Wednesday, August 25, 2010

ESTACIÓN MARÍA LUCILA


InvenTren.



Piedra Fundamental*



*De Alejandra Pizarnik.



No puedo hablar con mi voz sino con mis voces.

Sus ojos eran la entrada del templo, para mí, que soy errante, que amo y
muero. Y hubiese cantado hasta hacerme una con la noche, hasta deshacerme
desnuda en la entrada del tiempo.

Un canto que atravieso como un túnel.

Presencias inquietantes, gestos de figuras que se aparecen vivientes por
obra de un lenguaje activo que las alude, signos que insinúan terrores
insolubles.

Una vibración de los cimientos, un trepidar de los fundamentos, drenan y
barrenan, y he sabido dónde se aposenta aquello tan otro que es yo, que
espera que me calle para tomar posesión de mí y drenar y barrenar los
cimientos, los fundamentos,
aquello que me es adverso desde mí, conspira, toma posesión de mi terreno
baldío,
no,
he de hacer algo,
no,
no he de hacer nada,
algo en mí no se abandona a la cascada de cenizas que me arrasa dentro de mí
con ella que es yo, conmigo que soy ella y que soy yo, indeciblemente
distinta de ella.

En el silencio mismo (no en el mismo silencio) tragar noche, una noche
inmensa inmersa en el sigilo de los pasos perdidos.

No puedo hablar para nada decir. Por eso nos perdemos, yo y el poema, en la
tentativa inútil de transcribir relaciones ardientes.

¿A dónde la conduce esta escritura? A lo negro, a lo estéril, a lo
fragmentado.

Las muñecas desventradas por mis antiguas manos de muñeca, la desilusión al
encontrar pura estopa (pura estepa tu memoria): el padre, que tuvo que ser
Tiresias, flota en el río. Pero tú, ¿por qué te dejaste asesinar escuchando
cuentos de álamos nevados?

Yo quería que mis dedos de muñeca penetraran en las teclas. Yo no quería
rozar, como una araña, el teclado. Yo quería hundirme, clavarme, fijarme,
petrificarme. Yo quería entrar en el teclado para entrar adentro de la
música para tener una patria. Pero la música se movía, se apresuraba. Sólo
cuando un refrán reincidía, alentaba en mí la esperanza de que se
estableciera algo parecido a una estación de trenes, quiero decir: un punto
de partida firme y seguro; un lugar desde el cual partir, desde el lugar,
hacia el lugar, en unión y fusión con el lugar. Pero el refrán era demasiado
breve, de modo que yo no podía fundar una estación pues no contaba más que
con un tren algo salido de los rieles que se contorsionaba y se
distorsionaba. Entonces abandoné la música y sus traiciones porque la música
estaba más arriba o más abajo, pero no en el centro, en el lugar de la
fusión y del encuentro. (Tú que fuiste mi única patria ¿en dónde buscarte?
Tal vez en este poema que voy escribiendo.)

Una noche en el circo recobré un lenguaje perdido en el momento que los
jinetes con antorchas en la mano galopaban en ronda feroz sobre corceles
negros. Ni en mis sueños de dicha existirá un coro de ángeles que suministre
algo semejante a los sonidos calientes para mi corazón de los cascos contra
las arenas.

(Y me dijo: Escribe; porque estas palabras son fieles y verdaderas.)

(Es un hombre o una piedra o un árbol el que va a comenzar el canto...)

Y era un estremecimiento suavemente trepidante (lo digo para aleccionar a la
que extravió en mí su musicalidad y trepida con más disonancia que un
caballo azuzado por una antorcha en las arenas de un país extranjero).

Estaba abrazada al suelo, diciendo un nombre. Creí que me había muerto y que
la muerte era decir un nombre sin cesar.

No es esto, tal vez, lo que quiero decir. Este decir y decirse no es grato.
No puedo hablar con mi voz sino con mis voces. También este poema es posible
que sea una trampa, un escenario más.

Cuando el barco alteró su ritmo y vaciló en el agua violenta, me erguí como
la amazona que domina solamente con sus ojos azules al caballo que se
encabrita (¿o fue con sus ojos azules?). El agua verde en mi cara, he de
beber de ti hasta que la noche se abra. Nadie puede salvarme pues soy
invisible aun para mí que me llamo con tu voz. ¿En dónde estoy? Estoy en un
jardín.

Hay un jardín.



*de El infierno musical, 1971





ESTACIÓN MARÍA LUCILA








María Lucila*





"Cubre la memoria de tu cara con la máscara de la que serás y asusta a la niña que fuiste"

Alejandra Pizarnik. -Caminos del espejo-







El hombre con el que me encuentro en el bar se llama Emilio, se entero de mi interés por escribir sobre la estación María Lucila del Midland. Dice que va a contarme algo de su historia personal que sin dudas tiene relación con la antigua estación de trenes. Le aviso que no logro escribir razonablemente bien y que más aún, tengo la sensación de que mi escritura empeora con el tiempo.

-No importa, vengo a contarle esto porque necesito que alguien lo escriba. -me dice con tono de suplica.

-Y porque a mi me duele tanto el pasado que necesito contarlo a quien tenga un rato para escuchar.

Lo que sigue es el relato del hombre, dos horas y media sentados, con tres cafés cortados de por medio que quiso invitarme si o si. -Me ofende si no me permite pagar a mi- dijo para terminar con mi resistencia.



En la estación María Lucila trabajaba su abuelo. Su madre nació allí y la llamaron María Lucila para homenajear a la estación que además de darle trabajo a su abuelo era su vivienda.

Pasó en el pequeño pueblo sus primeros años, luego de la nacionalización cuando el Midland paso a ser parte del ferrocarril Belgrano, al abuelo lo trasladaron un par de veces de estación hasta que se jubilo.

Lo cierto es que su madre pasó su adolescencia y juventud radicada en Avellaneda.

Se hizo amiga de la Alejandra Pizarnik, cuando era una chiquilina tímida y tartamuda. Y al menos una vez se fueron en tren a conocer el pueblo que lleva el nombre de mi madre.

El hombre me muestra una foto con dos jóvenes que posan para la cámara haciendo equilibrio sobre el riel, más allá se observa una estación típica del Midland pero es posible ver el lugar donde se colocaba el cartel con el nombre. Atrás de la foto puede leerse "con florita Pizarnik, María Lucila, enero del '53.

Mamá era una mujer hermosa -dice el hombre. Igualita a las chicas que dibujaba Divito.

Por alguna cuestión que desconozco lo único perenne en ella, lo que había echado raíces profundas era la angustia. Su verdad era una cuna de angustias de la que nadie había logrado sacarla.

(....)

Se equivocaron ella y mi padre en casarse. Mi padre era psiquiatra y mi madre su paciente, se enamoraron o se tuvieron lástima -vaya uno a saber- , o quisieron dar vuelta la historia de cada cual que los había llevado en ese punto de encuentro o desencuentro.

Usted sabe que todo, absolutamente todo en el universo se acerca o se aleja, pero nosotros nos ingeniamos para negar esas percepciones incomodas.

Creo que mi padre pensó que la iba a cambiar, no hay héroe más fallido que el que quiere cambiar una persona.

Llego a decírmelo una vez: -lo que no se da espontáneamente bien entre una mujer y un hombre no se lograra jamás. Nadie puede cambiar al otro -ni a sí mismo, según parece.

La angustia de mi madre le impedía conectarse plenamente con los otros, estar presente y atravesar los acontecimientos que te van marcando en la vida.

Se fue cuando mi hermano tenía 5 y yo 3 años. Dejo una carta.

Mi padre después de leerla ni intento buscarla, entro en un profundo silencio que le duro meses.

Un día nos presento a su nueva mujer: Ella es Natalia, vivirá con nosotros -nos dijo.

Natalia nos crío y malcrío lo mejor que pudo.

Mi hermano creció, estudio ingeniería electrónica y se fue a vivir a Estados Unidos. Vive en Nueva Orleans, tiene mujer e hijos americanos. Un auto y vacaciones.

Mi padre tenia 70 años cuando falleció, era 8 años mayor que mi madre. Yo no había cumplido los 21.

años. Antes de enfermar, me invito a charlar en un bar.

Sin que se lo pidiera me dejo su consejo: -A los 20 años un joven debe elegir si en su vida será un hombre o un marido. Yo te recomiendo que seas un hombre...

Creo que le he fallado, no logre ni ser un marido eficiente ni un hombre en el sentido que creo que le daba a esa palabra mi padre con un tono cercano a lo sagrado.







*



De mi madre, quedaron casi todas las preguntas sin respuesta.

Nunca sabre si volvió a ver a su amiga Alejandra "la florita" como la llamaban los abuelos.

Hay un abismo de treinta años de silencio.

La tía Eugenia -hermana menor de mi madre- logró encontrarla unos meses antes de su muerte.

Tuvo una corazonada y la siguió. Volvió a María Lucila 20 años después de que cerraron el ramal los militares y se llevaron las vías. Y allí estaba mamá viviendo en la estación. Sin luz eléctrica, sin vecinos cercanos. Salvo una escuela pública ubicada enfrente de la estación no había nadie a Km.

Allí vivía mi madre. ya envejecida prematuramente. Sacando agua con una bomba manual, cultivando vegetales en unos pocos metros de quinta. Rodeada de pájaros -tenia muchos en jaulas- y otros que venían a visitarla a los que agasajaba regando la tierra con alpiste, o mijo o arroz según lo que tuviera.

No sabía nada del mundo, ni siquiera quien era el presidente de turno, no tenia radio ni televisión.

¿Sabe cual era una de sus costumbres? Sentarse con una silla a la hora de salida de la escuela y ver el rostro de los niños. Estudiarlos con detenimiento y luego verlos alejarse por el camino de tierra hasta que eran manchas blancas.



(....)



Sabía del suicidio de Alejandra y le dolía como si hubiera pasado apenas unos días atrás:

"Pobre Florita, repetía. Tan lúcida y tan frágil. Pobres todas las personas sensibles del mundo porque no tienen cabida". Eso es lo que me dijo mucho después la tía, a la que hizo jurar que no le diría a nadie donde estaba y como vivía.



*



Esto es lo que la tía Eugenia rescato: unas fotos, unos libros de Pizarnik con anotaciones de mi madre. Una historia clínica que le dieron en el hospital donde se observa que en los últimos años sufrió demasiado.

Muy poco para un enigma de más de 30 años.



El hombre vuelve a abrir el libro que le dejo su madre y me lee otra frase de Pizarnik remarcada con birome azul:

"Como una niña de tiza rosada en un muro muy viejo súbitamente borrada por la lluvia"

Así me siento, así me sentí siempre, -escribe al costado mamá- y espero que quienes esperaban algo distinto de mí puedan perdonar esta soledad en la que he hundido mis días.



Emilio derramó lágrimas. Arrugó con rabia una servilleta de papel después de secarse para evitar que sus lágrimas de sal caigan sobre el pocillo de café.

Al rato nos despedimos con un abrazo. Mientras caminaba por la avenida me di cuenta que ninguna historia de las que he podido contar son historias de vida de gente feliz.









