria.&lt;br /&gt;            El silbato del expreso marchándose a sus espaldas lo hizo regresar a la realidad, para contemplar el hermoso perfil de la muchacha volviéndose y marchándose del andén de la estación. Rodrigo Fuentes no podía dejarla escapar. Atravesó la estación, seguido por los sonoros suspiros de las muchachas del pueblo que lo contemplaban casi babeantes, y apuró el paso hasta darle alcance, cruzando a medias la calle. &lt;br /&gt;            Impulsado por lo desconocido, la tomó por la muñeca, deteniéndola. Ella se volvió y lo miró a los ojos, intrigada, aunque sin perder la sonrisa. La desnuda  mirada de él revelaba una honda turbación, imposible de disimular. Y aunque sentía la boca pastosa y el corazón le galopaba desbocado, el turbado viajante de comercio balbuceó:&lt;br /&gt;            -Sos… sos la mu-mujer… más her-hermosa que conozco… Te… Te amo.&lt;br /&gt;            Y acto seguido, le rodeó la cintura con un brazo, soltó el maletín para quitarse el chambergo y rodearle los hombros con el brazo restante, y le estampó un profundo y prolongado beso en la boca, ante el cual ella permaneció impávida, dejándolo hacer, sin siquiera reaccionar.&lt;br /&gt;            Las exclamaciones de sorpresa y estupor se oyeron por todos los rincones. No hubo quién entre los presentes no se sintiera conmovido ante lo que presenciaba - en su mayoría, cada uno por su lado, experimentaba algo similar-, no sólo por lo extraño de la escena, sino porque –a pesar de lo improbable de tal sensación- lo que ocurría traía consigo quizá todo el peso de la desgracia.&lt;br /&gt;            Hasta quizá hubo alguien, entre tanto testigo, que recordase la fatídica sentencia de Don Nemesio Nicolaides: “Todas ellas son puras”. Y no existía hombre que se les pudiese acercar… ¿Ni siquiera sus hermanos?&lt;br /&gt;            La muchacha abrió los ojos al culminar el beso, y miró al viajante con expresión asustada, como si el beso de aquel improvisado Príncipe Azul la hubiese despertado de un bellísimo sueño para arrojarla de lleno en una pesadilla tan atroz que ni ella misma podía determinar su origen o alcance futuro. O quizá, hubiera vivido inmersa en tal pesadilla desde siempre, y sólo ahora se percatase de ello, incapaz de digerir la noticia.&lt;br /&gt;            La María Lucila emitió un ahogado quejido y se estremeció en los brazos del recién llegado, como si un lacerante dolor la obligase a apartarse de él. El viajante deshizo el abrazo y la contempló absorto, sin recuperarse aún de la fresca humedad de aquellos labios. La muchacha se alejó de él dando pequeños tropezones, sin darle la espalda, con una inusual mueca de susto y dolor, hasta que por fin se volvió y echó a correr por la calle principal que salía del pueblo, en dirección a la estancia familiar. Los testigos eran cada vez más numerosas, y sobre todos ellos se cernía un funesto ambiente de premonición.&lt;br /&gt;            Rodrigo Fuentes, incrédulo, la contempló alejarse sin saber qué hacer, ni tampoco pudiendo apartar su mirada de aquella espalda que se alejaba en línea recta, con la mantilla caída y aleteando sobre un costado, y extrañas marcas rojizas impregnadas en aquellos lugares del vestido donde él había apoyado sus manos.&lt;br /&gt;            Aunque le demandó un enorme esfuerzo, con el paso de los segundos la pavorosa imagen comenzó a hacérsele posible hasta el punto de llegar a espantarlo: el dolor experimentado por aquella mujer estaba motivado por heridas recientes que le cruzaban la espalda y teñían el dorso de su antiguo vestido con el inequívoco rastro de la sangre. &lt;br /&gt;            Aquella muchacha había sido azotada con un látigo; no sólo una, sino muchas veces…&lt;br /&gt;            La pujante sensación erótica experimentada por Fuentes cedió violento paso a un odio irracional. Ni siquiera conocía a esta mujer, apenas había llegado a un pueblo que visitaba por primera vez, y sin embargo las emociones percibidas en escasos segundos eran de una profundidad inaudita. Sentía que algo había cambiado dentro de sí desde entonces, quizá para siempre, pero que no le alcanzaría sólo con saberlo. Tendría que hacer algo al respecto. Algo que lo cambiaría todo.&lt;br /&gt;            Como en todos los pueblos, las noticias escandalosas vuelan de labios a oídos en cuestión de instantes. Y para cuando Rodrigo Fuentes recorrió las escasas cuadras que lo separaban de la estación al único hotel, regenteado en la misma oficina de correos, el empleado ya lo miraba con expresión de curiosidad y complicidad a un mismo tiempo.&lt;br /&gt;            Fuentes no sólo pidió una habitación. También quiso saber, sin dudar ni un instante, dónde podía encontrar alguien que le vendiese un arma de fuego. Con municiones, claro está. Tal vez todas las que pudiera conseguir…&lt;br /&gt;            El empleado, quizá experimentando la misma sintonía mental que parecían haber sentido todos los testigos de la escena anterior, extrajo un pesado y oscuro Smith &amp; Wesson de debajo del mostrador y lo apoyó sobre la lustrada superficie de madera, con la culata dispuesta para que Fuentes la tomara. No emitió palabra, ni exigió un precio por él. Simplemente lo entregó, como si sus actos estuviesen predestinados desde hacía muchos años, dispuestos a ser ejecutados cuando el destino así lo dictase.&lt;br /&gt;            Fuentes lo miró a los ojos unos instantes, con una comprensión inmediata de la situación, y manteniendo el pesado silencio que lo rodeaba desde que bajara en el pueblo, apenas unos minutos antes, tomó el arma con mano segura y se la guardó en el cinto, contra la cadera, oculta detrás del bolsillo izquierdo del saco. Dejó el maletín sobre el mostrador, aún sin haber firmado ningún registro donde constara su nombre alquilando una habitación –sin haberla pagado siquiera-, hizo un gesto de asentimiento con la cabeza hacia el empleado, y se marchó con rumbo desconocido.&lt;br /&gt;            En las afueras del pueblo, algunos jinetes comentaban extrañados haber visto a la María Lucila huyendo hacia las casas como alma que lleva el diablo. Rodrigo Fuentes avanzó por las calles de ripio, siguiendo la mirada silenciosa de los vecinos que cuchicheaban entre sí y lo escrutaban desde las veredas, para luego desviar la mirada y contemplar el horizonte en dirección a la estancia de los Nicolaides. No hizo falta que nadie hablase, menos aún que él preguntase. Los hechos ocurrían como si un misterioso titiritero los manejase siguiendo el guión de un antiguo drama jamás escrito, aunque por todos conocido.&lt;br /&gt;            El recién llegado se adentraba hacia el camino rural, seguido por una temerosa muchedumbre que se mantenía reacia a acercarse, y que tampoco quería perderse detalle de lo que fuera a acontecer. No había caminado trescientos metros cuando la encontró tendida en el suelo, con la espalda empapada en sangre, y ambas manos cubriendo el rostro lloroso. Se acercó en silencio, se hincó a su lado, la tomó delicadamente por los hombros y la alzó en pie. Ella intentó resistirse apenas, porque al contemplarlo se relajó, desvaneciéndose al momento. Rodrigo Fuentes la alzó en brazos y regresó por donde había venido. El pueblo se abrió en arco al verlo venir, y nadie se extrañó por lo que ocurriría. Como si nadie, hasta esa misma tarde, hubiese hecho bromas respecto de la naftalina.&lt;br /&gt;            Atardecía cuando el viajante de comercio ingresó por segunda vez al hotel, trayendo consigo a una nueva pasajera, y se coló hacia la habitación sin dar explicaciones. Nadie se las hubiera exigido tampoco. Y mientras los curiosos se agolpaban silenciosos en la vereda de la oficina de correos, algunas miradas oteaban expectantes en dirección al camino que llevaba a la estancia de los Nicolaides, especulando cuánto tardarían en venirla a buscar.&lt;br /&gt;            La luna comenzaba a asomarse en el horizonte y el ambiente se impregnaba con el aroma de las tempranas cenas cuando los primeros vecinos dieron la alarma ante la llegada de un vetusto sulky, cargado de gente, procedente de las afueras. Al comando de las riendas, casi desconocido tras el inexorable paso de los años, iba Don Nemesio Nicolaides, cargando sobre sus rodillas una enorme escopeta de dos caños.&lt;br /&gt;            Alguien golpeó a la puerta de la habitación. Dentro, Rodrigo Fuentes, en mangas de camisa, había retirado el dorso del vestido de la espalda de la muchacha, e intentaba curar aquellas heridas con un algodón embebido en alcohol. María Lucila, acostada boca abajo, se quejaba con ahogados gemidos, mordiendo la almohada, ausente de todo lo que ocurría, dominada sólo por el dolor y la vergüenza. Y como siguiendo aquel misterioso relato preconcebido, ante una nueva serie de golpes en la puerta el forastero se calzó el saco y el chambergo y salió de la habitación, con la corbata floja y el revolver en la cintura, dispuesto a enfrentar su propio destino.&lt;br /&gt;            Las luces de los faroles iluminaban tenuemente la calle, pero lo suficiente como para que todos los presentes adivinasen la silueta del sulky aproximándose moroso hasta la puerta del hotel, cargando el peso de lo inevitable. Al detenerse, Don Nemesio saltó a tierra, quejumbroso, olvidando a su mujer e hijas a bordo del sulky, como si ellas formasen parte de un mudo equipaje. Tomó la escopeta con ambas manos y apuntó desde su cadera al forastero, quien se acercaba sin temor hacia él.