Wednesday, May 12, 2010

NO SOLO LE HAN ROBADO LOS SUEÑOS, TAMBIÉN EL TREN...




TREN ROBADO*


*Especial para Inventiva Social y sus sueños de trenes.



Escondidamente, lleva el nombre de María Serrano.
Eso reza su acta de bautismo.
Acta de nacimiento, no hay
Quizás, porque María no nació María.
O nació de una calabaza. Involuntariamente.
O de París la trajeron los Reyes, en un largo caminos de trenes.
Y fue la Maruja, Maruja niña.
Ahora, Maruja a secas. Seco destino de carbón molido.
Y como el tren, Maruja va y viene por las vías férreas.
Huecas suelas caminantes de rieles.
Fatigados caminos, trasladando desconsolados huesos.


Cuando el tren se anunciaba, Maruja florecía.
Se trepaba a un podio de piedra y saludaba.
Alguna vez alguien, contestó su saludo.
Y la Maruja, partía... partía con el tren.
Recorría desiertos y praderas.
Escuchaba el tropel de caballos bebiendo lejanías.
Se ponía zapatos de cristal, y sombrero, y una flor en el pelo.
Y leía, ah, leía. Embelesadamente, leía la Maruja.
Y era hermosa, pelo de algas y boca de azucena
Y enfrentaba tormentas, aguaceros, granizos...
Y desafiaba esta vida coja, volando,
Y era pez, ángel, mariposa.
Y renacía, y el miedo huía como un ciervo asustado.
Y se acunaba, y se abrazaba, en lunas incansables.


A María Serrano, o la Maruja.
No solo le han robado los sueños, también el tren.



*de Amelia Arellano. arellano.amelia@yahoo.com.ar






NO SOLO LE HAN ROBADO LOS SUEÑOS, TAMBIÉN EL TREN...




El ferrocarril una cuestión nacional
CONMEMORANDO EL BICENTENARIO SIN FERROCARRILES*



PARTE I




*Juan Carlos Cena. ferrocena2003@yahoo.com.ar



El modelo neoliberal mercantilista y globalizador busca coronar el centro de la escena política a partir de tres ejes claves: la desestructuración de los pueblos-nación; la imposición de la economía de mercado; y la aplicación de procesos de aculturación. Juan Carlos Córica
Es conveniente, antes de entrar en el tema ferrocarriles, hacer unas reflexiones. Para obrarlas, debemos pararnos sobre la recuperación de este modo de transporte desde una visión patriótica, con sentido de nación, en el marco de la Conmemoración del Bicentenario de la Revolución de Mayo. Razón, que tiene que ver, con la soberanía territorial.
Porque para hacer posible (la recuperación de los ferrocarriles para la nación) lo nacional debe unirse a lo popular y lo democrático. Y lo popular y lo democrático no puede realizarse sin la independencia nacional. Dr. Horacio Micucci – En cursiva es mío.
Y es bueno analizar este Bicentenario desde esas posiciones porque, en esa primera revolución, logramos una independencia formal (cada vez más formal) que esconde una tremenda dependencia y sumisión nacional. A la vez, quedaron inmensas tareas democráticas por realizar (es decir, hacer reales), desde la profunda reforma agraria que postulaba Artigas en su ("Reglamento Provisorio de la Provincia Oriental para el Fomento de la Campaña y Seguridad
de sus Hacendados. Cuartel General, 10 de Septiembre de 1815, agregado del autor) por ejemplo, hasta la vigencia de una democracia grande con formas de democracia directa. Porque la democracia de hoy ha sido reducida a un convite periódico al sufragio para elegir gerentes que gestionan esta dependencia y que sistemáticamente traicionan al pueblo. Nos apresuramos a decirlo: la Revolución quedó inconclusa. Dr. Horacio Micucci
Ha sido un drama, muchas veces provocado, la separación de la cuestión democrática y la patriótica. En lo más profundo de nuestra historia se entrelazan estas banderas patrióticas y populares. Juntas mostraron la salida en encrucijadas claves escribiendo las mejores páginas de nuestra vida como Nación. Reconquistar el patrimonio nacional, establecer la soberanía popular, garantizar la independencia argentina, hacer efectivos los derechos del pueblo a la libertad, la salud, la alimentación, el trabajo y la tierra para el trabajo y no para la renta y la especulación, exigen esa unidad inseparable de lo patriótico y lo popular. Dr. Horacio Micucci.
“Las políticas de entrega y sumisión nacional, de miseria e indecibles sufrimientos para el pueblo que ejecutaron, y ejecutan, los distintos turnos de gobiernos gerenciales obligan a buscar un nuevo camino para lograr la definitiva independencia nacional.
“Está claro que el ejemplo de Mayo ha sido ocultado y deformado por quienes llevaron a la patria a este oscuro presente. No pueden enfrentar el ejemplo de patriotas como Belgrano, Moreno, Castelli, Saavedra, Artigas, San Martín, Güemes, Arenales, Brown, Juana Azurduy y tantos otros. Quienes encarnan la entrega y la sumisión nacional oculta sus enseñanzas, disminuyen su trascendencia y deforman la verdad histórica, a pesar entre algunos de ellos de profundas diferencias políticas.
“Nos parece importante reafirmar las palabras de Raúl Scalabrini Ortiz, de quien, este año, se cumple el cincuentenario de su muerte: “Reconquistar el dominio político y económico de nuestra propia tierra es nuestro deber para con nosotros mismos, para nuestros hijos y para los hijos de nuestros hijos. No es una acción fácil pero tampoco es una acción inabordable. Los revolucionarios de 1810, de donde provenimos, nos dieron el ejemplo de que nada resiste la voluntad del hombre puesta al servicio de una gran causa”.
“Lo haremos con las consignas de Reconquistar el patrimonio nacional, establecer la soberanía popular, garantizar la independencia argentina y transmitir a las jóvenes generaciones el espíritu patriótico que nos dio libertad en 1810 y que hizo grande ala Argentina hace dos siglos. Comisión para la conmemoración del Bicentenario del 25 de Mayo de 1810”. Comisión para la conmemoración del Bicentenario del 25 de mayo de 1810
He tomado nota de las palabras de Horacio Micucci y de la proclama de la Comisión para la conmemoración del Bicentenario del 25 de mayo de 1810, como introducción, porque son esclarecedoras y profundas. Dicen Reconquistar el patrimonio nacional, el ferrocarril lo es. La destrucción del Sistema de Transporte Ferroviario, Industria y Telecomunicaciones, desnuda y deja a la intemperie que somos un país dependiente. Es decir, como Nación, sólo existimos como país con independencia formal.
Las políticas de todos los gobiernos, desde 1955 hasta la fecha lo corroboran, para tomar un punto de partida. Puedo decir, que a pesar del esfuerzo de algunos gobiernos, nunca fuimos totalmente independientes y soberanos.



EL ORIGEN DE LA DEBACLE FERROVIARIA


En 1955, a través de un golpe de estado, el poder oligárquico se apoderó nuevamente del aparato del Estado. Desde ese nuevo marco político comenzaba, especialmente en el campo social, el desmontaje de una formación ideológica y cultural de carácter nacional; el ferrocarril principiaba a soportar una descarnada ofensiva, el objetivo era su destrucción. Otros intereses dirigían al Estado. (…) Por eso es dable afirmar además, que: El actual proceso de dominación política tiene a la cultura como campo estratégico de maniobra.
No nos olvidemos nunca de las palabras de Winton Churchill, ante las Cámaras de los Comunes, Londres 1955. “La caída del tirano Perón en Argentina, es la mejor reparación del orgullo del Imperio y tiene para mi tanta importancia como la victoria de la Segunda Guerra Mundial y las fuerzas del Imperio Inglés no le darán tregua, cuartel ni descanso en vida ni tampoco después de muerto”.
¿Qué fue lo que hizo Argentina para que el Imperio Inglés nos considere enemigo peor que a los que combatieron en 1939-45?
Lo peor para un Imperio es que una “colonia” haya tenido la osadía de desarrollar su país (financiera y diplomáticamente independiente) imponiendo la soberanía política en sus relaciones internacionales, independencia económica y financiera explotando sus recursos en el marco de un desarrollo integrado del país, más justicia social para su pueblo.
También debemos recordar que la penetración del capital británico, realizado bajo una primera forma de actividad comercial reconoce, como fecha oficialmente inicial, la que corresponde al decreto del Virrey Cisneros dado el 6 de noviembre de 1809. Como se sabe, este resuelve dando fin a un largo proceso cuyas últimas etapas fueron conducidas por Mariano Moreno: abrir el puerto de Buenos Aires al comercio inglés.
Allan Hutt, dice en el caso particular de los ferrocarriles: “La construcción de ferrocarriles en las colonias y países poco desarrollados no persigue el mismo fin que en Inglaterra; es decir que no son parte –y una parte esencial– del proceso de industrialización. Esos ferrocarriles se emprenden simplemente para abrir esas regionales como fuente de productos alimenticios y materias primas tanto vegetales como animales, no para apresurar el desarrollo social como un estímulo de las industrias locales. En realidad la construcción de ferrocarriles coloniales es una muestra de imperialismo en su función antiprogresista que es su esencia”.
Y no es como manifiesta el colonizado, o el sicario de los ingleses o el genocida Julio Argentino Roca:
“El directorio de Ferrocarril del Sud como si tuviese una visión clara de futuro, sin hacer cálculos estrechos, sin vacilar un instante, acometió la obra que el gobierno requería en nombre ‘de la seguridad nacional’. No ahorró dinero ni tiempo ni esfuerzo y tendió los rieles que conectaban al puerto hasta Neuquén con una celeridad sin ejemplo entre nosotros. Este es un nuevo y hermoso testimonio de los beneficios que debe el país al capital y al genio emprendedor de los ingleses”.
Esa manifestación es la muestra cabal del entrelazamiento de la oligarquía ganadera con el capital inglés. La misma que avalaba ésta definición, “de que sufrimos una dependencia directa y determinante”, es decir, éramos y somos un país dependiente.
A partir de ese golpe de Estado de 1955, los ferrocarriles fueron sufriendo un ataque feroz, metódico, sistemático, sin pausas, hasta lograr su vaciamiento integral (ferrocarril y ferroviarios) Para comenzar, primero fue su desarticulación, luego, la desintegración, hasta llegar al objetivo buscado: la paralización. A raíz de esta embestida Ferrocarriles Argentinos fue perdiendo participación en el mercado nacional de transporte por la competencia desleal del camión (transporte de carga) y ómnibus (pasajeros).
La baja inversión, inducida desde este Estado dependiente y colonizado, derivó en deficiencias en el servicio; se le asignó un volumen presupuestario que no alcanzaba para reparar o reponer el desgaste del material rodante y de sus infraestructuras. A esto hay que agregarle el boicot interno a través de funcionarios venales en la no aplicación de los magros presupuestos asignados.
La corrupción es una fuerte herramienta política, penetró en el tejido de los funcionarios ferroviarios como nunca antes. Párrafo aparte, es la corrupción entre los dirigentes gremiales. Dúo que en complicidad con los proveedores del Estado constituyeron la mesa de tres patas que minaron a la empresa Ferrocarriles Argentinos desde adentro.
Estos fenómenos fueron produciendo un efecto catastrófico: el ferrocarril dejaba de integrar, no cumplía más esa función social que le fue asignada en su nacionalización. Esta deserción inducida va produciendo una paulatina desunión entre pueblos, asoman los primeros poblados abandonados y dormitorios (localidades que se han convertido en albergues o barriadas, donde los trabajadores sólo descansan y viven, no laboran en ese lugar), se fueron suprimiendo ramales secundarios, éstos eran los afluentes tributarios de la línea principal.
El Estado, herramienta de poder de la clase dominante, cambiaba de mano en 1955. Se había instalado un poder en el Estado que inauguraba el desmoronamiento violento del aparato productivo anterior. Se iniciaba otra etapa de cambio en el Sistema. Había que destruir lo antepuesto, para imponer modificaciones profundas en el Sistema Capitalista. El capitalismo cambiaba y modificaba las relaciones de producción. Las reglas serían otras, pero la explotación al pueblo tampoco sería la misma, empeoraría. El objetivo de este nuevo reordenamiento capitalista era la de explotar a los trabajadores y al pueblo de la cuna a la tumba.
Para eso había que desmontar todo lo que tenía que ver con la Nacionalización de los Ferrocarriles. Como consecuencia directa de ese acto, el de la nacionalización, éste modo de transporte se había transformado por su propia dinámica en un Sistema Integrado de Transporte Ferroviario de Industrias y Comunicación.
El auge de este nuevo sistema integrado de transporte ferroviario fue en el año 1950, producto de la nacionalización. Se había formado una sola empresa con un solo objetivo, ser un servicio público. Los índices estadísticos señalaron que la carga por tonelada/kilómetro y de pasajeros/ kilómetros transportados fueron los más altos de la historia de los ferrocarriles en la Argentina, con una dotación de 220.000 trabajadores, donde la capacidad instalada de sus talleres, depósitos de locomotoras diesel, vapor y coches motores funcionaban a pleno y en forma coordinada. Razón que le permitió a la nueva empresa ferroviaria estatal desarrollar una tecnología nacional independiente. En ese contexto, se crearon escuelas de aprendices, programas de capacitación para los trabajadores, como resultado político de esas estrategias se generó un desarrollo tecnológico independiente.