*De Urbano Powell. urbanopowell@yahoo.com.ar








EL CAMAROTE OCUPADO*



-Cuarta parte-



-¡TÓMATELAS DE UNA PUTA VEZ, O TE DESTROZO!!!
¿Quién había dicho eso? ¿Aquella presencia poseía acaso la capacidad de hablar? ¿Se trataba quizá de su propia voz, deformada por la excitación? ¿O bien todo era parte integrante de la posesión orgásmica que aquello indescriptible y sin nombre había hecho con ella?
Lorena se hallaba tendida en cuatro patas sobre el oscuro piso de goma del camarote, apoyada sobre ambas rodillas y los hombros, ladeada la cabeza, el cabello revuelto, la remera estrujada contra su cuello, la cadera en alto y un dilatado ano apuntando hacia el techo. Sus propias manos le recorrían la piel con movimientos sutiles, mientras las erráticas ráfagas de aire helado-hirviente se enroscaban alrededor de su tronco y de sus miembros, estimulándola sin cesar. Había dejado ya de preguntarse qué pasaba, dónde estaba, quién la acosaba… Lo único que le importaba era que aquella inusual sensación no se acabase, por nada del mundo.
Sentía por encima de su cuerpo las vibraciones que generaba la figura con sus casi acrobáticos movimientos de amante desaforado y vicioso, incapaz de detenerse. La sometía a su voluntad, y eso a ella parecía gustarle cada vez más. Se relajaba y lo dejaba hacer, convencida de que aquella Lorena que alguna vez decidiese trasladarse hacia la Estación Puente Alsina a bordo del “New Midland Express", en apariencia como turista, pero en definitiva probablemente escapando de alguna inconfesable emoción
–inconsciente y prohibida-, quizá hubiese dejado de existir, olvidando en su lugar a este despojo perverso y lujurioso que sólo deseaba ser satisfecha en brazos de un amante invisible y poderoso, cuya única finalidad en este mundo –quizá tan distante al que conociera en el insondable más allá- fuese la de penetrar la carne ajena, a través de todos sus agujeros…
El aire se colaba a través de su canal vaginal con una intensidad tan avasallante que la mujer sólo alcanzaba a gemir, con un volumen cada vez más audible, incapaz de comprender cuál sería el límite al que podría llegar su propio cuerpo, si acaso fuera dueña de los recursos físicos necesarios como para soportar semejante embate …¿amoroso? ¿Qué clase de amor era aquél? Ni se le ocurrió contestarlo, o pensarlo siquiera, temerosa de que la respuesta culminara para siempre con esa inquietante cabalgata nocturna.
Y así, mientras su ventoso partenaire le horadaba las entrañas por detrás, una tenue pero persistente corriente comenzó a rondarle la boca, limando la fiereza de sus labios, deseosa de colarse por encima de su lengua con un intenso deseo por ser paladeada. Pero, …¿cómo podría saborear el aire? Más allá de toda lógica, el inconfundible aroma del semen y el sudor varonil (que a los últimos restos de lo que alguna vez fuera Lorena le hicieron evocar a un –cada vez más- inexistente muchacho llamado Sergio) se esparció por el ambiente, otorgándole a la experiencia un matiz mucho más realista, como si quisiese complacerla en todos los detalles.
La mujer se mecía sobre el suelo, notando gozosa cómo se agitaba su cadera hacia delante y atrás, mientras su espalda se arqueaba y un profundo abismo de placer se generaba sin pausa dentro suyo, alcanzando un éxtasis exquisito. Placenteras circunstancias ante las cuales profería toda clase de incitantes groserías:
-¡Así!!! ¡Así, guacho!!! ¡Cojéme bien cogida!!! ¡Rompeme bien el orto, puto!!! ¿Eso es todo lo que podés hacer, eh??? ¡Si ni siquiera se te puede ver la pija, dale!!! ¡Con más ganas, cagón!!!
La corriente de aire arreció, con tal violencia que la alzó unos centímetros y la desplazó hacia un costado, arrojándole el tronco encima del catre para dejar al descubierto la cadera, proyectada hacia el centro del camarote, donde a ella le era imposible distinguirlo en la oscuridad, pero sí comprobar la demencial presencia de decenas de manos que la aferraban como si se tratase de una invisible orgía, mientras comenzaba a discernir por encima de sus propios gemidos el constante bufido de aquel erótico espectro, dichoso a decir basta, mientras ella se aproximaba a experimentar otro violento estallido orgásmico.
-¡Así!!! ¡Así!!! ¡ASíííííííí!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!



*

El guarda avanzó con paso trémulo hacia los vagones de pasajeros, el de Primera Clase y el de Clase Turista, seguido muy de cerca por el barman. En ambos casos, el pedido –o casi ruego- que formuló Fernando Suárez, bajo la atenta mirada de Ernesto y el desconocimiento absoluto de Gorriarán, el supervisor, fue el siguiente:
-Su atención, por favor. Tenemos un inconveniente de índole psicológico-espiritual en el vagón dormitorio, por lo que nos vemos obligados a solicitar la ayuda de los gentiles pasajeros. ¿Habrá entre Uds. algún sacerdote o psicólogo disponible, que desee colaborar con nosotros?
Más de la mitad del pasaje ya se encontraba durmiendo a esas horas, y una parte del que estaba despierto padecía los inesperados efectos de la misteriosa intoxicación de la cena; por lo tanto, la cantidad de público que recibió un llamado tan extraño fue bastante escasa. Algunas cabezas se levantaron en silencio, amodorradas, para luego mirar en derredor y otear en busca del valeroso candidato que aceptara la arcana consigna. En un principio, Ernesto y Fernando temieron lo peor, mirándose con desaliento, embargados por la culpa de molestar al pasaje con semejante locura.
Hasta que finalmente, una chica de Primera alzó la mano y se acercó hasta ellos, vistiendo pantalones desflecados en las botamangas, un suéter a rayas horizontales de colores, cabello lacio muy corto y anteojos de marco negro onda retro. Bajita y menuda, llevaba una bolsa de yute colgada de un hombro, donde claramente se advertía la presencia de un par de tomos de las Obras Completas de Sigmund Freud, en la edición de tapas verdes de Amorrortu Editores. Y en sus manos, “Extracción de la piedra de la locura”, de Alejandra Pizarnik.
-Disculpen… -, se presentó, un tanto tímida. –Me llamo Claudia Bromiker. No soy psicóloga, sino estudiante, de la U.B.A. Me faltan diez materias para recibirme. ¿Los…… puedo ayudar igual?
Ambos empleados ferroviarios se miraron incrédulos y contestaron al unísono, sin premeditación alguna:
-¡Sí, sí, claro, por supuesto!!!
En la sección Turista, quien acudió al llamado presentaba una apariencia tan inconfundible como la de su futura compañera de tareas: delgado en extremo, con una cara cincelada a cuchillo, vestía una sotana negra hasta las rodillas y lucía una enorme cruz de plata sobre el pecho, además de llevar la cabeza totalmente rapada.
-Buenas noches -, se presentó. –No soy sacerdote, sino seminarista. Sin embargo, tengo sobrados conocimientos para dar algunos sacramentos esenciales. Mi nombre es Heriberto Fort. Tal vez pueda ayudarles…
La aliviada respuesta de los empleados, incapaces de creer en su buena suerte, no se hizo esperar:
-¡Sí, sí, claro, por supuesto!!!
Los cuatro marcharon en díscola procesión hacia el vagón dormitorio, y en el último descanso antes de abandonar los vagones de Primera y Turista, el guarda y el barman les informaron acerca de los percances suscitados desde el momento en que Lorena llegase al coche comedor. Heriberto y Claudia los escuchaban con extrema atención. Y Ernesto experimentaba la sensación –luego del horroroso golpe en la cabeza y el demoníaco y casi andrógino insulto- de que todo aquello había sucedido en algún otro viaje, quizás en otro tiempo; hasta podría haber ocurrido en otra vida, muy distinta a la suya.
-Según creo entender -, les advirtió el seminarista, -nos encontramos ante un definitivo caso de posesión demoníaca. Debemos practicar un exorcismo cuanto antes. Llamaré con mi celular al Obispado más cercano para pedir asesoramiento técnico -, y extrajo de entre sus negros ropajes un luminoso teléfono Motorola.
-Disculpame si te llevo la contra -, le retrucó la estudiante psico-bolche, -pero está claro que lo que experimenta esta mujer es un notable cuadro de histeria conversiva, identificándose al mismo tiempo con las posiciones del hombre y la mujer durante el momento del acto sexual. Habría que ahondar en las fantasías reprimidas que debe sostener a nivel inconsciente quizá desde su más tierna infancia.
-No quisiera ingresar en controversias teóricas y metodológicas que nos tomarían toda la noche-, argumentó Heriberto, -así que preferiría que nos dediquemos con ahínco a combatir al Maligno, más allá del discurso de una pseudo-ciencia creada por un hombre en extremo perturbado moralmente, en caso de que la señorita se refiera al psicoanálisis…
-¡No te permito! -, protestó Claudia, airadamente. -¡La religión es el opio de los pueblos, ha consolado ilusoriamente a la Humanidad con el más oscuro de los dogmas, llevándola hacia el abismo de la ignorancia y el sacrificio inútil, y no por eso me opongo a tu participación en este preciso encuadre de trabajo clínico!
-Dama y caballero, se los suplico, por favor… -, terció Fernando Suárez, interponiéndose entre ambos pasajeros, con las manos en alto, vencido por la incertidumbre de llegar a resolver a tiempo semejante complicación antes de que se enterase Gorriarán. –Trabajemos en conjunto… Ninguno de nosotros sabe qué está pasando realmente ahí adentro. Son sólo conjeturas…
-Sea lo sea, a mí me asusta muchísimo -, confesó Ernesto, mirando de reojo el pasillo del vagón dormitorio al que estaban por ingresar. –Y no veo el momento de que nos deshagamos de eso, y rescatemos a esa pobre mujer.
-Bueno, lo de “pobre” yo lo pondría en duda… -, murmuró Claudia. –Si mujeres como éstas alguna vez se convirtiesen en pacientes, haciendo una terapia como corresponde, no estaríamos dando vueltas por los pasillos a estas horas.
Heriberto estuvo a punto de retrucarle, pero se interrumpió al recibir un leve codazo de parte de Fernando, quien lo fulminó con mirada admonitoria, para luego murmurar:
-Perdón Padre, pero resolvamos esto rápido. No lo vuelvo a decir otra vez. Si jugamos como chicos, entonces olvidémonos del alma de esta pasajera, y que cada uno siga con lo que venía haciendo hasta ahora. Uds. durmiendo y yo trabajando.
El seminarista lo miró con mal talante, pero se llamó a silencio, del mismo modo que la estudiante. Ernesto aguardó un segundo a que los ánimos se calmaran, respiró hondo e hizo punta, iniciando la avanzada crucial hacia el camarote Nº 6.
Al llegar junto a la puerta, los sonidos eran muy distintos a los que percibieran minutos antes. Gemidos y jadeos varios se dejaban escuchar claramente desde el pasillo. Heriberto se persignó de inmediato y comenzó a murmurar una oración, mientras Claudia sonreía satisfecha junto a la puerta y hurgaba en su bolsa de yute a fin de rescatar algún texto freudiano, fundamental entre los que analizan estas intrincadas cuestiones de la patología histérica. Al percibir la presencia de los voluminosos tomos de color verde, Heriberto guardó el Motorola, y del mismo bolsillo del que había extraído el celular hizo aparecer un cristalino frasquito de agua bendita, al tiempo que se descolgaba la cruz de plata del pecho y la sostenía en alto con mano firme, la mirada adusta, el ceño fruncido.
-¡Atrás!!! -, exclamó. -¡Permitan el paso de un soldado de la Fe, dispuesto a inmolarse en pos de la Verdad y la Justicia Celestiales!!!
-Me parece que viste muchas veces el video de “El exorcista” -, sentenció burlona Claudia, sin alzar la vista, ahondando en el índice del libro.
-¡Basta! ¡Déjense de joder!!! -, protestó Ernesto. De pronto, los temores que experimentara desde aquel espeluznante golpe en la cabeza parecían haber desaparecido, dando lugar a una decidida firmeza. -¡Parecen chicos peleándose en el patio de una escuela!
Y miró a Fernando, quien con la visera de la gorra echada hacia atrás y expresión desolada, parecía pensar lo mismo que él:
-Hubiéramos resuelto esto solos -, murmuró el guarda para sí.
Afuera, la tormenta parecía haber amainado, aunque la noche seguía siendo horrible. Un viento muy fuerte azotaba los flancos del “New Midland Express", al tiempo que “Sophrosyne”, la locomotora a energía solar, hacía sonar el agudo pitido de su sirena, muy próxima de arribar a la Estación María Lucila.
Fernando pareció despertar de un sueño muy bizarro, confundido entre los límites de la pesadilla y la realidad; manoteó el silbato con gesto desesperado y exclamó:
-¡Uy, carajo! ¡Gorriarán me mata por no estar en mi puesto! ¡Todo por estar haciéndote caso a vos, Ernesto, con estas pelotudeces!
-¡EEEH! -, protestó el barman, mientras su compañero se alejaba por el pasillo. -¿Y yo qué culpa tengo? ¡Lo único que hice fue pedirte ayuda! ¡Hay una pasajera en problemas!
-¡Que se las arregle sola! -, sentenció Suárez, antes de escabullirse hacia donde se encontraba su supervisor.
-¡Atrás!!! -, insistió Heriberto, la cruz en alto, el agua bendita a punto de ser rociada a su paso.
-¡Tengo una misión divina, sublime, irrevocable!!!
-¿Se puede callar de una vez? -, le gritó Ernesto, acercándole su rostro colérico, a punto de morderlo. –¡Necesito silencio para poder pensar!!!
El seminarista volvió a expresar su mal talante, incomprendido en su indelegable batalla espiritual.
Tan ocupados estaban ambos hombres en dejar sentada su propia posición que ninguno de los dos pudo describir lo que ocurrió inmediatamente después. Menos aún Claudia, absorta en los textos freudianos, intentando releer lo que ya debería haber estudiado para los exámenes finales de mitad de año. Lo único que pudo percibir, aún sin verlo con sus propios ojos, fue la sensación de una puerta que se abría, una corriente de aire constante que le azotaba el rostro, y una mano firme, levemente húmeda, que la asía de una de sus muñecas con la potencia de una tenaza muscular y la tironeaba con violencia hacia adentro, causándole un molesto tropezón con sus propios pies, ahogando un quejido de sorpresa, para caer de bruces dentro del camarote Nº 6, dejando olvidado contra el acanalado suelo de goma del pasillo el tomo verde de las Obras Completas de Freud, abierto y con el lomo proyectado hacia el cielo.
La puerta se cerró con un estampido, provocando que tanto Ernesto como Heriberto cayeran en la cuenta de lo que ocurría más allá de sus propias rencillas. El barman se volvió, lanzándose contra la puerta del camarote, adosando las palmas de sus manos sobre ella, y exclamó:
-¡Claudia! ¿Estás bien?
Pero en el interior, sólo se oía el viento…