&lt;br /&gt;            -¡Hasta ahí nomás! –exclamó Don Nemesio, y su poderosa voz contrastó con su aparente debilidad física. -¿Dónde está mi hija?&lt;br /&gt;            -Adentro –respondió Fuentes –donde Ud. no la pueda volver a tocar.&lt;br /&gt;            -Salí de ahí, pendejo, que voy a entrar a buscarla. Y enseguidita nos volvemos al rancho –anunció el viejo, haciendo ley de su palabra.&lt;br /&gt;            Con un gesto que en absoluto parecía ensayado, Rodrigo Fuentes desenfundó el revólver y apuntó al suelo, para que su adversario supiera a las claras de qué iba la cosa. El pueblo a su alrededor contuvo el aliento, apartándose unos metros, adivinando el peligro.&lt;br /&gt;            -La chica no va a ningún lado con Ud. –determinó Fuentes. –Así que mejor vuelva por donde vino. Y deje de molestar a esta gente, que ya es tarde y mañana tienen todos que madrugar. &lt;br /&gt;            -¡A mí nadie me ordena lo que tengo que hacer, hijo de una gran…!!! –comenzó a gritar Don Nemesio, llevándose la culata de la escopeta al hombro, mientras Fuentes alzaba su brazo, dando un paso atrás y amartillando el revolver, al apuntarle a la cabeza.&lt;br /&gt;            El aullido de espanto y dolor los estremeció a todos, aunque los hechos, aún en cámara lenta, ya se habían desencadenado como para que alguien pudiese detenerlos. La aparición lila aleteó con su mantilla desde un costado y se zambulló entre ambos, agitando frenética los brazos a pesar de su mutismo, provocando la sorpresa de todos. Don Nemesio y Rodrigo Fuentes, sin embargo, habían concentrado toda su atención en el enemigo, incapaces de ver hacia los costados.&lt;br /&gt;            Dos disparos fracturaron la noche. Un solo aullido desgarró los corazones. Y el espanto del pueblo adquirió dimensión de tragedia.&lt;br /&gt;            La María Lucila se estremeció entre ambos hombres, vapuleada por la perdigonada sobre sus costillas y el balazo en el cuello, sacudida como una absurda marioneta cuyos hilos acaban de ser cortados, cayendo sin remedio sobre el escenario. Su cuerpo se desvaneció con la misma cualidad etérea que poseía al desplazarse hacia la estación, aunque ahora teñido de sangre, mancillado por una muerte segura. La mantilla aleteó detrás suyo plegando sus alas. El cisne local se había extinguido.&lt;br /&gt;            Ambos hombres contemplaron estupefactos aquel cuerpo sin vida, incapaces de comprender lo ocurrido. Dudaron, renuentes a aceptar la pérdida. Pero una vez que la idea se formó irrevocable dentro de sus mentes, generó tal sensación de odio que sólo podía calmarse derramando mayor cantidad de sangre.&lt;br /&gt;            Ambos volvieron a amartillar sus armas, apuntando con fiereza, chillando entre dientes su desprecio. El pueblo contuvo el grito. Las mujeres se agacharon a bordo del sulky, aullando de miedo y de dolor.&lt;br /&gt;            Un par de disparos semejantes volvieron a atronar la escena. La cabeza de Don Nemesio se impulsó hacia atrás, agujereada en la frente. La pechera de Rodrigo Fuentes quedó convertida en un siniestro colador. Y ambos cuerpos cayeron hacia atrás sobre el ripio mucho antes de que los ecos de los estampidos se extinguieran en la noche.&lt;br /&gt;            La maldita trama, urdida desde tiempos inmemoriales, sostenida por un pueblo entero desde la indignación causada por el primer rumor echado a correr respecto de las crueldades de Don Nemesio, se había cumplido al fin. Sólo que había requerido de una cuota de sangre mucho mayor que la que cualquier vecino hubiese podido imaginar.&lt;br /&gt;            Los primeros testigos avanzaron vacilantes rumbo a los cadáveres. Las parientes de Don Nemesio permanecieron inmóviles sobre el sulky, cubriéndose las bocas y los rostros. Y a lo lejos, como una cruel burla del destino, apareciendo como sutil fantasma que arriba para llevarse consigo a las almas difuntas, se dejó oír el agudo silbido de un tren.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;*de Aldima.  licaldima@yahoo.com.ar&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;*&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Sobre el muro de la memoria tacho tu nombre hoy,&lt;br /&gt;Cierro mi mente a tu recuerdo para no volver tras mis pasos.&lt;br /&gt;Para no escucharte en los gritos sordos que me atormentan,&lt;br /&gt; Para dejar de mirar con los ojos nublados el futuro al revés&lt;br /&gt; Para por fin salir del eterno ensueño&lt;br /&gt; y alejar de mis manos lo que alguna vez fue cuerpo.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;*de Freyja freyja_walkyrien@hotmail.com&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;*&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Inventren Próxima estación: HERRERA VEGA.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Colaboraciones a inventivasocial@yahoo.com.ar&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;http://inventren.blogspot.com/&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;El Inventren sigue su recorrido por las siguientes estaciones:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;HORTENSIA.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;ORDOQUI. / CORBETT. / SANTOS UNZUÉ.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;MOREA. / ORTIZ DE ROSAS. / ARAUJO.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;BAUDRIX. / EMITA. / INDACOCHEA.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;LA RICA. / SAN SEBASTIÁN. / J.J. ALMEYRA.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;INGENIERO WILLIAMS. / GONZÁLEZ RISOS. / PARADA KM 79.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;ENRIQUE FYNN. / PLOMER. / KM. 55.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;ELÍAS ROMERO. / KM. 38. / MARINOS DEL CRUCERO GENERAL BELGRANO.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;LIBERTAD. / MERLO GÓMEZ. / RAFAEL CASTILLO.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;ISIDRO CASANOVA. / JUSTO VILLEGAS. / JOSÉ INGENIEROS.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;MARÍA SÁNCHEZ DE MENDEVILLE. / ALDO BONZI. / KM 12.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;LA SALADA. / INGENIERO BUDGE. / VILLA FIORITO.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;VILLA CARAZA. / VILLA DIAMANTE. / PUENTE ALSINA.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;INTERCAMBIO MIDLAND.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;InventivaSocial&lt;br /&gt;"Un invento argentino que se utiliza para escribir"&lt;br /&gt;Plaza virtual de escritura&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para compartir escritos dirigirse a : inventivasocial(arroba)yahoo.com.ar&lt;br /&gt;-por favor enviar en texto sin formato dentro del cuerpo del mail-&lt;br /&gt;Editor responsable: Lic. Eduardo Francisco Coiro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Blog: http://inventivasocial.blogspot.com/&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Edición Mensual de Inventiva.&lt;br /&gt;Para recibir mes a mes esta edición gratuita como boletín despachado por &lt;br /&gt;Yahoo, enviar un correo en blanco a: &lt;br /&gt;inventivaedicionmensual-subscribe@gruposyahoo.com.ar&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;INVENTREN&lt;br /&gt;Un viaje por vías y estaciones abandonadas de Argentina.&lt;br /&gt;Para viajar gratuitamente enviar un mail en blanco a: &lt;br /&gt;inventren-subscribe@gruposyahoo.com.ar&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Suscribase a la edición cotidiana de inventiva social*&lt;br /&gt;*Cuota anual (abril 2010 a abril 2011) para lectores y/o escritores: $45 en Argentina.&lt;br /&gt;-10 Euros desde el exterior-&lt;br /&gt;Consultar por suscripciones con difusión de actividades culturales.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;*Escribir a Eduardo Francisco Coiro.&lt;br /&gt;inventivasocial@yahoo.com.ar&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Inventiva Social publica colaboraciones bajo un principio de intercambio: la libertad de escribir y leer a cambio de la libertad de publicar o no cada escrito. los escritos recibidos no tienen fecha cierta de publicación, y se editan bajo ejes temáticos creados por el editor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las opiniones firmadas son responsabilidad de los autores y su publicación en Inventiva Social no implica refrendar dichos, datos ni juicios de valor emitidos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La protección de los derechos de autor, o resguardo del copyrigt de cada obra queda a cargo de cada autor. &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Inventiva social recopila y edita para su difusión virtual textos literarias que cada colaborador desea compartir.&lt;br /&gt;Inventiva Social no puede asegurar la originalidad ni autoria de obras recibidas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Respuesta a preguntas frecuentes&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Que es Inventiva Social ?&lt;br /&gt;Una publicación virtual editada con cooperación de escritores y lectores.