Thursday, September 13, 2007

EN QUÉ CONSISTE LA ESPERANZA...


Patricios, sin tren*


"Pienso que al fin ha llegado el momento
de decir adiós a algunas presunciones,
de alejarse tal vez y hablar otros idiomas
donde la indiferencia sea una palabra obscena..."
Mario Benedetti



Se asoma un rayo de sol por el ojo de una chapa perforada.
Ilumina un viejo galpón, donde hasta no hace tanto
se construía la historia de un pueblo.
Sin un antes, apareció un camino. Líneas de acero y humo.
Prometió semillas de futuro y germinó la vida.
En torno al galpón, a la estación y a las esperanzas.
Los brazos se hicieron fuertes a fuerza de yunque y brasas,
a costa de días ardientes y noches heladas.
Trabajo de soles y lunas, círculo incansable
reparando el corazón de cada máquina.

No hace tanto la última locomotora
partió llevándose a la fuerza el futuro.
Se apagaron las brasas, se enfrió el sudor.
Los fantasmas del olvido se instalaron.
Restos de engranajes atestiguan que allí hubo vida.
Hoy esqueletos del pasado.
Un pueblo de piedra mira el horizonte derretido de ira,
esperando que la llegada de una máquina les devuelva el viento.
Pero... ¿a quién le importa si pasan los días,
las semanas, los años? El pueblo sigue de piedra,
las manos vacías, la mirada herida. No son noticia.
Pero se mueren de a poco, faltos de camino.
Sin un después, destino trunco, abandonado.




Patricios, sin tren II*


Codicioso reloj de pared
que aprisiona puntualmente cada hora
en la siesta fantasma del pueblo.
Son manos de piedra y esfuerzo
las que se ocupan de mantenerlo latiendo,
pese a que hace tiempo decretaron su muerte.

Cada paso del minutero hacia adelante
resiste la soledad de la añoranza.
La estación sigue coleccionando ausencias,
apilando averías, cobijando recuerdos,
mientras el tren, que parece estar más allá de la curva,
atrasa tanto que no llegará nunca.

Es cada paso que retrocede en la historia
que, color sepia, dibuja tiempos mejores.
Fiebre en el andén, de impecable uniforme.
Ileso el corazón de Patricios
sigue mascullando su tic tac,
sosteniendo en pie a un pueblo
que cuida su historia, rehén de inútiles vías.





Patricios sin tren III*



Llega la primera escarcha sin brasas.
El taller predice un insondable silencio.
Entumecidas las manos, sin herramientas.
Encorvado el pueblo por el peso de la sentencia.
Cada uno la suya, mártires de la incoherencia.
Tan pequeño el pueblo sin su alma,
sin su tren, sin su galpón, sin sonido de rieles y ruedas.
Hasta el reloj ha cambiado la marcha de su tiempo
y su partitura suena a olvido, a miedo.

Ajados los sueños de antaño, Patricios se recupera.
Ya no hay pasajeros en su andén, es cierto, pero la estación florece.
Florece de memoria y esfuerzo. Rescata el futuro.
Ya no hay tren, es cierto pero el pueblo palpita
sembrando proyectos nuevos.
Hace de su estación el imán de su arraigo,
de su identidad, de su fuerza.
Se ramifica como enredadera
en cada visitante que involuntariamente captura
en la telaraña de su hechizo, en la red de su leyenda.



*Poemas de Gabriela Delgado agualunagd@yahoo.com.ar
-Del libro "Pasajeros del penúltimo tren"





En qué consiste la esperanza...





El malestar en la política*


*LEON ROZITCHNER


En el azul del cielo, o en el de la bandera, el horizonte político se nos ha achicado como nunca antes. Basta con mirar la cara de la gente por la calle. ¿Por qué no hay una política transformadora de las condiciones tan penosas? ¿Por qué la política tiene que ser siempre frustración e impotencia?
Habría que reconocer primero que las condiciones históricas que vive el mundo son muy pesadas. ¿Ustedes creen acaso que al terror que hizo que desaparecieran poblaciones enteras en el mundo no se agrega el que vivimos nosotros no hace muchos años? ¿Y que en el espacio que la democracia abrió luego esa amenaza no sigue vigente aún entre nosotros? Aquí, como en tantos países, el neoliberalismo cooptó o compró a los partidos políticos, socialdemócratas y conservadores, a la Iglesia, medios de comunicación, intelectuales y sindicatos. Quizás esa lucecita que se iluminó luego, hasta ahora más tenue y vociferada antes que aplicada, sea la que sostiene a Kirchner pese a la frustración que provoca la política real que está desarrollando.

¿Por qué la crispación, una crispación nueva, recorre todo el campo de la política? Todos saben ahora de las amenazas que se ciernen y se incrementan sobre el mundo, sienten venir las tormentas antes lejanas (nieve, bosques arrasados, hielos polares derretidos, hambrunas, guerras) que anuncian su llegada. Pero mejor es no pensarlo. Presienten que lo ganado por el neoliberalismo, al menos con esta política, no se recuperará nunca: las nuevas condiciones han llegado para quedarse o para empeorarse, y la impotencia nos gana. Cuanto menos se hable de lo que se aproxima, más se tensa la crispación por lo que está avanzando sin poder decirlo para enfrentarlo.
¿Entonces, para qué escribir otra vez sobre el malestar en la política y seguir hablando de la coyuntura y de las próximas (y repetidas) elecciones, en espera de que el mal tiempo pase, mientras el buen tiempo y los días soleados son para ellos, y las mayorías aplastadas esperan, como decía una canción de la Guerra Civil Española: “que la tortilla se vuelva, que los pobres coman pan y los ricos mierda mierda”?
La revolución que ha triunfado mientras hace pocos años se esperaba otra (¡hace sólo 40 años!) fue en verdad la que el cristiano-capitalismo preparaba: la revolución más feroz y sanguinaria que asuela ya casi toda la Tierra. Nunca, desde que el mundo es mundo, en ningún otro siglo como en el XX, hubo un aniquilamiento de vidas humanas tan monstruoso: cientos de millones desaparecieron por su intermedio, incrementadas en el que comienza. Porque ésta, a diferencia de aquella revolución que prometía un mundo mejor para todos, lo está destruyendo. Es una revolución sin futuro: vive al día, como las oscilaciones de la bolsa. No porque exista ese pueril determinismo de la historia del que algunos esperaban la caída del capitalismo: el capitalismo va a caer porque su triunfo final promete y nos adelanta el fin de este mundo tal como durante siglos los hombres mal que bien lo construyeron. Porque la Naturaleza no le tiene miedo a los hombres.
Todos vamos sintiendo que la destrucción y el aniquilamiento avanzan sin que encuentren un límite: el siniestro progreso al infinito del capital financiero, indiferente a toda valoración humana, arrasa el mundo. La “acumulación primitiva” nunca se acaba. Entonces la gente siente el pavor de la amenaza, y se petrifica sin atinar a nada, salvo el sálvese quien pueda. De allí las caras de tantos argentinos.
La crispación de nuestros políticos –à la mode antes y fashion ahora– responde a que ellos también sienten el campo de la política estrecho y limitado, porque el terror y el miedo también los han invadido. Si esos políticos, meros administradores y/o burócratas, nos confesaran cuáles son sus miedos, nos dirían que temen suscitar un verdadero apoyo desde abajo, multitudinario, que los obligue a hacer lo que no han hecho. Eso los asusta. El peligro que ellos no enfrentan lo ponen a cuenta de salvarnos a nosotros de un desastre peor del que vivimos. ¿Somos pesimistas por describir lo que tantos sienten?
La relación de la ciudadanía con los políticos de los partidos mayoritarios tiene varias dimensiones. Las visibles primero, y luego aquellas que, acalladas, no se dicen. Es obvio: el político nunca dice la verdad completa. Quienes la dicen y la desnudan desde la izquierda son minoría, pero no es suficiente para resolver el dilema que el peligro de su aplicación plantea. Política administrativa, no hay casi política porque no hay casi alternativas, nos dicen: el margen se ha estrechado, hasta desaparecer casi. El peligro y el riesgo fueron radiados de la política que podrían exigirle las mayorías. Estas, las verdades calladas de lo que nos pasa –aunque están en reserva en lo imaginario– son justamente las más importantes: sobre su existencia se juegan todas las dimensiones de la realidad plena.
Los políticos, casi todos ellos, actualizan una sola dimensión de la realidad que vivimos, la que se debate en el campo de la arena política acotada por el poder realmente dominante. Pero el discurso en realidad alude o hace guiños a todas esas otras verdades que no pueden ser enunciadas. Y esas verdades son, sin embargo, las que están, impacientes o expectantes, al acecho. Es sobre ese no dicho que el político normal actúa. ¿Quién se atreve a penetrar más hondo para movilizar lo que el miedo y la represión contiene para que aparezca y se convierta, siendo masivo, en una gran fuerza? La política avanza como un barco cercado de icebergs: sabe que la mayor masa de hielo está bajo el agua, y sólo una pequeña punta anodina sobresale. De esa punta sólo el político sagaz sabe lo que esconde. Mejor dicho: casi todos lo saben, y sobre ella trabajan –para disolverla unos, para sacarla a flote otros–. Toda política arrastra su masa crítica, invisible, debajo del agua: el peso gravitatorio de las mayorías silenciadas.
¿Qué los diferencia? ¿Cuál es el margen del movimiento de Kirchner? Parece mínimo, casi no despega de los que se le oponen, pero existe. Si no existiera esa diferencia no habría política, que es siempre expectativa en acto. Ese margen no puede ser confesado –quieren que pensemos– porque mostraría entonces la complicidad con lo que dice que combate: toda apertura se mueve entre la expectativa de la mayoría y el miedo de los que realmente tienen el poder y se sienten amenazados con perderlo. Kirchner, con su política de derechos humanos, representa en el imaginario social un “montonerismo” aplacado que estaría de vuelta de la lucha armada. De eso lo acusa la derecha, porque ella teme las astucias imprevisibles de la historia, y no le perdonan. Se ponen histéricos: ellos también tienen miedo, pero de que los derechos humanos se extiendan hasta los derechos sociales. En política nunca las palabras son flatus vocis: arrastran promesas o amenazas. Aunque por otro lado es eso mismo quizás lo que lo lleva a Kirchner a ser aún mayoritario: la esperanza de un cambio incruento de una población vencida pero no desahuciada en lo imaginario.
La mirada del político abre o cierra los ojos de toda la gente, para que vean o no vean la realidad, unos para espantarla, otros para que nos animemos a mirarla. La política regula la realidad para agrandarla o achicarla: operan las cataratas para ver más claro, o enturbian y espesan más todavía la mirada. Y se nos pide que tengamos confianza en lo que nos muestran: sólo nosotros sabemos por qué lo hacemos, pero no podemos decirlo –nos susurran al oído– porque entonces se acabaría el juego. Piden que nos quedemos quietitos en el molde. Pero tampoco nos confiesan –y esto es lo más grave– cuál es el obstáculo real que enfrentan para no hacer lo que prometían, para que entonces nosotros podamos ayudarlos. Los obstáculos que no se declaran públicamente impiden que la crispación que todos sentimos pueda tener un contenido objetivo: comprender cuál es la piedra que encuentra esa política en el camino. Si Kirchner hablara claro y pidiera apoyo podría motivar un movimiento que desde abajo lo apoye con su fuerza viva. Así el gobierno podría incrementar su poder: tener más fichas para ponerlas en juego. No, por favor, no lo hagan –susurran en voz baja– la oposición se daría cuenta de nuestra estrategia. Y entonces, como si la política jugara al oficio mudo, pensamos que es cierto. Y nos quedamos quietos, esperando, esperando: no queda otra. Sólo emergen breves y fugaces puntos de conflicto donde se encrespan las crestas de los gallos de riña que ponen en el ruedo: lo demás está oculto a nuestros ojos.
Nos dejan sólo con el imaginario que el discurso a veces despierta, como por ejemplo cuando en Bolivia, bien lejos, Morales acusó a la Repsol por primera vez desde que es presidente. Pero por otro lado no hace mucho provincializó la propiedad, antes nacional, del petróleo en beneficio de la Repsol. ¿La distancia entre los hechos y la palabra hasta cuándo podrá ser mantenida sin que haya que decidirse por lo uno o lo otro? La imaginación expectante cuando mira los hechos se convierte en realidad sufriente. Sería bueno que Kirchner pensara que la realidad política es a la larga implacable: pasivos y mansos pero frustrados ¿le seguirán teniendo confianza? Ese es el punto: apostar a una credibilidad exagerada. Lo sabremos pronto.
Ese es el juego de la política, y por eso los gritos de traición que cunden, tanto aquí como en Brasil o en Uruguay. Porque si no hay política en serio, aunque haya políticos y elecciones, sólo habrá terror económico presente como hubo terror militar antes, y entonces el tiempo futuro –no nos damos cuenta– estará clausurado. Un político demasiado astuto corre el peligro de volver a cerrar la apertura del espacio público que su osadía abrió, porque toda política tiene plazo fijo. La política desaparece entonces como posibilidad abierta, la ínfima credibilidad se pierde y la crispación cunde.
Entonces: ¿nos animaremos a juntarnos y ponernos de pie, todos juntos en todas las plazas, para imponer como lo hicieron los bolivianos –sí, los “bolitas”, no los porteños– e intentar cambiar las cosas desde abajo: impedir que la catástrofe globalizada que se anuncia también nos coma vivos? No hay que matar a nadie para ser más fuertes que ellos. Con Kirchner se trata todavía, nos dicen, de esperar un poco. Pero sería bueno si la gente saliera otra vez a la plaza para saber al menos en qué consiste la esperanza.


*Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/especiales/index-2007-09-12.html








Miércoles, 12 de Septiembre de 2007
La primavera en ruinas*



*Por Jorge Isaías. jisaias46@yahoo.com.ar


Ruinas quedan de aquello que fuera el bar "La Primavera", de don Atilio Valvazón. Ladrillos comidos por un tiempo implacable, sordo, que desentona los recuerdos más antiguos y esconde a los más jóvenes las albricias de otra edad.
Allí en ese caserón que supo ser del tío Hugo Cechi, ese viejecito menudo de grandes bigotes amarillos en cascada sobre los labios, de bastón tosco, de andar cansino, que siempre veré en mi memoria caminando bajo sombras propicias del Veredón Alto, allí solían armarse las prestigiosas guitarreadas de toda la redonda.
El bar "La Primavera" -huelga decirlo- nunca fue apto para niños y mujeres.
Allí la soledad de muchos hombres encontraba el traidor sosiego de una caña, de una buena grapa, una ginebra recoltosa.
Recuerdo -creo recordar- los brillantes momentos del bar de don Atilio, cuando era visitado por "cantores", que no eran otros que los últimos payadores pampeanos.
De sombreros oscuros, como el traje y que venían en el último ómnibus de la tarde, de aquellos destartalado que hacían el trayecto Rosario - Corral de Bustos y viceversa.
Habían cubierto muchos kilómetros de polvorientos caminos y saltaban, al llegar, directamente sobre la alta vereda de ladrillos, en la mismísima puerta del bar.
Demás está decir que nunca pudimos oír como se debe esos duelos populares inscriptos en la más antigua prosapia tan cara al criollaje. Algunos de nosotros -los más atrevidos desafiantes del cachetón o la paliza- espiábamos con furtiva fruición, desde la ventana de altas rejas el rasgueo entusiasta de las guitarras, entreviendo esas mantas de vicuña o el poncho sobre uno de los hombros, el traje azul inevitable, el pañuelo "gardel", la alpargata floreada o el zapato de puntas bien lustradas.
En ocasiones algunos vestían a la usanza gaucha: bombachas, corralera o saco del mismo género, la rastra ametrallada de monedas antiguas, la bota lustrada y la guitarra con su infaltable cinta celeste y blanca, no faltaba quien colocara una calcomanía de Evita o Carlos Gardel a esa madera manoseada por madrugadas y milongas.
Al final, supeditado siempre a la generosidad de los flacos bolsillos de los espectadores, pasaban el sombrero con una humildad altiva, de artistas, como si de esa espontaneidad del parroquiano no dependiera su subsistencia. Era su única paga, amén de algún vaso de tinto espeso para refrescar esas
gargantas cansadas, que iba de riguroso convite.
Todo aquello, como tantas otras cosas, murió en mi pueblo.
Pero hoy he pasado por esa vereda que es la misma, ya sin aquellos viejos árboles, y una mano de acero se me asentó en el recuerdo. El techo derruido, los pisos de madera carcomidos, el óxido de tantos años ha ido pulverizando la mayor parte de los ladrillos.
El tío Hugo ha muerto. No sé quién es el propietario actual y don Atilio Valvazó, de ademán lento, de boina pelusienta, de toscanito apagado entre los labios, es sólo un recuerdo para algunos.
El veredón, aquel viejo orgullo de niños y de novias, ya no existe. El pueblo tiene ahora luces de mercurio, asfalto, algún horrible snack-bar y muchos autos último modelo, tal vez por la euforia sojera de unos años atrás.
Cuando me paré un instante en esta esquina, con mis hijas y mis años, creí escuchar por un momento el rasguido cadencioso de una guitarra, pero es seguramente la engañosa memoria, como siempre, la que se empecina tanto como ese montón de ladrillos quebrados en hacerle frente a la infamia de los años
muertos.


*Fuente: Rosario-12
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/rosario/14-10218-2007-09-12.html







INTERMEDIOS*


Desde el ruedo invisible de la noche,
el púrpura camino luminoso perfora
los puntos infinitos
del horizonte.

Destrazando los bordes
alisando los pliegues...
borrando cornisas
esparciendo pigmentos

Desnudas de absurdas
líneas limitantes
se trenzan luces, sombras y milagros.
pariendo matices, tiñendo pupilas
de un fantástico paisaje
al fin liberado.
de cuerpos inertes,
de disciplinadas formas.

Fragmentan la pulcra simetría
de los sentidos
consteladas miradas.

Proclaman la belleza
de los tonos intermedios.




*de Marta Goddio martagt46@yahoo.com.ar





Correo:


A través del presente mail, queremos invitarlos a participar de las

1ras JORNADAS DE PEQUEÑAS LOCALIDADES SOBRE TERRITORIO, HISTORIA Y FERROCARRILES.


PATRICIOS
(Partido de 9 de Julio. Pcia. de Buenos Aires)
Fecha 23 y 24 de noviembre de 2007.


Fundamentos:
Las primeras jornadas de pequeñas localidades sobre territorio, historia y ferrocarriles; se enmarcan en un proceso de acciones que intentan misturar aspectos sociales endógenos, actores y referentes sociales, población y territorio.
Las jornadas nacen de la discusión social local que plantea al desarrollo de las "pequeñas localidades" como motor de la acción colectiva a nivel local.
Las transformaciones de las pequeñas localidades (entendidas éstas como localidades no cabeceras de partido) se deben a factores múltiples y se entrecruzan con la historia del territorio, la coyuntura socioeconómica, el patrimonio retenido y perdido, y el proyecto local de un territorio; a la vez nuevo y articulado a un pasado muy denso y rico.
El ferrocarril es para muchas de estas pequeñas localidades un factor patrimonial que excede lo funcional y se implanta en lo simbólico desde diferentes aristas de enfoque (acción sindical, memoria, territorio, función, expresiones artísticas). En particular la estación de ferrocarril es un lugar de centralidad y de fuerte simbolismo tanto en el espacio físico y social de las localidades como en los lazos con el pasado y con el "exterior" de éstas.
Las jornadas apuntan a un objetivo renovado e integrador: popularizar el trabajo académico, al tiempo que se plantea academizar lo popular. Populares y académicas, estas jornadas intentan dar un salto en las barreras de los campos de conocimiento y de acción empírica. Se intenta dar un paso adelante
en la integración de ideas y proyectos, de sueños e hipótesis, de manifestaciones sociales y métodos científicos, de pasión y razón.
Las jornadas se insertan en un nuevo proceso de reterritorialización y reorganización en el interior bonaerense. Así, las Ley 13.251 de promoción de pequeñas localidades; la acción de la empresa ferroviaria bonaerense; el Programa Pueblos, el Plan Volver; Cambio Rural; Soberanía Alimentaria;
sindicatos, escuelas, juventudes locales, ONGs, asociaciones civiles, grupos de acción cultural, universidades y la población interesada; podrán intercalar opiniones y acciones. Oponerse, debatir y proponer.
En definitiva, estas primeras jornadas representan un ensayo. El ensayo se resume en la posibilidad de interactuar institucionalmente de modo democrático, abriendo la libertad de actuación a los campos del conocimiento y de acción local, ensayando la inclusión y cooperación, en el marco de territorios que durante años fueron sesgados por políticas de exclusión social y territorial.

Antecedentes:
La iniciativa de estas jornadas surge en 2007 luego del X Congreso de los Pueblos de la Provincia de Buenos Aires realizado en Bahía Blanca. Entre los expositores nos encontramos con referentes sociales locales, académicos abocados a la investigación de problemas situados en pequeñas localidades y
actores de espacios sindicales y políticos interesados en la problemática del interior bonaerense oculto. Así, iniciamos las conversaciones con representantes Universidades, Municipios, Instituciones Educativas, Archivos, Museos, Sindicatos, Grupos Artísticos y ONGs. Como conclusión general, consideramos que resultaría interesante organizar unas jornadas que atiendan la discusión de las problemáticas de las pequeñas localidades, con sede en una pequeña localidad. De esta forma, Patricios, localidad de tradición ferroviaria ubicada en el partido de 9 de Julio, se presenta como ideal para el evento. Además de encontrarse en el centro geográfico y equidistante de la provincia; Patricios cuenta con experiencia en la organización de eventos tales como dos encuentros Nacionales de Teatro
Comunitario en 2004 y 2006; y AvecinArte 2005 y 2007.
Empecinados en generar un espacio de debate democrático, inclusivo y con alto grado de contenido, los organizadores confiamos en que el desarrollo de estas jornadas pueda abrir un espacio más para el desarrollo y ejecución de ideas que se plasmen en la mejora de la calidad de vida de nuestra población.



Organizan:
Grupo de Teatro Comunitario PATRICIOS UNIDO DE PIE - UNIENDO PUEBLO -
MUNICIPIO 9 DE JULIO - MUSEO 9 JULIO- COMUNIDAD DE PATRICIOS.

Comité Organizador
Fiorentino; Romina M.Diez Tetamanti, Juan M.Hayes, Mabel.Hayes, InésDomínguez, MiguelArosteguy, M. Alejandra. Cárdenas, C. Daniel Sutil, Jorge García, Mónica Carballeda, Alfredo Barberena, Mariano Moreno, Osvaldo González, MirtaVázquez, Pablo Ramírez, Ariel Emilia Rebottaro

Comité de Trabajo Académico y Social
Albaladejo, Christophe - INRA UNLP
García, Mónica - UNMDP
González, Mirta - UNMDP
Vázquez, Pablo, Mueso Evita
Carballeda, Alfredo - UNLP
Barberena , Mariano - UNLP
Silva, Adrian - APDFA - UNT
Hayes, Inés - UNLP
Diez Tetamanti, Juan M. - UNMDP
Castro, Roberto - Museo 9 de Julio.
Hayes, Mabel - G. Teatro Patricios.
Arosteguy, Alejandra - G. Teatro Patricios
Fiorentino, Romina - UNMDP
Susana Ferraris - INTA
Damín, Nicolás - UBA
Emilia Rebottaro - G. Teatro Patricios


Ejes Temáticos
(Comisiones)
EJES TEMÁTICOS: COORDINADORES:
NARRATIVA Y MEMORIA FERROVIARIA Y PATRIMONIAL Romina Florentino (Arq.)
Nicolás Damín (Uba)
HISTORIA LOCAL Y REGIONAL Pablo Vázquez (Mus evita), Prof.Roberto Castro
(Mus Nueve de Julio)
TERRITORIO Y DESARROLLO LOCAL Tetamanti (Geo) Albaladejo (Geo)
PROYECTO SOCIAL POLÍTICAS E INTEGRACIÓN Barberena (Ts) Carballeda (Ts)
PROPUESTAS DE DESARROLLO Y PROPUESTAS INNOVADORAS D. Cárdenas (UP) Hayes
(PUP)
JUVENTUD RURAL Rebottaro (PUP)
TURISMO RURAL Sutil (UP)



Participantes
Podrán participar y exponer todos aquellos ciudadanos que se encuentren interesados en las problemáticas de las pequeñas localidades bonaerenes.