(Continuará…)



*de Aldima. licaldima@yahoo.com.ar






*


En construcciones imposibles
sobre vigas inconcientes
me esfuerzo por levantarte,
Pero como ya sabemos,
una taza no sostiene el mundo.




*



Que hago si en la vida se me va el alma
Si la sangre estalla en mis manos
Si se desarticulan mis huesos
Si dentro mío esta la fuerza
Si ensordecen mis oídos
Y callan mis gritos
Para siempre
Si el ruido no es mas que
Una suma de silencios.



*Poemas de Freyja freyja_walkyrien@hotmail.com









La María Lucila*



Era una morocha de rulos, de profundos ojos negros, que siempre lucia un elegante pero antiguo vestido de seda color lila, desbordante de volados, perteneciente a alguna de sus abuelas, y se peinaba con flores frescas sobre sus sienes. En el pueblo todos sonreían al verla pasar, ya que su alegría contagiaba a cualquier vecino con quien se cruzara, siempre rumbo a la estación de trenes. Todos allí la conocían como "La María Lucila".
-Ahí va La Lucila / oliendo a nafta-lila –canturreaban por lo bajo los chicos de la cuadra, ocultando sonrisitas socarronas al verla pasar por la vereda de enfrente, sin que ella se inmutara, siempre sonriente, ajena a los cuchicheos.
Nadie sabía muy bien cuál era el motivo de su felicidad permanente, como tampoco existía alma alguna que la hubiese visto triste o enojada, ni conociera acaso sus verdaderos sentimientos. Sólo sabían que era una de las tantas hijas de Don Nemesio Nicolaides, aquel esquivo patrón de estancias de quien se contaban las más disparatadas historias, desde las más terribles hasta las más gratas, sin que nadie pudiera definir al personaje en una sola faceta.
Renuente de casar a sus hijas, se vanagloriaba de que ellas eran “todas puras”, desafiando abiertamente a quien sostuviera o incluso insinuara lo contrario durante aquellas verdaderas fiestas populares que se organizaban en los campos de la familia, cuando se transmitían algunos de los partidos importantes del campeonato local, o las peleas de box donde combatían los campeones nacionales, o incluso cada uno de los capítulos de determinados radioteatros, siempre a la misma hora. En tales ocasiones, casi la mitad del pueblo se congregaba en varias hileras de bancos de madera, bajo la copa de los árboles, para disfrutar del espectáculo a través de la atenta escucha del único aparato de radio a galena que existía en la región, mágico y suntuoso.
Hacía ya algunos años que Don Nemesio era una incógnita para el pueblo –en caso de que aún estuviera con vida, recluido en su ancestral estancia colonial-, y la María Lucila, en su aparente inconsciencia, cumplía casi al pie de la letra con aquel folclore familiar, conservando el misterio mediante su mutismo.
Casi nadie la había escuchado hablar desde que se hizo mujer. Algunos hasta creían que era sorda… ¡Quién sabe…! Lo que todos aseguraban era que no se comunicaba, salvo por miradas, carentes de intensidad. A menos que marchara triunfante hacia la estación…
El expreso de las 17:15hs. pasaba todos los días, aunque sólo tres veces por semana –pocos años antes de que discontinuaran el servicio- transportaba pasajeros. En estas ocasiones, la María Lucila se acercaba hasta el andén y lucía su sonrisa más radiante, contemplando con la mayor de las expectativas hacia las ventanillas de los vagones, saludando con la mano en alto cada vez que la formación partía o arribaba. ¿A quién esperaba? Nadie lo sabía. Se rumoreaban muchas cosas: la mayoría se inclinaba por imaginar algún amor secreto, cierto pretendiente que le prometiera casamiento años atrás y volviera a cumplir puntualmente con su palabra. También podría estar aguardando la llegada de alguna parienta muy querida, o quizá la llegada de alguna encomienda cuyo misterioso valor sólo ella y el remitente podrían conocer.
Sus hermanos varones habían emigrado hacía ya una larga década, buscando conchabarse como trabajadores golondrina, y nunca se los había vuelto a ver. Había quienes decían saber que habían cometido algún delito inconfesable y permanecían cumpliendo una larga condena a la sombra. Otros aseguraban haber escuchado rumores de alguna pelea a cuchillo en un almacén de ramos generales, donde los hermanos se habían trenzado entre sí ante la aparición de una ardiente pollera, yendo a parar juntos al cementerio. ¿Por qué, teniendo una propiedad agropecuaria importante, los hijos varones habían abandonado el hogar? ¿Sería la crueldad del padre tan cierta como se fantaseaba? Lo que sí se sabía era que las apariciones de la familia por el pueblo siempre eran fugaces y a escondidas, con miradas torvas y actitudes muy poco sociales. Se limitaban a rodar en un sulky que había conocido épocas mejores, proveerse de mercadería, pasar por el correo y volverse a la estancia. Los negocios agropecuarios parecían no tener cabida con los empresarios o comisionistas del pueblo.
La María Lucila, en cambio, arribaba siempre sola y a pie. Siempre con su mismo vestido antiguo, fuera invierno o verano, lloviera o brillase el sol. A veces se abrigaba con alguna mantilla, también lila y vetusta. Viéndola con detenimiento, parecía escapada de una fotografía en sepia, aunque su semblante no reflejase más que frescura y vitalidad.
Hasta que un día, a bordo del expreso de las 17:15hs., arribó un muchacho cuya fugaz existencia no estaba en los planes de nadie. Ni siquiera en los de María Lucila, si es que alguna vez había fantaseado con tal posibilidad.
Se llamaba Rodrigo Fuentes y era viajante de comercio. Distribuía mercaderías en auge para la época, pero ninguno en el pueblo consiguió adivinar qué clase de productos representaba por aquella zona. Sólo se supo que arrastraba fama de tipo elegante, entrador y buen mozo, y la mayoría de las jovencitas que lo vieron bajar del tren, con su traje gris perla, su maletín y su chambergo, cayeron prendadas de su encanto, suspirando embelesadas.
Sólo que allí también estaba María Lucila, y los ojos claros de Rodrigo Fuentes, en vilo sobre el estribo del vagón, fueron capturados de inmediato por aquella delgada y atractiva silueta. La muchacha, sin embargo, se mantuvo en su actitud habitual, saludando a los pasajeros que se asomaban por las ventanillas del expreso, ignorando la retribución de dichos saludos, como si los destinatarios nunca hubiesen estado allí.
Descendió del tren flotando sobre una nube de ilusión, incapaz de concebir la existencia de mujer más hermosa que la María Lucila. Supo de inmediato que debía hacerla suya, casándose con ella, o incluso raptándola y escapando en mitad de la noche, atravesando los campos en una huída salvaje, cargando con la chica sobre sus hombros, luciendo una desquiciada mueca de satisfactoria lujuria.
El silbato del expreso marchándose a sus espaldas lo hizo regresar a la realidad, para contemplar el hermoso perfil de la muchacha volviéndose y marchándose del andén de la estación. Rodrigo Fuentes no podía dejarla escapar. Atravesó la estación, seguido por los sonoros suspiros de las muchachas del pueblo que lo contemplaban casi babeantes, y apuró el paso hasta darle alcance, cruzando a medias la calle.
Impulsado por lo desconocido, la tomó por la muñeca, deteniéndola. Ella se volvió y lo miró a los ojos, intrigada, aunque sin perder la sonrisa. La desnuda mirada de él revelaba una honda turbación, imposible de disimular. Y aunque sentía la boca pastosa y el corazón le galopaba desbocado, el turbado viajante de comercio balbuceó:
-Sos… sos la mu-mujer… más her-hermosa que conozco… Te… Te amo.
Y acto seguido, le rodeó la cintura con un brazo, soltó el maletín para quitarse el chambergo y rodearle los hombros con el brazo restante, y le estampó un profundo y prolongado beso en la boca, ante el cual ella permaneció impávida, dejándolo hacer, sin siquiera reaccionar.
Las exclamaciones de sorpresa y estupor se oyeron por todos los rincones. No hubo quién entre los presentes no se sintiera conmovido ante lo que presenciaba - en su mayoría, cada uno por su lado, experimentaba algo similar-, no sólo por lo extraño de la escena, sino porque –a pesar de lo improbable de tal sensación- lo que ocurría traía consigo quizá todo el peso de la desgracia.
Hasta quizá hubo alguien, entre tanto testigo, que recordase la fatídica sentencia de Don Nemesio Nicolaides: “Todas ellas son puras”. Y no existía hombre que se les pudiese acercar… ¿Ni siquiera sus hermanos?
La muchacha abrió los ojos al culminar el beso, y miró al viajante con expresión asustada, como si el beso de aquel improvisado Príncipe Azul la hubiese despertado de un bellísimo sueño para arrojarla de lleno en una pesadilla tan atroz que ni ella misma podía determinar su origen o alcance futuro. O quizá, hubiera vivido inmersa en tal pesadilla desde siempre, y sólo ahora se percatase de ello, incapaz de digerir la noticia.
La María Lucila emitió un ahogado quejido y se estremeció en los brazos del recién llegado, como si un lacerante dolor la obligase a apartarse de él. El viajante deshizo el abrazo y la contempló absorto, sin recuperarse aún de la fresca humedad de aquellos labios. La muchacha se alejó de él dando pequeños tropezones, sin darle la espalda, con una inusual mueca de susto y dolor, hasta que por fin se volvió y echó a correr por la calle principal que salía del pueblo, en dirección a la estancia familiar. Los testigos eran cada vez más numerosas, y sobre todos ellos se cernía un funesto ambiente de premonición.
Rodrigo Fuentes, incrédulo, la contempló alejarse sin saber qué hacer, ni tampoco pudiendo apartar su mirada de aquella espalda que se alejaba en línea recta, con la mantilla caída y aleteando sobre un costado, y extrañas marcas rojizas impregnadas en aquellos lugares del vestido donde él había apoyado sus manos.