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuales son sus contenidos ?&lt;br /&gt;Inventiva Social relaciona en ediciones cotidianas contenidos literarios y noticias que se publican en los medios de comunicación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuales son los ejes de la propuesta?&lt;br /&gt;Proponer el intercambio sensible desde la literatura.&lt;br /&gt;Sostener la difusión de ideas para pensar sin manipulación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es gratuito publicar ?&lt;br /&gt;En inventiva social no se cobra ni se paga por escribir. 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Un hombre. Solo. &lt;br /&gt;Llega y parte, buscando andenes. &lt;br /&gt;Siempre está de regreso, aún de llegada. &lt;br /&gt;En su mochila verde, &lt;br /&gt;solo una golondrina, &lt;br /&gt;un vértigo y una antigua foto &lt;br /&gt;amarillenta, de un niño &lt;br /&gt;y un caballo. &lt;br /&gt;No, no está solo. Hay una convención de soledades. &lt;br /&gt;Aquelarre. &lt;br /&gt;Están todos. &lt;br /&gt;Nadie falta a la cita. &lt;br /&gt;El hombre ciego, &lt;br /&gt;atenazado a un banco, pide. &lt;br /&gt;Pide porque ha dado. &lt;br /&gt;El niño con mocos escarchados &lt;br /&gt;y ojos que nunca lloran. &lt;br /&gt;¿Para qué hacerlo si no han de consolarlo? &lt;br /&gt;La mujer que vende su fusión en tumbas solitarias &lt;br /&gt;Boca de percal y pechos de magnolias. &lt;br /&gt;Tampoco falta el viejo, alarife de soles &lt;br /&gt;de puentes y andamios que casi no recuerda. &lt;br /&gt;Al lado de una bolsa abandonada, &lt;br /&gt;otra  bolsa. Sin sexo. &lt;br /&gt;Con un hálito de vida. &lt;br /&gt;No conoce otra historia que la nada. &lt;br /&gt;Y está la vieja. &lt;br /&gt;Añorando las rejas del hospicio. &lt;br /&gt;Meciéndose en una hamaca de &lt;br /&gt;cantos y de tiempo. &lt;br /&gt;Y el tren que llega, &lt;br /&gt;andando y desandando &lt;br /&gt;condenado a no tener raíz &lt;br /&gt;a partir y a llegar. &lt;br /&gt;El hombre trepa &lt;br /&gt;en trasborde de sueños. &lt;br /&gt;Avanza, siempre avanza &lt;br /&gt;sin mirar hacia atrás. &lt;br /&gt;Antes del viejo puente, al lado de un álamo &lt;br /&gt;talado por un rayo, el tren para. &lt;br /&gt;Y el hombre no lo piensa, solo salta &lt;br /&gt;y vuelve al aquelarre. &lt;br /&gt;Ellos están allí ¿adónde irían? &lt;br /&gt;El hombre se arrodilla. &lt;br /&gt;Les da la golondrina. Un apretón de manos &lt;br /&gt;e inicia su regreso. &lt;br /&gt;Ya no le teme al vértigo. &lt;br /&gt;Desanda soledades. &lt;br /&gt;Penetra lentamente, en la antigua foto amarillenta. &lt;br /&gt;Allí lo esperan. El niño y el caballo. &lt;br /&gt;El silencio y el miedo. &lt;br /&gt;La raíz y la flor. &lt;br /&gt;La vida y la palabra. &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;*de Amelia Arellano. arellano.amelia@yahoo.com.ar&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Y EL TREN QUE LLEGA, ANDANDO Y DESANDANDO...&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;       &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;  FERROCARRILES: EL CONSIGNISMO COMO PROYECTO POLITICO*&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;El ferrocarril una cuestión nacional&lt;br /&gt;A 50 Años de la desaparición de Raúl Scalabrini Ortiz &lt;br /&gt;A 62 años de la nacionalización de los ferrocarriles&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;PARTE I&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Prefiero molestar con la verdad&lt;br /&gt;Que complacer con adulaciones"&lt;br /&gt; Séneca&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;*Por Juan Carlos Cena. ferrocena2003@yahoo.com.ar&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Antes de entrar en tema, una vez más, creo que es necesario precisar cual es la verdadera naturaleza del transporte en general y sobre el ferrocarril en particular. Si omitimos tal definición vamos a legitimar que cualquiera parlotee desde la ignorancia, o la charlatanería, o desde el  despropósito sobre este modo de transporte. Es decir, el que echa un párrafo en forma imprudente confunda y el que escuche se informe mal, luego interprete peor, y actúe y opine en forma errónea, y si a esa maledicencia no se le pone un límite, sencillamente se es cómplice. &lt;br /&gt;En estas liviandades verbales electorales nada es inocente. Cataratas de palabras sin sentido. Nadie se afana en clarificar que es un proyecto y que es una consigna. La más de las veces, no se es claro, por ignorante, o también, por ser un engaño encubierto. En ambos caos, sólo se logra el oscurecimiento, negritud que esconde la falsedad. Casi siempre los charlatanes mascullan apotegmas o consignas proclamándolas como proyectos. ¿Actúan así por ser ignorantes? O lo verdadero es la intencionalidad que es la de ocultar la verdadera naturaleza de un auténtico proyecto a través de las argucias y artificios. También puede ser la mediocridad de un incompetente lenguaraz; estos no hacen un esfuerzo verbal para no aparecer como tales, al contrario, se vuelven más incontinentes, hablan más y más…La vulgaridad es el blasón nobiliario de los hombres ensoberbecidos de su mediocridad, la custodian como al tesoro el avaro”. Jose Ingenieros. El hombre mediocre&lt;br /&gt;Comencemos, pues, a desbrozar el terreno para que la verdad nos acompañe siempre, porque no se puede transitar entre el desconocimiento y la inopia, por un lado y las malas artes por el otro. Como dice Simón Bolívar: “Por el engaño nos han dominado más que por la fuerza"&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;ALGUNAS CONSIDERACIONES SOBRE EL TRANSPORTE&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El transporte interviene, reiteradamente, en la producción y comercialización de bienes. La mercancía o cualquier producto manufacturado o producción rural toman valor, recién, cuando interviene el transporte, sino son productos sin valoración. &lt;br /&gt;Por eso la importancia del precio y calidad de los servicios; es decir, el valor y tipo de flete. Para tener una idea cuantitativa de la importancia económica del Sector Transporte es ilustrativo mencionar que el mismo genera más del 9% del PBI, que en él se efectiviza un 11% de la Inversión Bruta Interna. Allí, en eso, su directa injerencia en la economía global, donde el transporte adquiere capital importancia que debe calificarse, sin duda alguna, como trascendente.  &lt;br /&gt;El sistema de transporte constituye un aspecto clave de la vida nacional, ya no existe ninguna actividad que no requiera de una forma u otra de este servicio. No se puede imaginar el desarrollo de una comunidad que no cuente con un sistema de transporte adecuado, armónico, integrado, donde los distintos modos se complementen y sirvan a la universalidad comunicacional del territorio nacional. &lt;br /&gt;El objetivo básico de cualquier Estado, en ese sector, es: Transportar, eficientemente, al más bajo costo social para la Nación. Para eso deberá fijar objetivos claros en su organización y armonización general. El Estado debe intervenir definiendo las normas de comportamiento de los distintos modos de transporte. Cumpliendo con plena facultad la función de planificador y organizador; asumiendo, a su vez, el papel de ente regulador a través de un férreo control de gestión, para así corregir errores y desviaciones en los objetivos fijados. J.C. Cena- El Ferrocidio 2da edición&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Continuamos con las conceptualizaciones&lt;br /&gt;“Cada uno de esos modos, posee características que significan ofertas diferenciadas en cuanta a las ventajas y desventajas comparativas, resultado de sus cualidades técnicas específicas.” Estas diferencias se manifiestan en relación a las diferenciaciones definidas desde la demanda sobre el sistema de transporte. Vale la pena decir, que según las condiciones de lo que deba trasladarse, se evalúan o ponderan de diferente modo las cualidades que ofrecen cada uno de los sistemas de transporte” Fuente: Roberto Benítez - Ana María Liberali – La estructura económica en el espacio geográfico – Ediciones  Pharos – 1993.&lt;br /&gt;Además es muy importante tener en cuenta: ¨La dispersión geográfica de los factores de producción, y entre los lugares de producción y los lugares de consumo, genera un costo en la resolución de la fricción del espacio¨. Fuente: Benítez - Liberali – La estructura económica en el espacio geográfico – Ediciones  Pharos – 1993.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  &lt;br /&gt;VAMOS CON OTRAS DEFINICIONES: EL PAPEL DEL ESTADO.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El que evalúa, pondera, organiza y coordina los diferentes modos de transporte en todos los países del mundo es el Estado, lo hace a través de una Ley General de Transporte que es la herramienta. Es el Estado por medio de esa ley quien determina, regula y controla cual será el modo de transporte más conveniente para la Nación: como la de transportar por vía terrestre la mercancía o productos del campo, fábricas, centros de producción o pasajeros, en corta, media y larga distancia; si el mismo debe ser fluvial, carretera, aéreo  o ferroviaria o complementario entre dos modos.