Actividades
Se programa una agenda con actividades que incluyen Ponencias, Simposios, Conferencias, Presentaciones de Teatro Comunitario, Salidas de Campo y Productos locales


1-Ponencias
Reunirán trabajos sobre temas vinculados al propósito de estas Jornadas dentro los ejes temáticos. Los trabajos deben ser inéditos y serán sometidos a evaluación por el Comité Académico y Social de las Jornadas. Las ponencias serán presentadas en forma oral. Se aceptarán presentaciones propuestas en formato de video - DVD - Power Point, etc.
*Se recomienda, para la presentación de trabajos, el empleo de un lenguaje sociabilizador. De este modo, se pretende abrir experiencias, investigaciones y estudios a una discusión democrática del conocimiento y la acción.
Especificaciones :
Los trabajos escritos no podrán exceder las 10 páginas de extensión, Hoja A4, Letra Arial 11, interlineado 1,5.-
Todos los trabajos presentados independiente del formato, deberán acompañarse con un resumen de 300 palabras.


2- Comisiones
Las Comisiones agruparán una serie de ponencias sobre un tema en particular propuesto y coordinado por uno o dos coordinadores. Se programa realizar 8 comisiones.


3- Conferencias plenarias
Las conferencias plenarias estarán a cargo de referentes locales, actores sociales, investigadores, docentes, sindicalistas, funcionarios en la problemática de las pequeñas localidades y en las ciencias sociales.

CICLO DE CONFERENCIAS:
C. ALBALADEJO: sobre ruralidad y desarrollo local.
CARBALLEDA: sobre políticas sociales aplicadas en pequeñas localidades.
JUAN GHISIGLIERI: Historia oral en la PBA.
Osvaldo Bayer: sobre trabajo rural
VESCHI: sobre impacto de políticas ferroviarias en pequeñas localidades
ZUNGRI: sobre acciones concretas en pequeñas localidades experiencia de Bavio.
JUAN C. CENA: Reestructuraciones ferroviarias en la Argentina.


4- Presentaciones Teatrales.
Se presentarán dos obras de Teatro Comunitario. Las obras son resultantes de creaciones colectivas locales. La memoria colectiva social, sumado a un trabajo de organización de disparadores ejecutores locales, poseen en común el empleo del "arte como transformador social".

Obras a presentar:
"Nuestros Recuerdos" Grupo de Teatro Comunitario Patricios Unido de Pie. -Patricios-
"Romero y Juliera" Grupo de Teatro Comunitario "Los Cruzavías" -9 de Julio-


5- Salidas de Campo
Se contemplan salidas de campo locales. A Talleres de Estación Patricios; vivero ferrocarril provincial, museo ferroviario, etc.

Cronograma de presentación de resúmenes y ponencias completas
Resúmenes: hasta el 28 de septiembre de 2007
Trabajo completo: hasta el 19 octubre de 2007

Inscripción:
en conjunto con el envío de resúmenes, remitir la ficha de inscripción.
A: jornadaslocalidades@gmail.com
info@uniendopueblo.com.ar



Aranceles:
Disertantes que presenten trabajos: $10. (se abonará en la acreditación a las jornadas)
Asistentes: NO ARANCELADO.

ALOJAMIENTO:
· En la localidad de Patricios:
a) se cuenta con 45 plazas en el sistema Dormir y Desayunar en casa de familia (DyD). Costo de sistema DyD : $ 20 por persona. Para reservar comunicarse con: Mabel Moyano (02317) 49-9086.
b) Acampe: en sector Club Compañía. Costo: $ 5.- pesos p/p. Servicio de Baño, Quincho y Pileta de Natación.
c) En sectores múltiples. Necesidad de contar con bolsa de dormir y colchoneta. Costo: $ 5.-
· En la ciudad de 9 de Julio (ubicada a 20 kilómetros de Patricios),
a) se cuenta con 7 hoteles y capacidad para 550 personas. El costo del alojamiento es: Single: $36; Double: $63.
b) Se están tramitando otros sectores más económicos para pernoctar (escuelas y clubes)

MUY IMPORTANTE:
La Municipalidad de 9 de Julio, pondrá a disposición de las Jornadas un servicio de transporte gratuito entre 9 de Julio y Patricios.

COMO LLEGAR:

Contactos e información
jornadaslocalidades@gmail.com
info@uniendopueblo.com.ar

Más información: www.uniendopueblo.com.ar

Tels: (011) 4957-3124.
(011) 15-6866-6254.
(0223) 15-528-5049.
(02317) 423-935.


*



Reescribiendo noticias. Una invitación permanente y abierta a rastrear noticias y reescribirlas en clave poética y literaria. Cuando menciono noticias, me refiero a aquellas que nos estrujan el corazón. Que nos parten el alma en pedacitos. A las que expresan mejor y más claramente la injusticia social. El mecanismo de participación es relativamente simple. Primero seleccionar la noticia con texto completo y fuente. (indispensable) y luego reescribirla literariamente en un texto -en lo posible- ultra breve (alrededor de 2000 caracteres).

Enviar los escritos al correo: inventivasocial( arroba)yahoo. com.ar



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Friday, August 31, 2007

UN NOSOTROS QUE NOS ABRAZA

Un nosotros que nos abraza...





EN LA ASOCIACIÓN YAGE Y EL MAGAZIN CULTURAL XICóATL CELEBRAMOS 15 AÑOS DE ACTIVIDADES.*

Queridos(as) socios(as) y amigos(as) de YAGE,
Apreciados(as) lectores(as) de XICóATL en el mundo,



Constituye una alegría inmensa el poder celebrar ahora los primeros 15 años de trabajo ininterrumpido de YAGE, Asociación pro Arte Ciencia y Cultura Latinoamericanos y del Magazín Cultural Latinoamericano XICóATL “Estrella Errante”.



El 29 de enero de 1992 fue presentada a la BPD Salzburg la proposición de fundación de la Asociación por parte de Christine Reisenberger, Thekla Waltl y yo. El 5 de marzo realizamos la primera asamblea general en la sala de actos de la Katholische Hochschulgemeinde Salzburg, en la Wiener Philharmoniker Gasse 2, en la cual participaron más de 60 personas entre latinoamericanos y austriacos. Aquella primera asamblea será siempre uno los recuerdos más hermosos de mi vida: la espectativa generada pues era el primera asociación latinoamericana que iba a ser fundada en Salzburgo, el recital de Joaquín Clerch Díaz con obras de Barrios Mangoré, entre otros, la presentación y discusión de los primeros proyectos, la elección de la primera junta directiva y para culminar la música interpetada por Thekla Waltl, Peter Schwarzenbauer y Jorge Eduardo García, además de la dinámica atmósfera que vivimos y los deliciosos pasabocas vegetarianos servidos para la ocasión. El 11 de marzo fueron aprobados los estatutos por parte de la BPD Salzburg.

El 1. de mayo de 1992 apareció el primer número del trilingüe Magazín Cultural Latinoamericano XICóATL “Estrella Errante”, el cual llega hoy a la edición número 80, un verdadero récord en Europa en cuanto a publicaciones de este tipo se refiere. También el número de autores publicados en nuestras páginas resulta grandioso: exactamente 450 autores latinoamericanos y 17 austriacos hasta la presente edición, presentados en el idioma materno, con traducción al alemán o al español. De los trabajos presentados un 90 % de ellos son literarios, especialmente ensayos, cuentos y poemas, y un 10 % corresponden a otros géneros, especialmente a la protección ambiental.
Durante los 10 primeros años XICóATL se publicó bimestralmente, pero a partir del 2002 aparece trimestralmente debido al desarrollo de otros proyectos, especialmente vinculados con nuestra página en internet. Es de destacar entre ellos los Puentes Culturales que hemos impulsado entre Austria y Argentina, Colombia, Costa Rica, Cuba y México, además de uno latinoamericano general para los países restantes. Mediante ellos hemos logrado presentar internacionalmente una gran cantidad de escritores, artistas plásticos, compositores, músicos y otros creadores latinoamericanos y austriacos. Además de su presentación virtual, hemos mediado también en algunos desplazamientos intercontinentales de ellos a fin de participar en eventos de carácter nacional o internacional.

A nivel de Austria, y especialmente de la provincia de Salzburgo, resultaría demasiado largo y tedioso enumerar el gran número de eventos realizados: conciertos de música latinoamericana erudita y popular, exposiciones de pintura, lecturas de autores latinoamericanos, conferencias sobre temas científicos, artísticos o culturales vinculados con Latinoamérica, exposiciones y conferencias sobre temas ecológicos en universidades y colegios, fiestas y diversos tipos de actividades sociales. A nivel internacional hemos realizado 4 Concursos Literarios, 2 Concursos de Composición Musical y 2 Concursos de Fotografía Ecológica en los cuales han participado más de 1000 personas de más de 35 países. En esta multitud de proyectos, las características principales han sido la eficiencia, el cumplimiento exacto de los planes trazados y el éxito, lo cual nos ha hecho merecedores de la confianza y el apoyo de las autoridades de Salzburgo y de una enorme red internacional de trabajadores de la cultura.

Otro proyecto que deseo recordar en esta fecha especial es nuestra emisión radial “Poesía y Música Latinoamericana” que presentamos todos los domingos entre las 19:06 y las 20:00 horas, con repetición los días jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas, en la Radiofabrik de Salzburgo ( www.radiofabrik.at ). “Poesía y Música Latinoamericana” es la emisión más antigua que tiene la Radiofabrik. La iniciamos en los albores de la radio, a finales del siglo pasado, cuando ésta apenas contaba con una licencia de emisión los días miércoles entre las 18:00 y la 24:00 horas. En aquel tiempo “Poesía y Música Latinoamericana” se presentaba de manera intermitente, en audiciones de 15 minutos. Al ser ampliada la licencia de emisión aumentamos a media hora semanalmente, y a partir del 6 de enero del 2002, nuestro programa tiene la duración habitual antes descrita: 54 minutos. A propósito de celebraciones, el próximo 7 de octubre realizaremos el programa número 300, contados desde el 2002, a cuya audición quedan invitados desde ahora muy cordialmente.

Todos los proyectos de estos primeros 15 años de trabajo no se hubiesen podido adelantar sin la cooperación de una infinidad de personas: además de los miembros de los jurados, los participantes en los concursos y el número de autores publicados mencionado anteriormente, en XICóATL han colaborado un total de 78 traductores(as) y 50 moderadores(as) lo han hecho en el programa radial: para todos ellos nuestro más profundo agradecimiento por el impulso brindado, en el momento oportuno. Además, un sinnúmero de personas en Austria, Latinoamérica y Europa han colaborado de manera directa o indirecta en otras pequeñas o grandes realizaciones de la Asociación YAGE, para ellos también nuestras gracias sinceras y felices.

Nuestros agradecimientos se extienden también a quienes conmigo comparten actualmente la dirección de YAGE, esto es, el compositor argentino Juan María Solare, Mag. Thekla Schirz, Wolfgang Hirsch y Dominique von Loebel. Un agradecimiento muy especial merecen quienes desde la fundación de YAGE, o después de la misma, siempre han estado presentes y colaborado en los diversos proyectos: Lic. Angelika Moser, Lic. Ulrike Zomorrodian-Santner, Dr. Jorge Antunes en Brasil, Lic. Judith Moser-Kroiss, Ing. Jorge Martínez Villaseñor en México, Lic. Christoph Lukits, Dr. Nicolás Cosío Sierra en Cuba, Dr. Friedrich Frosch, Horacio Rossi y Eduardo Coiro en Argentina, Mag. Josef Lanner, Chano Delgado de Schlachter, Anna Maria Kalcher, Veronika Gruber, Lic. Silvia Amberger, Waltraud Hostalek-Rehbogen y Renato Vecellio, estos dos últimos, para nuestro infortunio, fallecidos en 2005. Sólo me resta agradecer a mis hijos Krysthal y Leo, fundadores espirituales y quienes ya colaboran activamente en los proyectos; también agradecer vuestra afabilidad y apoyo, queridos socios, lectores y amigos, y desear una larga vida a este emprendimiento que en 15 años ha podido hermanar tantos pueblos, culturas y esperanzas, para la construcción de un mundo mejor mediante el trabajo creativo de sus hijos.