Aunque le demandó un enorme esfuerzo, con el paso de los segundos la pavorosa imagen comenzó a hacérsele posible hasta el punto de llegar a espantarlo: el dolor experimentado por aquella mujer estaba motivado por heridas recientes que le cruzaban la espalda y teñían el dorso de su antiguo vestido con el inequívoco rastro de la sangre.
Aquella muchacha había sido azotada con un látigo; no sólo una, sino muchas veces…
La pujante sensación erótica experimentada por Fuentes cedió violento paso a un odio irracional. Ni siquiera conocía a esta mujer, apenas había llegado a un pueblo que visitaba por primera vez, y sin embargo las emociones percibidas en escasos segundos eran de una profundidad inaudita. Sentía que algo había cambiado dentro de sí desde entonces, quizá para siempre, pero que no le alcanzaría sólo con saberlo. Tendría que hacer algo al respecto. Algo que lo cambiaría todo.
Como en todos los pueblos, las noticias escandalosas vuelan de labios a oídos en cuestión de instantes. Y para cuando Rodrigo Fuentes recorrió las escasas cuadras que lo separaban de la estación al único hotel, regenteado en la misma oficina de correos, el empleado ya lo miraba con expresión de curiosidad y complicidad a un mismo tiempo.
Fuentes no sólo pidió una habitación. También quiso saber, sin dudar ni un instante, dónde podía encontrar alguien que le vendiese un arma de fuego. Con municiones, claro está. Tal vez todas las que pudiera conseguir…
El empleado, quizá experimentando la misma sintonía mental que parecían haber sentido todos los testigos de la escena anterior, extrajo un pesado y oscuro Smith & Wesson de debajo del mostrador y lo apoyó sobre la lustrada superficie de madera, con la culata dispuesta para que Fuentes la tomara. No emitió palabra, ni exigió un precio por él. Simplemente lo entregó, como si sus actos estuviesen predestinados desde hacía muchos años, dispuestos a ser ejecutados cuando el destino así lo dictase.
Fuentes lo miró a los ojos unos instantes, con una comprensión inmediata de la situación, y manteniendo el pesado silencio que lo rodeaba desde que bajara en el pueblo, apenas unos minutos antes, tomó el arma con mano segura y se la guardó en el cinto, contra la cadera, oculta detrás del bolsillo izquierdo del saco. Dejó el maletín sobre el mostrador, aún sin haber firmado ningún registro donde constara su nombre alquilando una habitación –sin haberla pagado siquiera-, hizo un gesto de asentimiento con la cabeza hacia el empleado, y se marchó con rumbo desconocido.
En las afueras del pueblo, algunos jinetes comentaban extrañados haber visto a la María Lucila huyendo hacia las casas como alma que lleva el diablo. Rodrigo Fuentes avanzó por las calles de ripio, siguiendo la mirada silenciosa de los vecinos que cuchicheaban entre sí y lo escrutaban desde las veredas, para luego desviar la mirada y contemplar el horizonte en dirección a la estancia de los Nicolaides. No hizo falta que nadie hablase, menos aún que él preguntase. Los hechos ocurrían como si un misterioso titiritero los manejase siguiendo el guión de un antiguo drama jamás escrito, aunque por todos conocido.
El recién llegado se adentraba hacia el camino rural, seguido por una temerosa muchedumbre que se mantenía reacia a acercarse, y que tampoco quería perderse detalle de lo que fuera a acontecer. No había caminado trescientos metros cuando la encontró tendida en el suelo, con la espalda empapada en sangre, y ambas manos cubriendo el rostro lloroso. Se acercó en silencio, se hincó a su lado, la tomó delicadamente por los hombros y la alzó en pie. Ella intentó resistirse apenas, porque al contemplarlo se relajó, desvaneciéndose al momento. Rodrigo Fuentes la alzó en brazos y regresó por donde había venido. El pueblo se abrió en arco al verlo venir, y nadie se extrañó por lo que ocurriría. Como si nadie, hasta esa misma tarde, hubiese hecho bromas respecto de la naftalina.
Atardecía cuando el viajante de comercio ingresó por segunda vez al hotel, trayendo consigo a una nueva pasajera, y se coló hacia la habitación sin dar explicaciones. Nadie se las hubiera exigido tampoco. Y mientras los curiosos se agolpaban silenciosos en la vereda de la oficina de correos, algunas miradas oteaban expectantes en dirección al camino que llevaba a la estancia de los Nicolaides, especulando cuánto tardarían en venirla a buscar.
La luna comenzaba a asomarse en el horizonte y el ambiente se impregnaba con el aroma de las tempranas cenas cuando los primeros vecinos dieron la alarma ante la llegada de un vetusto sulky, cargado de gente, procedente de las afueras. Al comando de las riendas, casi desconocido tras el inexorable paso de los años, iba Don Nemesio Nicolaides, cargando sobre sus rodillas una enorme escopeta de dos caños.
Alguien golpeó a la puerta de la habitación. Dentro, Rodrigo Fuentes, en mangas de camisa, había retirado el dorso del vestido de la espalda de la muchacha, e intentaba curar aquellas heridas con un algodón embebido en alcohol. María Lucila, acostada boca abajo, se quejaba con ahogados gemidos, mordiendo la almohada, ausente de todo lo que ocurría, dominada sólo por el dolor y la vergüenza. Y como siguiendo aquel misterioso relato preconcebido, ante una nueva serie de golpes en la puerta el forastero se calzó el saco y el chambergo y salió de la habitación, con la corbata floja y el revolver en la cintura, dispuesto a enfrentar su propio destino.
Las luces de los faroles iluminaban tenuemente la calle, pero lo suficiente como para que todos los presentes adivinasen la silueta del sulky aproximándose moroso hasta la puerta del hotel, cargando el peso de lo inevitable. Al detenerse, Don Nemesio saltó a tierra, quejumbroso, olvidando a su mujer e hijas a bordo del sulky, como si ellas formasen parte de un mudo equipaje. Tomó la escopeta con ambas manos y apuntó desde su cadera al forastero, quien se acercaba sin temor hacia él.
-¡Hasta ahí nomás! –exclamó Don Nemesio, y su poderosa voz contrastó con su aparente debilidad física. -¿Dónde está mi hija?
-Adentro –respondió Fuentes –donde Ud. no la pueda volver a tocar.
-Salí de ahí, pendejo, que voy a entrar a buscarla. Y enseguidita nos volvemos al rancho –anunció el viejo, haciendo ley de su palabra.
Con un gesto que en absoluto parecía ensayado, Rodrigo Fuentes desenfundó el revólver y apuntó al suelo, para que su adversario supiera a las claras de qué iba la cosa. El pueblo a su alrededor contuvo el aliento, apartándose unos metros, adivinando el peligro.
-La chica no va a ningún lado con Ud. –determinó Fuentes. –Así que mejor vuelva por donde vino. Y deje de molestar a esta gente, que ya es tarde y mañana tienen todos que madrugar.
-¡A mí nadie me ordena lo que tengo que hacer, hijo de una gran…!!! –comenzó a gritar Don Nemesio, llevándose la culata de la escopeta al hombro, mientras Fuentes alzaba su brazo, dando un paso atrás y amartillando el revolver, al apuntarle a la cabeza.
El aullido de espanto y dolor los estremeció a todos, aunque los hechos, aún en cámara lenta, ya se habían desencadenado como para que alguien pudiese detenerlos. La aparición lila aleteó con su mantilla desde un costado y se zambulló entre ambos, agitando frenética los brazos a pesar de su mutismo, provocando la sorpresa de todos. Don Nemesio y Rodrigo Fuentes, sin embargo, habían concentrado toda su atención en el enemigo, incapaces de ver hacia los costados.
Dos disparos fracturaron la noche. Un solo aullido desgarró los corazones. Y el espanto del pueblo adquirió dimensión de tragedia.
La María Lucila se estremeció entre ambos hombres, vapuleada por la perdigonada sobre sus costillas y el balazo en el cuello, sacudida como una absurda marioneta cuyos hilos acaban de ser cortados, cayendo sin remedio sobre el escenario. Su cuerpo se desvaneció con la misma cualidad etérea que poseía al desplazarse hacia la estación, aunque ahora teñido de sangre, mancillado por una muerte segura. La mantilla aleteó detrás suyo plegando sus alas. El cisne local se había extinguido.
Ambos hombres contemplaron estupefactos aquel cuerpo sin vida, incapaces de comprender lo ocurrido. Dudaron, renuentes a aceptar la pérdida. Pero una vez que la idea se formó irrevocable dentro de sus mentes, generó tal sensación de odio que sólo podía calmarse derramando mayor cantidad de sangre.
Ambos volvieron a amartillar sus armas, apuntando con fiereza, chillando entre dientes su desprecio. El pueblo contuvo el grito. Las mujeres se agacharon a bordo del sulky, aullando de miedo y de dolor.
Un par de disparos semejantes volvieron a atronar la escena. La cabeza de Don Nemesio se impulsó hacia atrás, agujereada en la frente. La pechera de Rodrigo Fuentes quedó convertida en un siniestro colador. Y ambos cuerpos cayeron hacia atrás sobre el ripio mucho antes de que los ecos de los estampidos se extinguieran en la noche.
La maldita trama, urdida desde tiempos inmemoriales, sostenida por un pueblo entero desde la indignación causada por el primer rumor echado a correr respecto de las crueldades de Don Nemesio, se había cumplido al fin. Sólo que había requerido de una cuota de sangre mucho mayor que la que cualquier vecino hubiese podido imaginar.
Los primeros testigos avanzaron vacilantes rumbo a los cadáveres. Las parientes de Don Nemesio permanecieron inmóviles sobre el sulky, cubriéndose las bocas y los rostros. Y a lo lejos, como una cruel burla del destino, apareciendo como sutil fantasma que arriba para llevarse consigo a las almas difuntas, se dejó oír el agudo silbido de un tren.