*Juan Carlos Cena es miembro fundador del Mo.Na.Re.FA (Movimiento Nacional por la Recuperación de los Ferrocarriles Argentinos)






CONMEMORANDO EL BICENTENARIO SIN FERROCARRILES*



PARTE II


*Juan Carlos Cena. ferrocena2003@yahoo.com.ar


“Para facilitar, para posibilitar mejor dicho la venta del Ferrocarril Oeste, la operación fue precedida por una inmensa campaña de descrédito. Se comenzó por endeudarlo. Se irritó a los usuarios con malos servicios y encarecimientos, consecuencia de la desorganización planificada, empezaron a producirse déficit cuya resonancia la propaganda periodísticas extendió y multiplicó sin explicar causas”.

Historia de los Ferrocarriles Argentinos-Raúl Scalabrini Ortiz.


La primera gran ofensiva contra el sistema ferroviario fue durante el gobierno de Arturo Frondizi no bien asume; en el año 1958/59 moviliza a los ferroviarios militarmente por resistir a los primeros intentos del desguace ferroviario, luego aplica el Plan Conintes y en 1961 se pone en marcha el intento más feroz contra el sistema de transporte ferroviario. Era la aplicación del famoso Plan Larkin, encarnaba la tupacamarización de la empresa ferroviaria estatal. La ofensiva desatada en 1955 se acentuaba.
Este intento de imponer el Plan fue rechazado por la resistencia de los trabajadores ferroviarios y el pueblo en una dura acción resistente. La contestación fue una huelga que duró 42 días en el año 1961. El gobierno desató una feroz represión, ésta se enseñoreó por todo el territorio nacional de la mano del capitán Recadero Vásquez. A pesar de la resistencia obrera y el freno a la aplicación del Plan, la acometida contra el ferrocarril continuó.
Comenzaba a instalarse ante la opinión publica que Ferrocarriles Argentinos era una empresa deficitaria e ineficiente, iniciativa anti nacional del gobierno frondicista para justificar el desmantelamiento de este modo de transporte, y así favorecer al capital privado que venía enancado en la industria del transporte automotor.
Una parte importante del mundo intelectual y cultural guardó silencio ante esta estafa, depredación y despojo, acompañada de una brutal represión. Frondizi los representaba, peronistas e izquierdistas se unieron ante la inteligencia luminosa de Arturo Frondizi. Así les fue. Así les va, así les irá.
“El rol crítico de los intelectuales de denunciar el sistema y a sus procesos –democracia capitalista, imperialismo, relaciones de producción explotadoras-, es reemplazado por la evasión y el vacío del lenguaje del balbuceo discursante. El estilo del lenguaje revela la esencia de la perspectiva. Los intelectuales en retirada ya no se dirigen a un auditorio de clase específico (la clase obrera), sino a las fuerzas democráticas, a Europa, a los gerentes del statu quo, los cancerberos culturales, los reglamentadores políticos, la elite negociadora de los pactos sociales y políticos” (Los intelectuales en retirada, James Petras, Nueva Sociedad Nº 107 - 1990)
Sigamos con el ferrocarril.
Hay tres clases de mentiras: la mentira, la maldita mentira y las estadísticas
Mark Twain
Se indujo a creer que el déficit de los Ferrocarriles Argentinos era una causal grave, ya que producía un gran daño a la economía nacional. Por cuanto esta empresa ya no era la principal palanca integradora y articuladora de las economías regionales, elementos integrantes del conjunto de la economía nacional, todo lo opuesto. En forma sucesiva, permanente y metódica durante todos los gobiernos, sean gobiernos civiles o militares colaboraron en el asalto final a la Ciudadela Ferroviaria.
En la década de los 90 del siglo pasado, los ferrocarriles fueron paralizados y destruidos, empleando la misma iconografía con que fueron nacionalizados. Desde 1955 se fue instalando internamente, en su funcionamiento técnico operativo, las obsolescencias, estas fueron inducidas en toda la empresa ferroviaria, tanto en sus estructuras como en sus recursos financieros. Con respecto a la política de recursos humanos, es decir de personal, paralizó la política de renovación y capacitación del personal idóneo; no remozó sus cuadros técnicos, de esta forma se anularon sus capacidades, se cerraron poco a poco todos los centros de formación técnica y sus Escuelas Fábricas, nacida a la luz de la nacionalización de los ferrocarriles.
La obsolescencia también crecía en el seno de los trabajadores como una mala hierba y al sindicalismo lo carcomía la corrupción, poderosa arma política, doblegadora de voluntades débiles.
A todo esto, hay que sumarle la anquilosada burocracia administrativa y técnica, estacionada como capas geológicas gobierno tras gobierno que, a pesar de sus diferentes orígenes, obraban en consonancia funcionales a la paralización. Era toda una ameba parasitaria que operó para la destrucción del ferrocarril, desde sus entrañas, boicoteando su marcha y articulación con la complacencia y complicidad de la otra ameba parasitaria, la corrupta burocracia sindical.
De esa manera encaminaron al sistema ferroviario estatal hacía el vaciamiento para luego descarrilarlo y destruirlo, para así favorecer intereses que tenían que ver con la industria del transporte automotor, imposición del Banco Mundial. Demostración palpable de que no somos un país independiente, al contrario, somos una colonia.
Al paralizar el sistema ferroviario, vino de inmediato la expulsión de sus 85 mil trabajadores y de seguido, lo definitivo; su desarme y saqueo, luego, ofrecidos sus restos a precio vil a una clase parasitaria que son nuestros “industriales nacionales”. Esta anulación del sistema ferroviario fue parte del saqueo nacional que ocurrió en esa década nefasta de los 90.
Los intelectuales continuaban en silencio. Era el silencio del colonizado.
"…todos ven lo que aparentas; pocos advierten lo que eres. Maquiavelo.
Todo ocurrió a pesar de la resistencia de los trabajadores ferroviarios que protagonizaron jornadas épicas en las huelgas de 1991 y 1992. Resistieron el embate con singular entereza. Gesta de 45 días dirigida por jóvenes ferroviarios pertenecientes al gremios de La Fraternidad y Señaleros principalmente y parte de la Unión Ferroviaria, con la adhesión de otros gremios del riel, por sobre los sindicalistas corruptos. Defendieron la Ciudadela Ferroviaria contra las alimañas de los dirigentes ferroviarios traidores, el gobierno de Menem y una sociedad complaciente y pacata que aplaudía el destrozo de los bienes nacionales. Argumentando que con las privatizaciones se instalaría el cuerno de la abundancia.
La resistencia ferroviaria fue doblegada, derrotada, pero nunca vencida.
En consecuencia, los ferrocarriles fueron descuartizados. Ya no son más un servicio público. Predomina el lucro. El ferrocarril ha sido desintegrado. No cumple más una función social, ya no va a todas partes, ha dejado pueblos sin agua, sin comunicación, dejó en estado de quebranto las economías regionales por la desconexión territorial, ya no transporta todo, sino lo que les conviene.
Este nefasto y perverso plan transformó brutalmente al ferrocarril en un servicio privado con fines de lucro. Los concesionarios de pasajeros suburbanos son subvencionados por jugosas partidas que superan largamente el tan mentado déficit, con la diferencia que no corren más los trenes de pasajeros, ni los trenes locales en el interior del país. En cambio, los concesionarios de carga no reciben esas sustanciosas partidas, pero sí deben pagar el canon.
Debemos registrar que con la desaparición del ferrocarril en el interior se produjo una brutal desmembración poblacional, 1200 pueblos fantasmas, aproximadamente, más los deshabitados aparecieron en la geografía nacional, este fenómeno contribuyó a la desestructuración del país y al opacamiento de los emprendimientos regionales. El territorio nacional fue cambiando, el paisaje no es más el mismo, su topografía es otra, esta se despobló…ya no hay casi voces. El Plan de…La desestructuración de los pueblos-nación; se llevaba a cabo perversamente.
Desde el Mo.Na.Re.FA (Movimiento Nacional por la Recuperación de los Ferrocarriles Argentinos), siempre, nos hemos manifestado y reafirmamos que la cuestión de los Ferrocarriles, es una Cuestión Nacional, por eso, éste, es un ineludible problema de Estado.
Los anuncios de este gobierno K y el incumplimiento de los mismos pintan la dependencia integralmente. Es decir, los anuncios confirman la continuación de las políticas diseñadas a partir de 1955, implementadas en los tiempos menemistas, mismas que fueron obedecidas ordenadamente y disciplinadamente por todos los gobiernos hasta la fecha. Década de los 90, culminación de una ofensiva que se desata contra el ferrocarril en 1955, después de 35 años de resistencia y lucha por parte de los trabajadores ferroviarios y un sector del pueblo, es tomada la Ciudadela ferroviaria con muertos, desparecidos, tullidos y desamparados.
Colonialistas y colonizados le dedicaron la destrucción del sistema ferroviario a Winton Churchill, todo un símbolo imperial.
Es necesario enmarcar este trabajo recordando que: a punto de conmemorarse el bicentenario de la Revolución de Mayo, a esta la va a encontrar sin ferrocarriles. Mientras en el mundo estos adquieren cada vez más relevancia, por ser un factor fundamental de desarrollo.
La ausencia del sistema de transporte ferroviario en nuestro país es una prueba irrefutable de que la tan mentada independencia económica y política, no existe, seguimos siendo un país dependiente. Si no tenemos en cuenta esta destrucción de nada valen las declamaciones.
Desde el Mo.Na.Re.FA decimos que el ferrocarril no tiene solución si no vuelve al Estado, se deben hacer derrumbar las concesiones otorgadas, tanto de pasajeros como de carga, por falta de cumplimiento en los contratos y pedir cuenta a través de los inventarios que nos dejaron. De esa manera volver a constituir un Sistema de Integrado de Transporte Ferroviario, de Industria y de Comunicaciones. Debe ser una empresa monopólica, eficiente y moderna, autárquica, centralizada para la fijación de los grandes objetivos; descentraliza y desconcentrada en su operatividad para concretar los objetivos nacionales y particulares de cada región. Controlada por el parlamento, donde sus autoridades principales deben ser nombradas por el Senado o ambas cámaras por concurso de antecedentes y conocimiento en materia del transporte ferroviarios. Y no ser meros cargos cubiertos por el comité de un partido político como forma de pago por los favores recibidos.
Que se entienda bien: el manejo y conducción de la empresa ferroviaria debe estar en manos de personal idóneo, co-gestionado por los trabajadores en forma integral, todos fogueados en años de trabajo en el ferrocarril. Teniendo en cuenta, además, su integridad humana y una trayectoria honesta, no se puede entregar su manejo a aquellos que por más conocimiento técnico que puedan tener han sido funcionales a los gobiernos que desguazaron el ferrocarril. Que permanecieron en sus lugares de trabajo durante la última dictadura mientras miles de compañeros eran expulsados, detenidos, perseguidos y desaparecidos. O bien continuaron con el desguace menemista sin perder jamás su lugar de trabajo, sin haber tenido en su haber un raspón, porque jamás lucharon ni pelearon contra el desguace.
Desde el Mo.Na.Re.FA seguimos afirmando que nuestros Ferrocarriles Argentinos deben ser una herramienta para el crecimiento y desarrollo del país, y ese instrumento tiene que ser reconstruido, con la participación de todos; en este caso, de acuerdo a nuestras verdaderas necesidades nacionales, y no a las necesidades del imperio colonial. Cuestión que debemos reflexionar, además, qué Estado debe llevar a cabo esa magna tarea, todo, en el marco de un proyecto de país que merezca ser vivido con dignidad, o la de continuar siendo una colonia. La recuperación del ferrocarril en manos del Estado tiene que ver con su reconstrucción y en ese transito volver a redefinir sus estructuras, como el redimensionamiento de sus redes, trochas, operatividad descentralizada, desarrollo independiente tecnológico para poder así erigirnos como un país
Hemos repetido siempre que el Estado y las Empresas Estatales son instrumentos para defender el Patrimonio Nacional. Dependerá en manos de quienes están esos instrumentos, para que sean utilizados para una mayor dependencia o para la Liberación Nacional.
La Empresa Ferroviaria que nosotros proponemos y necesitamos debe ser: Propiedad del Estado, moderna, monopólica y eficiente, democratizada y desburocratizada, sin compartimientos estancos, con regionales o zonas que tengan auténtico poder de decisión. Debemos volver a reconstituir el Sistema Integrado de Transporte Ferroviario de Industria y Comunicación que perversamente destruyeron.
El Sistema Integrado de Transporte Ferroviario, Industria y Comunicaciones, es el único sistema generador de fuentes de trabajo, del restablecimiento de las conexiones entre poblaciones y el único que les puede dar vida nuevamente a los pueblos abandonados. Todo el mundo habla del Producto Bruto Interno, alguien se preguntó ¿cuál es el déficit bruto interno?
Alguien se ha preguntado, en todos los gobiernos nacionales, provinciales, municipales, legisladores, políticos, sindicalistas, intelectuales, profesionales, etc. ¿Cuál es el valor de un pueblo abandonado?
Este proceso de concesión, que se implementa como política de Estado para los ferrocarriles es para reflexionar. ¿Cómo se organiza esta sociedad fragmentada y se construye una sólida organización que permita generar políticas de Estado desde abajo? Donde participen ferroviarios, usuarios, cargadores, habitantes de los pueblos desamparados por la falta de ferrocarril, generadores de las economías regionales, campesinos, estudiantes, intelectuales, sindicatos, organizaciones de todo tipo, como asambleas barriales, de localidades, clubes, cooperativas, es nuestra responsabilidad como ferroviarios ser los convocantes de este emprendimiento organizativo.
En el subsuelo de la Patria, como decía Raúl Scalabrini Ortiz, ocurren otras manifestaciones. No todo es silencio y quietud, pasajeros, maestros/as, vecinos/as, trabajadores/as ferroviarios/as, desocupados/as y ocupados/as, profesionales, estudiantes se organizan por fuera de organizaciones tullidas. Creando sus propias estructuras organizativas y de información.
El Sistema Integrado de Transporte Ferroviario, Industria y Comunicaciones, es el único sistema que puede restablecer las conexiones entre poblaciones y el único que les puede dar vida nuevamente a los pueblos abandonados. Todo el mundo habla del Producto Bruto Interno, alguien se preguntó ¿cuál es el Déficit Bruto Interno? La destrucción del sistema ferroviario es parte de la deuda interna y contribuye al Déficit Bruto Interno. También, es una deuda odiosa, más que la Deuda Externa, por la mortalidad infantil, el crecimiento de la pobreza y la hambruna de nuestras comunidades originarias, entre otras calamidades, como la corrupción, toda una epidemia llena de impunidad.
Instalar de nuevo el Sistema Integrado de transporte ferroviario es una cuestión nacional y se resuelve a través de una decisión política, no de la técnica. Determinación que tiene que ver con un proyecto de país al que aspiramos construir, independiente y soberano al servicio del pueblo. Para eso, debemos asumir hoy que somos un país dependiente. Debemos obligamos a partir desde ahí. Porque en los países coloniales, dominados o dependientes, la cuestión nacional es el primer eslabón de la lucha transformadora para construir un país libre, digno y soberano, que merezca ser vivido.
…”La vulgaridad es el blasón nobiliario de los hombres ensoberbecidos de su mediocridad, la custodian como al tesoro el avaro”. J. Ingenieros. El hombre mediocre.
Comprendiendo esta situación, todos, debemos de dejar de ser invisibles espectadores y ser protagonistas para concretarnos y salir de la invisibilidad, porque se es visible solamente, cuando se lucha.
La Soberanía Nacional no es una consigna simplista, tiene que ver con un proyecto de Nación donde los ferrocarriles cumplen un rol fundamental en su desarrollo, como las demás empresas que han sido concesionadas. Los ferrocarriles son parte de la Deuda Interna y la queremos cobrar. El pago de la Deuda Externa es igual al Déficit Bruto Interno Nacional.