*de Luis Alfredo DUARTE-HERRERA. euroyage@utanet.at

YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur
www.euroyage.com






Nosotros y las elecciones*



Voy a votar. Hay que elegir a quiénes darles mandato para gobernar la ciudad y la provincia durante los próximos cuatro años, para tomar decisiones que afectarán nuestras vidas. El voto es apenas una parte de la responsabilidad de cada uno por lo que pasa en este lugar donde vivimos, pero es una parte que cuenta, ni un conjuro mágico para cambiar la sociedad ni un par de horas robadas al domingo. Muchos padecieron atrocidades para que este proyecto de Democracia pudiera nacer. Están las elecciones, pero no dejemos que se agote ahí. Necesitamos alimentar instancias que le devuelvan el poder a la gente, presupuestos participativos, audiencias públicas, revocatorias de mandatos, consultas populares. Por lo pronto, en los comicios no queda otra que elegir entre los candidatos que hay, salidos de esto mismo que colectivamente somos. Creo que votar en blanco o por alguien sin chances es, finalmente, ser funcional a los que ya compraron los votos de los que no pueden elegir porque la necesidad les puso precio. La miopía de los “bienpensantes” siempre termina convalidando el sometimiento de los marginados. Así fue como nos convertimos en la capital del desamparo, de los homicidios, de las inundaciones... dejándonos encima convencer de que lo merecemos, como esas mujeres golpeadas que terminan culpándose a sí mismas por la violencia que sufren.
Trabajar desde hace cinco años en una organización comunitaria me ha enseñado lo frustrante que es tratar con funcionarios soberbios e incompetentes, tristes personajes que sólo ven con los anteojos del clientelismo. Entonces, no me da igual que cualquiera ocupe esos lugares. Voy a elegir. Tendré en cuenta no sólo promesas de campaña, proyectos que parezcan razonables o equipos presuntamente capaces. Antes veré quién es realmente cada uno de los que reclaman nuestros votos. Así, al menos, los mercenarios que cambian de querencia según el viento, los enroscados al poder durante décadas que nos toman el pelo con obras de último momento y los que gastan millones de oscuro origen en fabricarse caretas y alquilar voluntades, ya van sabiendo que no cuentan conmigo.




*de Alejandro Alvarez Durante alegad@gigared.com
-Fuente: El Arca del Sur nº 138







EL ALMANAQUE ME HACE BROMAS*



Habrá que comenzar esta crónica ilustrando a los lectores desprevenidos y contar que, durante buena parte de la década del '90, existió en la ciudad de Santa Fe un grupo musical llamado Paralelo 31. Será sin dudas apropiado informar también que la banda en cuestión llevaba adelante una propuesta difícil de encasillar, apostando a un repertorio compuesto esencialmente por temas propios, en el que convivían ritmos diversos sin prejuicios ni pudores. Convendrá aclarar asimismo que, a excepción de una histórica jornada en la que fue grupo telonero de León Gieco, Paralelo 31 nunca obtuvo los beneficios del éxito masivo.
Habrá que consignar, finalmente, que el tecladista de Paralelo 31 era yo.
A pesar de haber tenido algunas actuaciones pagas, nunca llegamos a ser profesionales. Éramos, básicamente, un grupo de amigos que se juntaba para sacarse el gusto de hacer un poco de música. Priorizábamos la calidez humana por sobre las virtudes técnicas o artísticas. Sonar maravillosamente bien no habría representado nada para nosotros, si el precio de tal logro hubiese sido llevarnos mal. Ensayábamos mucho más de lo que tocábamos en publico (de hecho, sólo dimos 22 recitales en 8 años), pero esta realidad adversa no lograba quitarnos el entusiasmo. Los ensayos eran instancias felices en las que dejábamos afuera las complicaciones cotidianas y nos dedicábamos a armar, desarmar y rearmar los temas del repertorio. Claro que también nos delirábamos, a veces, haciendo versiones caseras de canciones tan alejadas de nuestro estilo habitual como "Sultanes del ritmo" o alguna de los Beatles. Y, por supuesto, practicábamos ese inigualable juego colectivo de ponernos a improvisar, construyendo sobre el aire efímeros diálogos musicales que, por lo general, se desvanecían para siempre apenas sonaba la última nota, pues rara vez nos tomábamos el trabajo de dejarlos registrados.
Eran épocas de frecuentes reuniones festivas, aquellas. Épocas de asados cuyas sobremesas se prolongaban durante horas y solían concluir en interpretaciones levemente alcoholizadas de "Seminare", "Buscando guayaba" o "Menta y limón", mientras nuestros hijos, después de haber correteado entre cables e instrumentos hasta quedar agotados, terminaban dormidos sobre un sofá o sobre los sufridos regazos de sus madres.
Es imposible no evocar aquellos tiempos en esta fría noche de agosto. Sucede que, después de ocho años y medio sin hacerlo, Paralelo 31 ha vuelto a juntarse para actuar en público. No hay, por supuesto, millonarios auspiciantes sosteniendo el retorno, ni tampoco contratos fabulosos con algún sello discográfico para grabar en vivo un testimonio del regreso. Nos ha reunido la excusa de participar en la Peña con la que decidí festejar el quinto aniversario de "El Regalador". Los gustos, suele decirse, hay que dárselos en vida.
Ahí andan, entonces, el Guille, Mario, Silvio, Fernando, Javier, recobrando -cada uno a su manera- un fragmento significativo de aquel pasado común. Algunos con más kilos encima, otros con más canas, pero todos exhibiendo idéntica alegría ante la demorada reincidencia.

Hay algo hermoso y profundo flotando en el ambiente. No sé bien cómo definirlo. Es una conjunción ambigua de felicidad y extrañeza. En una primera instancia, atino a especular con una posible sobredosis de nostalgia, pero lo descarto de inmediato. La nostalgia es mentirosa, siempre viene a uno vestida con apariencia seductora, pero basta que se le corra un poco el maquillaje para que su mueca de tristeza irrevocable quede al descubierto. Y aquí, en cambio. estamos en medio de una verdadera celebración que excluye toda angustia. Tal vez porque no es el pasado lo que estamos celebrando, sino el presente.
Ahí andan, también, nuestros hijos, irremediablemente crecidos, exhibiendo sus propios talentos musicales. En este momento, por ejemplo, Aldo, Juan Andrés y Solano, en improvisado trío de saxo, piano y batería, se han dedicado a satisfacer el eufórico pedido de Silvio: "¡funky a rabiar!". Y si hace unas horas fue conmovedor escuchar cantar por primera vez a Juan Diego, y si resultó simpático tenerlo a Jerónimo con sus ocho años pegándole a la batería en uno de nuestros temas, verlos a ellos tres haciendo música juntos, impresiona. No son amigos entre sí, se ven sólo muy de vez en cuando y, sin embargo, ahí están, disfrutando del mismo rito compartido del que solíamos gozar sus padres. Y aunque es inevitable sentir que algo bueno debemos haber hecho para estar recibiendo tamaño regalo, la satisfacción paterna tampoco alcanza para explicar lo que está sucediendo.
Debe ser por el cansancio, pienso. O tal vez por el vino que estoy tomando casi sin haber comido. Lo cierto es que son las cuatro de la mañana, la peña está terminando y no encuentro las palabras que precisen el fenómeno con justeza. Intuyo que excede lo puramente emocional, pero no puedo apresar su esencia. De algún modo, confusamente, sé que tiene que ver con el tiempo. O, mejor dicho, con ciertas percepciones paradojales del tiempo, con esta sensación vertiginosa de que hay dos realidades cronológicas distintas coexistiendo en un mismo punto. Es como si todos los que estamos aquí reunidos esta noche hubiésemos sido imperceptiblemente atraídos hacia un atajo prodigioso que conecta y superpone el pasado con el presente hasta disolverlos en una sola escena. "¡Aguante Paralelo 31 Junior!", grita alguien, y yo siento que, como decía aquella vieja canción del grupo Posdata, el almanaque me hace bromas.
Afuera se ha puesto a llover. Pero el afuera queda tan lejos esta madrugada, que a nadie le importa saber que a la salida nos vamos a mojar. Estamos contentos. Todos. Y se nota. Decididamente, hay algo hermoso y profundo flotando en el ambiente. Es cierto, no sé bien cómo explicarlo, pero poco interesan ahora mis tropiezos conceptuales. Lo que cuenta es esta alegría serena y unánime que nos abraza. Lo que cuenta es esta necesidad de eternizarla de algún modo, aunque sólo sea con palabras.



*de Alfredo Di Bernardo. alfdibernardo@ciudad.com.ar








En el 150º Aniversario de los ferrocarriles
Nosotros, los ferroviarios*



*Por: Juan Carlos Cena (especial para ARGENPRESS.info)
Fecha publicación: 30/08/2007

“El olvido es una herramienta de la clase dominante. La memoria es un proceso social. Despojados de su memoria, los pueblos se opacan, mueren. Y suelen morir en medio de la algarabía de imaginar que el pasado no interesa, aturdidos por voces que los llaman a no recordar, apalabrados por ilusionistas que susurran que hoy todo empieza de nuevo. Las raíces pueden secarse si una voluntad de memoria no se opone a la voluntad de olvido. Sin esta fidelidad no hay ética posible.'
Por eso, antes de comenzar a memorizar, los ferroviarios en este 150 aniversario, no debemos olvidar, quienes fueron los sicarios y los fariseos que destruyeron los Ferrocarriles Argentinos. Es un compromiso retratarlos en esta conmemoración histórica de la instalación de las enrieladuras en nuestra geografía. Hoy, los mismos que boicotearon, que cercaron y traicionaron las gestas de los obreros que resistieron sin claudicar la defensa del ferrocarril, aparecen como defensores de ese modo de transporte. Toda una mentira fenomenal, nunca protegieron al sistema de transporte ferroviario, al contrario, justificaron su vaciamiento y saqueo, guardaron y guardan un profundo silencio por la venta de sus bienes, muebles e inmuebles a precio vil.
Hoy, montados hipócritamente en la impunidad que da el olvido y en un formidable amparo gubernamental, con aparatosidad faraónica y grandes recursos, pretenden ningunear en un festejo fatuo la verdadera historia de nuestros ferrocarriles. Coherentes, van a realizar un acto y a disertar en el lugar donde exhibe sus riquezas la oligarquía terrateniente. Los dueños del poder.
La historia de los ferroviarios es como dice Howard Fast en su libro Espartaco: una historia sobre hombres y mujeres valientes, que vivieron hace mucho tiempo, pero cuyos nombres nunca han sido olvidados. Los héroes de esta historia acariciaron el ideal humano de libertad y dignidad y vivieron noble y honradamente (...) saquen de él fortaleza para nuestro turbulento futuro y puedan luchar contra la opresión y la injusticia, de modo que el sueño de Espartaco llegue a ser posible en nuestro tiempo.
Hace 150 años comenzó a circular el primer tren en nuestro país. Entonces nos interrogamos ¿Quién los puso en marcha? Nos respondemos: nosotros los ferroviarios. Por eso, nosotros los ferroviarios, vamos a contar la otra historia, la que venimos protagonizando desde hace 150 años.

De Bertold Brescht aprendimos a preguntarnos:
¿Quién construyó Tebas, las de las siete puertas?
En los libros figura sólo nombre de reyes.
¿Acaso arrastraron ellos los bloques de piedra?
Y Babilonia, mil veces destruida.
¿Quién la volvió a levantar otras tantas?
¿Quiénes edificaron la dorada Lima, en que casa vivían?
¿Adónde fueron la noche en que se terminó la Gran Muralla China…
sus albañiles?
(…) A tantas historias. Tantas preguntas.

Por ese aprendizaje parafraseamos a Bertold Brescht, y nos preguntamos.