&lt;br /&gt;Es el Estado el que debe tomar la rectoría de la planificación y control del transporte. En nuestro país eso no ocurre, al contrario. Al no ocurrir esa rectoría, en el sistema nacional de transporte se producen perturbaciones. Todo sistema de transporte debe ser armónico. Para que eso ocurra, los otros modos de transporte deben converger al sistema en forma asociada para luego complementarse. Todos deben saber que al concurrir deben ejercer un papel de complementariedad (solidario) con los otros modos, no de competitividad (individualismo), si esto no ocurre, se generan inevitables trastornos. Perturbaciones que benefician sólo a los intereses comerciales particulares, y no a los que corresponden al transporte como servicio público, por ende a la Nación.  &lt;br /&gt;En la Argentina el Estado no planifica, no coordina, ni regula, y menos controla el transporte. El Estado no está ausente. Las políticas son otras. A pesar de ser un país de largas distancias, el modo de traslación ferroviaria no concurre al sistema nacional de transporte. País que posee una extensa red ferroviaria, ella está paralizada. ¿Por qué?  Este modo de transportación no está contemplado por el gobierno en sus políticas.  &lt;br /&gt;Las políticas de Estado, determinadas por este gobierno, son la de continuar con la misma estrategia del gobierno de Carlos Menem cuando administraba este Estado. Sobre el ferrocarril, que siga así, como lo determinó el imperio.&lt;br /&gt;El no impulsar una Ley de Transporte Nacional por parte del Gobierno es toda una política de Estado que corresponde a beneficiar a un sector de la industria del transporte automotor. La misma responsabilidad le cabe al arco opositor en sus diferentes colores.&lt;br /&gt;De la misma manera, esta oposición ni por asomo tiene alguna iniciativa o intención con respecto a la organización del Sistema de Transporte Nacional. En este aspecto el gobierno y oposición están unidos.&lt;br /&gt;Sólo hay aflicción verbal, como una queja hipócrita por la cantidad de accidentes y muertes viales en la ciudad y en las rutas. Hemos pasado la barrera de lo que dice la accidentologia sobre los accidentes, estamos en una situación de siniestralidad. Las muertes no importan sólo la ganancia máxima&lt;br /&gt;Después de la paralización del ferrocarril los índices de accidentes y muertes treparon, hoy ocupamos el segundo lugar en el mundo.&lt;br /&gt;Al pretender elaborar un proyecto de ley sobre los ferrocarriles y no tener  en cuenta estos factores manifiestan toda una concepción de aficionados. Cuestión que no deja de tener una carga perversa sobre el transporte en general y del ferrocarril en particular.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;ALGUNAS CONCEPTUALIZACIONES &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El ferrocarril es un componente del Sistema Nacional de Transporte y, como tal, su relación con la economía general se inscribe en este marco. A tal fin el ferrocarril tiene funciones específicas a las cuales la Nación no puede renunciar. Sin embargo, en mérito a constreñirlo a un papel netamente comercial se abandonaron infraestructura y servicios de importancia estratégica, rigiéndose por estrictos e impropios mecanismos de lucro, sin que los medios sustitutos hayan cubierto, mínimamente, los espacios vacíos por el retiro del medio ferroviario, condenando a la extinción a poblaciones íntegras.&lt;br /&gt;El ferrocarril es el medio más barato para el transporte masivo de personas y cargas en medias y largas distancias bajo ciertas condiciones.&lt;br /&gt;Después de estas breves consideraciones debemos preguntarnos ¿cuál es el grado de intervención estatal en estos tiempos en la organización del transporte?  Nos respondemos: Ninguna, como digo más arriba, o sí: la de favorecer al auto transporte automotor. Una cifra oficial nos señala la tendencia, el 89% del transporte de pasajeros de larga distancia se hace en ómnibus. El ferrocarril sólo el 3%. Vergonzante.&lt;br /&gt;Toda esta breve introducción obedece a que han aparecido voces opinando sobre el ferrocarril. Indira Ghandi nos alerta: Hay dos tipos de personas, las que hacen las cosas y las que hablan como loros. Para mi gusto habría una tercera, aunque pueden haber más: Los que realmente saben y están callados por motivos varios, o porque tienen miedo, el más fuerte es la aprensión al ridículo, lugar del cual no se retorna. &lt;br /&gt;Otros claudicaron, se quebraron, así de sencillo. Otros fueron coherentes, siempre trabajaron contra del sistema nacional ferroviario, se ocuparon en las empresas concesionarias con vocación de servicio. Otros asesoran, otros se reconvierten, mutaron, simulando defenderlo. &lt;br /&gt;Por ese motivo agrego, nuevamente, como una sentencia, que no se debe opinar desde la ignorancia y la charlatanería de la mano de un  gatopardismo falaz. Además, y esto es lo grave, nos acordamos del ferrocarril solamente cuando el firmamento está aderezado por el engrudo pastoso de la campaña electoral y es redituable evocarlo. Antes, se pasaron discutiendo las iniciativas argumentales del gobierno, que a pesar de haber perdido las elecciones se repuso. Volvió a tomar la iniciativa y a instalar los ejes centrales de la discusión política nacional, poniendo a la oposición contra las cuerdas. &lt;br /&gt;La oposición sufre y esta desconcertada, no sabe que hacer, mira al rincón del ring para que alguno le tire una toalla salvadora. Es que el narcisismo los abarca y nos los deja ver más allá de la punta de sus pisadas. &lt;br /&gt;Veamos lo que no vieron.&lt;br /&gt; Mientras se discutía la ley de medios, una humareda escudaba otros firmamentos. Desde esos espacios nubosos se le ampliaba calladamente la concesión al Nuevo Central Argentino – ex F.C. Mitre, cuyo concesionario es el senador justicialista por Córdoba Urquía, dueño de la Aceitera General Deheza, el mayor acopiador de oleaginosas. Se le otorgaba, en ese acto, entre otras cosas, como una nueva gracia, una aduana seca, condescendencia anticonstitucional si las hay. Es decir, a pesar de haber perdido las elecciones esta dupla gobernante seguía teniendo la iniciativa. La oposición integralmente pivoteaba sobre esos ejes llenos de desconcierto y mediocridad en un salón calefaccionado. La abierta intelectualidad, afónica, sin voz, pero abrigada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;SUPLICANTES TARDÍOS&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No todo está perdido. Apareció un sector de la oposición, que reclama o simula suplicar por el regreso del ferrocarril, no son muchos, no es para entusiasmarse. Repito, es que se aproximan tiempos electorales. Las escasas asociaciones, corporaciones, ateneos (ni sus asesores), individuos sueltos, señoras y señores que invocan al ferrocarril, antes, nunca alzaron su voz sobre la problemática ferroviaria, especialmente en 1991 cuando se desataba la ofensiva final contra ese modo de transporte, ni que hablar del Plan Larkin y esas cuestiones. &lt;br /&gt;Las últimas huelgas resistentes contra el desguace ferroviario ocurrieron en la era de Carlos Menem, resistencia que duró 45 días. De parte de los suplicantes ni un gesto de solidaridad. Gesta resistente dirigida por los jóvenes ferroviarios. La sociedad aplaudía el mundo privado por venir. Sólo los pueblos apoyaron esas huelgas, sabían, -no era un presagio- lo que se iniciaba: la desconexión y detrás, la desolación de los pueblos &lt;br /&gt;En ese espacio de tiempo se batían parches sobre el fin de las ideologías y el advenimiento de las copas derramadas, se entonaba la virtud mágica del mercado, que regulaba todo: El amor, la vida, los: sueños, los astros…la dignidad.&lt;br /&gt;Repito y repetiré hasta el cansancio: tiempo gris de nuestra historia, donde intelectuales, profesionales, universitarios y bien leídos guardaban un saludable silencio, como hoy. Uno de ellos me contestó así al preguntarle ¿Qué haces acá?  “Se vive bien a la sombra de las fundaciones o del Estado. En verano uno tiene aire acondicionado, en invierno calefacción y todos los meses nos dan un sobre gratificante”  Pero estás muerto, contesté.&lt;br /&gt;Después de la dura huelga ferroviaria de 1991 ningún claustro universitario se atrevió a cobijar a los luchadores y menos hablar del ferrocarril. Una excepción: La Cátedra de Derechos Humanos de la Facultad de Filosofía y Letras de UBA. El progresismo, integralmente, sordo, mudo y ciego.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;PARTE II&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;*Por Juan Carlos Cena. ferrocena2003@yahoo.com.ar&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;SUPLICANTES TARDIOS&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;En este devenir aparecieron algunos políticos suplicantes quejándose por la ausencia del tren, en tono suave. Uno de ellos, Felipe Solá, ex funcionario de la primera hora del gobierno menemista. Cuando fue gobernador de la provincia de Buenos Aires tuvo bajo su jurisdicción la administración de FERROBAIRES la empresa de pasajeros ferroviaria creada durante el gobierno provincial de Eduardo Duhalde, duramente el menemato. Constituida por el residual de los Ferrocarriles Sarmiento, Roca, San Martín, entre otros, de trenes de pasajeros que abrazaba toda la provincia de Buenos Aires, llegaba a La Pampa. Su gestión fue pésima, depredatoria. &lt;br /&gt;Antes que llegara el depredador Menem, llegaron a correr entre 8 y 11 trenes diarios a Mar del Plata, luego vino un desguace silencioso de la mano del gobierno de la provincia de Buenos Aires. Hoy es una empresa chatarra, sólo circulan dos o tres trenes diarios sin horarios de llegada ciertos. &lt;br /&gt;La preocupación de Felipe Sola por el ferrocarril frente a Mariano Grondona fue risueña y triste a la vez. Sin que se le contraiga un solo músculo de su rostro por un lejano cargo de culpa (si lo tiene) exultante convocaba a Pino Solana para que se arrime y venga a él con su proyecto.