* Juan Carlos Cena es miembro fundador del Mo.Na.Re.FA (Movimiento Nacional por la Recuperación de los Ferrocarriles Argentinos)








Lais de Corinto*



*César Hazaki. cesar.hazaki@topia.com.ar



Cuando Santiago llegó al bar la discusión sobre Grecia estaba al rojo vivo, esperó un rato para ver como venía la mano con la excusa de pedir un café. Se dio cuenta que había más de un habitante de la mesa que seguía convencido de las bondades del mercado y la libre circulación del dinero entre países. No era casual que estuvieran del lado derecho de la mesa todos agrupados y belicosos. Repetían la cantinela de siempre: que los griegos eran vagos, que después de inventar la democracia se dedicaron a bailar como Zorba, que por eso mismo no merecían ningún tipo de ayuda. Ponían como ejemplo la casi dos mil islas que están deshabitadas y desaprovechadas en Grecia por la desidia de los habitantes.
Santiago amasó repetidamente un cigarrillo contra la mesa y se decidió a intervenir. Como era la suya una de las palabras respetadas tuvo el suficiente cuidado en ver cuando y cómo hacerlo. Sabía que debía actuar pero sin perder la compostura, no se trataba de calentarse sino de hacer algo de docencia. ¿Acaso no le habían puesto Sócrates de sobrenombre cuando jugaba al fútbol? En el punto en que parecía que todo se salía de quicio preguntó: ¿Saben la historia de Lais?... Esperó un momento revolviendo con la cucharita el terrón de azúcar que había puesto en el café, la atención se fue haciendo concentrada y única. Ahí arrancó: -A Lais la agarró una devaluación del dracma cuando ya estaba por comprar unos campos y unas islas con sirenas especialistas en organizar naufragios (parece que en aquellos años era un gran negocio hundir barcos y rescatar las riquezas que llevaban sus bodegas. Lais se había relacionado con un tal Coustouris -un famoso buzo de la antigüedad- que poseía una novedosa tecnología para realizar esos salvamentos).
Lais, con el imprescindible asesoramiento de Coustouris, había seleccionado dos islas que estaban en manos de una familia tracia venida a menos debido al monocultivo de la vid. Se pautó un precio en oro, no en dracmas. Al fin de cuentas era lo mismo. Las monedas de cobre, guardadas durante años por Lais, podían cubrir perfectamente el valor dado que tenían la siguiente equivalencia con el oro: cada moneda equivalía a media onza de oro. Luego de acordada, ante el escribano de la ciudad, la transacción para el día siguiente la mujer cantaba y bailaba, los dioses recibían sus sacrificios y los esclavos de la hetaira -que sabían de los grandes esfuerzos laborales de su ama- sonreían por el futuro venturoso que les esperaba a todos. Nadie vio venir la tormenta que, desde los siempre temidos Balcanes, se estaba preparando. Lais estaba entre las más desprevenidas.
Pese a conocer desde adentro los vericuetos del poder de la ciudad y actuar siempre con la cautela necesaria ante los peligros de los vientos del oriente, esta vez no pudo establecer las relaciones necesarias de las nuevas palabras, que escuchaba a diario en los cenáculos del reino, y las peligrosas consecuencias de las mismas: mediterráneo y libre comercio, los términos del intercambio, la necesidad de una moneda competitiva, defuoltis, los fondos voraces del norte, mercaderes basura, Cavallo de Troya, reajuste de la moneda, los Bizancio Boys, etc. eran elementos nuevos que no supo correlacionar correctamente pese a ser una de las personas más inteligentes y creativas de la pujante ciudad de Corinto. Ella todavía entendía las crisis sociales por la cercanía o lejanía de la peste negra, por las sequías o las inundaciones, por las terribles invasiones de los bárbaros, la guerra o las temidas pujas por el poder entre las familias patricias.
Por eso la sorprendió el desbarajuste económico de la devaluación de la moneda decretada por el rey. Esto ocurrió la noche anterior al cierre del trato que le hubiese permitido comprar las islas. Tremenda fue su sorpresa al despertar, después de una festiva noche en brazos de Coustouris, y enterarse que sus monedas valían un sesenta por ciento menos que el día anterior y que los rumores anticipaban un colapso mayor en los próximos días. La orden real le arruinó el proyecto y casi la condenaba a la pobreza.
No es un esfuerzo de la imaginación saber que Lais pasó de la felicidad a la congoja y la desesperación. Llena de ira fue a palacio, tenía entrada libre como se podrán imaginar, se acercó al causante de todos sus males y, una vez más, sedujo al rey con promesas eróticas que entusiasmaron al monarca. Este dejó por el momento la reunión de notables en la que se discutían los efectos de las medidas tomadas a espalda del pueblo -entendía desde su lógica de noble y rey que la pobreza del país podía esperar un poco y que el cuerpo del rey necesitaba fortalecerse con las caricias de la sabia Lais para enfrentar los desmanes populares que sobrevendrían- y llevó a la hetaira a sus amplios y bellos aposentos. Allí la bella joven lo fue masajeando con aceites esenciales y lo convenció de que se dejara atar manos y pies. Realizado esto comenzó a realizarle la mejor felatio que el soberano hubiese recibido en su larga vida. Mientras el rey se entregaba lejos estaba de imaginar los terribles deseos de venganza que habitaban en Lais, que ejercía todo su arte erótico cada vez más lentamente. Ella se estremecía en su odio al saber el destino final de dicha ceremonia. Llegado el momento culminante se vengó partiendo, de un enérgico y profundo mordisco, la erecta humanidad del rey en dos. El hombre soportó a pie firme el dolor dado que el orgasmo era maravilloso y exclamó antes de morir: ¡Tú también peeeerraaaaaaaaaaa!
Por aquél entonces las hetairas eran muy respetadas y por eso la magnicida tuvo un juicio justo donde los jueces entendieron que la bella Lais había actuado bajo emoción violenta. Pese a ello fue condenada al más cruel de los destierros: una isla solitaria donde había muy poca agua y solo crecían musgos y líquenes venidos desde el mar Muerto por canales naturales subterráneos. En dos peñones cercanos se estableció una guardia imperial que impedía cualquier intento de acercamiento por el norte de la isla, a la sazón única entrada posible. Toda la ciudad estaba convencida: Lais moriría lenta y cruelmente. Su cuerpo caería en un sistemático deterioro implacable, por causa de las inclemencias del tiempo, la falta de agua y alimentos. Lais al llegar se dio cuenta que el sueño de la isla propia que albergaba desde hacia tanto tiempo era no de vida sino de aislamiento y muerte.
Para sorpresa de todos no fue así, la guardia imperial informaba cada mes a la ciudad que Lais estaba viva, bella y animada en su solitaria isla donde sólo la acompañaba su esclava africana. Al año una comitiva del reino se dirigió a la isla para confirmar el extraordinario evento. La observación de los notables no difirió en nada a lo comunicado por los guardias: Lais seguía viva, por si esto fuera poco más bella. La noticia corrió como un reguero en la ciudad, todos se preguntaban cómo estaba ocurriendo ese hecho. Agregando sin casi respirar: ¿Qué mantiene vivas a ambas mujeres? Nadie acertaba con la respuesta.
Pasados lo primeros momentos de desesperación Lais se notó que se propuso salvar su vida, todos los relatos decían que el exilio había hecho afianzar y aumentar la valentía y la tozudez de la mujer. Lais entendió que debía tener una actividad que de alguna manera la vinculase a los placeres y la alegría. Así fue que se le ocurrió fabricar perfumes que vendía a los turistas que se acercaban a la isla para comprobar los rumores que corrían. El paso del tiempo avivaba la gran intriga del sobrevivir de las dos mujeres: cómo conseguían proveerse de alimentos dado que ni aves, ni cabras vivían en la desolada isla. Cada vez que volvía la comisión del reino con la esperanza de verlas desfallecer de hambre y sed –para acabar así con los rumores que circulaban por la ciudad sobre los extraordinarios milagros que ocurrían en la isla- se encontraban con una Lais que les ofrecía nuevas y originales danza. Lo que demostraba que estaba radiante de salud, belleza y plena de entusiasmo hacia la vida y sus regodeos. El pueblo y las autoridades de la ciudad afanosamente buscaban explicaciones: mucho se habló de la ayuda de Afrodita, se sugirió con insistencia que la bella dama otorgaba a Zeus y Cronos amores humanos que los hacían gozar como dioses. Otra hipótesis, más terrenal, era la posible visita de extraños navegantes venidos desde más allá de Sicilia -conocidos como "Los Vilingos, Kikingos o Tilingos" (posiblemente ninguno de los nombres eran los correctos)- que a cambio de sus servicios dejaban a la mujer los elementos necesarios para vivir. Esta ocurrencia chocaba con la férrea guardia que custodiaba a la dama. Finalmente se comenzó a dudar de sus escoltas. Como se pensó en que el jefe de la guardia era el amante de Lais se hizo rotar a todos los pretorianos mensualmente sin lograr que ningún resultado convincente. Lais siguió feliz y contenta pese a la crudeza de su destierro.
Muchos siglos después se supo el secreto: Coustouris había inventado un sistema para permanecer bajo el agua largo tiempo. En las noches oscuras se acercaba a la isla con una barca pequeña, evitando así a los guardias de los peñones, se sumergía en el mar con su cargamento de víveres y agua. Llegaba a una pequeña playa y desde allí marchaba a una caverna donde ocultaba las vituallas y el agua dulce para su amada. La caverna, que entraba muy profundamente en la montaña, permitía conservar en buenas condiciones todo tipo de alimentos. Luego pasaba el resto de la noche con su amada y su esclava hasta una hora antes de amanecer en que se sumergía en el Egeo para volver a su barca y poner rumbo a Corinto por rutas poco conocidas que le habían facilitado navegantes fenicios a cambio del recupero de un tesoro de oro y plata que estaba en las bodegas de un trirreme hundido.
Lais se salvó, entonces, por una serie encadenada de factores: su tenacidad para vivir, su capacidad para el amor más la acción de un hombre enamorado, inventor y dispuesto a todo por salvar a su doncella. Ayudaron, sin ninguna duda, el aparato de inmersión que le permitía a Coustouris nadar bajo el agua y la inventiva de la esclava de Lais que insistió hacer correr la versión de que dentro de la caverna habitaba un cíclope que se comía a los hombres blancos. Como era una negra cetrina los guardias estaban convencidos de que por su boca hablaba el mal.
Consecuencia de todo esto Lais no solo salvó su vida, también cambió radicalmente de idea sobre aquello que es valioso entre los humanos. Olvidó su obsesión por juntar dracmas y tesoros. La hetaira argumentaba que la propiedad le había amargado la vida y la condujo al asesinato y que, por el contrario el amor y la solidaridad del buzo y la negra la habían ampliado tanto la tierra como el cielo. Por eso Lais se entregó al amor y a su inventiva para sacar mágicas fragancias de los frágiles y raquíticos líquenes (Todavía hoy se buscan ánforas con las fragancias inventadas por la hermosa Lais. En el museo de Atenas hay dos muy pequeñas que se le atribuyen). Demás está decir que Lais abogaba, en esos tiempos, caída ya de la ilusión de la propiedad y el mercado de divisas y bonos por la organización social comunitaria que repartiera equitativamente los bienes y que practicara el amor libre como la hacían la negra, el buzo y ella. Lais, se sabe, murió luego de una vida larga y digna.
En Corinto se la recuerda las noches de inicio del solsticio de verano con orgías rituales y fogatas que se inician incendiando billetes de diversos valores y de todas las épocas y de los países del mundo. Estos festivales fueron, una y otra vez, prohibidos, desalentados y denunciados por las diversas formas de gobierno que reinaron en el mar Mediterráneo, hubo bulas papales en Bizancio y Roma que los intentaron hacer pasar por brujerías y prácticas satánicas.
A la luz de la historia se puede observar que cuando el dinero domina las voluntades de los hombres estas bacanales se pierden o disminuyen a su mínima expresión. Es decir el olvido hace estragos con el legado de Lais. Por el contrario cuando el dinero se volatiliza dejando muchos sueños de posesión truncos de la noche a la mañana, como el ocurrió a la hetaira, la memoria colectiva reactiva ese fuego y esa fuerza convocando a la unión entre pueblos y etnias. Los curiosos recorridos de la memoria establece una relación entre los aromáticos perfumes y el rechazo al dinero en cualquier forma de billete que surja. Los participantes que a la mañana estaban desolados y hambrientos entran en un éxtasis de anhelos fraternos y comunitarios. No hay duda: son los mismos sueños que ayudaron a Lais a vivir plenamente.
Cuando Santiago calló los habitantes quedaron en un silencio reflexivo, él por su parte aprovechó para terminar el café y pedir otro.