¿Quiénes tendieron los primeros rieles, quienes acostaron los durmientes, quienes enclavaron las eclisas y elevaron las señales, quienes construyeron las estaciones, quienes construyeron los puentes para cruzar vados y ríos, quienes perforaron las montañas, quienes le echaron leña al hogar de la caldera, quienes hicieron sonar las campanas de partida, quienes condujeron los trenes aguateros haciendo retroceder la sed por toda la geografía nacional?
¿Quiénes comunicaron el país? ¿Quiénes lo integraron? ¿Quiénes? ¿Quiénes construyeron locomotoras, vagones para transportar nuestras riquezas?
¿Quiénes diseñaron y montaron coches de pasajeros, dormitorios confortables para llevar con comodidad a nuestros ciudadanos? ¿Quiénes acudieron a llevar solidaridad en tiempos de sequías o de inundación?
¿Quiénes llevaron la salud a través de los trenes sanitarios por toda la geografía nacional? ¿Quiénes construyeron los policlínicos ferroviarios que atendieron, además de los ferroviarios y sus familias, a todos los pobladores del país? ¿Quiénes? Simplemente contestamos: Los ferroviarios.
¿Quiénes somos los ferroviarios? Los trabajadores del riel somos nada más ni nada menos que la carnadura imprescindible de ese medio de locomoción. Porque entre ese objeto metálico que es puesto en movimiento llamado tren, y ese carnal que lo prepara, orgulloso, y lo encaballa para que se deslice por las enrieladuras de nuestro territorio, se establece en ese obrar una relación biunívoca vital, substancial: Ocurre lo real maravilloso, entre el hierro y el ser humano, toda una correspondencia mágica. No se puede dividir esa relación biunívoca que nace y se multiplica desde la parición de ese modo de transporte. Conexión que existe entre el trabajo y el hacedor de ese trabajo que es el obrero, en este caso: el ferroviario. El ferroviario es parte indivisible del ferrocarril. El, es el ferrocarril carnal. Hierro con carnadura, unión vigorosa, eso es el ferrocarril, que se transforma en el misterio de ese ¨adiós que guarda el tren¨. Arcano que se traslada al viajero, al juglar que le canta, al cuentista que lo cuenta, al ciudadano que lo comunica, que lo sirve, que los traslada y que juntos rompen paisajes en dos dimensiones, cuando va y retorna.

A tantas historias. Tantas preguntas. Damos tantas respuestas.
Es necesario aclarar que trabajar en el ferrocarril no es lo mismo que ser ferroviario. El ferroviario incorporó a su Ser ese inmenso objeto metálico en movimiento, como su Sujeto: él es el ferrocarril, es de su pertenencia, no como una propiedad privada, sino porque él era parte constitutiva del ferrocarril, no está añadido, adosado, sino incluido; el ferrocarril y ferroviario constituyen un conjunto integrado, armónico. Por eso, caminar por las playas de maniobras o recorrer sus rincones es como recorrer el patio y las comisuras de su casa.
Todas estas cuestiones son las que van construyendo nuestra identidad: somos trabajadores trashumantes, solidarios. En el trabajo cotidiano, en la relación social diaria, cotidiana, permanente, repetida, que continua en el sindicato y en el barrio nos vamos consolidando y elevando nuestra conciencia de trabajadores. En esa correspondencia se establecen códigos de comportamiento, como que hay que tener una actitud correcta frente al trabajo, colaborar con el compañero que se le atrasa el trabajo, esta es una manifestación firme del sentido de solidaridad, la otra es la de enseñar el oficio al otro, apoyar al necesitado de afectos, -como dicen los libertarios: el amor viril entre los hombres- en fin... en nuestras maneras de proceder no tiene nada que ver con la estupidez esa, que se ha instalado en la sociedad, de que debemos ser competitivos, es decir, egoístas, al contrario de ser solidarios.
Esa tradición nos llega desde los socavones de la historia del movimiento obrero. Pero en 1896, cuando estalla la primera huelga general ferroviaria -que comenzó en los talleres de Tolosa y tuvo como redactor de las proclamas a José Ingenieros- los ferroviarios rechazaron con firmeza introducir en el convenio colectivo de trabajo el problema de la competitividad, que en esa época se llamaba “tarea”, porque creaba dentro de los trabajadores una división.
Así como se habla del ‘ser nacional’, nosotros somos ‘seres ferroviarios’, la carnadura del ferrocarril, repito: hay una relación dialéctica entre la carne y el hierro, y en esa correspondencia, nace y crece ‘una incógnita que guarda el tren’, conexión plagada de esfuerzos acumulados de trabajadores y técnicos para que esa formación eche a andar.
Somos como nuestros hermanos aborígenes, donde el árbol (objeto) es el sujeto que los penetra y lo sostiene, porque ellos son la naturaleza y no están sobre ella. Nosotros los ferroviarios somos el ferrocarril, no estamos sobre él.
El ferrocarril era una fragua donde nuestros antiguos ferroviarios nos forjaron a fuego y martillo en el yunque del trabajo. Además, el cuerpo social ferruca es como un gran caldo, mixturado con toda clase de ingredientes -peronistas, anarquistas, comunistas, socialistas, cristianos, ateos...-, todos, con un profundo respeto hacia el oficio.
La historia de los ferroviarios es un testimonio de lucha, de abnegaciones, sacrificios, rebeldías, muertes y desapariciones. Desde sus inicios el movimiento obrero ferroviario fue duramente reprimido. Nunca lo doblegaron. Todos los gobiernos de todos los signos trataron de sujetar y domesticar a los trabajadores ferrucas. Ser “ferruca”, es una identidad que lleva un tiempo de construcción que no admite vencidos, traidores ni quebrados y requiere en cambio de resistentes sacrificados.
Desde el comienzo de la instalación del primer metro de riel sobre nuestro territorio, los ferroviarios asumiendo la herencia histórica del movimiento obrero internacional, comenzaron a armar sus organizaciones obreras, como las Sociedades de Ayuda Mutua, Sociedades de Socorros Mutuos, Sociedades de Fomento, Cooperativas de Consumo, Centros Culturales, y así. En 1888 los ferroviarios fundan el primer sindicato de la República Argentina: La Fraternidad, que agrupaba a los maquinistas, foguistas, pasaleñas, es decir, personal de conducción. A partir de ahí, los ferroviarios han contribuido, como un gran río tributario a la formación del movimiento obrero argentino.
En 1896 la primera huelga general contra los ingleses, luego, la del 6 de enero de 1912 con 52 días de paro. 7.000 ferroviarios enfrentaron a las 18 empresas británicas, y así, hasta el advenimiento del gobierno peronista, donde son movilizados militarmente en 1950, momento en que Eva Perón concurre a los talleres Remedios de Escalada para disuadirlos, no logrando tal cometido.
Muchos de esos compañeros que le dijeron no a Eva Perón, más tarde, en 1955, integraron la Resistencia Peronista. Eran jóvenes peronistas en esa huelga, pero tenían metido dentro de su ser la pertenencia: la de corresponder a la clase obrera. Luego, después del golpe de estrado de 1955, vino la represión, movilización, Plan Conintes en tiempos de Frondizi. Dura huelga resistente fue la de 1961, fueron 42 días de paro férreo contra el primer intento de desguace ferroviario de la mano del general Larkín.
La dictadura de Onganía militarizó a los ferroviarios mediante el decreto 5324, todos teníamos grado militar. La repuesta obrera fue la formación de las Comisiones Clandestinas Ferroviarias, y así, resistiendo todos los intentos represivos.
La genocida dictadura militar de 1976, a través de ese holocausto nacional, crea un vacío generacional entre los ferroviarios. Aproximadamente son 89 los compañeros ferroviarios y compañeras ferroviarias desaparecidos, por todo el territorio se instalaba el terror, a pesar de ello los ferroviarios nunca dejaron de luchar, resistieron la embestida.
El regreso de estas democracias relativas encuentra a la sociedad en su conjunto, en palabras de John William Cooke, blanda. Los factores de poder adueñados y consolidados dentro del aparato del Estado ejecutan el desguace del ferrocarril. Primero son los intentos de Alfonsín de la mano del eficiente Terragno y luego Menem, con toda la iconografía peronista y el embuste cierra los ferrocarriles y expulsa a 85.000 ferroviarios a la calle.
Con el ferrocarril desintegrado, más los ferroviarios expulsados, el sistema comete en un mismo acto un gigantesco Ferrocidio.
150 años, tiempo surcado por las luchas que comenzaron en el siglo XIX. Más de un siglo y medio, tiempo que les costó a los explotadores pretender domesticar la rebeldía ferroviaria, no pudieron. Hoy la realidad lo confirma, y nos permite afirmar que todo germina de nuevo, la clase obrera y los ferroviarios en forma particular, que en su dimensión dialéctica, renacen de sus cenizas demostrando que no hay un fin, sino un recomienzo más dinámico. Hoy, los ferroviarios están de nuevo en el riel, como la clase obrera remontado la lucha en las calles.
Se sabía que después de la derrota ferroviaria se intentaría la extinción de toda cultura obrera, empezando por la palabra. Los ferroviarios vivieron a través de la palabra por todo este tiempo; recorrieron el país montados en trenes de palabras. Ella fue y es la transmisora de ideas, historias, triunfos, derrotas, pero nunca acarreó historias de vencidos, porque siempre se resistió, siempre. Los ferroviarios nunca se dieron por derrotados ni aún derrotados, porque no estaban vencidos, conservaron la palabra, y mientras haya guardapalabras que las cobijen, la vida continúa.
En este aniversario, fecha donde pretenden olvidar a los hacedores del riel, los ferroviarios, han tratado de borrarlo de todas las maneras posibles, porque según dicen: no hay nada que recordar de ellos. El olvido, aún mantiene un cierto campo conquistado sobre la memoria en este simbólico aniversario. Dura lucha es la que han protagonizado, tercamente, los memoriosos ferroviarios en el intento por hacer recular ese vacío, llamado olvido. Primero en la cabeza de los nuevos ferroviarios y luego en la sociedad. Hoy es un día de militante recordación para los ferroviarios veteranos, que engrosan el ejército de desocupados y jubilados 85.000 ferroviarios a la calle y el ferrocarril saqueado, desintegrado, anulado, pasto de comerciantes y corruptos, políticos y gremialistas cipayos.
Ellos, los que cercaron la Ciudadela Ferroviaria sabían, y se propusieron: ¡hay que arrebatarle la palabra a los ferroviarios! para vaciarles el lenguaje aquel. Nunca lo lograron.
Hoy, los que minaron la Ciudadela Ferroviaria festejan, no los 150 años del comienzo de su andar, sino de su cerramiento. Esa es la verdad.
Existen fenómenos que ocurren en el seno del pueblo, y hay que divulgarlos, porque son almacenamientos de vida. Durante la dictadura y los gobiernos democráticos serviles, los trabajadores ferroviarios escondieron el fuego sagrado de sus luchas. Cobijaron y clandestinizaron la palabra entre los rescoldos de las cenizas de la devastación ferroviaria. Los nuevos compañeros volvieron a soplar la brasa -es lo real maravilloso de la clase obrera-, dando nacimiento a nuevos retoños tibios, que encarnan la certeza de que la lucha continúa.

No se puede hablar de los 150 años del ferrocarril e ignorar a sus protagonistas principales, los ferroviarios.

Hay miles y miles de hombre Que solo conocieron la derrota Pero lo que no conocieron Fue el deshonor.
John William Cooke



*Juan Carlos Cena. ferrocena2003@yahoo.com.ar
es miembro fundador del Mo.Na.Re.FA (Movimiento Nacional por la Recuperación de los Ferrocarriles Argentinos)
- Autor de: El Guadapalabras (memorias de un ferroviario)
- El Cordobazo, una rebelión popular.
- El Ferrocidio.
- Crónicas del Terraplén.








En el andén*


"...Y en el pueblo no tendré nada que hacer
sino echarme luciérnagas a los bolsillos
o caminar a orillas de rieles oxidados"...

Jorge Teillier



No tendré más que sentarme sobre el cemento
del andén de la estación Patricios
para apropiarme de su magia.
Repasar con los dedos
cada minuto dibujado en la rayuela del tiempo.
Sentir el vaivén del fantasma
que quedó entretenido entre boletos y encomiendas.
No necesitaré más que la osadía de mis ojos
para impregnarme de viajes.
Ni más mansedumbre que la del silencio
para encender el metálico canto de rieles y ruedas,
de motores y campanas ruborizadas de viento.
No me hará falta más que el corazón
para heredar la leyenda del olvido.
Ni más piel que la puesta
para enmarcar un remolino de emociones.
Se volverá tan ancha el alma y tan claros los gestos
que todo brillará en gama de sol y verdes.
Tan intenso será el perfume de la tarde
que no tendré más que sentarme en el andén
para impregnarme de duendes
y sellar un momento inolvidable.