*de Aldima. licaldima@yahoo.com.ar





*


Sobre el muro de la memoria tacho tu nombre hoy,
Cierro mi mente a tu recuerdo para no volver tras mis pasos.
Para no escucharte en los gritos sordos que me atormentan,
Para dejar de mirar con los ojos nublados el futuro al revés
Para por fin salir del eterno ensueño
y alejar de mis manos lo que alguna vez fue cuerpo.



*de Freyja freyja_walkyrien@hotmail.com




*


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LA RICA. / SAN SEBASTIÁN. / J.J. ALMEYRA.

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LIBERTAD. / MERLO GÓMEZ. / RAFAEL CASTILLO.

ISIDRO CASANOVA. / JUSTO VILLEGAS. / JOSÉ INGENIEROS.

MARÍA SÁNCHEZ DE MENDEVILLE. / ALDO BONZI. / KM 12.

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Thursday, August 19, 2010

Y EL TREN QUE LLEGA, ANDANDO Y DESANDANDO...




POEMA DES-ANDADO*


En la Estación Central. Un hombre. Solo.
Llega y parte, buscando andenes.
Siempre está de regreso, aún de llegada.
En su mochila verde,
solo una golondrina,
un vértigo y una antigua foto
amarillenta, de un niño
y un caballo.
No, no está solo. Hay una convención de soledades.
Aquelarre.
Están todos.
Nadie falta a la cita.
El hombre ciego,
atenazado a un banco, pide.
Pide porque ha dado.
El niño con mocos escarchados
y ojos que nunca lloran.
¿Para qué hacerlo si no han de consolarlo?
La mujer que vende su fusión en tumbas solitarias
Boca de percal y pechos de magnolias.
Tampoco falta el viejo, alarife de soles
de puentes y andamios que casi no recuerda.
Al lado de una bolsa abandonada,
otra bolsa. Sin sexo.
Con un hálito de vida.
No conoce otra historia que la nada.
Y está la vieja.
Añorando las rejas del hospicio.
Meciéndose en una hamaca de
cantos y de tiempo.
Y el tren que llega,
andando y desandando
condenado a no tener raíz
a partir y a llegar.
El hombre trepa
en trasborde de sueños.
Avanza, siempre avanza
sin mirar hacia atrás.
Antes del viejo puente, al lado de un álamo
talado por un rayo, el tren para.
Y el hombre no lo piensa, solo salta
y vuelve al aquelarre.
Ellos están allí ¿adónde irían?
El hombre se arrodilla.
Les da la golondrina. Un apretón de manos
e inicia su regreso.
Ya no le teme al vértigo.
Desanda soledades.
Penetra lentamente, en la antigua foto amarillenta.
Allí lo esperan. El niño y el caballo.
El silencio y el miedo.
La raíz y la flor.
La vida y la palabra.



*de Amelia Arellano. arellano.amelia@yahoo.com.ar






Y EL TREN QUE LLEGA, ANDANDO Y DESANDANDO...






FERROCARRILES: EL CONSIGNISMO COMO PROYECTO POLITICO*


El ferrocarril una cuestión nacional
A 50 Años de la desaparición de Raúl Scalabrini Ortiz
A 62 años de la nacionalización de los ferrocarriles




PARTE I

"Prefiero molestar con la verdad
Que complacer con adulaciones"
Séneca


*Por Juan Carlos Cena. ferrocena2003@yahoo.com.ar




Antes de entrar en tema, una vez más, creo que es necesario precisar cual es la verdadera naturaleza del transporte en general y sobre el ferrocarril en particular. Si omitimos tal definición vamos a legitimar que cualquiera parlotee desde la ignorancia, o la charlatanería, o desde el despropósito sobre este modo de transporte. Es decir, el que echa un párrafo en forma imprudente confunda y el que escuche se informe mal, luego interprete peor, y actúe y opine en forma errónea, y si a esa maledicencia no se le pone un límite, sencillamente se es cómplice.
En estas liviandades verbales electorales nada es inocente. Cataratas de palabras sin sentido. Nadie se afana en clarificar que es un proyecto y que es una consigna. La más de las veces, no se es claro, por ignorante, o también, por ser un engaño encubierto. En ambos caos, sólo se logra el oscurecimiento, negritud que esconde la falsedad. Casi siempre los charlatanes mascullan apotegmas o consignas proclamándolas como proyectos. ¿Actúan así por ser ignorantes? O lo verdadero es la intencionalidad que es la de ocultar la verdadera naturaleza de un auténtico proyecto a través de las argucias y artificios. También puede ser la mediocridad de un incompetente lenguaraz; estos no hacen un esfuerzo verbal para no aparecer como tales, al contrario, se vuelven más incontinentes, hablan más y más…La vulgaridad es el blasón nobiliario de los hombres ensoberbecidos de su mediocridad, la custodian como al tesoro el avaro”. Jose Ingenieros. El hombre mediocre
Comencemos, pues, a desbrozar el terreno para que la verdad nos acompañe siempre, porque no se puede transitar entre el desconocimiento y la inopia, por un lado y las malas artes por el otro. Como dice Simón Bolívar: “Por el engaño nos han dominado más que por la fuerza"


ALGUNAS CONSIDERACIONES SOBRE EL TRANSPORTE

El transporte interviene, reiteradamente, en la producción y comercialización de bienes. La mercancía o cualquier producto manufacturado o producción rural toman valor, recién, cuando interviene el transporte, sino son productos sin valoración.
Por eso la importancia del precio y calidad de los servicios; es decir, el valor y tipo de flete. Para tener una idea cuantitativa de la importancia económica del Sector Transporte es ilustrativo mencionar que el mismo genera más del 9% del PBI, que en él se efectiviza un 11% de la Inversión Bruta Interna. Allí, en eso, su directa injerencia en la economía global, donde el transporte adquiere capital importancia que debe calificarse, sin duda alguna, como trascendente.
El sistema de transporte constituye un aspecto clave de la vida nacional, ya no existe ninguna actividad que no requiera de una forma u otra de este servicio. No se puede imaginar el desarrollo de una comunidad que no cuente con un sistema de transporte adecuado, armónico, integrado, donde los distintos modos se complementen y sirvan a la universalidad comunicacional del territorio nacional.
El objetivo básico de cualquier Estado, en ese sector, es: Transportar, eficientemente, al más bajo costo social para la Nación. Para eso deberá fijar objetivos claros en su organización y armonización general. El Estado debe intervenir definiendo las normas de comportamiento de los distintos modos de transporte. Cumpliendo con plena facultad la función de planificador y organizador; asumiendo, a su vez, el papel de ente regulador a través de un férreo control de gestión, para así corregir errores y desviaciones en los objetivos fijados. J.C. Cena- El Ferrocidio 2da edición

Continuamos con las conceptualizaciones
“Cada uno de esos modos, posee características que significan ofertas diferenciadas en cuanta a las ventajas y desventajas comparativas, resultado de sus cualidades técnicas específicas.” Estas diferencias se manifiestan en relación a las diferenciaciones definidas desde la demanda sobre el sistema de transporte. Vale la pena decir, que según las condiciones de lo que deba trasladarse, se evalúan o ponderan de diferente modo las cualidades que ofrecen cada uno de los sistemas de transporte” Fuente: Roberto Benítez - Ana María Liberali – La estructura económica en el espacio geográfico – Ediciones Pharos – 1993.
Además es muy importante tener en cuenta: ¨La dispersión geográfica de los factores de producción, y entre los lugares de producción y los lugares de consumo, genera un costo en la resolución de la fricción del espacio¨. Fuente: Benítez - Liberali – La estructura económica en el espacio geográfico – Ediciones Pharos – 1993.


VAMOS CON OTRAS DEFINICIONES: EL PAPEL DEL ESTADO.

El que evalúa, pondera, organiza y coordina los diferentes modos de transporte en todos los países del mundo es el Estado, lo hace a través de una Ley General de Transporte que es la herramienta. Es el Estado por medio de esa ley quien determina, regula y controla cual será el modo de transporte más conveniente para la Nación: como la de transportar por vía terrestre la mercancía o productos del campo, fábricas, centros de producción o pasajeros, en corta, media y larga distancia; si el mismo debe ser fluvial, carretera, aéreo o ferroviaria o complementario entre dos modos.
Es el Estado el que debe tomar la rectoría de la planificación y control del transporte. En nuestro país eso no ocurre, al contrario. Al no ocurrir esa rectoría, en el sistema nacional de transporte se producen perturbaciones. Todo sistema de transporte debe ser armónico. Para que eso ocurra, los otros modos de transporte deben converger al sistema en forma asociada para luego complementarse. Todos deben saber que al concurrir deben ejercer un papel de complementariedad (solidario) con los otros modos, no de competitividad (individualismo), si esto no ocurre, se generan inevitables trastornos. Perturbaciones que benefician sólo a los intereses comerciales particulares, y no a los que corresponden al transporte como servicio público, por ende a la Nación.
En la Argentina el Estado no planifica, no coordina, ni regula, y menos controla el transporte. El Estado no está ausente. Las políticas son otras. A pesar de ser un país de largas distancias, el modo de traslación ferroviaria no concurre al sistema nacional de transporte. País que posee una extensa red ferroviaria, ella está paralizada. ¿Por qué? Este modo de transportación no está contemplado por el gobierno en sus políticas.
Las políticas de Estado, determinadas por este gobierno, son la de continuar con la misma estrategia del gobierno de Carlos Menem cuando administraba este Estado. Sobre el ferrocarril, que siga así, como lo determinó el imperio.
El no impulsar una Ley de Transporte Nacional por parte del Gobierno es toda una política de Estado que corresponde a beneficiar a un sector de la industria del transporte automotor. La misma responsabilidad le cabe al arco opositor en sus diferentes colores.
De la misma manera, esta oposición ni por asomo tiene alguna iniciativa o intención con respecto a la organización del Sistema de Transporte Nacional. En este aspecto el gobierno y oposición están unidos.
Sólo hay aflicción verbal, como una queja hipócrita por la cantidad de accidentes y muertes viales en la ciudad y en las rutas. Hemos pasado la barrera de lo que dice la accidentologia sobre los accidentes, estamos en una situación de siniestralidad. Las muertes no importan sólo la ganancia máxima
Después de la paralización del ferrocarril los índices de accidentes y muertes treparon, hoy ocupamos el segundo lugar en el mundo.
Al pretender elaborar un proyecto de ley sobre los ferrocarriles y no tener en cuenta estos factores manifiestan toda una concepción de aficionados. Cuestión que no deja de tener una carga perversa sobre el transporte en general y del ferrocarril en particular.