*



5. Concurso Literario XICóATL "Estrella Errante"*

Introducción

A comienzos de este siglo en YAGE pensamos que después del Concurso Literario dedicado a commemorar los 250 años del nacimiento de Wolfgang Amadeus Mozart, un buen tema sería imaginar nuestro planeta en el año 2100.

Un gran número de obras “científicas” y literarias a lo largo de la historia se han ocupado del futuro de la humanidad. Desde los llamados profetas mayores del “Antiguo Testamento” (Isaías, Jeremías, Ezequiel y Daniel), pasando por los libros sibilinos de la Roma antigua, las obras de Platón (“La República”), Thomas More (“La Utopía”), Michel de Nôtre-Dame (“Las verdaderas centurias astrológicas y profecías”), Tommaso Campanella (“La Ciudad del Sol”), Jonathan Swift (“Los viajes de Gulliver”), Jean-Jacques Rousseau (“El Contrato Social”), Robert Owen (“Nueva visión de sociedad”), Étienne Cabet (“Viaje a Icaria”), Karl Marx y Friederich Engels con el “materialismo dialéctico”, Aldous Huxley (“Un mundo feliz”) hasta trabajos muy recientes como el del autor George Friedman [1]. Todo esto sin incluir esa inmensa franja literaria llamada “Ciencia-Ficción”, comenzada a fraguar ya en el siglo XVII por Johannes Kepler con “Somnium”, y que ha generado obras tan brillantes y fantásticas como las de los autores Edgar Rice Burroughs, Howard Phillips Lovecraft, Fritz Leiber, Robert Bloch, Robert E. Howard, Isaac Asimov, Ray Bradbury, Anthony Burgess, Arthur C. Clarke, Robert A. Heinlein y en castellano Adolfo Bioy Casares y Jorge Luis Borges [2].

Para esta edición del Concurso Literario XICóATL tenemos la fortuna de contar con la valiosa colaboración de un selecto grupo de excelentes espacios de difusión literaria, quienes nos ayudarán en la puesta en circulación de las bases del concurso y posteriormente publicarán los trabajos ganadores en sus respectivos medios. Casi todos ellos colaboran también en el jurado que seleccionará los trabajos a premiar. Estos aliados son las Revistas literarias internacionales “En Sentido Figurado” (hecha en 7 países), “Cañasanta” (de Toronto, Canadá), “Carátula” (de Nicaragua), “Cinosargo” (de Chile), “miNatura” (de Cuba), “Antorcha Cultural” (de Mendoza, Argentina) y “Azul@rte” (de Québec, Canadá); además los blogs literarios “NTC … Nos Topamos Con …” (de Colombia); “Inventiva Social” (de Buenos Aires, Argentina); "Aurora Boreal" (de Dinamarca).

El siglo XX fue profundamente estampado por el sello sangriento de una multitud de regímenes totalitarios, guiados por una u otra ideología política. Tan nefasta experiencia, marcó a su vez el comienzo del fin para todas las ideologías. En lo científico, lo cultural y lo económico la humanidad alcanzó desarrollos jamás soñados por civilización alguna; sin embargo, esta grandiosa expansión material nos deja al mismo tiempo un inmenso catálogo de problemas y desafíos para los siglos venideros. Si bien la sombra compañera de la llamada civilización durante el pasado siglo fue la guerra, la de este siglo XXI es la gran devastación y la profunda degradación del medio ambiente. Pienso que la humanidad requiere con urgencia en este siglo una gran revolución, esta vez de carácter espiritual. Será una transformación esencialmente individual, que tenga como objetivo la abolición de todos los condicionamientos de carácter religioso, político y cultural que hoy siguen prolongando su esclavitud. El hombre económico y enajenado de hoy no tiene ningún futuro. El hombre sin conciencia de sí mismo, de su papel en el mundo, de sus derechos y responsabilidades nunca podrá resolver los problemas de hambre, miseria, guerra, dependencia, sobrepoblación, contaminación ambiental, relación con otras especies y otros tantos que hacen infeliz la vida. Pero el objeto de esta introducción no son mis fantasías y/o especulaciones sobre lo que ocurrirá en nuestro planeta en un futuro, ese será el trabajo de quienes deseen concursar en esta convocatoria. Lo que sí tengo muy claro de momento es mi profundo agradecimiento para todas las entidades y personas que harán posible el desarrollo del evento y para todos los que emprendan la tarea de imaginar qué sucederá o cómo será nuestro planeta, en especial los continentes que más nos conciernen, esto es (Latino)América y Europa, en el año 2100.



*Luis Alfredo Duarte-Herrera.





BASES DEL CONCURSO



- Para trabajos inéditos, en prosa
- Extensión máxima: 5 páginas, formato DIN A4, tipo de letra Times New Roman tamaño 14, a espacio sencillo, margen: 2 cm x 2 cm x 2 cm x 2 cm.
- Tema: "(Latino)América / Europa / año 2100"
- Idioma: español
- Género: ensayo y/o cuento.
Envío del trabajo: enviar vía e-mail a euroyage@yahoo.de 2 archivos anexos en formato Word: el primero con el cuento o ensayo (no olvidar colocar el seudónimo) y el segundo con los datos personales (pseudónimo, nombres y apellidos, dirección electrónica, dirección postal, teléfono y corto curriculum vitae [opcional]).

- Fecha límite para el envío de los trabajos: 30 de noviembre 2010.

PREMIOS:

- Se otorgarán 3 premios, cada uno de 500 euros, más la publicación en los siguientes medios:

1. Magazín Cultural Latinoamericano XICóATL, “Estrella Errante”, bilingüe, impreso y digital www.euroyage.org
2. Revista Digital “En Sentido Figurado” http://www.ensentidofigurado.com/
3. Revista Cultural “Carátula” http://www.caratula.net/
4. “Revista Cinosargo” http://www.cinosargo.cl.kz/
5. “Cañasanta, Revista sobre Arte y Literatura Latinoamericana” http://www.canasanta.com
6. Revista Digital “Antorcha Cultural” www.antorchacultural.com
7. Revista Digital “miNatura” http://www.servercronos.net/bloglgc/index.php/minatura/
8.“Revista Literaria Azul@rte” http://www.revistaliterariaazularte.blogspot.com/
9. “NTC … Nos Topamos con …” http://www.ntcblog.blogspot.com/
10. “Inventiva Social” http://www.inventivasocial.blogspot.com/
11. Revista Aurora Boreal http://www.auroraboreal.net


- Mención de Honor y publicación (bilingüe en XICóATL) de los trabajos destacados.
- Los resultados se anunciarán en el No 96 de XICóATL (Julio/Septiembre/2011) y, por la misma época, en los demás medios descritos.

El jurado está integrado por:

1. Eduardo Francisco Coiro, por “Inventiva Social”,
2. Gabriel Ruiz Arbeláez, por “NTC … Nos Topamos con …”,
3. Ricardo Acevedo Esplugas, por “miNatura”,
4. Dr. Angel Lucio Gargiulo Filippini, por “Antorcha Cultural”,
5. Judy García Allende, por “En Sentido Figurado”,
6. Daniel Rojas Pachas, por “Cinosargo”,
7. Ángel Fernández, por “Cañasanta” y
8. Dr. Luis Alfredo Duarte-Herrera, por “Estrella Errante”.


CONCURSO XICóATL
www.euroyage.org
euroyage@yahoo.de

A-5020 SALZBURG - AUSTRIA



[1] „The Next 100 Years“, Friedman George, 2009, Doubleday, Randmon House Inc. Versión en alemán: “Die nächsten 100 Jahre”, 2009, Campus Verlag GmbH, Frankfurt am Main, 298 pgs. Existe versión en español: „Los próximos 100 años“, Editorial Destino, 2010, 336 pgs. Friedman intenta principalmente una visión geopolítica de lo que sucederá en los próximos 100 años en nuestro globalizado planeta y predice, entre otras cosas, el derrumbamiento de la China en el 2020, una nueva guerra mundial para el 2050, el aseguramiento energético del planeta mediante energía solar del cosmos para el 2080 y el desafío del poder de los Estados Unidos de América por parte de México hacia el 2100.

[2] Un interesante artículo de Elvio E. Gandolfo titulado “La Literatura Fantástica y de Ciencia Ficción en América Latina” encuentra en la Revista Cinosargo, en el link http://www.cinosargo.bligoo.com/content/view/564315/Literatura-fantastica-y-de-ciencia-ficcion-en-America-Latina.html


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Wednesday, April 14, 2010

ESTACIÓN ANDANT.


InvenTren.



SANGRE DE LLUVIA*


Amo la lluvia. Enamorada de la lluvia. Soy.
En tiempos de vendimia, sabor a rocío tempranillo.
Me viene desde lejos este amor.
La he visto crecer desde las terrenales nubes.
Desde la pasión cosecha de mis padres .Tan breve .Tan violenta.
De mis manos descalzas.
De los gastados espejos de los charcos.
Desde la lágrima a detenida en mi frente.
Desde el vaso y la siesta.
A veces asemeja un hastío, un rostro repetido.
Sangre de una culebra que la anuncia.
Relámpagos iluminando los tristes palos santos.
Estruendos parados en los postes.
Alguna vez no llega.
Se aleja en pasos furtivos con los álamos.
Otras, cae en los techos de chapa, se posa en el vidrio sin ventana,
Baja las pendientes de barro.
Besa los pies al niño que no ve la luna.
Camina hasta llegar a los villorrios fundados a la vera del río.
En los rieles .El tren se va con ella. El hambre queda.
Capa pluvial que se evapora.
Amores y risas en enero.
Crueles vestiduras del invierno.
Desborde.
Quiere parar su caminar de agua y no puede.
Roca y valle. Paraíso e infierno.
Enamorada. Enamorada de la lluvia.
Lluvia. Yo, sangre de lluvia
No encuentra, aún, el legendario grial que la contenga.