*De Gabriela Delgado agualunagd@yahoo.com.ar
-Del libro "Pasajeros del penúltimo tren"







*


Queridas amigas, queridos amigos:

El domingo 2 de septiembre del 2007 presentaremos en la Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!), en nuestro programa bilingüe Poesía y Música Latinoamericana, música de los compositores latinoamericanos Baden Powell, Radamés Gnatali, Antonio Lauro, Paolo Bellinati, Carlos A. Jobim, Ernesto Lecuona y Rodrigo Riera, interpretada por Arnoldo Moreno (Venezuela). Las poesías que leeremos pertenecen a Elena Fassio (Argentina) y la música de fondo será de Uakti (Brasil). ¡Les deseamos una feliz audición!


ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at
(Link MP3 Live-Stream. Se requiere el programa Winamp, el cual se puede bajar gratis de internet)!!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!!


REPETICIÓN: ¡La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo!
Cordial saludo!


YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.
www.euroyage.com

Schießstattstr. 44 A-5020 Salzburg AUSTRIA
Tel. + Fax: 0043 662 825067



*



Reescribiendo noticias. Una invitación permanente y abierta a rastrear noticias y reescribirlas en clave poética y literaria. Cuando menciono noticias, me refiero a aquellas que nos estrujan el corazón. Que nos parten el alma en pedacitos. A las que expresan mejor y más claramente la injusticia social. El mecanismo de participación es relativamente simple. Primero seleccionar la noticia con texto completo y fuente. (indispensable) y luego reescribirla literariamente en un texto -en lo posible- ultra breve (alrededor de 2000 caracteres).

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Wednesday, August 15, 2007

ESTACIÓN SALTO


INVENTREN
Viaje por vías y estaciones abandonadas de Argentina.
Para viajar gratuitamente enviar un mail en blanco a inventren-subscribe@gruposyahoo.com.ar




Rieles de niebla*


Al borde del desierto
hay un margen de azules hierbas
por donde circulan trenes inalcanzables.
Sin inmutarse
pasan frente a mis sueños.
Rieles de niebla. Destinos ajenos.
La boca del viento
sopla colores de insomnio
sobre mis hojas en blanco.
Un viaje al pasado
deletrea
el deseo
de migrar.


*De Gabriela Delgado agualunagd@yahoo.com.ar
-Del libro "Pasajeros del penúltimo tren"









Estación SALTO.



*

La ve pasar todas las tardes, en compañía de sus estridentes amigas. Todas visten el mismo uniforme, de un colegio privado de la zona: camisa blanca, pollera tableada escocesa, corbata al mismo tono que la falda, medias azules y mocasines negros. No tiene más de 16 años, aunque si la viera maquillada,
bien podría darle 25. El cabello, rubio y lacio, lo lleva atado en una prolija cola de caballo. Sus facciones son tan virginales, y a la vez, se le antojan tan deseables. Labios carnosos, pómulos altos de mejillas rosadas, ojos claros y profundos. Su alta y delgada silueta se contornea con gracia,
y hasta con cierta provocación, cada vez que elude los caños del guardaganado que obstaculizan el libre paso de las bicicletas, en la escalerita de cemento que pasa junto a la entrada de la garita. Sus caderas
oscilan hacia un lado y el otro, y sus pechos llevan un exquisito vaivén que
lo hace estremecer.
Hace dos años que Julián trabaja como guardabarrera en este paso a nivel -elevado sobre el terraplén, en ángulo de 35º respecto de la calle-, cercano a la estación ferroviaria de Salto. Si bien el tránsito de vehículos no se caracteriza por su masividad, menos aún lo es el de las formaciones que circulan rumbo a Rosario o Estación Buenos Aires. Su trabajo es más bien tedioso, pero es lo único decente que pudo encontrar al llegar al pueblo, sin referencia alguna desde Santiago del Estero. Al menos, le representa una entrada fija por mes. Y eso no es poco.
Con el tiempo ha descubierto que la tarea es bastante monocorde: agitar la bandera -verde o roja-, hacer sonar el silbato ante el paso de cualquier formación, bajar o subir la manivela de la barrera a rayas, atender con precisión a todas las señales y semáforos que se enciendan sobre las vías. Y por supuesto, prestar mucha atención a los peatones que cruzan de un lado al otro, al pasar junto a él.
Entre los objetivos a contemplar se destacan, obviamente, las mujeres. Y entre todas ellas, estima en mayor grado a las adolescentes; en especial, las que ostentan uniformes escolares. Ignoraba cuál era el motivo por el que le llamara la atención semejante detalle. No abundaban en su pueblo de
Santiago los colegios privados, pero creía recordar que alguien le había hecho notar el atractivo que generaban las borregas así vestidas en la mayoría de los hombres. Pero por sobre todo, evocaba el impacto que le había causado aquella vez, en un "cabarute" del centro al que había ido con Pancho
Suárez -coterráneo suyo-, un portentoso strip-tease que hiciera una morocha muy tetona, quitándose un jumper escolar de manera tan sugerente, que él había estado a punto de acabar allí mismo, ensuciándose los pantalones recién planchados. No recordaba haberse excitado tanto desde que llegara a Salto. Y aquella imagen le ha quedado marcada a fuego desde entonces en la memoria.
Hasta que la vio avanzar por primera vez hacia la garita, una tarde de comienzos de septiembre, y su imaginación se desbordó sin freno.
Sus amigas la llaman Flor; por Florencia, quizás. Su voz es tan envolvente que su recuerdo lo trastorna por las noches, en la fría pieza de la pensión.
Evoca su risita, cómplice, provocadora, tan puta. Necesita llegar cuanto antes al inodoro, si no quiere ensuciar las sábanas. Y se promete, mientras se toquetea en la oscuridad, que la próxima vez que la vea le hablará, le dirá algo, tan sólo para escuchar que su cálida y sugestiva voz se dirige hacia él.
Pero no puede; sus reparos son más intensos que cualquier fantaseo erótico.
Continúa observándola pasar de lunes a viernes, todas las tardes, extasiándose de verla de frente cuando llega y de espaldas cuando se va.
Intuye que ella sabe que la miran, pero se desentiende. Juega con él a la distancia, sin mirarlo, especulando con esa natural indiferencia que la caracteriza, un misterio que lo excita cada día más.
Hasta que una tarde, a comienzos de diciembre, Flor llega sin sus amigas; habrá tenido que rendir algún examen sin sus compañeras de curso, quién sabe. Hace mucho calor. El sudor se le adhiere a la ropa, humedeciendo la camisa; marcando sus generosas carnosidades, la inconfundible silueta de sus
pezones debajo del corpiño, su tentación sin fin. Julián apenas se asoma fuera de la garita, conteniendo la respiración, paralizado ante semejante espectáculo. Flor se acerca despacio, con andar felino, demorándose en llegar, mirándolo a los ojos. Sus esbeltas piernas relucen sudorosas, con el ruedo de la pollera deliberadamente alzado, al estilo de una minifalda, para que sus encantos se vean más.
Al llegar a los caños de la escalerita se detiene, dándole la espalda al volverse hacia la vía, realizando un giro muy pausado, como si alguien la llamase desde la escalerita del otro lado. Se toma del caño con ambas manos y apoya el pubis contra él, mientras proyecta las nalgas hacia fuera y arquea levemente la espalda, oscilando el cuerpo a la manera de un inusual, obsceno frotamiento. Y aunque Julián no pueda creerlo, a escaso medio metro de donde se encuentra, Flor lo mira de reojo y suspira. Sí, la pendeja está gimiendo. Los labios entreabiertos, el sudor descendiendo a lo largo del cuello largo y delicado, las manos asidas firmemente sobre el caño.
A lo lejos, se deja oír el silbato del tren.
Julián no lo escucha. Flor lo ha cautivado con sus felinos movimientos. Sus nalgas se mueven no sólo adelante y atrás, sino también a los costados, incitando a la caricia. El sudor desciende a mares desde la frente de Julián, recorre su cuello, parece atragantársele en la laringe, empapa su camisa y abulta su pantalón. Tiembla de pies a cabeza, incapaz de seguir conteniéndose durante mucho tiempo más. Una de sus manos vacila y comienza a extenderse muy lentamente en dirección a la chica, cuya cadera rehúsa el
contacto, vigilándolo de reojo, sin dejar de gemir, ahora con un tono mucho más audible, casi exagerado.
Entonces Flor se vuelve hacia él, mirándolo de frente, soltándose del caño.
Julián queda petrificado, su mano a escasos treinta centímetros de las costillas de ella, conteniendo la respiración con un acceso de escalofrío.
Flor se muerde apenas el labio inferior, vacila, su pecho sube y baja inquietante al ritmo de una respiración agitada. El mundo parece detenerse.
No hay peatones en las escaleritas del paso a nivel elevado, tan solo ellos dos, suspendidos en el tiempo a causa de un misterioso hechizo.
Con gesto tembloroso, como si dudara en realizar el movimiento, Flor extiende su mano derecha y la desplaza hacia el pubis, hundiéndola suave en la pollera, con un acceso de gemido, entrecerrando los ojos. La punta de su lengua se relame el labio superior, mientras la mano restante asciende hacia
uno de sus pechos, rozándolo apenas. Julián siente la boca pastosa, el sudor adherido sobre su cuerpo, la incredulidad del momento. Y con un hilo de voz, inseguro por completo de sus actos, sugiere:
-¿..por qué.. no... entrás.. en.. la garita..?
Al escucharlo, Flor hunde aún más su mano derecha en el pubis, doblándose hacia delante, proyectando los pechos hacia él. Retuerce sus piernas entre sí a la manera de un espasmo, tanteando el caño con la mano restante para no perder el equilibrio. Y abre los ojos para mirarlo con fijeza, respirando por la boca, jadeando ostensiblemente. Julián no puede contenerse más. Un dolor le crece dentro del pantalón, obligándolo a inclinarse hacia delante.
Su mano sale disparada hacia el brazo de la chica, intentando aferrarla, capturarla, dominarla.
Flor emite un gritito de sorpresa al percatarse del gesto. De pronto, su acto lascivo pierde todo el encanto que había conseguido desarrollar frente a él. Aparta su brazo, decidida, mirando a Julián casi con asco, y salta fuera de su alcance, hacia las vías.
-¡Ni se te ocurra, asqueroso! -, alcanza a decir. Antes de que su cuerpo desaparezca de la vista de Julián, al tiempo que se oye, proveniente casi de otra época, desde otro universo, el agudo silbido
de un tren -el de la formación de las 16:08-, excesivamente cercano.
Julián alcanza a emerger de la garita, pero todo ocurre en apenas una décima de segundo. Llega a vislumbrar el sudoroso blanco de la camisa, el manchón azul del bolso que lleva colgado del hombro, un destello de cabello rubio al viento, y no mucho más. El violento rugido del calor de la locomotora,
disparado casi a quemarropa sobre su rostro, le absorbe toda referencia sensorial, transformando su entorno en algo tan ajeno como la reciente situación.
Y un acceso de vómito llega hacia su boca con el amargo alivio de una maldición, que cargará en su alma de por vida.



*de Aldima. licaldima@yahoo.com.ar





Incertidumbre*


Espero en un viejo andén.
El viento promete regreso.
Se visten de tiempo y paciencia mis ojos.
Llueve cielo de tormenta
desde las ramas de un jacarandá.
Las rosas callan su perfume.
Entre bambalinas,
el destierro confabula con la herrumbre
de un rito funerario
que no pudo vencer al tiempo.