ALGUNAS CONCEPTUALIZACIONES

El ferrocarril es un componente del Sistema Nacional de Transporte y, como tal, su relación con la economía general se inscribe en este marco. A tal fin el ferrocarril tiene funciones específicas a las cuales la Nación no puede renunciar. Sin embargo, en mérito a constreñirlo a un papel netamente comercial se abandonaron infraestructura y servicios de importancia estratégica, rigiéndose por estrictos e impropios mecanismos de lucro, sin que los medios sustitutos hayan cubierto, mínimamente, los espacios vacíos por el retiro del medio ferroviario, condenando a la extinción a poblaciones íntegras.
El ferrocarril es el medio más barato para el transporte masivo de personas y cargas en medias y largas distancias bajo ciertas condiciones.
Después de estas breves consideraciones debemos preguntarnos ¿cuál es el grado de intervención estatal en estos tiempos en la organización del transporte? Nos respondemos: Ninguna, como digo más arriba, o sí: la de favorecer al auto transporte automotor. Una cifra oficial nos señala la tendencia, el 89% del transporte de pasajeros de larga distancia se hace en ómnibus. El ferrocarril sólo el 3%. Vergonzante.
Toda esta breve introducción obedece a que han aparecido voces opinando sobre el ferrocarril. Indira Ghandi nos alerta: Hay dos tipos de personas, las que hacen las cosas y las que hablan como loros. Para mi gusto habría una tercera, aunque pueden haber más: Los que realmente saben y están callados por motivos varios, o porque tienen miedo, el más fuerte es la aprensión al ridículo, lugar del cual no se retorna.
Otros claudicaron, se quebraron, así de sencillo. Otros fueron coherentes, siempre trabajaron contra del sistema nacional ferroviario, se ocuparon en las empresas concesionarias con vocación de servicio. Otros asesoran, otros se reconvierten, mutaron, simulando defenderlo.
Por ese motivo agrego, nuevamente, como una sentencia, que no se debe opinar desde la ignorancia y la charlatanería de la mano de un gatopardismo falaz. Además, y esto es lo grave, nos acordamos del ferrocarril solamente cuando el firmamento está aderezado por el engrudo pastoso de la campaña electoral y es redituable evocarlo. Antes, se pasaron discutiendo las iniciativas argumentales del gobierno, que a pesar de haber perdido las elecciones se repuso. Volvió a tomar la iniciativa y a instalar los ejes centrales de la discusión política nacional, poniendo a la oposición contra las cuerdas.
La oposición sufre y esta desconcertada, no sabe que hacer, mira al rincón del ring para que alguno le tire una toalla salvadora. Es que el narcisismo los abarca y nos los deja ver más allá de la punta de sus pisadas.
Veamos lo que no vieron.
Mientras se discutía la ley de medios, una humareda escudaba otros firmamentos. Desde esos espacios nubosos se le ampliaba calladamente la concesión al Nuevo Central Argentino – ex F.C. Mitre, cuyo concesionario es el senador justicialista por Córdoba Urquía, dueño de la Aceitera General Deheza, el mayor acopiador de oleaginosas. Se le otorgaba, en ese acto, entre otras cosas, como una nueva gracia, una aduana seca, condescendencia anticonstitucional si las hay. Es decir, a pesar de haber perdido las elecciones esta dupla gobernante seguía teniendo la iniciativa. La oposición integralmente pivoteaba sobre esos ejes llenos de desconcierto y mediocridad en un salón calefaccionado. La abierta intelectualidad, afónica, sin voz, pero abrigada.



SUPLICANTES TARDÍOS

No todo está perdido. Apareció un sector de la oposición, que reclama o simula suplicar por el regreso del ferrocarril, no son muchos, no es para entusiasmarse. Repito, es que se aproximan tiempos electorales. Las escasas asociaciones, corporaciones, ateneos (ni sus asesores), individuos sueltos, señoras y señores que invocan al ferrocarril, antes, nunca alzaron su voz sobre la problemática ferroviaria, especialmente en 1991 cuando se desataba la ofensiva final contra ese modo de transporte, ni que hablar del Plan Larkin y esas cuestiones.
Las últimas huelgas resistentes contra el desguace ferroviario ocurrieron en la era de Carlos Menem, resistencia que duró 45 días. De parte de los suplicantes ni un gesto de solidaridad. Gesta resistente dirigida por los jóvenes ferroviarios. La sociedad aplaudía el mundo privado por venir. Sólo los pueblos apoyaron esas huelgas, sabían, -no era un presagio- lo que se iniciaba: la desconexión y detrás, la desolación de los pueblos
En ese espacio de tiempo se batían parches sobre el fin de las ideologías y el advenimiento de las copas derramadas, se entonaba la virtud mágica del mercado, que regulaba todo: El amor, la vida, los: sueños, los astros…la dignidad.
Repito y repetiré hasta el cansancio: tiempo gris de nuestra historia, donde intelectuales, profesionales, universitarios y bien leídos guardaban un saludable silencio, como hoy. Uno de ellos me contestó así al preguntarle ¿Qué haces acá? “Se vive bien a la sombra de las fundaciones o del Estado. En verano uno tiene aire acondicionado, en invierno calefacción y todos los meses nos dan un sobre gratificante” Pero estás muerto, contesté.
Después de la dura huelga ferroviaria de 1991 ningún claustro universitario se atrevió a cobijar a los luchadores y menos hablar del ferrocarril. Una excepción: La Cátedra de Derechos Humanos de la Facultad de Filosofía y Letras de UBA. El progresismo, integralmente, sordo, mudo y ciego.






PARTE II



*Por Juan Carlos Cena. ferrocena2003@yahoo.com.ar




SUPLICANTES TARDIOS


En este devenir aparecieron algunos políticos suplicantes quejándose por la ausencia del tren, en tono suave. Uno de ellos, Felipe Solá, ex funcionario de la primera hora del gobierno menemista. Cuando fue gobernador de la provincia de Buenos Aires tuvo bajo su jurisdicción la administración de FERROBAIRES la empresa de pasajeros ferroviaria creada durante el gobierno provincial de Eduardo Duhalde, duramente el menemato. Constituida por el residual de los Ferrocarriles Sarmiento, Roca, San Martín, entre otros, de trenes de pasajeros que abrazaba toda la provincia de Buenos Aires, llegaba a La Pampa. Su gestión fue pésima, depredatoria.
Antes que llegara el depredador Menem, llegaron a correr entre 8 y 11 trenes diarios a Mar del Plata, luego vino un desguace silencioso de la mano del gobierno de la provincia de Buenos Aires. Hoy es una empresa chatarra, sólo circulan dos o tres trenes diarios sin horarios de llegada ciertos.
La preocupación de Felipe Sola por el ferrocarril frente a Mariano Grondona fue risueña y triste a la vez. Sin que se le contraiga un solo músculo de su rostro por un lejano cargo de culpa (si lo tiene) exultante convocaba a Pino Solana para que se arrime y venga a él con su proyecto.
Grondona sonreía, una y otra vez, estaba satisfecho. Todos van al píe, como en los viejos tiempos de Tiempos Nuevos.
Antes, en otro programa, Grondona había confesado que se estaba haciendo hincha de Pino Solanas, lo manifestó cuando este participó y explicó lo que siempre explica sobre el ferrocarril y otras cuestiones. A mi me hubiera preocupado esta alabanza, en cambio agradeció con una sonrisa el halago. Grondona, sonrió, estaba más que satisfecho.
Ninguno de los dos le recordó el papel nefasto que había jugado en el programa Hora Clave junto a Neustadt y en sus columnas de La Nación y otros medios, batiendo parches en sus predicamentos contra el ferrocarril y las empresas del Estado y todo lo estatal y el libre comercio.
Acá Grondona, hábil refregador de sus manos, los abrazó agradecido por el olvido con palabras alambicadas y empalagosas, luego volvió a sonreír y de nuevo se refregó las manos. Habló de Aristóteles, nunca de Heráclito, pleno de satisfacciones. Algún día, alguien deberá escribir la historia de los abrazos y los abrazados por Grondona y del misterioso estrujar de sus manos, ¿será de satisfacción el refriegue? Todo un gozo el de refregar. Nadie le reclama. Domina la escena. O los que exponen saben que no pueden reclamarle nada ¿por qué?
Por otro lado, aparece la ostentación de Proyecto Sur por haber conseguido casi un millón firmas vía Internet, en su mayoría en forma virtual, para peticionar que se restituya el ferrocarril. Como antecedente histórico debemos recordar que la CTA logró más de cuatro millones de firmas, con mesas tendidas a lo largo y ancho del país, cara a cara con el firmante y comunicado de por medio para que se acabe el hambre de los niños. El hambre y la mortalidad infantil continúan.
De la misma manera Blumberg ¿se acuerdan? Por el problema de la seguridad, firmaron de a miles el petitorio contra la violencia, todos estaban consternados. Hubo manifestaciones multitudinarias apoyando a esas firmas peticionantes. Fue tanta la presión que Blumberg fue recibido por el ex presidente Kirchner. A raíz de ello se sancionaron varias leyes. No era una sensación ese fenómeno virulento, era una cuestión concreta. Vasta leer los diarios de la época, y los de hoy, a que la impresión no ha cambiado, la inseguridad continúa, la percepción se transforma en escalofríos.
Los discursos justificatorios sobre la violencia tanto del gobierno y de la oposición son patéticos. Ninguno opina sobre la verdadera naturaleza de este fenómeno. Es un tema político social grave y debe ser considerado seriamente por el estado y la denominada clase política.
En ese alarde por haber conseguido un millón de firmas impersonales vía Internet Proyecto Sur nos propone un Proyecto de ley: La creación de una nueva empresa ferroviaria.
El proyecto apunta a la fundación de una empresa pública, Ferrocarriles Públicos Argentinos Sociedad del Estado (FEPAR S. E.), que tendrá a su cargo la gestión de la totalidad de la estructura ferroviaria, y control de circulación sobre la misma.
Desopilante, un ferrocarril público estructurado como una Sociedad del Estado. Como si los antecedentes históricos no sirvieran, más precisamente los del F.C. Belgrano S.A., toda una torpeza de los asesores, o no. Debo insistir, no se puede opinar desde la ignorancia. Eso sí, si no es ignorancia, ¿qué es?: ¿un acto conciente?, y si es así es que hay muy mala leche y el valor de verdad es falso, al decir en el lenguaje académico y plebeyo.
No mencionan en los considerandos la ley Dromi de Reforma del Estado. Ley 23.696, sancionada el 17 de agosto de 1989, legislación madre de todas las concesiones y privatizaciones. La iniciativa fue impulsada por los sectores de centro derecha, donde se sostenía que Achicar el Estado era agrandar la Nación. (21 años han pasado, que casualidad nadie habla de ella). Ley que ampara el decreto 666, el corazón de las concesiones ferroviarias, y los decretos de supresión de los trenes de pasajeros. Tampoco mencionan la necesidad de impulsar una Ley Nacional de Transporte.
Al no pedir la derogación de la ley Dromi e impulsar la sanción de una Ley Nacional de Transporte, se puede inferir con certeza que la impericia los tiene maniatados y ciegos, repito, o no. Será que la intencionalidad final es que todo vaya a quedar como está. Todo un gattopardismo, la de cambiar para que nada cambie. Lo afirman al anunciar y proponer que esa empresa deberá ser una Sociedad del Estado, será si se encuadra en la ley Dromi.
En un somero análisis uno puede observar que plantean como debe ser la composición del Directorio: Presidente y Vicepresidente designados por el Poder Ejecutivo Nacional y 7 vocales que serán: 2 a propuesta de las provincias; 2 representantes de los trabajadores ferroviarios; 2 representantes de los usuarios y 1 representante de los usuarios de carga.
En los países desarrollados del mundo a las autoridades máximas de todas las empresas del estado las nombra el parlamento a través de un concurso de antecedentes, luego, ejercen sobre ellos un férreo control concerniente a su comportamiento en forma integral, y si no anda bien son revocados sus mandatos. Deben rendir cuentas en el parlamento ante la comisión que los controla.
El presidente de la RENFE (Ferrocarriles Españoles) transitó por el gobierno de Felipe González, luego por el de Aznar (conservador de tomo y lomo) que no lo removió y hoy con Zapatero (diz que socialista) y está a punto de jubilarse sin una mácula.
O la presidenta de los ferrocarriles franceses SNFC Anne Marie Idrac que el año pasado probaron bajo su gestión una locomotora prototipo que desarrolló una velocidad de 578,5 km por hora. Los dos ejemplos de ferrocarriles pertenecen al Estado, son monopólicos y eficientes. No son sociedades anónimas, del estado o mixtas.