*de Amelia Arellano. arellano.amelia@yahoo.com.ar





Mi amigo el tren*



Pasa rápido la negra y trajinada locomotora.
Detrás, en fila obediente, las ventanillas iluminadas.
Quiero mirar los rostros que, tras los vidrios ignoran mi presencia.
¿Dónde van? ¿Qué piensan? ¿Quién los espera?. ¿O qué los espera?
Unos dormitan, otros leen, otros conversan entre sí.
Otros miran sin ver el paisaje que, sabiéndose ignorado, se vuelve cada vez más sombrío, más
mezquino.
Cada día imagino una nueva forma para que el tren aminore su marcha y así regodearme en cada gesto, en cada forma de mirar. Tener tiempo para averiguar que piensa, donde van, quién los espera. Imposible. El lugar es una larga recta que el tren traga ávidamente.
Entonces elijo seguir una ventanilla al azar y crearle una vida a la que la ocupa.
Algunos quieren llegar pronto, los espera una mujer enamorada, otros fijan sus ojos sin ver el paisaje, perdidos en sus problemas. Me ilusiono porque creo ver unos ojos siguiendo mi figura.
Elijo una mujer dormida, la cabeza apoyada en el vidrio, los brazos cruzados sobre el pecho, apretando un bolso. El traqueteo de las ruedas sobre las viejas vías, acuna su sueño. Quizás viene de trabajar duro y largo, cansada, con hambre. Con hambre de comida caliente, de sonrisas o abrazos de bienvenida, de olor a hogar.
Es joven, quizás la esperan dos hijos, el compañero, la tibieza del amor. Bajará en la próxima estación y se dejará llevar por el gentío apurado y ruidoso. Caminará apurada hasta la casa, abrirá la puerta, con un largo suspiro.
No. No la espera nadie, solo el gato que cruza entre sus piernas acariciándolas con la cola.
El tren hace un buen rato que desapareció, vuelve el silencio. Camino por la vereda hasta mi casa.

Allí también solo un gato me espera.



*de Elsa Hufschmid. elsahuf@yahoo.com.ar




ESTACIÓN ANDANT...




FOTO*


La foto, en apariencia, no tiene nada de especial. Y sin embargo, la miramos. Sin saber muy bien el porqué. La ausencia de color nos hace suponer que es antigua; también el hecho de estar rasgada en algunos puntos y arrugada en otros. Los años han gastado las esquinas; en una de ellas, arriba a la izquierda, falta un trocito minúsculo, tal vez demasiado pequeño para afirmar que la imagen está incompleta. Al mirarla por primera vez, se tiene una ligera sensación de frío, tan leve que casi no la percibimos. Sólo más tarde (pero ¿cuánto más tarde?) seremos conscientes de ello.

Muestra un pequeño edificio de una sola planta, con una especie de porche o tejadillo exterior que da a un andén. Sabemos que es un andén por la presencia de las vías en la parte inferior de la imagen. La conclusión resulta obvia: El lugar es una estación. En un lateral del tejadillo hay seis letras que nos indican el nombre, seis mayúsculas irrebatibles: ANDANT. Quizá sea esa media docena de letras, que parecen un tanto anacrónicas, lo que nos perturba ligeramente. O el color apagado del cielo, en el que, sin embargo, no se aprecia nube alguna. Lo cierto es que nos asalta una sensación desagradable que, por otra parte, no nos impide seguir mirando la foto; acaso anhelamos encontrar eso que nos molesta un poco no saber definir o señalar con precisión.

La visión de líneas paralelas sugiere el infinito. Aquí, las vías quedan bruscamente cortadas en los bordes izquierdo y derecho de la foto, negando con violencia esa abstracción, segmentando una mínima parcela de realidad -o de ese conjunto de percepciones que llamamos realidad. En el andén hay seis personas. Posan (la contemplación de una foto puede llevarnos por caminos un tanto sinuosos e intrincados; hacernos pensar, por ejemplo, en la actitud del que posa, en la perpetua repetición de ese momento, en la pavorosa idea de que toda la vida es pose). Cinco de ellos miran directamente a la cámara. El otro, el primero por la izquierda, está con los brazos cruzados y parece tener la vista clavada en un punto inconcreto, hacia la derecha del fotógrafo. Nos incomoda ese detalle (¿porque insinúa una ruptura, un desorden?). Nos incita a preguntarnos qué está mirando exactamente. ¿Por qué no hace como todos los demás y simplemente fija la vista en el centro? (si es que el ojo de la cámara es el centro, si podemos atrevernos a presumir la existencia de un centro) ¿Qué es eso que está ahí, fuera del ámbito de la foto, y qué significa esa mirada y por qué los otros no ven lo que él está viendo? Podría pensarse que sólo es un gesto, una pose diferente, una obstinación lícita en no mirar directamente al ojo de la cámara, y tal vez no sea otra cosa, pero nos desasosiega un poco esa asimetría.


-Cabe preguntarse si en realidad tenemos derecho a asomarnos a una foto. No me refiero al vistazo casual o efímero, al frívolo escrutinio de un momento, que con frecuencia provoca una sonrisa o un rechazo o mera indiferencia. Hablo de mirar una foto como quien mira un cuadro, durante un tiempo que no se puede medirse con cronómetros o calendarios, el tiempo dúctil de quien pinta un atardecer a lo largo de infinitos atardeceres o el de aquellos que esperan, agazapados durante toda su vida, el instante exacto del resplandor que les justifique. Esa contemplación, que en el fondo es una búsqueda, ¿no sería una forma de intrusión en ese otro orden que nos es ajeno? ¿No serán, pues, nuestros ojos invasores -camuflados tras el objetivo y el tiempo- lo que miran esas cinco personas, preguntándose acaso el motivo de tal insistencia?


La wikipedia nos cuenta que hace más de treinta años que por ahí ya no pasa el tren y que en Andant, el pueblo, apenas quedan cuarenta habitantes. Visto desde lejos, sólo son cifras. Pero la lenta despoblación de todos estos lugares nos da qué pensar. Pensamos, por ejemplo, si eso que mira el primero de la izquierda, eso que parece estar un poco a la derecha del fotógrafo, ligeramente a la derecha y hacia arriba, no será lo que, sin ruido, sin que casi nadie lo perciba, va limando con paciencia los bordes de las fotos, oscureciendo los paisajes y los rostros, devastando, centímetro a centímetro, los campos y las calles asfaltadas, terminando poco a poco con la vida en los pueblos y devolviendo al desierto lo que, acaso, siempre fue del desierto.


-Y así, la inmovilidad de la foto desborda el ámbito del papel y se expande implacable por la realidad (por este lado de la realidad). Pienso que debería ponerme de una vez a escribir algo sobre ella. Pero no se me ocurre nada. La tengo ahí, delante de mis ojos, dejándose mirar mansamente, permitiéndome atisbar cada detalle, acaso contemplándome, o contemplándose a sí misma a través de mis ojos un poco cansados. Y yo no puedo hacer otra cosa: sólo mirar la foto y dejarme contagiar esa parálisis, esa suerte de espera; inmóviles ellos en su perpetuo instante desgajado para siempre del tiempo; inmóviles todos en nuestro diario periplo por las avenidas de la rutina; inmóvil yo en mi celda sin barrotes; tanto, que ni siquiera me molesto en girar un poco la cabeza, en mirar de reojo hacia atrás, a mi derecha, donde sé que se arremolina en silencio, expectante, eso que está mirando, desde la lejanía y el pasado, el hombre de la foto, eso que siempre ha estado ahí y que no puede verse; que nadie puede ver sino a través de un reflejo, una señal inequívoca en los ojos asombrados de otro, una sombra difusa atravesando océanos y décadas.



*de Sergio Borao Llop. sbllop@aragoneria.com

*La foto de referencia se encuentra en:
http://www.plataforma14.com.ar/images/fotos_antiguas/antiguas_postales_con_motivos_ferroviarios/EstacionAndant.jpg










Intimidad I*



Ahora que llueve sé que hay
verdades
en la lluvia
que no escucharé
de nadie-de ningún otro-ninguna otra
que no sea ella
la
lluvia.


Ahora que llueve no sé por qué pienso en
verdades que
sólo se encuentran
en un instante en algún sitio
y ya no vuelven
a repetirse.


Afino los sentidos ahora que llueve

escucho huelo


¿por dónde entrar a la lluvia? -¿cómo?


Ahora que llueve
la lluvia es una cifra-un libro


una
escalera
hacia
lo
hondo
y sus descansos


es la lluvia el libro
de la lluvia


de esta lluvia
y de las otras.




*de Verónica M. Capellino. veroaleph@hotmail.com








CUIDADO CON LOS TRENES...*




Hacía apenas tres días que Laurita se había mudado al campito del abuelo para transcurrir sus vacaciones estivales; y, la verdad sea dicha, ya se encontraba bastante aburrida. Pensar siquiera en las semanas que le quedaban por delante para que regresara a su casa, sólo acrecentaba su melancólico mal humor. ¿Por qué la habían castigado de esa manera sus padres, yéndose de viaje a conocer la Isla de Pascua en una segunda –y acaso vana- luna de miel, mientras ella debía padecer aquel solitario tormento? Por más que le daba vueltas y vueltas en su cabeza, a pesar de la notable inteligencia que había desarrollado para sus escasos diez años de edad, le era imposible darse una respuesta válida.

Deambulaba por los alrededores sin entusiasmarse demasiado con nada. El paisaje la fastidiaba. Extrañaba ver televisión, jugar ocasionalmente con la computadora de su hermano, encontrarse con sus amigas para escuchar música, como haría cualquier chica de su edad; o simplemente permanecer en su casa, escribiendo en su diario. Aquí, en cambio, todo obtenía un carácter soporífero. Por más que le fascinara la lectura, placer que heredara con orgullo de su padre, por el que llevase consigo de vacaciones varios libros de cuentos, y alguna que otra novela, no conseguía concentrarse para sentarse a leer -como su papá Augusto le había prometido que disfrutaría, en un último intento para convencerla de ir a pasar aquella temporada con los abuelos- trepada en las ramas del coposo árbol de la estancia, o sin concretar acrobacias, al menos entre sus mullidas raíces, cubiertas de vegetación. No había caso: el campo la deprimía.

El abuelo había comprado aquel terreno cuando su papá era muy joven, ni bien clausuraran el ramal ferroviario de trocha angosta que solía atravesar aquellos campos. Por entonces, desbordantes vagones de carga desfilaban delante de la otrora estación, edificio que actualmente constituía parte de las edificaciones de la estancia familiar. En ese sentido, su abuelo era un purista; había mantenido intacto el carácter tradicional del inmueble, conservando ciertos detalles propios como las campanas, las inscripciones en determinados carteles, las ventanillas… ¡Con decir que la antigua boletería se había transformado en su estudio particular, y la oficina del Jefe de Estación en su propio dormitorio!

Aquellos detalles resultaban por completo superfluos para Laurita. Ella era curiosa por naturaleza, aunque su atención no pudiese mantenerse en pie durante mucho tiempo. Se cansaba fácilmente de las cosas, por lo que solía aburrirse bastante seguido. Y en el campo era peor. Por eso, a los tres días de estar allí, ya había recorrido todo lo que le resultara de interés. Tendría que hallar algo que la sorprendiese de verdad, a fin de no llegar a pensar seriamente en colarse en el primer vehículo a motor que apareciese por allí, ocultarse debajo de alguna manta o cajón, y fugarse con enorme prisa hacia Buenos Aires, a la casa de alguna amiguita o pariente que la cobijara con excesiva discreción; ya vería dónde.

El hecho sorprendente llegó de la mano de Teresa, la cocinera de la estancia, mujer enorme tanto de cuerpo como de corazón. La mañana del cuarto día, al comprobar el rostro compungido y de mirada triste que Laurita presentaba por encima de la humeante taza del desayuno, Teresa se acercó hasta ella por detrás y le susurró:

-Una niña tan seria y bonita no podría andar por ahí con esa cara si supiera el secreto que yo sé…

Laurita la miró, apenas motivada frente al imaginable tedio que la aguardaba durante el resto del día. Teresa continuó:

-Y los secretos, al ser compartidos con ciertas personas especiales, se vuelven mágicos…

Aquello venció cualquier barrera de sospecha que la niña pudiese esgrimir frente a las diversas motivaciones que la entrañable mujer pudiese formularle. Y la hostigó a preguntas, sintiendo cómo se desperezaba su inquieto sentido por la curiosidad. Teresa finalmente, luego de hacerse desear durante unos minutos, le narró la antigua historia que circulaba por aquellos pagos desde hacía varias décadas.