*De Gabriela Delgado agualunagd@yahoo.com.ar

-Del libro "Pasajeros del penúltimo tren"







PRIMER ÚLTIMO TREN. EL TREN*



El tren no se detiene jamás, por el fuera las cosas carecen de realidad. Sólo hay aquí el ritmo de los sacudones constantes que ya no se sienten, el ruido que forma un continuo, el olor de los vagones y la gente sentada eternamente, comiendo de envoltorios que terminan arrugados en los pasillos.
Yo camino buscando ese cine móvil, que se mueve porque el tren se mueve y se mueve porque sorprendentemente aparece a diferentes distancias de la locomotora, que, como el vagón de cola, son los hitos inmóviles que a la vez se desplazan.
Encuentro la puerta que comunica con la oscuridad. La película de ahora es japonesa. Ya ha comenzado, jamás logro ver los títulos de inicio, siempre los finales.
Hay gente en un enorme edificio rodeado por el otoño. Los jardines son memorables, tienen esa sutileza oriental en el dibujo de las ramas tenues sobre cielos blancos.
Las personas, lo adivino después, están muertas. Han llegado a un lugar de tránsito donde deben escoger un instante, el instante más feliz que hayan vivido, para pasar en él la eternidad. Tienen un tiempo para hacerlo.
Los vemos recordar, buscar, debatirse entre instantes afortunados. Hay quien fue un mujeriego desapegado, pero decide que la eternidad será un momento con su familia. Hay el joven desdichado que no puede recordar un solo momento de felicidad plena, pero descubre que puede pasar la eternidad en el recuerdo dichoso de otra persona, esa otra afortunada persona que fue feliz gracias a él. Y hay una ancianita.
Hay una ancianita, una viejita que no escucha lo que le dicen, que no responde, que en un momento hace callar a su instructor para poder oír el bello canto de un pájaro que llega por la ventana. Ancianita japonesa, minúscula viejita de manos de niña, levanta el dedito y señala la ventana, para que el joven calle y se dibuje en amarillo el trino que llega de afuera. Recoge piedritas en el jardín, y las coloca sobre el escritorio notando la belleza de esas simples piedras tan poco valiosas para la mirada del hombre que la estudia con aire preocupado.
Y el hombre estudia a la ancianita, a la minúscula viejita de rostro de muñeca cuarteada, hasta que descubre lo evidente. Dice que pensó que sería la más difícil, y es, en cambio, la más simple. Ella ya ha escogido en qué lugar pasar la eternidad. Lo ha escogido desde antes de morir. Como casi todos, se ha vuelto a la infancia, donde la absoluta y plena felicidad es posible.
Y dónde, me pregunto, adónde elegiría, yo, detener el tiempo para siempre. En qué lugar, me pregunto, pasaría yo la eternidad. Cuándo fue el momento de felicidad que desearía proyectar en el presente absoluto, futuro y pasado fundidos en un único instante continuo.
El tren se aleja, o se acerca. El tren sigue su marcha traqueteante por la llanura mientras pienso esto, sentada yo en una butaca de un vagón en penumbras.
Me sobresalta la carcajada de Oliver Reed, que ha muerto; la sonora carcajada de Oliver Reed que ha vuelto hacia atrás la cabeza, me mira con fijeza y súbitamente, bruscamente, brinda por mí bebiendo del pico de su eterna botella siempre llena.



*de Mónica Russomanno. russomannomonica@hotmail.com






Deshabitada*


Imagino que la casa ya no será la misma.
Este verano los damascos sembrarán
el patio sin una mano que los cobije
y la parra, sin su poda de otoño,
entregará vides vacías.
Los cristales empañados de grises
ya no reflejan verdes en la cocina
El fogón aromado de pan recién hecho
sólo esparce cenizas.
En el desván, olvidada, una caja de fotos
se abraza a un pasado de rieles.
El espejo ha de haber perdido la sonrisa
frente a la sombra.
Una húmeda fatiga se niega
a ser exorcizada con sándalo.
La casa está vacía.
Dos manos y un vaso de vino
deshojan el eco de la risa.
La casa está sola.
Quien la habita eligió el destierro.
El reloj marca un tiempo sin pasos.




*De Gabriela Delgado agualunagd@yahoo.com.ar

-Del libro "Pasajeros del penúltimo tren"







MIRANDO LA PARED*


A Rodolfo (loco) Britos,
señalero del F.C. Roca.



Recuerdo que fue sábado. El frío nos alentó para que nos sentáramos a almorzar con los abrigos puestos. Un guiso carrero vaporeaba en la larga mesa y nos envolvía el aroma de esa salsa picosa. Casi no se veía al compañero de enfrente, pero los diálogos continuaban a los gritos, como si el levantar la voz nos permitiera ver mejor.
Todos éramos ferroviarios, y éste, uno de los encuentros mensuales de los sábados. Tratábamos de reorganizarnos después del descarrilamiento. La identidad ferroviaria nos unía. Durante los primeros tiempos los encuentros eran de desagotes, de vomitar entripados atrancados, catarsis colectiva, angustiante. No se aceptaba la derrota. Tozudamente se decía que se había triunfado, pero se estaba afuera. A raíz y en torno de esas discusiones la organización no arrancaba. No a todos les venía esa especie de arcadas estomacales. Había de todo: tímidos, extrovertidos y absorbentes que sólo querían hablar y que se los escuche; otros callados, muy callados, algunos masticando un coágulo amargo y muchos que sorpresivamente se destapaban como un volcán dormido.
Existía una gran circulación de compañeros que andaban tras alguna pista para la respuesta de la derrota. ¿Cuál? Si todos rastreaban al tanteo no había huellas que seguir, andaban bien boleados. Los de mayor edad con callosidades antiguas, de cuero atortugado, aguantaban más los pesares de este descarrilamiento. A los jóvenes, que fueron los protagonistas principales de la última pelea, los abarcaba una sensibilidad a flor de piel, cualquier roce los erizaba.
El ferrocarril ya no nos pertenecía, pero circulaba entre nosotros en ese, ¿te acordás de...? Eran los estertores de los ayeres que se encadenaban en una memoria nostálgica resistente a cualquier olvido.
El Loco Britos era uno de ellos. Estaba sentado en la otra punta, hablaba a viva voz, le explicaba a la Betty una y otra vez sus cosas; y ésta, dura de oído que no entendía o no quería entender. Ella argumentaba eso de la entereza, la pérdida de valores, la ideología y la cuestión política. Hasta que el Loco ante una pregunta de la Betty, estalló:
-¡Qué ideología ni política ni qué mierda! ¡Cuando me echaron del ferrocarril quedé vacío! ¡Y la ideología se me fue a la mierda! ¡Y la entereza, esa que decís vos, ni apareció! ¡Qué me venís con boludeces! —y remató—: ¡Me quedé quince días mirando la pared, para que sepas…!
Tras la violenta respuesta se mandó una cucharada del guiso caliente que le peló las encías. Silencio, sólo silencio mezclado con el vapor del guiso y el ruido de los cubiertos. Ante la reacción del Loco, silencio y respeto. Mudos, saboreábamos ese guiso amargo con discreción. Era amargo de verdad. La reacción de Britos nos cabía a todos. Recién salíamos de ese naufragio terrestre: rengos, tullidos, atontados los más; ferroviarios sin rumbo como pájaros sin aire: el ferrocarril ya no estaba entre nuestras pertenencias. Hombres-escombros, estrellados, fuera de la vía. Se trataba de salir de ese territorio; poco a poco comenzamos a olernos y a balbucear de nuevo nuestra identidad, a reconocernos a través de las palabras y el lenguaje. El Loco estalló, otros no. En secreto sufrían una implosión jodida, se estallaba para adentro, con un sufrimiento extraño.
Antes que al Loco lo rajaran se sabía que las notificaciones por las cesantías vendrían. Pero como a los ferroviarios siempre nos rajaban o nos amenazaban vuelta a vuelta, ésa era tomada como un apriete más. Se sabía de esa bravata, pero nada detenía la lucha de la última huelga, menos el fervor de los jóvenes huelguistas por defender el viejo ferrocarril. El momento le llegó al Loco, la cesantía golpeó la puerta de su casa y dijo: “aquí estoy”. No lo podía creer. No había retorno. El Loco Britos se vació. Buscó refugió en su casa. Un silencio como grumo lo dejó sin habla, lo atragantó. Sólo atinaba a sentarse en el borde de la cama y mirar la pared. Dos o tres mates, por la mañana, más no. Arrimaba su lata de tabaco Virginia, armaba sus puchos y como una ceremonia pitaba grueso, mientras miraba el ascenso azulado del humo, apoyaba su codo en la rodilla y con la palma de la mano sostenía el rostro. Así se inmovilizaba horas. Entrecerraba sus pequeños ojos hasta descubrir todos los días un pequeño grano de arena despintado en la pared, con forma de volcán, que sólo él veía. Otra bocanada, luego, con una sonrisa se miniaturizaba, lo penetraba y se transportaba por el volcán, aparecía en el cabín de señales en medio de gritos, teléfonos reclamando atención, el mate que circulaba:
-¡Mové las palancas, Loco, que yo bajo las barreras, viene el de las y diez.
-Meta —respondía el Loco, largando el mate, corriendo el pucho a un costado, pitando, no fumando.
-Es el primero que viene de La Plata, viene el morochaje a laburar, —repetían. Britos movía las palancas de las señales, trababa cambios, contestaba el teléfono, tarareaba un tango, todo se sincronizaba en él.
-Ahí se asoma..., van durmiendo los proletas..., todas las ventanillas empañadas..., ¡qué los parió! ¡Qué de olores todos juntos!
-Viene el otro, es el segundo en el diagrama.
-Asomate, no sea cosa que se duerma de nuevo el Cartonero como la otra madrugada. Pobre viejo, se apoliyó tapado con cartones esperando el paso del tren. Estaba calentito y se amodorró. El matungo se detuvo, dejó de acunarlo, ya se había dormido el anciano, no hacía falta andar.
Así desde la cuatro de la mañana. Moviendo palancas, estirando el pescuezo para ver si las barreras bajaban bien, luego vienen los pibes de la escuela medio dormidos. Espiaba y sacaba más el cogote para saludar a madres y maestras. Todo lo que pasara bajo el cabín era de su incumbencia, y si era de la rama femenina se esmeraba, era un galanteador metódico. El cabín era un faro especial, y en su turno, él era el propietario. Todas las mañanas a través de ese grano volcánico se trasladaba al ferrocarril vivido. Cuando intimé con él descubrí que era un conocedor de música clásica. Su viejo había sido músico.
-Negro, escuchá: es barroco italiano del siglo XVI; escucha esto otro: Vivaldi, qué grande... ésta es La Trucha del pibe Schubert, esta otra: la novena de Beethoven, con ese final de la Oda a la Alegría de Schiller, como juno, ¿ah?
El viejo de Britos lo incentivó con ideas marxistas y éste las absorbió. El padre había sido un viejo militante. Como herencia continuó por los mismos senderos. En la diáspora del Partido Comunista se fue como otros, pero nunca dejó de ser un laburante con conciencia de clase. ´´No tan puro´´, decía él.
Las minas lo distraían en cualquier caso. Gorda, petisa, flaca, renga, contrahecha, era igual, él las miraba y te relataba los encantos que uno no veía. Decía: “Miro como El Principito, “lo esencial está oculto a los ojos, bajo las pilchas”.
La revolución proletaria era su otra obsesión. Soñaba que vendría y pronto; se cargaba de un optimismo contagioso. Minas y revolución eran compatibles.
-Marx, Lenin, el Che, ¿ellos no, acaso? No jodan. El único miedo que tengo —se ponía serio—, es que cuando esté en plena fornicación, justo pase la revolución por la puerta de mi casa y me la pierda. Pero no, no ha de ocurrir, el placer de la revolución es superior al carnal...es como un orgasmo popular, ¿entendés?
-¿Y si te sorprende?
-Me calzo los pantalones y me rajo con la gente. Me daría mucha pena abandonarla, ella comprendería, porque seguro que antes le habría hablado de la otra: de la revolución —y esa preocupación del Loco era por demás sincera.
Mañanas frías, el cabín se calentaba por la estufa de leña, se empañaban los vidrios y como un hábito chantaban su nombre o algún viva de circunstancia. O lo limpiaban con una estopa para ver el arribo de los trenes tempraneros. Más tarde, las maniobras. Se sentía por el teléfono desde control general:
-Loco, bajále la bombacha a la Porota.
-Después que pase el rápido se la bajo —contestaba (la bombacha era una señal de color blanco y la Porota, la locomotora de maniobras). Más tarde las largas charlas por teléfono. Que el gremio, que la asamblea, que la reunión previa, convencer al otro turno, el comunicado que no se entiende, que no me alcanza la guita, las conversaciones íntimas con el compañero, la familia, los hijos, la vida...
-Carajo, cuántas cosas, cuántas, y ahora, ahora qué solo estoy, cómo mierda le hago a la vida, ¿cómo?, si estoy vacío, blando, sin nada, sin palabras, sin carajear, ¿cómo le hago a la vida? ¿Adónde voy? Si yo siempre anduve entre los rieles. ¿Cómo le hago a la vida si no tengo camino? ¿Quién cuidará al Cartonero? ¿Quién le alcanzará un jarro con mate cocido, con leche y una galleta? ¿Cómo le hago a la vida? —se dirigía al volcánico grano de arena, transformándolo a veces en su oyente.
Durante quince días más o menos fue rutina ese viaje, todas las mañanas y a veces por la tarde. A través del pasadizo que era ese grano de arena viajaba al cabín de señales, al sindicato, a los asados. Se repetía y repetía como saboreando cada recuerdo. Encendía un pucho antes de iniciar el viaje, dos pitadas y emprendía la travesía. Este desprendía una fina hebra azul que se estacionaba en el cielorraso. Al rato, el pucho le quemaba los dedos y el dolor lo hacía regresar en forma precipitada a la habitación. Puteaba, armaba otro cigarrillo, intentaba el retorno, pero no encontraba el grano de arena en la pared, el encanto se había hecho humo.
Mientras masticábamos ese guiso amargo y se empañaban los vidrios del corredor por los vapores y los alientos envinados, no dejaba de observarlo. Hablaba en vacío, sin relleno, pero volvía despacio, se serenaba. Estaba rodeado de ferroviarios. Eran otros diálogos, varios oficios estaban presente; pero se hablaba de lo mismo: del ferrocarril. Nos habían sacado el ferrocarril, ese inmenso objeto, que era nuestro sujeto. Como a nuestros hermanos indígenas cuando les talaron los árboles, los dejaron sin sujeto y sin pájaros, y los vientos les arenaron la mirada.
Una mañana cualquiera arrimó de nuevo la lata con el tabaco. No alcanzó a armar el pucho. El tabaco voló por sobre el cubrecama. Se acabó la joda: Hilda, su mujer, de un cachetazo le hizo volar el armado a la mierda, lo zamarreó. Esperó que se fueran los chicos al colegio, el bebé dormía.
-Andá a bañarte y dejá de velar al muerto. Ya está, basta, qué tanto joder. Mirá por la ventana, mirá la vida. Bañate, afeitate y aquí tenés unas chirolas que hice de unas costuras. Rajá, andá a ver a tus amigos de la cooperativa. Basta de mirar la pared. El Loco, sumiso, rumbeó para el baño.
-¿Eso te dijo tu mujer?
-Vos, ¿qué le dijiste?
-¿Qué le voy a decir?
-Mierda que te zamarreó lindo, machito tierno, ¿no le dijiste ni un rezongo?
-Nada, me zamarreó, no dije nada. Quedé limpito, me cambió hasta los calzoncillos; salí a la calle aseadito como pendejo en su primer día de clase.
Hizo una pausa. No contestó las preguntas de sus compañeros. Comenzó a hablar como si contara al vacío una acción reflexiva, de muy adentro.
-Vos sabés que mientras caminaba me despabilaba y sentía al andar el tintineo de las monedas que viajaban en mi bolsillo, las que colocó Hilda, mi mujer. Eran los pesitos de una changa. Ahí no más, de sopetón, me agarró una emoción del carajo, se me calentó el rostro, era un ardor raro, distinto, te diría, como un fresco; es que me acordé de como luchábamos por el rancho, los pibes, como bancó todo en mis ausencias militantes. Me entró de seguido, después del ardor, unas putas ganas de vivir... y me dije: ¡perdí quince días mirando la pared! Paré, me senté en el banco de la plaza frente a la estación y le metí al pensamiento. Me dije, cosas y bastante feas, no vayan a creer. Me dije: “continuar mirando la pared sí es una derrota.” Repensaba luego: “¡qué mujer que tengo!” Mi mujer me sacó del grano de mierda que estaba incrustado en la pared, me tenía atrapado.
Después de pensar me agarró otra locura, distinta. Regresé a casa. La busqué a la Hilda, estaba fregando en la batea, meta laburar, dejaba la casa limpia antes de ir a changuear. La agarré de las nalgas y le dije:
-Hilda, corré las cortinas... quiero agradecerte, festejemos... Hilda, fregándose las manos jabonosas, donosa, ablandada, respondió como asumiendo el envite:
-Y si justo pasa...
-¿Pasa quién?
-La que vos siempre esperás, ésa, la revolución.
-Cerrá bien las ventanas Hilda, la esperada sos vos ahora, para la otra falta mucho, anda lerda la muy desgraciada. Festejemos Hilda, que escapé del grano de arena de la pared...festejemos. Vos me ayudaste y te lo quiero agradecer.
Hilda, gustosa, corrió las cortinas y trancó las persianas, pero antes, espió por si venía la otra, la lerda. Una, nunca sabe...