&lt;br /&gt; Grondona sonreía, una y otra vez, estaba satisfecho. Todos van al píe, como en los viejos tiempos de Tiempos Nuevos.&lt;br /&gt;Antes, en otro programa, Grondona había confesado que se estaba haciendo hincha de Pino Solanas, lo manifestó cuando este participó y explicó lo que siempre explica sobre el ferrocarril y otras cuestiones. A mi me hubiera preocupado esta alabanza, en cambio agradeció con una sonrisa el halago. Grondona, sonrió, estaba más que satisfecho.&lt;br /&gt;Ninguno de los dos le recordó el papel nefasto que había jugado en el programa Hora Clave junto a Neustadt y en sus columnas de La Nación y otros medios, batiendo parches en sus predicamentos contra el ferrocarril y las empresas del Estado y todo lo estatal y el libre comercio.&lt;br /&gt;Acá Grondona, hábil refregador de sus manos, los abrazó agradecido por el olvido con palabras alambicadas y empalagosas, luego volvió a sonreír y  de nuevo se refregó las manos. Habló de Aristóteles, nunca de Heráclito, pleno de satisfacciones. Algún día, alguien deberá escribir la historia de los abrazos y los abrazados por Grondona y del misterioso estrujar de sus manos, ¿será de satisfacción el refriegue? Todo un gozo el de refregar. Nadie le reclama. Domina la escena. O los que exponen saben que no pueden reclamarle nada ¿por qué?&lt;br /&gt;Por otro lado, aparece la ostentación de Proyecto Sur por haber conseguido casi un millón firmas vía Internet, en su mayoría en forma virtual, para peticionar que se restituya el ferrocarril. Como antecedente histórico debemos recordar que la CTA logró más de cuatro millones de firmas, con mesas tendidas a lo largo y ancho del país, cara a cara con el firmante y comunicado de por medio para que se acabe el hambre de los niños. El hambre y la mortalidad infantil continúan. &lt;br /&gt;De la misma manera Blumberg ¿se acuerdan? Por el problema de la seguridad, firmaron de a miles el petitorio contra la violencia, todos estaban consternados. Hubo manifestaciones multitudinarias apoyando a esas firmas peticionantes. Fue tanta la presión que Blumberg fue recibido por el ex presidente Kirchner. A raíz de ello se sancionaron varias leyes. No era una sensación ese fenómeno virulento, era una cuestión concreta. Vasta leer los diarios de la época, y los de hoy, a que la impresión no ha cambiado, la inseguridad continúa, la percepción se transforma en escalofríos.&lt;br /&gt; Los discursos justificatorios sobre la violencia tanto del gobierno y de la oposición son patéticos. Ninguno opina sobre la verdadera naturaleza de este fenómeno. Es un tema político social grave y debe ser considerado seriamente por el estado y la denominada clase política.&lt;br /&gt;En ese alarde por haber conseguido un millón de firmas impersonales vía Internet Proyecto Sur nos propone un Proyecto de ley: La creación de una nueva empresa ferroviaria. &lt;br /&gt;El proyecto apunta a la fundación de una empresa pública, Ferrocarriles Públicos Argentinos Sociedad del Estado (FEPAR S. E.), que tendrá a su cargo la gestión de la totalidad de la estructura ferroviaria, y control de circulación sobre la misma. &lt;br /&gt;Desopilante, un ferrocarril público estructurado como una Sociedad del Estado. Como si los antecedentes históricos no sirvieran, más precisamente los del F.C. Belgrano S.A., toda una torpeza de los asesores, o no. Debo insistir, no se puede opinar desde la ignorancia. Eso sí, si no es ignorancia, ¿qué es?: ¿un acto conciente?, y si es así es que hay muy mala leche y el valor de verdad es falso, al decir en el lenguaje académico y plebeyo.&lt;br /&gt;No mencionan en los considerandos la ley Dromi de Reforma del Estado. Ley 23.696, sancionada el 17 de agosto de 1989, legislación madre de todas las concesiones y privatizaciones. La iniciativa fue impulsada por los sectores de centro derecha, donde se sostenía que Achicar el Estado era agrandar la Nación. (21 años han pasado, que casualidad nadie habla de ella). Ley que ampara el decreto 666, el corazón de las concesiones ferroviarias, y los decretos de supresión de los trenes de pasajeros. Tampoco mencionan la necesidad de impulsar una Ley Nacional de Transporte. &lt;br /&gt;Al no pedir la derogación de la ley Dromi e impulsar la sanción de una Ley Nacional de Transporte, se puede inferir con certeza que la impericia los tiene maniatados y ciegos, repito, o no. Será que la intencionalidad final es que todo vaya a quedar como está. Todo un gattopardismo, la de cambiar para que nada cambie. Lo afirman al anunciar y proponer que esa empresa deberá ser una Sociedad del Estado, será si se encuadra en la ley Dromi. &lt;br /&gt;En un somero análisis uno puede observar que plantean como debe ser la composición del Directorio: Presidente y Vicepresidente designados por el Poder Ejecutivo Nacional y 7 vocales que serán: 2 a propuesta de las provincias; 2 representantes de los trabajadores ferroviarios; 2 representantes de los usuarios y 1 representante de los usuarios de carga.&lt;br /&gt;En los países desarrollados del mundo a las autoridades máximas de todas las empresas del estado las nombra el parlamento a través de un concurso de antecedentes, luego, ejercen sobre ellos un férreo control concerniente a su comportamiento en forma integral, y si no anda bien son revocados sus mandatos. Deben rendir cuentas en el parlamento ante la comisión que los controla. &lt;br /&gt;El presidente de la RENFE (Ferrocarriles Españoles) transitó por el gobierno de Felipe González, luego por el de Aznar (conservador de tomo y lomo) que no lo removió y hoy con Zapatero (diz que socialista) y está a punto de jubilarse sin una mácula. &lt;br /&gt;O la presidenta de los ferrocarriles franceses SNFC Anne Marie Idrac que el año pasado probaron bajo su gestión una locomotora prototipo que desarrolló una velocidad de 578,5 km por hora. Los dos ejemplos de ferrocarriles pertenecen al Estado, son monopólicos y eficientes. No son sociedades anónimas, del estado o  mixtas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;CONTROL OBRERO &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con respeto a los controles obreros y de usuarios no está explicado el como de su organización y su aplicación, es sólo una consigna. Antes de hablar de esta iniciativa y menos del como, se debe tener en cuenta que la ausencia más importante, diría la fundamental, para la aplicación de esos controles, son los obreros, técnicos, profesionales e idóneos, es decir los ferroviarios y sus múltiples oficios. &lt;br /&gt;Se puede apreciar que desde el inicio se encara mal la cuestión, esa, la del control obrero. Porque casi todos de esos idóneos y profesionales fueron expulsados. Los primeros, 1.500 técnicos (ingenieros, contadores, especialistas en vías, telecomunicaciones, cambios y estructuras, economistas, técnicos químicos, geólogos, ingenieros agrónomos, arquitectos, entre otros) fueron enviados a la DGI, hoy AFIP. &lt;br /&gt;El sindicato que los agrupaba, APDFA (Asociación del Personal de Dirección de Ferrocarriles Argentinos), no movió un dedo en su defensa. Me consta, era secretario general por ese entonces de la seccional Organismo Central de ese gremio, donde estaba la mayor cantidad de técnicos, profesionales e idóneos. Protestamos de todas formas y maneras, la Comisión Nacional sorda, muda y ciega.&lt;br /&gt;A eso hay que sumarles los 85.000 trabajadores dejados cesantes al paralizarse el ferrocarril en todo el territorio. &lt;br /&gt;Los nuevos trabajadores no han podido adquirir el conocimiento necesario que a cada uno le da la práctica diaria del oficio, ni la de haber obtenido la enseñanza que transmitían los mayores en forma oral en la relación cotidiana del trabajo, los concesionarios nunca habilitaron centros de capacitación como cuando eran administrados por el Estado, todos están ausentes. Además, los nuevos ferroviarios no poseen la mística de SER ferroviarios. Que es la de tomar conciencia de la identidad a la cual pertenecen, cognición que sólo se adquiere en la praxis concreta de la vida regular ferroviaria.