A escasos doscientos metros de la casa, donde las densas ramas de los árboles crecieran formando una protector túnel vegetal, se extendían en el pasado los rieles de la trocha angosta del antiguo ferrocarril. Y allí mismo, un tiempo después de haberse cerrado aquel ramal, comenzaron a ocurrir cosas muy extrañas. Misteriosas luces que se veían en las noches de luna llena, distantes silbatos de tren, locomotoras que aceleraban en medio de la noche… La peonada siempre se asustaba hasta los huesos cuando despertaba del sueño a causa de semejante presencia, y todos afirmaban que un tren fantasma surgía del olvido, negándose a detener su marcha, a pesar de las decisiones humanas. Sólo algunos valientes podían acercarse y jactarse de haberlo visto. Pero para ello, había que llegar hasta el lugar de la mano de alguien que supiera las palabras mágicas para convocar a los espectros…

-¿Y cuáles son? -, exclamó Laurita, olvidada del desayuno, con la mirada fascinada por completo al escuchar atentamente a Teresa.

-Hay que pararse debajo de la Cruz de San Andrés y repetir las palabras mágicas que rezan en ella, haciendo caso de cada una de sus advertencias. Pero una niñita de ciudad como vos no tendría que ir sola. Podría acompañarte yo, en una de estas noches. Claro que, mientras esperamos el momento de ir, vos a cambio podrías ayudarme con algunas cosas que tengo que hacer en la estancia. Juntar los huevos en el corral, por ejemplo…
Con ello, Teresa consideró que la mantendría ocupada durante unos días, a fin de que fueran pasando las vacaciones, retrasando la fecha del futuro encuentro espectral. A Laurita, en cambio, el arreglo no la convenció para nada. Sin embargo, ya conocía el hecho fundamental: el corazón del secreto, y la clave para acceder a él. Y había diseñado su propio plan. Sólo hacía falta que se hiciese de noche, y pudiera escabullirse sin ser vista.

La emoción la carcomió durante toda esa tarde. Las horas se demoraban pegajosas sobre la esfera de los relojes, y a diferencia de lo que Teresa se esperase, la niña no volvió a abrir la boca respecto de aquel tema. La mujer creyó al caer el sol que su estrategia de entretenimiento no había dado resultado, y no volvió a mencionar el tema.
Laurita, en cambio, aguardó hasta que todos se hubieran acostado, y ni bien dejó de escuchar los habituales ruidos que realizaban sus abuelos por las noches, se escabulló fuera de la habitación en puntas de pie, abrigándose con un saco abierto por encima de su camisón, calzada con sus resistentes ojotas todo terreno, y salió de la casa por la puerta de la cocina. Una vez que se hubo alejado unos metros de la casa, encendió la pequeña linterna que se había traído de Buenos Aires, y caminó sin prisa hacia la enramada, bajo la tenue mirada de las estrellas.
Soplaba una fresca brisa que agitaba levemente las ramas de los árboles. Aquel rumor la inquietaba, aumentando la sensación de soledad que experimentaba de golpe, aunque al mismo tiempo la impulsara hacia la aventura; como si lo desconocido muy pronto le deparase una sorpresa inimaginable. Avanzó entre los pajonales y los ruinosos restos de la vía, carcomida por el óxido y casi sepultada por el polvo acumulado por los años, hasta detenerse delante de la antigua señal, cuyo poste –milagrosamente- aún se conservaba de pie.

Aquello debía haber sido un paso a nivel, el cruce entre la vía férrea y acaso algún camino municipal. Allí permanecía, incólume, la cruz acostada, con sus letras aún legibles, inscriptas en cada uno de sus brazos. Laurita respiró hondo, fascinada ante la perspectiva de lo siniestro; señaló con firmeza el haz de la linterna sobre la señal, confiando en realizar los pasos necesarios para convocar la presencia de los espíritus viales, y recitó en voz alta:

-“Cuidado con los trenes”……Claro que tengo cuidado, aunque ya no pasen por acá… “Pare”, estoy parada, “mire”, miro para un lado y para el otro, “y escuche”, a ver, qué se escucha……

La brisa susurró entre los árboles nuevamente, quizá remedando alguna misteriosa conversación, incomprensible para quien no supiera entender el idioma; y por un instante, más allá de los quejidos de algún cerdo trasnochado en los corrales, nada se escuchó. Laurita sintió que comenzaba a hacer frío, y se estremeció. Entonces, proveniente de territorios en extremo lejanos, creyó escuchar el agudo silbato de un tren.

Contuvo la respiración, temerosa de moverse, aunque un impulso la llevó a mirar en ambas direcciones otra vez. Sólo al reparar varias veces sobre uno de los extremos consiguió divisar, en los confines del horizonte, la débil luz amarillenta de un faro de locomotora.

Se le aceleró el corazón, y comenzó a reírse entre dientes, sin motivo, víctima de su propia travesura. El faro se acercaba muy velozmente, demasiado como para que aquella luz perteneciese a una locomotora real… Y de pronto, la brisa se transformó en un considerable ventarrón, que agitó las ramas con violencia, asustándola aún más. El viento le golpeó en la cara, despeinándola hacia atrás, obligándola a entrecerrar los ojos. Entonces, una negra e imponente locomotora, con el número 0410 inscripto en enormes caracteres blancos debajo de la ventanilla de la cabina, se le apareció delante suyo en todo su esplendor, con el ardiente vaho de su motor diesel quemándole la cara.

Laurita gritó, pero nada se oyó por encima del tronar del silbato y el chirriar de los frenos sobre unos rieles misteriosamente relucientes, extraídos de quién sabe qué otro ramal en servicio actual e ininterrumpido. El motor regulaba constante mientras la formación recorría los últimos metros hasta detenerse por completo. Y en ese último tramo de recorrido, Laurita contempló azorada el interior de los vagones.
Dentro, hombres y bestias se debatían en caótico desenfreno. Una luz espectral se derramaba sobre ellos, emergiendo sin piedad hacia aquella virgen enramada pampeana. Los caballos coceaban los asientos de madera que aún quedaban en pie, haciéndose lugar, girando sobre sí mismos, mientras los hombres, semidesnudos, con los brazos extendidos hacia delante y las caras aterradas, intentaban eludir esos briosos cuerpos, queriendo escapar de un destino prefijado de antemano. Relinchos y alaridos ensordecieron la noche, mientras una voz, amplificada por ominosos parlantes, ordenaba:

“¿Quiénes son tus compañeros, hijo de puta? ¡Hablá de una vez! ¿O querés que te hagamos un poco más de `submarino seco´? ¡Hablá!”

Un destello eléctrico. Olor a carne quemada. Y esos gritos…

La cabeza de un caballo, con los ojos desorbitados y mostrando los dientes, asomó por el hueco de la ventana faltante de la puerta más cercana a Laurita, quien temblaba como una hoja, a punto de orinarse encima, y sin dejar de iluminar con su linterna. El animal se debatía furioso, sin conseguir escapar del vagón, empujado por detrás por otro caballo, tan encabritado como él, y por algunos hombres, pálidos y barbados, algunos “tabicados” con sucios trapos, surgidos casi como de las imágenes en sepia de un sórdido campo de concentración. Entonces, aún sin comprender la totalidad de lo que ocurría delante de sus ojos, Laurita observó que el caballo se retiraba, y que los bordes de aquel hueco del ventanal comenzaban a derramar un líquido oscuro pero brillante: sangre.

Y antes de que ella respirase lo suficiente como para lanzar el alarido, la siguiente aparición la dejó sin aliento.

Forcejeaba con uno de aquellos hombres, intentando que volviera a meterse dentro del vagón. Pero su silueta era inconfundible. Y al reparar en su presencia, luego de dominar al pobre infeliz, la miró de frente, con expresión de reproche, y absoluta firmeza en la voz al exclamarle:

-“¿Qué estás haciendo acá vos???”

Y Laurita, antes de huir aterrada hacia la casa, estremecida por la inexplicable presencia de Augusto, su papá, a bordo de aquel funesto tren fantasma, chilló…

Treinta años después, un alarido similar brota de sus labios -dando comienzo a un cíclico insomnio que se prolongará durante semanas- al sentarse de golpe sobre su cama, respirando agitada, rodeada de silencio y de penumbras, mientras los fantasmas que acudieron aquella noche bajo la enramada, como mudos testigos de …¿un país que ya no existe?…, aún desfilan erráticos delante de sus ojos, inmensamente abiertos, aunque cargados de pesadilla…



*de Aldima. licaldima@yahoo.com.ar





*


Soñaba que estaba en una estación de trenes, desnuda y ansiosa por conocer distintas estaciones: Comencé a mirar los carteles y curiosa leía: locura, destino, mujer, hombre, padres, hijos, alegrías, amor, melancolías, soledad, matrimonio, esclavos, creación, felicidad.
No sabía que dirección tomar y estaba convencida que quería viajar a todos esos lugares. Por lo cual, decidí sacar un abono y me dirigí a la boletería, allí estaba un Sr., serio, circunspecto y de pocas palabras, que vendió las series con discreción. Quise preguntarle como empezar mi aventura, pero su indiferencia me inhibió tanto, que no me animé a interrogarle.
Así, me dirigí al tren, bastante insegura y ... comenzó la travesía y sin pensar demasiado, me entregué al recorrido mirando por las ventanas del enigmático convoy. Había muchos pasajeros: hombres, mujeres y niños. También ancianos que les costaba mucho estar de pie, llevaban sus años en sus maletas, de cuero manchadas, pero con dignidad.
No sabía donde bajarme y en estación locura me quedé.. Haciéndome la valiente comencé a deambular sobre la acera, inquieta por la suerte que me podría tocar. Caminando despacio observé seres que detrás de sus espaldas tenían alas de verdad, no podía creer lo que mis pupilas veían y asombrada estaba a punto de gritar, no comprendía por qué en esa ciudad estaban los locos con su capacidad de volar. Pero no podían hacerlo, sus alas estaban atadas con una camisa de fuerza, quizás de tanto remontar. De inmediato giré asustada, horrorizada, alguien en mi espalda puso su mano y me dio tal susto que por poco me caigo. Se acercó un hombre joven, de piel blanca y de ojos grises y susurró a mi oído, hija, aquí no te quedes , es macabro este lugar. Toma el tren para otro lado no te quedes, te podés contagiar. Así , fui corriendo a la terminal y esperé a que el transporte me dejara en otro paraje. Nuevamente subí y me senté en un vagón insegura, pensando a dónde podía parar, cuando se detuvo en melancolías - como siempre- entrometida, salté y me quedé. Era un paraje de tinieblas, no tenía miedo, estaba la calle tan gris, que mis zapatos se empezaron a humedecer, aparecí. Parecían derretirse en ese humo pegajoso, no me gustó. Me fui casi sin respirar. No quería empaparme de ese vaho que paralizaba mis pulmones. Nuevamente fui a buscar el ferrocarril. Tenía boletos de sobra.
Cuando llegó, ya sabía donde me iba a quedar, cuando vi el letrero de hombres, agitada me lancé a las veredas. Me dije, esta es mi oportunidad. Que contenta estaba: había tantos para elegir: morochos, rubios, pelados, altos, con guita, deportistas, se me hacía agua la boca...de mi cartera saque un espejo y delineé mis labios con sabor rojizo, estaba sonriente y dispuesta a acercarme a un morocho de barba, muy elegante, muy atractivo, pero al descubrir mi intención me sentí presa de una inocente cobardía y me dije: aún no estás preparada, ándate no busques en él lo que no encuentras en vos. Y me fui, cabizbaja hacia otra ciudad.
En las vía férreas, encontré nuevamente al vendedor de pasajes, el mismo individuo que parecía tan tranquilo, le inquirí cual era el mejor pueblo para mí, pero no contestó mi pedido. Desanimada emprendí mi traslado, subí al coche, expectante y comprendí que debía elegir sola mi rumbo. El vehículo se puso en marcha y me quedé dormida, en ese sopor que te envuelve pero que te permite estar consciente de lo que ocurre. Estaba recorriendo mi historia en pocos segundos, pasaban los paisajes de la niñez, como si estuviese viendo una película, veía a mi abuela con sus ojos tan celestes que tanto amaba, mi perra collie que corría por el césped jugando a las escondidas, mi cara era regordeta y tenía un hoyuelo en la mejilla derecha, que la hacía re simpática. Así fui transitando mi adolescencia, repleta de amigas y de amigos y novios que bailábamos abrazados con la música de los Beatles o Gary Cooper y de Unión Caps, que linda manera de conocernos y empezar a sentir el amor. La que no tenía novio estaba fuera de onda. . Me despertó el guarda en el paraje Mujer. Bajo empujada, apresurada y cuando llego al sitio encontré un montón de maniquíes que no me gustaron. Me fui a quejar a la oficina de turismo y el mismo Sr. (El de la boletería) me indicó con una seña, que me dirigiera a un lugar cerrado . Cuando llego al lugar, me sorprendió la calidad del silencio. Pensaba que habría mucho bullicio, pero me confundí. Abro la puerta de entrada y al pasar encuentro un salón de espejos, intrigada comencé a mirar y lo único que veía era mi cuerpo, reflejado en uno, en dos en diez y en mil retratos. Estaba de frente, de costado, de atrás , alta, gorda, petisa. Que diablos hacía allí? Estaba confundida, perpleja, donde estaban las mujeres? Me habían estafado? Me quedé quieta y lentamente intente Mirar las imágenes que amanecían de a mil. Quién era esa que estaba enfrente de mí? Y las otras? Tenían mis colores de ojos, mis cejas unidas, mi pelo lacio y suave como la pluma de un cisne, estaba absorta observando mis diferentes facciones y facetas de mujer. Cómo podía hacer una sola? Miraba por sobre mis hombros y en cada pestañear encontraba una cara nueva, como las facetas de un diamante en bruto. Emocionada miraba mis ojos verdes, que se llovían celestes y grises y veteados de miel. Eran tan bellos, tan intensos resplandecía tanta luz que me hizo sentir el amor. Habrá pasado un minuto, una hora, no interesaba cuanto tiempo, había descubierto en ese espacio la delicia de ser yo. Me convencí pellizcando mi pierna. Me fui, no llevaba nada más que esa sensación de concebirme mía, no quería seguir andando. Me dirigí a la calle y estaba el Sr. de los boletos, era mi analista, que sonrió al verme vestida de mujer.