*de Juan Carlos Cena. ferrocena2003@yahoo.com.ar



-Este cuento integra el libro "Crónicas del Terraplen", editado por La Rosa Blindada.
Quien quiera adquirir el libro y no lo encuentre en su libreria amiga puede comunicarse al correo de Juan Carlos Cena quien lo enviara por contrareembolso.






*


Al paso cansino, el teniente Juan Sosa deambulaba a lo largo de la Pampa sin demasiado interés, casi sin sentido. Sus pensamientos vagaban sin rumbo, desconcertado ante su nueva situación. ¿Qué podría hacer, ahora que ya no pertenecía al valeroso ejército del General Julio Argentino Roca? No se le ocurría otra cosa que vagar montado en su vapuleado matungo. Errático merodeo que sin percatarse lo ha ido conduciendo hacia los terrenos que alguna vez le entregara el General Juan Manuel de Rosas a su abuelo, Don Inocencio Sosa –integrante de la Mazorca-, luego de aquella otra Campaña al Desierto, y que desde entonces pertenecieran con orgullo a su familia.
Como no podía ser de otra manera, los Sosa continuaron siendo parte de la “Gran Familia Castrense” aún habiéndose retirado Don Inocencio de la fuerza. Sus hijos habían continuado con ahínco la carrera militar, e incluso los campos familiares habían formado parte de una gruesa línea de fortines que el gobierno del General Roca había mandado emplazar para detener el avance de los malones. Sin embargo, nada de ello parecía haberse mantenido en pie. Con el correr de los años, los fortines habían desaparecido, y lo que alcanzaba a divisar el teniente Juan Sosa desde su cabalgadura eran apenas unas pálidas ruinas de lo que otrora fuera la gran casa familiar.
Se acercó al tranco lento en las últimas horas de la tarde, intentando encontrar alguna familiaridad en el terreno; sin embargo, las construcciones que aún quedaban en pie distaban mucho de parecerse a lo que él alguna vez hubiera conocido. El casco de estancia se había desintegrado en el aire, llevándose consigo los recuerdos de toda una familia, y apenas algunos ranchitos de la servidumbre parecían haberse mantenido en pie, para que con el tiempo el gobierno de la provincia los apropiara para cederlos al ferrocarril. A pesar de cierta indignación que intentaba a duras penas mantener a raya, el teniente Juan Sosa sintió henchirse el pecho al comprobar que aquello se había convertido en una estación ferroviaria, aparentemente desierta, y que el cartel blanco y negro que indicaba su paradero ostentaba el querido nombre de su abuelo.
No fue lo único que divisó en el horizonte, cada vez más oscuro. También llegó a distinguir la oscilante silueta de un jinete, acercándose a los tumbos hacia la estación, con paso inexperto. El teniente Juan Sosa no tenía mucho más que hacer, por lo que aguardó, movido por la curiosidad, hasta que el jinete se acercara.
El jinete resultó ser una mujer, que consiguió dominar al caballo como pudo, antes de saludarlo en medio de una nube de polvo, despeinada y con expresión afligida.
-¡Buenas tardes! –saludó ella, a lo que el teniente Juan Sosa respondió con una inclinación de cabeza. -¿Conoce por dónde queda la escuela rural?
-No le sé decir. Yo también parezco un extraño por estos lugares. Y eso que durante buena parte de mi vida anduve por estas tierras.
-Soy la nueva maestra rural –informó ella, -y vengo a hacerme cargo del único grado que existe en esta zona. Si le soy sincera, nunca me tocó trabajar en un lugar así, pero los cargos últimamente no abundan y la vocación tira bastante como para no hacer un sacrificio…
Como el teniente Juan Sosa se limitaba a mirarla sin comprender demasiado, ella preguntó:
-¿No sabe dónde podría encontrar a alguien que me informe?
-Lamento no poder ayudarla –se excusó él.
Y estaba a punto de continuar su camino cuando la expresión de ella se transfiguró, oteando por encima del hombro del soldado.
-¿Qué es esa luz? –chilló ella.
El teniente Juan Sosa volvió la cabeza y divisó a través de los árboles de un monte cercano un resplandor brillante, que parecía acercarse a gran velocidad. Sin pensarlo siquiera, experimentando una nueva sensación de extrañeza en los campos de su familia, respondió alarmado:
-¡La luz mala!
Y espoleó a su matungo, atemorizado de ser alcanzado por lo desconocido. La nueva maestra rural, asustada ante lo novedoso de la situación, azuzó a su caballo y se dispuso a seguirlo, siempre peleando con su cabalgadura para que con sus corcoveos no la dejara de a pie.
No alcanzaron a llegar muy lejos. La imponente luz los cercó muy pronto, causando la sensación de indefensión más poderosa que hubiera podido experimentar, mucho más terrorífica que la de enfrentarse a un desatado malón de la indiada, con sus lanzas al viento y sus aullidos infernales. Aunque no fueron aullidos lo que escucharon a sus espaldas, cada vez más cercano, sino el fragor de un continuo traqueteo y una súbita sirena que chilló en la noche recién llegada.
-¡Hágase a un costado! –le gritó la nueva maestra rural, al tiempo que reparaba en el terreno irregular sobre el que cabalgaban sus monturas y se criticaba a sí misma por haber sido tan ingenua.
Ambos jinetes se apartaron del camino que venían sosteniendo por encima de unos ajados durmientes de madera, rodeados de cantos rodados, para darle paso a una briosa locomotora que los azotó con sus ardientes ventisqueros de vapor, a punto de atropellarlos. La estridente sirena se dejó escuchar durante bastante tiempo, mientras la formación ferroviaria se alejaba presurosa rumbo al horizonte nocturno, sin detenerse junto a la deteriorada silueta de la estación.
Ambos jinetes recuperaron gradualmente el aliento luego de semejante susto, sintiéndose inquietos y extrañados, uno por el desconocimiento, la otra por su falta de percepción ante los espacios abiertos. Jadeantes y azorados, se inclinaron sobre las pringosas crines de los animales y suspiraron aliviados.
-Dígame –comenzó ella, reparando por primera vez en el desgastado uniforme del soldado. -¿Cómo es posible que Ud., que parece del campo, se asuste con una situación así? Debería estar curtido ya.
-Es cierto –acotó él, pensativo. –Es que no termino de acostumbrarme a los cambios. Pasa todo tan rápido, y nada parece tener mucha explicación. Es muy fuerte para mí…
-¿De dónde viene? ¿Acaso el uniforme que Ud. lleva puesto……es de verdad?
-Claro, señora. Y este sable cubierto de sangre seca, que me ha acompañado en varias batallas, también. Propiedad del Ejército Argentino.
-Disculpe la ignorancia –comenzó ella, como si tratara de hacerse a la idea de lo que ocurría a medida que lo iba diciendo. -¿Ud. participó de alguna campaña militar de importancia…?
-Por supuesto, señora –exclamó el teniente Juan Sosa, con orgullo.
-Y si ha estado en el frente –intentó comprender ella, razonando como lo haría en presencia de uno de sus alumnos de nivel inicial o de un lunático irrecuperable, como le parecía éste: -¿Cómo puede ser que, teniendo experiencia de batalla, Ud. se asuste ante la presencia de una locomotora?
-Estas cosas me pasan recién ahora, señora –agregó él, como disculpándose...
–Cuando estaba vivo, no.




*de Aldima. licaldima@yahoo.com.ar









¡¡¡Hasta el próximo INVENTREN!!!



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