&lt;br /&gt; La otra cuestión es la condición humana que posee el ferroviario. Ser ferroviario viene de una estirpe que se forjó, como el ferrocarril, a través de 150 años. Esos trabajadores casi no existen, no están esos ferroviarios que fueron la carnadura del sistema ferroviario. Es decir, ellos eran también el ferrocarril. Entonces ¿como afrontar ese control en esas condiciones? Que es la de tener conciencia de la identidad a la cual pertenecen como trabajador ferroviario y la tarea que les será asignada. Nada más ni nada menos que la de controlar la otra parte del ferrocarril, la ferrosa, la que genera movimiento. &lt;br /&gt;  Esa tarea ¿quien la asigna? El sindicato o una asamblea. O la Sociedad del Estado. Toda una incógnita, o ignorancia. &lt;br /&gt;La incorporación de técnicos, por parte de los concesionarios fue nula. Los nuevos contratados padecen de una ignorancia supina. Son empleados de una empresa privada (concesionaria) que sólo le exigen eficiencia y polifuncionalidad. No hay que descalificarlos, hay que ayudarlos a crecer, son los nuevos protagonistas de las luchas ferroviarias. Los concesionarios nunca invierten en seguridad, desarrollo tecnológico y capacitación de su personal.&lt;br /&gt;Tampoco en el proyecto de ley está contemplado un sub proyecto de capacitación sobre los múltiples oficios que necesita el ferrocarril.&lt;br /&gt;Sigamos ahora con el control obrero. Esas ausencias me revelan el eclipse inducido sobre el conocimiento acumulado durante más de 150 años. &lt;br /&gt;Por estas sucintas razones, me permito inferir, que eso del control obrero es sólo una consigna, es como vender humo de leñita verde, te hace llorar, nada más que eso. Los proponentes no hablan o no saben de lo que es el control ni la co-gestión obrera. Debemos preguntarnos y contestarnos a la vez: Sí, el control es necesario, pero ¿Qué control, cómo organizarlo y con quién? En la respuesta se verá el itinerario a seguir en la tomas de decisiones.&lt;br /&gt;Al insistir, acá y allá, sobre el control obrero. Pregunto: ¿El control obrero debe desarrollarse desde el punto de vista de la producción y distribución de las tareas, de las misiones y funciones de la nueva empresa ferroviaria Sociedad del Estado? ¿También debe prolongarse a todas las operaciones financieras y bancarias? Del mismo modo, preguntarse ¿si es posible dentro de este sistema capitalista? Porque la constitución nacional lo dice claramente en su Art. 14 bis, articulado nunca cumplido. &lt;br /&gt;Son interrogantes que uno se hace ante el consignismo reinante. Veamos algunos ejemplos. Porque esto del control obrero ya lo planteaban los obreros en la Comuna de Paris en 1871. A pesar de haber tomado el poder nunca lo pudieron aplicar.&lt;br /&gt;Como el control obrero en Bolivia (1953-1963) reclamado por la Federación Sindical de los Trabajadores Mineros de Bolivia en noviembre de 1946, implementada recién al día siguiente de la revolución de 1953, luego, lentamente degeneró. &lt;br /&gt;O la autogestión en Yugoslavia en 1950, o en 1962 Argelia. Acá hago esta pregunta ¿se investigó que es la autogestión?&lt;br /&gt;En fin, así, con las historias de los deseos del controlador burlado. No me lo imagino al control de marras dentro de este contexto actual así se apruebe la ley propuesta. &lt;br /&gt;En la Argentina el ejemplo más contundente de control obrero fue el de Petroquímica Argentina S. A. (P. A. S A)&lt;br /&gt;A tres años, después de la asamblea obrero popular de San Lorenzo, y de que Agustín Lanuse llamara a la región como “el cinturón rojo del Paraná”, se produjo la toma por 28 días de Petroquímica Argentina Sociedad Anónima por parte de los trabajadores.&lt;br /&gt;El detonante fue cuando el concesionario del comedor de la fábrica que agredió a uno de los trabajadores del lugar. La respuesta fue una asamblea. Se le exigió a la patronal que luego de tres horas caducara el contrato del concesionario. La empresa rechazó el pedido. Se decidió entonces la toma de fábrica. Era el 26 de julio de 1974.&lt;br /&gt;“Esta decisión transformará la relación con los técnicos e ingenieros de la planta, ya que la producción estará organizada y dirigida por los obreros caducando el poder patronal, en cuanto director del proceso de producción. Los trabajos de riesgo o insalubres se realizaban tomando las precauciones y normas aconsejables, disminuyendo considerablemente los accidentes de trabajo. Se trató de evitar la contaminación ambiental y la eliminación de desechos al río. Este control obrero se organizó a partir de comités, los cuales adoptarían todas aquellas medidas necesarias para llevar adelante el conflicto. Algunos de ellos fueron el comité de lucha, el de prensa y propaganda, de vigilancia, de abastecimiento y servicio del comedor y el de producción”, Fuentes: Leónidas Cerruti y Mariano Resels. Historiadores rosario-citados por Carlos del Frade.&lt;br /&gt;En la toma de PASA, los trabajadores se constituyen como la autoridad máxima de la empresa, como consecuencia de ello, resolvieron continuar el proceso productivo con control obrero; declararse en estado de asamblea permanente; sugerir al gobierno nacional que se interese en la nacionalización de esta importante fuente de trabajo”.&lt;br /&gt;También se pedía la reducción de las horas de trabajo a seis por turno, al mismo tiempo que comenzaba a mejorarse la producción durante la toma de la fábrica. Incluso se reparó uno de los hornos de estireno y se apagó “una pileta utilizada para la quema de desechos que provocaba emanaciones tóxicas y otros inconvenientes para la población de la zona”.  &lt;br /&gt;Una solicitada aparecida en el diario La Capital, de Rosario, el 13 de agosto de 1974, decía: “Los obreros petroquímicos llevamos 18 días de lucha, controlando la planta de PASA...con un rendimiento productivo superior”.&lt;br /&gt;El 22 de agosto finalizó la experiencia al cumplir la empresa todo lo solicitado por los trabajadores.&lt;br /&gt;Pero, como dice el saber popular, la venganza de clase sería terrible... Las enseñanzas: no es posible el control obrero bajo el régimen capitalista&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;    &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;PARTE III&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;*Por Juan Carlos Cena. ferrocena2003@yahoo.com.ar&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;El otro tema es sobre los usuarios en general; iniciativa de una gran vaguedad, tacaña; desnuda una total ausencia de imaginación. En mayo de 1968, los franceses gritaban en las calles: la imaginación al poder…acá tiene prohibida su presencia por parte de la insignificancia. La arrogancia de la vulgaridad se encargará de reprimirla, duro con ella.&lt;br /&gt;Referente a los usuarios de carga, bueno, bueno, acá se ve la pata a la sota. El proyecto al señalar como debe estar compuesto el directorio de esta Sociedad del Estado, marca que también lo deben integrar usuarios de carga: como ser Cargill, Monsanto, Bunge y Born, Dreyfus, Grobocopatel, Ingenio Ledesma (Blaquier), o la Minera La Alumbrera, o la Barrick Gold, Techint, o los brasileros con América Latina Logística, o Loma Negra también brasilera, o la Aceitera General Deheza cuyo dueño es el senador Urquía, por el Partido Justicialista de Córdoba, por nombrar algunos cargadores nacionales y  multinacionales que pueden integrar el directorio, y convivir con los usuarios y los obreros controladores.&lt;br /&gt;Es decir, sintetizando y haciendo honor a la verdad, estas intenciones de proyectos de ley son solamente una oferta electoral a la sociedad votante, nada más que eso. Si la intencionalidad fuera la de construir un verdadero proyecto, este se debería elaborar de acuerdo a la demanda de la nación, es decir, a las verdaderas necesidades regionales que en su conjunto hacen las nacionales. Donde participen todos los ciudadanos interesados o ligados a las economías regionales, culturales, centros educacionales y no desde un gabinete con una mirada portuaria y no federal. Debe ser un proyecto que abarque lo nacional  en el marco de que país queremos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;LA OTRA OFERTA: JULIO COBOS&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Apurado por el madruguete de Proyecto Sur, lo dicho por Felipe Sola, y observando que es bueno hablar del ferrocarril, mención que da réditos, más en el interior del país, Cobos vice presidente de la Nación, rápido y fogoso aspirante presidencial, lanza un apotegma donde establece como una premisa genial la de “Ramal que abre, región que crece". Todo un parafraseo ramplón, a la frase sentenciosa de "Ramal que para, ramal que cierra", acuñada durante el gobierno de Carlos Menem. Propone sin respirar, además, como oferta electoral, la re estatización del servicio, más otras consideraciones, no muy explicadas.&lt;br /&gt;Alfonsin hijo, también balbucea tímidamente la palabra ferrocarril, con un tono de pecado paternal. No es una oferta ni consigna, no alcanza. &lt;br /&gt;Durante el gobierno de su padre, don Raúl  Alfonsin, este sólo construyó un ramal, desde la Estación Chascomus hasta la ex chatarrera EMEPA, ahí no más, al lado. Eso sí, inauguró la electrificación de un sector del F.C. Roca suburbano, proyecto pergeñado durante el gobierno militar. &lt;br /&gt;El que se ocupó del ferrocarril durante el gobierno de don Raúl fue Rodolfo Terragno. Creando primero la Dirección de Empresas Públicas cuyo directorio estaba integrado por los proveedores del Estado, a la cabeza de ese organismo: un tal Lozovitz director de la Cámara de la Industria del Transporte Automotor, es decir, metía el lobo dentro del gallinero Como hoy, ese lobo se llama  Fraguío, (ex presidente de esa misma cámara), labora de Secretario de Industria de la Nación. Luego, al tiempo, Terragno se preocupó por tupacamerizar al ferrocarril destasándolo en cuatros partes. Cuatro Empresas: Ferrocargo, Ferrotur, Metropol y Ferrocarriles Argentinos, y se los ofrece a Techint, Loma Negra, (es decir a Amalita Fortabat), Socma, Sade, Román, Materfer, y Cartellone, y se interesa el City Bank. Todos ellos trabajaron bajo la batuta de Lou Thompson, consultor del Banco Mundial. &lt;br /&gt;No pudo por la resistencia de los ferroviarios. Los políticos mudos.