CONTROL OBRERO

Con respeto a los controles obreros y de usuarios no está explicado el como de su organización y su aplicación, es sólo una consigna. Antes de hablar de esta iniciativa y menos del como, se debe tener en cuenta que la ausencia más importante, diría la fundamental, para la aplicación de esos controles, son los obreros, técnicos, profesionales e idóneos, es decir los ferroviarios y sus múltiples oficios.
Se puede apreciar que desde el inicio se encara mal la cuestión, esa, la del control obrero. Porque casi todos de esos idóneos y profesionales fueron expulsados. Los primeros, 1.500 técnicos (ingenieros, contadores, especialistas en vías, telecomunicaciones, cambios y estructuras, economistas, técnicos químicos, geólogos, ingenieros agrónomos, arquitectos, entre otros) fueron enviados a la DGI, hoy AFIP.
El sindicato que los agrupaba, APDFA (Asociación del Personal de Dirección de Ferrocarriles Argentinos), no movió un dedo en su defensa. Me consta, era secretario general por ese entonces de la seccional Organismo Central de ese gremio, donde estaba la mayor cantidad de técnicos, profesionales e idóneos. Protestamos de todas formas y maneras, la Comisión Nacional sorda, muda y ciega.
A eso hay que sumarles los 85.000 trabajadores dejados cesantes al paralizarse el ferrocarril en todo el territorio.
Los nuevos trabajadores no han podido adquirir el conocimiento necesario que a cada uno le da la práctica diaria del oficio, ni la de haber obtenido la enseñanza que transmitían los mayores en forma oral en la relación cotidiana del trabajo, los concesionarios nunca habilitaron centros de capacitación como cuando eran administrados por el Estado, todos están ausentes. Además, los nuevos ferroviarios no poseen la mística de SER ferroviarios. Que es la de tomar conciencia de la identidad a la cual pertenecen, cognición que sólo se adquiere en la praxis concreta de la vida regular ferroviaria.
La otra cuestión es la condición humana que posee el ferroviario. Ser ferroviario viene de una estirpe que se forjó, como el ferrocarril, a través de 150 años. Esos trabajadores casi no existen, no están esos ferroviarios que fueron la carnadura del sistema ferroviario. Es decir, ellos eran también el ferrocarril. Entonces ¿como afrontar ese control en esas condiciones? Que es la de tener conciencia de la identidad a la cual pertenecen como trabajador ferroviario y la tarea que les será asignada. Nada más ni nada menos que la de controlar la otra parte del ferrocarril, la ferrosa, la que genera movimiento.
Esa tarea ¿quien la asigna? El sindicato o una asamblea. O la Sociedad del Estado. Toda una incógnita, o ignorancia.
La incorporación de técnicos, por parte de los concesionarios fue nula. Los nuevos contratados padecen de una ignorancia supina. Son empleados de una empresa privada (concesionaria) que sólo le exigen eficiencia y polifuncionalidad. No hay que descalificarlos, hay que ayudarlos a crecer, son los nuevos protagonistas de las luchas ferroviarias. Los concesionarios nunca invierten en seguridad, desarrollo tecnológico y capacitación de su personal.
Tampoco en el proyecto de ley está contemplado un sub proyecto de capacitación sobre los múltiples oficios que necesita el ferrocarril.
Sigamos ahora con el control obrero. Esas ausencias me revelan el eclipse inducido sobre el conocimiento acumulado durante más de 150 años.
Por estas sucintas razones, me permito inferir, que eso del control obrero es sólo una consigna, es como vender humo de leñita verde, te hace llorar, nada más que eso. Los proponentes no hablan o no saben de lo que es el control ni la co-gestión obrera. Debemos preguntarnos y contestarnos a la vez: Sí, el control es necesario, pero ¿Qué control, cómo organizarlo y con quién? En la respuesta se verá el itinerario a seguir en la tomas de decisiones.
Al insistir, acá y allá, sobre el control obrero. Pregunto: ¿El control obrero debe desarrollarse desde el punto de vista de la producción y distribución de las tareas, de las misiones y funciones de la nueva empresa ferroviaria Sociedad del Estado? ¿También debe prolongarse a todas las operaciones financieras y bancarias? Del mismo modo, preguntarse ¿si es posible dentro de este sistema capitalista? Porque la constitución nacional lo dice claramente en su Art. 14 bis, articulado nunca cumplido.
Son interrogantes que uno se hace ante el consignismo reinante. Veamos algunos ejemplos. Porque esto del control obrero ya lo planteaban los obreros en la Comuna de Paris en 1871. A pesar de haber tomado el poder nunca lo pudieron aplicar.
Como el control obrero en Bolivia (1953-1963) reclamado por la Federación Sindical de los Trabajadores Mineros de Bolivia en noviembre de 1946, implementada recién al día siguiente de la revolución de 1953, luego, lentamente degeneró.
O la autogestión en Yugoslavia en 1950, o en 1962 Argelia. Acá hago esta pregunta ¿se investigó que es la autogestión?
En fin, así, con las historias de los deseos del controlador burlado. No me lo imagino al control de marras dentro de este contexto actual así se apruebe la ley propuesta.
En la Argentina el ejemplo más contundente de control obrero fue el de Petroquímica Argentina S. A. (P. A. S A)
A tres años, después de la asamblea obrero popular de San Lorenzo, y de que Agustín Lanuse llamara a la región como “el cinturón rojo del Paraná”, se produjo la toma por 28 días de Petroquímica Argentina Sociedad Anónima por parte de los trabajadores.
El detonante fue cuando el concesionario del comedor de la fábrica que agredió a uno de los trabajadores del lugar. La respuesta fue una asamblea. Se le exigió a la patronal que luego de tres horas caducara el contrato del concesionario. La empresa rechazó el pedido. Se decidió entonces la toma de fábrica. Era el 26 de julio de 1974.
“Esta decisión transformará la relación con los técnicos e ingenieros de la planta, ya que la producción estará organizada y dirigida por los obreros caducando el poder patronal, en cuanto director del proceso de producción. Los trabajos de riesgo o insalubres se realizaban tomando las precauciones y normas aconsejables, disminuyendo considerablemente los accidentes de trabajo. Se trató de evitar la contaminación ambiental y la eliminación de desechos al río. Este control obrero se organizó a partir de comités, los cuales adoptarían todas aquellas medidas necesarias para llevar adelante el conflicto. Algunos de ellos fueron el comité de lucha, el de prensa y propaganda, de vigilancia, de abastecimiento y servicio del comedor y el de producción”, Fuentes: Leónidas Cerruti y Mariano Resels. Historiadores rosario-citados por Carlos del Frade.
En la toma de PASA, los trabajadores se constituyen como la autoridad máxima de la empresa, como consecuencia de ello, resolvieron continuar el proceso productivo con control obrero; declararse en estado de asamblea permanente; sugerir al gobierno nacional que se interese en la nacionalización de esta importante fuente de trabajo”.
También se pedía la reducción de las horas de trabajo a seis por turno, al mismo tiempo que comenzaba a mejorarse la producción durante la toma de la fábrica. Incluso se reparó uno de los hornos de estireno y se apagó “una pileta utilizada para la quema de desechos que provocaba emanaciones tóxicas y otros inconvenientes para la población de la zona”.
Una solicitada aparecida en el diario La Capital, de Rosario, el 13 de agosto de 1974, decía: “Los obreros petroquímicos llevamos 18 días de lucha, controlando la planta de PASA...con un rendimiento productivo superior”.
El 22 de agosto finalizó la experiencia al cumplir la empresa todo lo solicitado por los trabajadores.
Pero, como dice el saber popular, la venganza de clase sería terrible... Las enseñanzas: no es posible el control obrero bajo el régimen capitalista







PARTE III





*Por Juan Carlos Cena. ferrocena2003@yahoo.com.ar





El otro tema es sobre los usuarios en general; iniciativa de una gran vaguedad, tacaña; desnuda una total ausencia de imaginación. En mayo de 1968, los franceses gritaban en las calles: la imaginación al poder…acá tiene prohibida su presencia por parte de la insignificancia. La arrogancia de la vulgaridad se encargará de reprimirla, duro con ella.
Referente a los usuarios de carga, bueno, bueno, acá se ve la pata a la sota. El proyecto al señalar como debe estar compuesto el directorio de esta Sociedad del Estado, marca que también lo deben integrar usuarios de carga: como ser Cargill, Monsanto, Bunge y Born, Dreyfus, Grobocopatel, Ingenio Ledesma (Blaquier), o la Minera La Alumbrera, o la Barrick Gold, Techint, o los brasileros con América Latina Logística, o Loma Negra también brasilera, o la Aceitera General Deheza cuyo dueño es el senador Urquía, por el Partido Justicialista de Córdoba, por nombrar algunos cargadores nacionales y multinacionales que pueden integrar el directorio, y convivir con los usuarios y los obreros controladores.
Es decir, sintetizando y haciendo honor a la verdad, estas intenciones de proyectos de ley son solamente una oferta electoral a la sociedad votante, nada más que eso. Si la intencionalidad fuera la de construir un verdadero proyecto, este se debería elaborar de acuerdo a la demanda de la nación, es decir, a las verdaderas necesidades regionales que en su conjunto hacen las nacionales. Donde participen todos los ciudadanos interesados o ligados a las economías regionales, culturales, centros educacionales y no desde un gabinete con una mirada portuaria y no federal. Debe ser un proyecto que abarque lo nacional en el marco de que país queremos.