*de Azul. azulaki@hotmail.com




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Friday, March 05, 2010

ESTACIÓN EDUARDO CASEY.


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EL BREVE ESPACIO DE UN INSTANTE*



A la memoria de Héctor Forés


Las cabras del guardagujas huyeron ante el silbido. El tren se detuvo para una corta parada, apenas quince minutos para bajar a estirar las piernas. La humedad y el calor eran tales que hacían germinar las líneas férreas, de donde brotaban helechos que las cabras venían mansamente a mordisquear entre tren y tren.

Una niña escudriñaba los rostros de los pasajeros... Finalmente le vio.

- ¡Diego! ¡Diego! ¡Aquí! - gritó, saltando y agitando el sombrerito de paja.
- ¡Chely! - respondió sin poder ocultar la sorpresa - ¿Qué haces aquí? ¿Cómo llegaste?

Ella corrió a abrazarlo. Él correspondió con afecto.

- Vine en la bici, no es tan largo el trayecto. No te preocupes, nadie lo sabe y volveré a tiempo para la cena. Quedará como un día de escuela en las estadísticas maternales.
- Loquita... - dijo él revolviendo los cabellos que el viento se había encargado de destejer a su antojo - ¿qué te hizo seguirme?
- Sé que mamá y tú rompieron - suspiró ella -, la vecina de al lado lo dijo delante de mí... me dolió enterarme así. No entiendo por qué me tuvieron que inventar todo eso del viaje a la capital por asuntos de trabajo.
- ¿Quieres que te busque una soda?

Ella asintió y él se internó de regreso al vagón. "Va a esconderse. No sé por qué esa manía de ocultar las emociones. Mientras le hablaba apenas me sostenía la mirada. A veces pienso que la madurez se pierde con los años. Ahí viene con su mejor sonrisa... ¿cuánto le habrá costado fabricarla? ¡Ay, Diego, si no fueras tan genial!"

- Tu soda, Chelín, bien fría, debes estar seca con tanto pedaleo bajo este solazo.
- ¿Quieres que nos sentemos afuera o prefieres que hablemos adentro, para aprovechar el aire acondicionado?
- Ya veo, no tengo escapatoria... adentro entonces, con tal que escuches el silbido y te bajes a tiempo. Creo que tu madre me mata si te rapto.

Entraron y se acomodaron en una mesita de dos, él pidió un café y se entretuvo removiéndolo, con la vista fija en la cucharilla. "Está haciendo tiempo", pensó ella sin arredrarse, si había llegado hasta ese punto no lo iba a dejar pasar.

- No me importa mucho lo de la separación, sé que mamá se acostumbrará pronto. No vine tampoco a preguntarte los motivos…
- Geniecillo perverso, no sé cómo de esa familia has salido tú, diamante entre el carbón. Cuando hablas, parece que tienes cien años, y cuando te miro, lo que veo es una niñita con dos trenzas que nunca están derechas. Eres el único recuerdo que quiero conservar, si quieres que sea sincero.
- La sinceridad es algo que se ve poco - respondió entre buches de refresco -... La pasábamos bien, nuestras conversaciones sobre la vida después de la muerte, las otras dimensiones, los poderes de la mente, ¿recuerdas?
- ¿Cómo lo voy a olvidar? Sepultada en un pueblito cuyo único acontecimiento es ver pasar el tren cada día, llevándose a los afortunados que logran escapar, hay una niña que se preocupa por los destinos del universo... Es un regalo que te han hecho y que debes conservar. No dejes que te roben tu singularidad, Chely, vas a llegar muy lejos, los dos lo sabemos...
- Si no tengo con quién hablar perderé mis facultades. No me pongas esa cara, no he venido a pedirte que regreses, sé que no hay vuelta atrás. Venía a hacerte una proposición: ¿Quieres ser mi padre?

Diego derramó parte del café. Chely no pudo menos que sonreír, pero se detuvo cuando vio que no era correspondida.

- Chely, no puedo ser tu padre. Ni aunque estuviera aún con tu madre. No puedo sustituir a quien te creó, ni usurpar su lugar. Te quiero mucho, me duele lo que te estoy diciendo, pero te reconozco lo suficientemente inteligente como para superar este mal rato. Hay vacíos que no puede llenar nadie y éste es uno de ellos... Por favor... ¡cambia esa cara!
- No estoy llorando - porfió la niña, enjugándose las lágrimas con la manga -. ¡He pedaleado tanto para escuchar una respuesta que debía haberme imaginado!

La primera llamada de advertencia se dejó escuchar en la estación.

- ¿Vuelves con tu familia, verdad, Diego?
- Así es, y lo del empleo en la capital es parte de la verdad. Ahora escucha, te propongo algo - habló él tomándola de la mano y escoltándola hacia la puerta.

Quedó en el primer peldaño, asido al pasamanos. La niña bajó al andén. Desde allí se veía más pequeña e indefensa.

- Te propongo ser tu amigo. No será necesario que nos llamemos o me escribas a diario. Existe un tipo especial de amigos, más allá de las diferencias, de las distancias... Son aquellos que cuando tienes un problema, cuando estás triste - el segundo silbido le obligó a subir el tono de voz - puedes decir: "Él está ahí para mí, siempre va a estar"... - la frase vibró en medio del silencio que retornaba, algunos pasajeros se voltearon para mirarlo.
- ¿Y a partir de cuándo empieza a funcionar esto de la amistad? - preguntó ella mientras el ferrocarril iniciaba su marcha rumbo a otro pueblo, hasta que la línea infinita lo adentrase en la urbe superpoblada.
- ¡Ya está funcionando! - gritó él, agitando la mano en señal de despedida - ¡Adiós, Chely!
- Estoy sola - dijo ella sabiendo que nadie la escuchaba, sin ocultar las lágrimas, teniendo por únicos testigos a las cabras que regresaban, lerdas, a mordisquear los helechos -. Soy especial, tal vez soy única en el mundo... ¿De qué me sirve? El hombre que había escogido para ser mi padre, no tuvo el valor de aceptarlo.



*de Marié Rojas.
La Habana. Cuba.






TODA ELLA UNA ESPERA*



Serpentina de plata, te anunciabas.
Y ella llegaba con su piel de primavera.
Y yo esperaba .Con mi infancia a cuestas.
Traías el misterio de tréboles en círculos.
También la angustia de líneas paralelas.
Y sobre todo un sueño de otros horizontes
De los poblados pobres. Del hambre.
Eras una esperanza que avanzaba.
Llevabas y traías golondrinas.

Lento y seguro paso de mi madre.
Beso de padre hundido en las tinieblas.
El tren que se marchaba y la luna quedaba.
Aun recuerdo sus ojos de amapolas.
La vi llorar, pero no dije nada
Compartía la espera, el sueño, la distancia.
Solía sentarme en un banco de niebla.
Saludaba con corazón hecho pañuelo en alta.

Se han ido los caminos. La luna se ha marchado.
Lo yuyales han cubierto su rostro.
Pero ella ,toda una espera, raíz y bruma.
Y su oído se vuelve lluvia mansa.
Le musita secretos. Recónditos. Profundos.
Ya se acerca, el grito triunfal de la locomotora.
Yo, la acompaño, con mi adultez a cuestas.



*de Amelia Arellano. arellano.amelia@yahoo.com.ar








ESTACIÓN EDUARDO CASEY...





*


Me dijiste que un tren es cosa hecha para llegar, me dijiste que los arribos y las bienvenidas y los festones tricolores y las bandas de música siempre desafinadas. Me dijiste hace mucho que los niños correteando en los andenes, que las señoras repintadas que las muchachas anhelantes. Me hablaste de soldados regresando a casa, de trabajadores golondrina (golondrinas, trabajadores con alitas oscuras tal vez, muchachos de cuerpos enjutos), de trabajadores golondrina que retornan y los abrazan los brazos de sus mujeres de mucho niño y olla de hierro.
Que los trenes unen acortan distancias, que los trenes corren de una ternura a un beso, de un suspiro de pañuelo bordado a un caserío perdidito en el campo vasto. De los trenes me hablabas te acordás, de esas máquinas de vapores y truenos, de nostalgias y pasados, de durmientes quietos y las vías relucientes a fuerza de rueda abrasadora.
Entonces llegamos a esa estación, y la estación estaba dormida, y el campo estaba dormido, y el cielo ardiente del verano no reaccionaba. En la estación entonces de pronto. Entonces de pronto tu cara, esa mirada que detenía las ruedas y los pistones, De pronto tu cara y la mirada y el silencio. Y entonces en la estación Casey se nos detuvieron los trenes y se congelaron las gotas en las canillas, las arañas en las telas, se fundieron los pájaros en el azul del cielo, las vacas en el verde, los humos en las nubes inalcanzables.
Mal decorado, pintura descascarada, estaciones donde no hay ni arribos ni risas ni lágrimas de las que lloran alegrías.
De pronto en la estación Casey se detuvo el tren y se detuvo para siempre.



*De Mónica Russomanno russomannomonica@hotmail.com






CON LA PIEL ESCRITA EN GOLONDRINAS (*)


“Nadie estuvo en su ropa, en su patria, en sus raíces.
Un silencio de lobo avanzó y corcoveó por estas calles.
El terror derribó puertas y espió por las mirillas...”
EDUARDO DALTER




He escrito cada una de las puertas de la que fue mi casa.
Me he escrito la piel en golondrinas.
En ojos de carbón. En turmalina negra.
Teñí la patria de trigo desgranado.



Ahora me encuentro en un país con fauces.
Atlas de desamores.
Doblo la esquina del deseo y encuentro casas, puertas.
De todas esas casas, una me ha de habitar.
De esas puertas, alguna, ha de ser la mía.
¿Se han borrado las huellas?
¿Acaso somos Hansel o Gretel?
¿Me han escondido los caminos?
¿Han huido los niños y los nidos?


¿Qué hacer con este temblor de rosedales?
¿Con estas vísceras de toro, en amarillo?
¿Con esta puerta ojival que no me nombra?



Una larga avenida y un grito, me responden.
En bermellón, en azul lirio, en jade.
En sepia. No entiendo lo que dicen.
Pero sé, con la piel escrita en golondrinas.
Que solo soy, una mas, inquilina de amores.
Y un reflejo, una foto, un espejo, de la inmortal palabra.




*de Amelia Arellano. arellano.amelia@yahoo.com.ar
(*) Poema basado en fotografías de Pedro Martínez Exposición 2010. ESPAÑA







El invisible*





Cuando Silvia, la mamá de Matías, dijo en la puerta de la escuela:

-Mi hijo puede ver seres invisibles.

Escuche asombrado. Quede en silencio.

Pasaron días. Seguimos esperando cada cual a sus hijos.

Volví a preguntar. Ella me invito a que lo comprobara con mis propios ojos. Así que los seguí con mi hija de la mano rumbo a la estación de tren.

Antes de cruzar la calle que separa del acceso a la estación hay muro alto blanqueado, luego una carnicería situada por debajo de la escalera que eleva los pasos para poder cruzar sobre las vías y acceder a los andenes. Por allí muchas personas desconocidas se entrecruzan a toda hora.



Matías, señalo al hombre sentado sobre un cajón de madera.

Era evidentemente visible. Podía verlo, aunque siendo este mi camino habitual de retorno a casa nunca antes lo había visto. Observe a la gente que pasaba apurada, que como en un hormiguero entra o sale de la estación. Era invisible. O la muchedumbre fingía no verlo.

Estuvimos un rato haciendo comentarios. Los chicos con una paciencia inusual.

Al final cruzamos.