&lt;br /&gt;Como de radicales se trata invoco a Don Hipólito Irigoyen. Porque en 1920 el Poder Legislativo aprobó una ley que creaba una compañía, por acciones que se denominaba “Ferrocarriles Nacionales”; a esta compañía pasarían todas las empresas del Estado, y las de los particulares solo algunas. &lt;br /&gt;Yrigoyen comprendiendo la gravedad de este trance; que en cualquier momento por una situación económica inesperada, podían pasar todas las acciones en poder del estado a manos de accionistas extranjeros; por tal motivo envió al Congreso de la Nación un vibrante mensaje en el que se oponía tenazmente a la organización de esa Compañía, “por estimar que en ella perdería el Estado, inevitablemente sus ferrovías”. En materia ferroviaria se opuso a que las líneas del Estado fueran vendidas a capitales extranjeros.&lt;br /&gt;El mensaje que envía Yrigoyen al Congreso Nacional tiene fecha 16 de octubre, de 1920.&lt;br /&gt;El largo y fuerte discurso de Don Hipólito termina diciendo que  “El Poder Ejecutivo considera que la sanción de la Ley comportaría un verdadero desastre para la seguridad de los bienes del Estado y del desarrollo progresivo del país...y sigue. Eran fuertes las palabras de Don Hipólito contenidas en su “Mensaje”, llenas de verdad. Que no eran ni veto ni decreto simple ni de necesidad y urgencia, eran sólo palabras llenas de autoridad que le da la razón. Razón en este caso, porque también cuentas pendientes como la represión en la Patagonia, la Semana Trágica, el caso de la Forestal en el Chaco, y así…          &lt;br /&gt;Por estos tiempos, a don Alfonsin y a don Terragno, se les alivianaron las razones, las palabras, la voz ya no era la heredada de los años ‘20. Es que para las acciones secretas, a contra pelo de lo que decía don Hipólito, no hacía falta la voz que transporte la palabra heredada, sino el sigilo de los que perdieron los principios.&lt;br /&gt;Estos dos, Alfonsín y Terragno, con el pretexto de los nuevos mundos modernos y la globalización, donde se maquillaba la dependencia; los ejemplos esgrimidos eran mediocres y vulgares. &lt;br /&gt;Hoy los otros sectores opositores se igualan con el gobierno, no hablan, hacen mutis por el foro. Nunca dijeron absolutamente nada sobre el ferrocarril. Con respecto a la actitud de los partidos correspondiente a las vanguardias del proletariado, muditos, el silencio los abarca, aunque hay escasas excepciones. Los partidos y dirigentes del campo popular padecen una fragmentación preocupante. Muchos han mutado en su decir y proceder, han cambiado el  marxismo por el marchismo.&lt;br /&gt;  Para nosotros, desde el Mo.Na.Re.FA, siempre hemos dicho que el ferrocarril es una Cuestión Nacional. Reafirmamos y sostenemos que el ferrocarril debe ser un sistema integrado de transporte, industrias y comunicaciones. Un servicio publico, que cumpla una función social, que entre sus características principales figuren la de transportar todo a todas partes y en todo tiempo, con la regularidad obligada de sus servicios. &lt;br /&gt;Por ende, sin esas premisas básicas, el ferrocarril sólo cumplirá la función de acarreador de mercancías y productos a puertos o a zonas de intercambio, como en los tiempos del colonialismo inglés y no jugará ningún papel en el desarrollo integral geoeconómico de la Nación.    &lt;br /&gt;No apreciamos en ninguna ponencia, proyecto, plan o cosa parecida de que se tome “en cuenta que el ferrocarril es una herramienta estratégica de gobierno en el desarrollo social, económico y geopolítico de la Nación, y que ese rol trascendente desparecería en manos privadas con su lógico fin de lucro. &lt;br /&gt;Por el año 1988, nuestra posición era pública, en la Seccional del Organismo Central de APDFA, lugar desde donde expulsaron la gran mayoría de técnicos a la DGI-AFIP, nos movilizamos en el marco de una soledad apabullante, pero fijamos postura a través de documentos, distribuidos en todos los lugares de interés. Uno de ellos se titulaba: Cuando la Privatización es Desnacionalización. En él se manifestaba: Nos enfrentamos a la realidad de un Estado depredador (por necesidad de pagos obligados por la deuda externa, con creación de nuevos impuestos, bonos, etc.), y depredado, por cuanto ese flujo de capital de aportantes es succionado por los proveedores del estado, transformando para ello a las empresas del Estado en una inmensa asociación ilícita de la cual se sirven...&lt;br /&gt;…La Empresa que nosotros proponemos y necesitamos debe ser: Propiedad del Estado, democratizada y desburocratizada, sin comportamientos estancos, con regionales o zonas que tengan auténtico poder de decisión.  Esto de las zonas tiene que ver con el desarrollo de las economías regionales.&lt;br /&gt;El Sistema Integrado de Transporte Ferroviario, Industria y Comunicaciones, es el único sistema generador de fuentes de trabajo, que permite el restablecimiento de las conexiones entre poblaciones y es el único que les puede dar vida nuevamente a los pueblos abandonados. Todo el mundo habla del Producto Bruto Interno, alguien se preguntó ¿cuál es el déficit bruto interno?&lt;br /&gt;Este proceso de concesión, que se implementó como política de Estado para los ferrocarriles es para reflexionar. ¿Cómo se organiza esta sociedad fragmentada y se construye una sólida organización que permita generar políticas de Estado desde abajo? Donde participen ferroviarios, usuarios, cargadores, habitantes de los pueblos desamparados por la falta de ferrocarril, generadores de las economías regionales, campesinos, estudiantes, intelectuales, sindicatos, organizaciones de todo tipo, como asambleas barriales, de localidades, clubes, cooperativas, es nuestra responsabilidad como ferroviarios ser los convocantes de este emprendimiento organizativo y eso venimos haciendo. &lt;br /&gt;El lenguaje falaz de las argucias, apotegmas anodinos y el consignismo travestido como proyecto, son contrabandos políticos, donde todo se trastoca, donde aparecen los eslóganes como objetivos.&lt;br /&gt;En forma obstinada, por otro lado, los ferroviarios continuamos diciendo: que a pesar de la derrota sufrida por luchar en defensa del ferrocarril y nuestra dignidad, ese revés no significa que nos vencieron, aunque sean sinónimos, continuamos en ese batallar resistente para recuperar el ferrocarril. Decimos que este debe regresar como un servicio público, que beneficie a la nación y al pueblo, que integre de nuevo la geografía enrielada, retorne y  reanude la vertebración de las economías regionales, reavive la comunicación perdida entre pueblos y regiones.&lt;br /&gt;Que el Estado tenga en sus manos el transporte, la energía y las comunicaciones es una cuestión de soberanía nacional, que le permite posesionarse  como Nación Soberana frente al mundo. Apropiarse de cualquier manera de esos resortes fundamentales del desarrollo, tiene que ver con objetivos nacionales estratégicos irrenunciables.&lt;br /&gt;Desde el Mo.Na.Re.FA (Movimiento Nacional por la Recuperación de los Ferrocarriles Argentinos) repetimos una y otra vez que el Ferrocarril es una Cuestión Nacional, porque es un bien nacional, donde todos debemos involucrarnos. El ferrocarril no es de nadie en particular, es de la Nación, de sus pobladores que hoy sufren una grave y perniciosa usurpación.&lt;br /&gt;Todos debemos recuperar la memoria, apelar a ella y sublevarla.  Porque los pueblos que permiten que los despojen de su memoria, se opacan y mueren. Cuando el olvido es la única política de Estado, la memoria ineclutablemente se recupera de la mano de los memoriosos. Al recuperarse será señal que hemos derrotado al olvido. No hay una sola memoria, la memoria es una cuestión colectiva. Al derrotar al olvido estas se asocian y, en este caso, nos grafican que el ferrocarril debe volver al Estado integralmente, como antes. Como en todos los países desarrollados del mundo.&lt;br /&gt;Ferrocarriles Argentinos debe ser una empresa, monopólica, eficiente, moderna... Razón que tiene que ver con la defensa de la soberanía territorial, ligada a la recuperación de la dignidad y la ética pérdida, ya que sin ellas nada podrá alcanzarse. Todo debe estar enmarcado en un proyecto de país libre y soberano. &lt;br /&gt;Tener o no Ferrocarriles Estatales es una definición de Estado de carácter estratégico, que tiene que ver con la soberanía nacional. &lt;br /&gt;Argentina es el único país que su territorio es invadido y surcado por empresas extranjeras, violentando la soberanía nacional.&lt;br /&gt;Instalar de nuevo el Sistema Integrado de Transporte Ferroviario es una cuestión nacional y se resuelve a través de una decisión política, no técnica  en la que debe participar el pueblo.&lt;br /&gt;No puede elaborarse un proyecto con una mirada portuaria y desde una oficina casi unipersonal. Hay que involucrar a la sociedad en forma plenaria, convocándolos a participar, no a declamar.  &lt;br /&gt;Determinación que tiene que ver con un proyecto de país al que aspiramos construir, independiente y soberano al servicio del pueblo. Para eso, debemos asumir, hoy, que somos un país dependiente y sometido. Debemos obligamos a partir desde ahí, para liberarnos. &lt;br /&gt;Porque en los países coloniales, dominados o dependientes, la cuestión nacional es el primer eslabón de la lucha transformadora para construir un país libre, digno y soberano, que merezca ser vivido. &lt;br /&gt;El Ferrocarril regresará sólo de la mano del pueblo. Este se lo pondrá al hombro desde el interior del país para confluir donde están los factores de poder. “Irá con los dirigentes a la cabeza o con la cabeza de sus dirigentes”. J.D.Perón&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;El pueblo poniéndose el ferrocarril al hombro – Pintura de Thomas Kinkade&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; El ferrocarril no volverá a través de una consigna, sino de un verdadero proyecto en la que participe y se involucre a toda la sociedad. Esta es y será la tarea a construir más cercana a la necesidad real, que es  la recuperación de ese modo de transporte para la Nación. &lt;br /&gt;Siempre, desde este espacio del MONAREFA hemos apoyado los emprendimientos regionales, zonales y hasta comunales. Pero insistimos, lo fundamental es la recuperación del Sistema Nacional Ferroviario para luego reconstruirlo de acuerdo a las necesidades nacionales. Hacemos  hincapié una y otra vez  en la recuperación del Sistema Nacional Ferroviario que deba ser monopólico, eficiente y moderno, administrado por el Estado. &lt;br /&gt;Al reconstruir el SISTEMA FERROVIARIO, recién lo demás emprendimientos locales podrán concretarse y no al revés. Porque ese sistema al ser un Servicio Público permitirá y unirá todos los proyectos zonales. Implementará de nuevo la conexión y articulación de todo el territorio nacional favoreciendo a las economías locales, provinciales que hoy sufren el monopolio privado de los grandes cargadores. Porque, aunque moleste o duela a quienes están realizando emprendimientos regionales, zonales o comunales, estos, no se conectan, no existe conexión, por eso no se articulan entre ellos. Al ocurrir esa disociación no es posible conformar ningún territorio interconectado política y económicamente. Es decir, dejar de ser archipiélagos para transformarse en continente&lt;br /&gt;En estos tiempos, lo que se quiere subir al tren de la reconstrucción, con historias negras en su haber, obvian todo ello, porque tienen un gran desconocimiento, nada aprendió o bien, sirven a intereses también espurios, aunque se pinten de progresistas.&lt;br /&gt;Creemos pero no como un sentimiento espiritual, sino con elementos y análisis reflexivos y concretos que el sistema ferroviario debe regresar ondulante por toda la geografía nacional de la mano del pueblo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;*Miembro Fundador del Mo.Na.Re.FA - Movimiento Nacional por la Recuperación de los Ferrocarriles Argentinos. &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;*&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Inventren Próxima estación: MARÍA LUCILA&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Colaboraciones a inventivasocial@yahoo.com.ar&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;http://inventren.blogspot.com/&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;El Inventren sigue su recorrido por las siguientes estaciones:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;HERRERA VEGA.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;HORTENSIA. / ORDOQUI. / CORBETT.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;SANTOS UNZUÉ. / MOREA. / ORTIZ DE ROSAS.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;ARAUJO. / BAUDRIX. / EMITA.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;INDACOCHEA. / LA RICA. / SAN SEBASTIÁN.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;J.J. ALMEYRA. / INGENIERO WILLIAMS. / GONZÁLEZ RISOS.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;PARADA KM 79. / ENRIQUE FYNN. / PLOMER.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;KM. 55. / ELÍAS ROMERO. / KM. 38.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;MARINOS DEL CRUCERO GENERAL BELGRANO.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;LIBERTAD. / MERLO GÓMEZ. / RAFAEL CASTILLO.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;ISIDRO CASANOVA. / JUSTO VILLEGAS. / JOSÉ INGENIEROS.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;MARÍA SÁNCHEZ DE MENDEVILLE. / ALDO BONZI. / KM 12.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;LA SALADA. / INGENIERO BUDGE. / VILLA FIORITO.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;VILLA CARAZA. / VILLA DIAMANTE. / PUENTE ALSINA.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;INTERCAMBIO MIDLAND.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;InventivaSocial&lt;br /&gt;"Un invento argentino que se utiliza para escribir"&lt;br /&gt;Plaza virtual de escritura&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para compartir escritos dirigirse a : inventivasocial(arroba)yahoo.com.ar&lt;br /&gt;-por favor enviar en texto sin formato dentro del cuerpo del mail-&lt;br /&gt;Editor responsable: Lic. Eduardo Francisco Coiro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Blog: http://inventivasocial.blogspot.com/&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Edición Mensual de Inventiva.&lt;br /&gt;Para recibir mes a mes esta edición gratuita como boletín despachado por &lt;br /&gt;Yahoo, enviar un correo en blanco a: &lt;br /&gt;inventivaedicionmensual-subscribe@gruposyahoo.com.ar&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;INVENTREN&lt;br /&gt;Un viaje por vías y estaciones abandonadas de Argentina.&lt;br /&gt;Para viajar gratuitamente enviar un mail en blanco a: &lt;br /&gt;inventren-subscribe@gruposyahoo.com.ar&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Suscribase a la edición cotidiana de inventiva social*&lt;br /&gt;*Cuota anual para lectores y/o escritores: $45 en Argentina.&lt;br /&gt;-10 Euros desde el exterior-&lt;br /&gt;Consultar por suscripciones con difusión de actividades culturales.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;*Escribir a Eduardo Francisco Coiro.&lt;br /&gt;inventivasocial@yahoo.com.ar&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Inventiva Social publica colaboraciones bajo un principio de intercambio: la libertad de escribir y leer a cambio de la libertad de publicar o no cada escrito. los escritos recibidos no tienen fecha cierta de publicación, y se editan bajo ejes temáticos creados por el editor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las opiniones firmadas son responsabilidad de los autores y su publicación en Inventiva Social no implica refrendar dichos, datos ni juicios de valor emitidos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La protección de los derechos de autor, o resguardo del copyrigt de cada obra queda a cargo de cada autor. &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Inventiva social recopila y edita para su difusión virtual textos literarias que cada colaborador desea compartir.&lt;br /&gt;Inventiva Social no puede asegurar la originalidad ni autoria de obras recibidas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Respuesta a preguntas frecuentes&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Que es Inventiva Social ?&lt;br /&gt;Una publicación virtual editada con cooperación de escritores y lectores.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuales son sus contenidos ?&lt;br /&gt;Inventiva Social relaciona en ediciones cotidianas contenidos literarios y noticias que se publican en los medios de comunicación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuales son los ejes de la propuesta?&lt;br /&gt;Proponer el intercambio sensible desde la literatura.&lt;br /&gt;Sostener la difusión de ideas para pensar sin manipulación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es gratuito publicar ?&lt;br /&gt;En inventiva social no se cobra ni se paga por escribir. 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De los peores embates salía el hogar de la Pomba y sus nueve hijos tan enhiesto como el junco que sobrevive mientras caen los árboles más fuertes. Cuando los dueños de casas de mampostería veían sus techos volar y sus paredes derrumbarse, aquella casita de madera los miraba como diciendo, “Tengo que ser fuerte… Si caigo, ¿a dónde irían a parar mis queridos habitantes?” &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;         “Es tan pobre que ni los ventarrones la quieren”, murmuraban con envidia las casas afectadas, mientras su dueños gastaban fortunas en repararla. Y el sonido de los trenes seguía acunando el sueño de la Pomba y los frutos de su vientre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;         Allí crecieron y se hicieron hombres y mujeres de bien. Tres murieron, quedaron seis. Llegaron numerosos nietos, biznietos... Nadie sabía la fecha del nacimiento de la fundadora de la familia, ella misma la ignoraba. Se llegó a pensar en la posibilidad de que fuera eterna. Cuando l