LA OTRA OFERTA: JULIO COBOS

Apurado por el madruguete de Proyecto Sur, lo dicho por Felipe Sola, y observando que es bueno hablar del ferrocarril, mención que da réditos, más en el interior del país, Cobos vice presidente de la Nación, rápido y fogoso aspirante presidencial, lanza un apotegma donde establece como una premisa genial la de “Ramal que abre, región que crece". Todo un parafraseo ramplón, a la frase sentenciosa de "Ramal que para, ramal que cierra", acuñada durante el gobierno de Carlos Menem. Propone sin respirar, además, como oferta electoral, la re estatización del servicio, más otras consideraciones, no muy explicadas.
Alfonsin hijo, también balbucea tímidamente la palabra ferrocarril, con un tono de pecado paternal. No es una oferta ni consigna, no alcanza.
Durante el gobierno de su padre, don Raúl Alfonsin, este sólo construyó un ramal, desde la Estación Chascomus hasta la ex chatarrera EMEPA, ahí no más, al lado. Eso sí, inauguró la electrificación de un sector del F.C. Roca suburbano, proyecto pergeñado durante el gobierno militar.
El que se ocupó del ferrocarril durante el gobierno de don Raúl fue Rodolfo Terragno. Creando primero la Dirección de Empresas Públicas cuyo directorio estaba integrado por los proveedores del Estado, a la cabeza de ese organismo: un tal Lozovitz director de la Cámara de la Industria del Transporte Automotor, es decir, metía el lobo dentro del gallinero Como hoy, ese lobo se llama Fraguío, (ex presidente de esa misma cámara), labora de Secretario de Industria de la Nación. Luego, al tiempo, Terragno se preocupó por tupacamerizar al ferrocarril destasándolo en cuatros partes. Cuatro Empresas: Ferrocargo, Ferrotur, Metropol y Ferrocarriles Argentinos, y se los ofrece a Techint, Loma Negra, (es decir a Amalita Fortabat), Socma, Sade, Román, Materfer, y Cartellone, y se interesa el City Bank. Todos ellos trabajaron bajo la batuta de Lou Thompson, consultor del Banco Mundial.
No pudo por la resistencia de los ferroviarios. Los políticos mudos.
Como de radicales se trata invoco a Don Hipólito Irigoyen. Porque en 1920 el Poder Legislativo aprobó una ley que creaba una compañía, por acciones que se denominaba “Ferrocarriles Nacionales”; a esta compañía pasarían todas las empresas del Estado, y las de los particulares solo algunas.
Yrigoyen comprendiendo la gravedad de este trance; que en cualquier momento por una situación económica inesperada, podían pasar todas las acciones en poder del estado a manos de accionistas extranjeros; por tal motivo envió al Congreso de la Nación un vibrante mensaje en el que se oponía tenazmente a la organización de esa Compañía, “por estimar que en ella perdería el Estado, inevitablemente sus ferrovías”. En materia ferroviaria se opuso a que las líneas del Estado fueran vendidas a capitales extranjeros.
El mensaje que envía Yrigoyen al Congreso Nacional tiene fecha 16 de octubre, de 1920.
El largo y fuerte discurso de Don Hipólito termina diciendo que “El Poder Ejecutivo considera que la sanción de la Ley comportaría un verdadero desastre para la seguridad de los bienes del Estado y del desarrollo progresivo del país...y sigue. Eran fuertes las palabras de Don Hipólito contenidas en su “Mensaje”, llenas de verdad. Que no eran ni veto ni decreto simple ni de necesidad y urgencia, eran sólo palabras llenas de autoridad que le da la razón. Razón en este caso, porque también cuentas pendientes como la represión en la Patagonia, la Semana Trágica, el caso de la Forestal en el Chaco, y así…
Por estos tiempos, a don Alfonsin y a don Terragno, se les alivianaron las razones, las palabras, la voz ya no era la heredada de los años ‘20. Es que para las acciones secretas, a contra pelo de lo que decía don Hipólito, no hacía falta la voz que transporte la palabra heredada, sino el sigilo de los que perdieron los principios.
Estos dos, Alfonsín y Terragno, con el pretexto de los nuevos mundos modernos y la globalización, donde se maquillaba la dependencia; los ejemplos esgrimidos eran mediocres y vulgares.
Hoy los otros sectores opositores se igualan con el gobierno, no hablan, hacen mutis por el foro. Nunca dijeron absolutamente nada sobre el ferrocarril. Con respecto a la actitud de los partidos correspondiente a las vanguardias del proletariado, muditos, el silencio los abarca, aunque hay escasas excepciones. Los partidos y dirigentes del campo popular padecen una fragmentación preocupante. Muchos han mutado en su decir y proceder, han cambiado el marxismo por el marchismo.
Para nosotros, desde el Mo.Na.Re.FA, siempre hemos dicho que el ferrocarril es una Cuestión Nacional. Reafirmamos y sostenemos que el ferrocarril debe ser un sistema integrado de transporte, industrias y comunicaciones. Un servicio publico, que cumpla una función social, que entre sus características principales figuren la de transportar todo a todas partes y en todo tiempo, con la regularidad obligada de sus servicios.
Por ende, sin esas premisas básicas, el ferrocarril sólo cumplirá la función de acarreador de mercancías y productos a puertos o a zonas de intercambio, como en los tiempos del colonialismo inglés y no jugará ningún papel en el desarrollo integral geoeconómico de la Nación.
No apreciamos en ninguna ponencia, proyecto, plan o cosa parecida de que se tome “en cuenta que el ferrocarril es una herramienta estratégica de gobierno en el desarrollo social, económico y geopolítico de la Nación, y que ese rol trascendente desparecería en manos privadas con su lógico fin de lucro.
Por el año 1988, nuestra posición era pública, en la Seccional del Organismo Central de APDFA, lugar desde donde expulsaron la gran mayoría de técnicos a la DGI-AFIP, nos movilizamos en el marco de una soledad apabullante, pero fijamos postura a través de documentos, distribuidos en todos los lugares de interés. Uno de ellos se titulaba: Cuando la Privatización es Desnacionalización. En él se manifestaba: Nos enfrentamos a la realidad de un Estado depredador (por necesidad de pagos obligados por la deuda externa, con creación de nuevos impuestos, bonos, etc.), y depredado, por cuanto ese flujo de capital de aportantes es succionado por los proveedores del estado, transformando para ello a las empresas del Estado en una inmensa asociación ilícita de la cual se sirven...
…La Empresa que nosotros proponemos y necesitamos debe ser: Propiedad del Estado, democratizada y desburocratizada, sin comportamientos estancos, con regionales o zonas que tengan auténtico poder de decisión. Esto de las zonas tiene que ver con el desarrollo de las economías regionales.
El Sistema Integrado de Transporte Ferroviario, Industria y Comunicaciones, es el único sistema generador de fuentes de trabajo, que permite el restablecimiento de las conexiones entre poblaciones y es el único que les puede dar vida nuevamente a los pueblos abandonados. Todo el mundo habla del Producto Bruto Interno, alguien se preguntó ¿cuál es el déficit bruto interno?
Este proceso de concesión, que se implementó como política de Estado para los ferrocarriles es para reflexionar. ¿Cómo se organiza esta sociedad fragmentada y se construye una sólida organización que permita generar políticas de Estado desde abajo? Donde participen ferroviarios, usuarios, cargadores, habitantes de los pueblos desamparados por la falta de ferrocarril, generadores de las economías regionales, campesinos, estudiantes, intelectuales, sindicatos, organizaciones de todo tipo, como asambleas barriales, de localidades, clubes, cooperativas, es nuestra responsabilidad como ferroviarios ser los convocantes de este emprendimiento organizativo y eso venimos haciendo.
El lenguaje falaz de las argucias, apotegmas anodinos y el consignismo travestido como proyecto, son contrabandos políticos, donde todo se trastoca, donde aparecen los eslóganes como objetivos.
En forma obstinada, por otro lado, los ferroviarios continuamos diciendo: que a pesar de la derrota sufrida por luchar en defensa del ferrocarril y nuestra dignidad, ese revés no significa que nos vencieron, aunque sean sinónimos, continuamos en ese batallar resistente para recuperar el ferrocarril. Decimos que este debe regresar como un servicio público, que beneficie a la nación y al pueblo, que integre de nuevo la geografía enrielada, retorne y reanude la vertebración de las economías regionales, reavive la comunicación perdida entre pueblos y regiones.
Que el Estado tenga en sus manos el transporte, la energía y las comunicaciones es una cuestión de soberanía nacional, que le permite posesionarse como Nación Soberana frente al mundo. Apropiarse de cualquier manera de esos resortes fundamentales del desarrollo, tiene que ver con objetivos nacionales estratégicos irrenunciables.
Desde el Mo.Na.Re.FA (Movimiento Nacional por la Recuperación de los Ferrocarriles Argentinos) repetimos una y otra vez que el Ferrocarril es una Cuestión Nacional, porque es un bien nacional, donde todos debemos involucrarnos. El ferrocarril no es de nadie en particular, es de la Nación, de sus pobladores que hoy sufren una grave y perniciosa usurpación.
Todos debemos recuperar la memoria, apelar a ella y sublevarla. Porque los pueblos que permiten que los despojen de su memoria, se opacan y mueren. Cuando el olvido es la única política de Estado, la memoria ineclutablemente se recupera de la mano de los memoriosos. Al recuperarse será señal que hemos derrotado al olvido. No hay una sola memoria, la memoria es una cuestión colectiva. Al derrotar al olvido estas se asocian y, en este caso, nos grafican que el ferrocarril debe volver al Estado integralmente, como antes. Como en todos los países desarrollados del mundo.
Ferrocarriles Argentinos debe ser una empresa, monopólica, eficiente, moderna... Razón que tiene que ver con la defensa de la soberanía territorial, ligada a la recuperación de la dignidad y la ética pérdida, ya que sin ellas nada podrá alcanzarse. Todo debe estar enmarcado en un proyecto de país libre y soberano.
Tener o no Ferrocarriles Estatales es una definición de Estado de carácter estratégico, que tiene que ver con la soberanía nacional.
Argentina es el único país que su territorio es invadido y surcado por empresas extranjeras, violentando la soberanía nacional.
Instalar de nuevo el Sistema Integrado de Transporte Ferroviario es una cuestión nacional y se resuelve a través de una decisión política, no técnica en la que debe participar el pueblo.
No puede elaborarse un proyecto con una mirada portuaria y desde una oficina casi unipersonal. Hay que involucrar a la sociedad en forma plenaria, convocándolos a participar, no a declamar.
Determinación que tiene que ver con un proyecto de país al que aspiramos construir, independiente y soberano al servicio del pueblo. Para eso, debemos asumir, hoy, que somos un país dependiente y sometido. Debemos obligamos a partir desde ahí, para liberarnos.
Porque en los países coloniales, dominados o dependientes, la cuestión nacional es el primer eslabón de la lucha transformadora para construir un país libre, digno y soberano, que merezca ser vivido.
El Ferrocarril regresará sólo de la mano del pueblo. Este se lo pondrá al hombro desde el interior del país para confluir donde están los factores de poder. “Irá con los dirigentes a la cabeza o con la cabeza de sus dirigentes”. J.D.Perón

El pueblo poniéndose el ferrocarril al hombro – Pintura de Thomas Kinkade



El ferrocarril no volverá a través de una consigna, sino de un verdadero proyecto en la que participe y se involucre a toda la sociedad. Esta es y será la tarea a construir más cercana a la necesidad real, que es la recuperación de ese modo de transporte para la Nación.
Siempre, desde este espacio del MONAREFA hemos apoyado los emprendimientos regionales, zonales y hasta comunales. Pero insistimos, lo fundamental es la recuperación del Sistema Nacional Ferroviario para luego reconstruirlo de acuerdo a las necesidades nacionales. Hacemos hincapié una y otra vez en la recuperación del Sistema Nacional Ferroviario que deba ser monopólico, eficiente y moderno, administrado por el Estado.
Al reconstruir el SISTEMA FERROVIARIO, recién lo demás emprendimientos locales podrán concretarse y no al revés. Porque ese sistema al ser un Servicio Público permitirá y unirá todos los proyectos zonales. Implementará de nuevo la conexión y articulación de todo el territorio nacional favoreciendo a las economías locales, provinciales que hoy sufren el monopolio privado de los grandes cargadores. Porque, aunque moleste o duela a quienes están realizando emprendimientos regionales, zonales o comunales, estos, no se conectan, no existe conexión, por eso no se articulan entre ellos. Al ocurrir esa disociación no es posible conformar ningún territorio interconectado política y económicamente. Es decir, dejar de ser archipiélagos para transformarse en continente
En estos tiempos, lo que se quiere subir al tren de la reconstrucción, con historias negras en su haber, obvian todo ello, porque tienen un gran desconocimiento, nada aprendió o bien, sirven a intereses también espurios, aunque se pinten de progresistas.
Creemos pero no como un sentimiento espiritual, sino con elementos y análisis reflexivos y concretos que el sistema ferroviario debe regresar ondulante por toda la geografía nacional de la mano del pueblo.




*Miembro Fundador del Mo.Na.Re.FA - Movimiento Nacional por la Recuperación de los Ferrocarriles Argentinos.





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