El hombre parecía un ejecutivo u oficinista caído en desgracia de los que hay durmiendo en las plazas de Barrio Norte o Recoleta. Unos ojos muy claros en un rostro que podría ser galés, escosés, irlandés, quizá celta. Portaba una mirada perdida en lejanías, como buscando un horizonte inexistente.

Sólo le habló a Matías.

El niño y ese hombre casi anciano parecían conocerse desde siempre y no por saludos de minutos a la salida de la escuela.

-Viste que hermoso es Eduardo. -Dijo Matías a su madre.

Sólo la mirada de un niño de 8 años podía transformar a ese hombre arruinado, sucio y seguramente maloliente en alguien hermoso.





En el invierno, Matías le llevo un gorro rojo de lana tejida.

Un día, cuando pasaba por la estación pude verlo por una vez del otro lado del muro. El hombre estaba al costado de la vía de maniobras y saludaba inclinando el cuerpo, quitándose la gorra con una reverencia de caballero antiguo al paso majestuoso de una locomotora. El maquinista le respondió con un toque de sirena de cortesía.

Cada tanto me llegaron noticias. Un día me contaron que llevaba el apellido Casey.

El hombre les había contado que un antepasado suyo pasó de amasar una fortuna con buenos negocios a la miseria. Toda su familia había quedado marcada por ese destino. El mismo lo había perdido todo en la crisis del 2001. Desde entonces eran él y su sombra sobre el muro blanco.



Cómo suele ocurrir a cada paso que se da en la vida, esta historia quedo inconclusa.

Creo que fue en noviembre. Llegaron unos vendedores de películas piratas, pusieron su puesto allí donde se sentaba el viejo Eduardo Casey, y de un día para otro lo echaron del único lugar que él había elegido para compartir con su sombra a la intemperie.



Matías preguntó, lo busco por estación y aledaños. Volvió a ser invisible.

Después finalizó el año escolar, a Matías lo cambiaron de escuela. Cerca de su casa, sin tanto viaje ni estación de tren. Creo que mantendrá por donde vaya su sorprendente sensibilidad para descubrir seres invisibles.



*De Eduardo Francisco Coiro. inventivasocial@hotmail.com






*



El arquitecto Eduardo Casey se encontraba tan orgulloso de la elegante casa de dos plantas que había diseñado cinco años atrás para vivir con su familia que, cuando el clima de creciente inseguridad en que se veía sumida gran parte de la población se volvió intolerable para él, impulsándolo a mudarse de barrio, lejos del conurbano bonaerense, no le cupo mejor idea que llevarse consigo la mismísima casa y emplazarla en el lote que había comprado en fecha muy reciente, aprovechando una impostergable ocasión, en terrenos pertenecientes a supuestos antepasados suyos, de apellido Casey, pero a quienes él desconocía.
Existía un detalle más que obvio, por supuesto: el traslado no resultaría nada fácil. Sin embargo, el arquitecto había invertido decenas de horas de cruel insomnio elucubrando hasta los últimos detalles de tan portentosa empresa. Y la única manera viable de ejecutarla era montando su propia casa a bordo de una serie de sólidos vagones ferroviarios, diseñados a tal efecto por él mismo.
En primer lugar, debió repasar sus olvidados estudios de Diseño Industrial –iniciados tres años antes de embarcarse en la gloriosa carrera de Arquitectura-, a fin de ultimar contingencias. Luego, navegar por Internet en busca de los planos necesarios –casi imposibles de conseguir, impulsándolo a dudar acaso de su existencia- para adaptar los vagones de trocha angosta al formato requerido para sostener la casa. Como paso siguiente, calcular el nivel de resistencia de los materiales de la construcción al momento de iniciar la excavación en el terreno a fin de emplazar las guías que sostendrían las vigas maestras y con ellas los cimientos, para luego izarla fuera de su ubicación original. Más tarde, investigar si existían grúas de dimensiones colosales, o bien cuántas serían necesarias para izar la edificación con la suficiente firmeza y suavidad como para no causar daño alguno durante el trayecto y posterior localización definitiva. Finalmente, conseguir los permisos municipales de traslado, catastro, sindicalismo y afinidades diversas, con el objetivo de tener cubierta la base obrera y funcionaria de la empresa.
Y a fin de concretar todo eso, le era indispensable contar con una cuantiosa suma de dinero, que cautelosamente había conseguido a través de un crédito hipotecario, adjudicado con una rapidez sorprendente. (Alguien le supo deslizar la subversiva idea de concretar con tal suma una nueva edificación, respetando los planos originales, idea que fue inmediatamente descartada por el arquitecto con una irrepetible expresión de asco y desdén)
Un enorme alivio había resultado el hecho de que su flamante morada estuviese construida a orillas del recorrido vial, ahorrándose así el engorroso trámite intermedio de montar la casa sobre un descomunal camión de carga -o una consistente serie de los mismos, alineados de costado- para luego emplazarla sobre los vagones. (Aunque, de haber resultado así, ¿de qué le hubiera servido semejante desarrollo ferroviario, si podía liquidar la empresa en tal paso intermedio? El traslado en tren hubiese sido superfluo, pudiendo desarrollar el proyecto por completo sobre neumáticos)
Su señora esposa, Lucía Gahan, enamorada incondicional, no le objetaba ni un solo detalle, y le cebaba mate tras mate, mientras él protestaba a viva voz delante del monitor de su computadora al emplear el AutoCad para intentar resolver sus dilemas cuasi-metafísicos de diseño. Podría afirmarse que la mujer del arquitecto, cuanto menos, era una cónyuge inusual; otra esposa, en la misma situación, ya hubiera tomado a sus dos hijos de un brazo y lo hubiese abandonado a su suerte con sus faraónicos delirios.
Las semanas fueron pasando, los trámites se fueron concretando, y finalmente llegó el tan ansiado “Día T” (Día de Traslado). Cientos de vecinos de la zona se congregaron para contemplar tamaña empresa, filmados muy de cerca por las voraces cámaras de televisión, que se aglomeraban junto al fenómeno como laboriosas abejas en torno a la miel. El proyecto tuvo alcances internacionales: los ojos del mundo estaban depositados sobre el arquitecto Casey, quien supervisaba todo con un enorme megáfono, sin alejarse demasiado de las enormes grúas que había contratado para la ocasión.
Hasta el Señor Intendente del Municipio improvisó un discurso antes de que la flamante construcción comenzase a ser removida, ensalzando la trascendencia de contar con una iniciativa popular que jamás descansaba, el importante nivel académico de los profesionales argentinos, el hito histórico que representaba este precedente de ribetes casi científicos para el desarrollo del venidero Polo Industrial en el Municipio –cierto genuflexo asesor tuvo que admitir luego del discurso que el Señor Intendente quizá había exagerado un poco, entusiasmado ante la gloria con que el evento lo insuflaba, aunque……nadie sabe cuáles pueden ser las potencialidades de nuestra administración; hay que confiar en estas autoridades democráticamente elegidas, que saben interpretar las voluntades populares…-. Las cámaras de televisión, por supuesto, no perdieron detalle alguno en tales declaraciones.
El arquitecto, habiendo revisado hasta el último detalle, dio la orden esperada por todos, y con un crujido inicial que estremeció a la totalidad de los presentes, incluido el mismo arquitecto Eduardo Casey, la Casa Movediza (como comenzaron a mal llamarla los cronistas, para irritación de su diseñador) se izó en el aire gracias al impulso de enormes cadenas, rociando tierra al despegarse del suelo. Las grúas giraron morosas hasta ubicar la construcción encima de los tres únicos vagones de la formación ferroviaria –encargados a Fabricaciones Militares, quienes publicitaron la construcción de los mismos desde mucho tiempo antes de que los planos del arquitecto estuvieran terminados-, y luego de afirmar los cimientos a dichos vagones con las cadenas, las grúas se retiraron y la locomotora alimentada a GNC, valioso emblema de la reconstrucción ferroviaria encarada por el Gobierno, hizo sonar su claxon y comenzó a avanzar, arrastrando las varias toneladas edificadas, ganándose el merecido aplauso de todos los presentes.
El viaje fue lento y penoso para el arquitecto Casey, quien sufría ante cada detalle imprevisto, atento a cualquier sonido extraño que pudiese generarse en la estructura de la casa. Bramaba todo tipo de órdenes escudado detrás del megáfono, enloquecido ante la –supuesta, para él- inoperancia de los obreros que había contratado. Su señora esposa, Lucía Gahan, contemplaba todo con sonrisa beatífica, exhibiendo una elegante capelina blanca sobre su cabeza, mientras se hallaba cómodamente sentada junto a sus hijos en el asiento trasero de la camioneta de la televisora que la llevaba a destino al marchar junto a la formación, a través de un delgado sendero de tierra, paralelo a las vías. Las grúas se desplazaban por un camino asfaltado, a unos cien metros de distancia, intentando llegar a destino antes que la comitiva principal.
Todo parecía estar saliendo a la perfección. Hasta no faltaron quienes se sumaron al brillo de la proeza y se adjudicaron no sólo ser íntimos amigos del arquitecto Casey, sino haberlo instigado además a concretar la aventura, siendo los verdaderos cerebros detrás del profesional municipal. Y al llegar al lote prefijado, ya se preparaban para degustar el preciado sabor del champagne que descorcharían en cuanto se hubiese completado el descenso de la construcción, cuando ocurrió lo que nadie hubiese podido esperar. Ni siquiera el arquitecto Eduardo Casey en sus más tenebrosas pesadillas.
Las grúas se aprestaban a volver a izar la casa, luego de enganchar las cadenas que sostenían los cimientos, cuando de pronto un crujido estremecedor y sostenido los inmovilizó a todos. El arquitecto contempló horrorizado aquello que jamás se le hubiese ocurrido que pasaría; inmerso en cálculos edilicios, ni siquiera llegó a considerar el efecto que podía haber causado la Naturaleza sobre su preciada casa.
Con el paso de los años, escasos pero contundentes, los cimientos habían sido invadidos por las hormigas y las termitas. Y antes de que las grúas pudieran elevar la edificación apenas unos centímetros, ruidosas grietas se abrieron paso velozmente a lo largo de la estructura, provocando que en cuestión de escalofriantes segundos la casa se rajara en varios fragmentos y se desmoronara sobre los flamantes vagones como si fuese un mal entrazado juguete de arcilla y cartón.
El silencio posterior a la ovación de sorpresa fue aterrador. La palidez invadió los rostros de todos, haciendo desvanecer las variadas ilusiones de cada uno de los presentes, tanto funcionarios como periodistas, e incluso vecinos arribistas, que deseaban sacar una buena tajada con el asunto. La situación pareció eternizarse en un caos de incredulidad, hasta que por fin un agudo chillido de dolor hizo que los presentes escaparan del estupor en que el desastre los había sumido, haciéndolos sentir incómodos en exceso.
Era el arquitecto Casey, quien caído de rodillas sobre el suelo, aferrando entre sus crispadas manos los terrones de los cimientos de lo que hasta hacía escasos instantes fuera su casa, desahogaba en amargas lágrimas el hondo sufrimiento que le causaba el desvanecimiento de su más contundente ilusión.
Una persistente brisa comenzó a soplar desde el Norte. Y la carcomida tierra de los cimientos los fue cubriendo lentamente a todos…


***

En las ruinas de la antigua Estación Casey, vive actualmente una pareja de ancianos. Sus hijos los han abandonado hace tiempo, pero ellos se niegan a dejar atrás este improvisado hogar que los ha cobijado desde hace ya muchos años. El anciano continúa diseñando, como en sus años mozos -pero ahora sobre una vulgar mesa de madera y con mirada extraviada-, decenas y decenas de planos, que con la confusión en la que vive sumido luego del desastre que lo llevó a la ruina, ahora resultan por completo inservibles.
Mientras tanto, su señora esposa continúa cebándole mate, embelesada ante esos erráticos trazos sobre el papel que apenas comprende. Aunque su mirada, como la de él, también parezca vacía…



*de ALDIMA. licaldima@yahoo.com.ar








No carecer*



Aturde como todo
lo que aturde:
con carácter irreversible

para los que no
carecemos de carácter ni de
irreversibilidad

ni de pronunciada propensión
al aturdimiento.



*de Rolando Revagliatti revadans@yahoo.com.ar





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Queridas amigas, apreciados amigos:

Este domingo 7 de marzo del 2010 presentaremos en la Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!), en nuestro programa bilingüe Poesía y Música Latinoamericana, música de la compositor argentino Gabriel Senanes. Las poesías que leeremos pertenecen a Marga López Díaz (Colombia) y la música de fondo será de Surazo (Andes). ¡Les deseamos una feliz audición!


ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at (Link: MP3 Live-Stream).
Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!!
(Recomendamos usar http://24timezones.com/ para conocer las diferencias horarias).


REPETICIÓN: La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo!

Freundliche Grüße / Cordial saludo!


YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.
www.euroyage.com
Schießstattstr. 37 A-5020 Salzburg AUSTRIA
Tel.: 0043 662 825067



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