Tuesday, April 21, 2026

ESTACIÓN CORBETT


ESTACIÓN CORBETT





 

 

 

Minotauro al sol*

 

¿Será entonces la ausencia

mi patria verdadera?

 

¿Será la arena inmóvil

el único paisaje?

 

El laberinto no es como contaban

las antiguas leyendas.

 

Es sólo una extensión interminable,

un cielo gris sin puertas;

sólo tiempo y distancia,

entrevisiones

de algo que nunca está,

esperanzas truncadas

y un viento frío. Ecos

de nombres ya olvidados.

 

Cierto: No hay muros, pero

la libertad es también un espejismo.

 

 

*De Sergio Borao Llop.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Vals Lejos de Ti*

 

[vals compuesto por Juventino Rosas (hace algunos años)]

 

Siempre había querido demostrar que la Tierra era redonda, pero alguien ya se le había adelantado en la idea, y ya lo habían hecho. Había querido demostrar, entonces, que era el Sol quien se encontraba en el centro del sistema planetario, y que alrededor de él orbitaban los planetas, y que no era la Tierra el centro del Universo, pero algún tiempo atrás alguien más ya había tenido la misma idea, y ya era cosa sabida.

Después se le ocurrió que el Universo pudiera estar en expansión, creando nuevo espacio-tiempo y haciendo que la luz que lo recorre se estirara tendiendo a verse roja, y que si lograba probar esto, propondría que si el Universo se expande, era porque en algún momento estuvo todo junto, y después explotó dando origen a todo... Pero notó que esta su idea ya la habían tenido tiempo atrás otras personas, y decidió dejar de lado las teorías astronómicas y probar con las matemáticas. Tuvo la idea de intentar demostrar que los números naturales, siendo infinitos, podían estar inmersos dentro de los números enteros que también son infinitos, y que, además, estando los naturales dentro de los enteros, podía encontrarse una función que demostrara que a pesar de esto, existían tantos números naturales como números enteros hay; pero le bastó con leer un par de libros para darse cuenta de que esto también era ya sabido.

Un día mientras paseaba, le vino a la mente la idea de que las especies biológicas podían heredar características por medio de variaciones en el material genético, y no así por el simple uso o desuso de alguna de sus partes del cuerpo, y decidió nombrar a estas unidades de herencia como genes, y demostrar que si una jirafa estira mucho su cuello para alcanzar comida, esto no afecta de modo alguno los genes, y no hereda el cuello largo a sus hijos; pero cuando terminó de escribir su teoría, alguien le hizo notar que hacía tiempo otras personas más ya la había definido, y ahora no causaba mayor novedad.

Triste de que todas sus buenas ideas ya habían sido probadas o enunciadas antes, se olvidó de las ciencias. Comenzó a idear el modo para que las personas pudieran volar, pero notó que ya había aviones, pintó cuadros y compuso poemas, pero cada obra de arte que realizaba con exquisita destreza, alguien más le mostraba su gran parecido con alguna otra notable obra de arte, realizada mucho antes que las suyas... Llegó a imaginar edificios en forma de tetraedros, y se asombró al mirar un día un libro con una fotografía que mostraba construcciones tan maravillosas como las que había imaginado, y que se leía en el título: “Pirámides de Teotihuacan”.

Sintió que había nacido en un tiempo en el que ya todo estaba hecho, dicho o visto; lo que le produjo una gran frustración. Ideó la manera de desquitarse con la humanidad entera, y desarrolló todo un sistema económico, donde la gente pobre fuera la gran mayoría y que, una vez naciendo pobre, siempre lo fueran al igual que sus hijos e hijas. Se dedicó a idear su sistema económico que pudiera incluso generar naciones pobres, siempre a expensas de otras que libremente podrían hacer guerras y mandar a la gente pobre de sus países a matar gente en los países pobres. Su plan consideraba tal venganza, que incluso ideo la manera de que la gente pobre, trabajando para la clase acomodada, fuera pobre todo el tiempo y sus patrones cada vez más ricos... Cuando su plan estaba listo, alguien que leyó su escrito le dijo que los capitalistas ya se le habían adelantado.

Finalmente, y con la firme idea de que las grandes cosas ya estaban todas hechas (algunas de ellas denigrantemente hechas), decidió dar vida a una modesta idea: construir una estación de tren.

Imaginó la estructura de ladrillos, y construyó el boceto en miniatura. Decidió que la construiría en un lugar pequeño, para evitar que alguien le ganara la idea, e imaginaba a la gente yendo y viniendo de todas partes del mundo. Decidió construir su sueño en el partido 9 de Julio, provincia de Buenos Aires, y de inmediato abandonó la idea de llamar a su estación "9 de julio", pues lo consideró demasiado obvio. En su lugar, y habiendo leído que hacía tiempo vivió un estanciero de apellido Corbett, decidió nombrar así su estación; pero cuando viajó al pueblito para mirar su idea más de cerca, notó que hasta para eso ya se le habían adelantado hace algún tiempo, y la Estación Corbett ya existía, y ya hasta se encontraba cerrada... Se alejó con un sentimiento de frustración, pero con la idea naciente de que quizá la estación cerrada, podía usarse para fundar un Radio Club...

 

*De hugo ivan cruz-rosas.

 

 

 

 

 



 

 

 

 

 

 

REGRESO*

 

 

El hombre de los ojos insomnes, duerme.

Duerme mecido, en rituales de viejas caracolas.

También duerme el deseo.

Lo despierta la noche y el penetrante olor a vida.

Los espejos. Los retratos vivientes. La estremecida piel.

Ha perdido sus pasos, su insolencia.

Ah, si pudiera volver, recordar, regresar.

Pero es de noche y teme. Noche de terciopelo.

Acechan los pájaros del miedo.

Teme. Teme abrir los cerrojos.

Las ventanas pircadas. Las clausuradas puertas.

Teme y desea. El escozor se arrastra como felino en celo.

Es agosto y los almendros brotan.

También germina el fuego.

Se encienden las cenizas.

Las azules grutas tantas veces besadas.

El ritual del puñal que cincela y canta.

Y teme, y desea y excomulga las antiguas muertes.

Y regresa.

Regresa, sabiendo que un viaje es solo eso: un regreso.

 

 

*De Amelia Arellano.

 

 

 

 





 

 

 

EL ROLLO DEL TIEMPO*

 


1

 

La vida me permitió acceder al fantástico mundo del arquitecto Jerome Ricardo Klepka.

Antes de partir a Corbett, su gran obra, había recibido de manos de su amiga Irene una caja con planos, dibujos de esculturas y cuadernos donde Jerome anotaba frases o explicaba el significado de sus obras.

Mientras viajaba en tren ya sentía que el arquitecto Klepka tenía una lúdica creatividad que le permitió colocar sus esculturas "Como los 109 trofeos que debía cazar un Maharajá". En su cuaderno explicaba:

“esta es una cacería de recuerdos propios a los que debo darles una materialidad”.

 

 

2

 


El hotel se llama "Edward James Corbett Resort". Bien visible a metros de la estación de tren. Es un hotel de tres estrellas con baño privado. Pedí una habitación sin saber cuánto tiempo necesitaría para recorrer el parque natural y las obras de arte que Jerome había dejado allí plantadas para que sean vistas e interpretadas por los visitantes.

Ni bien entré pude escuchar del conserje una historia que habla de la personalidad del arquitecto. Durante la obra del reciclado del hotel, el hombre había tenido una fuerte discusión con el contratista que colocaba el parquet. La discusión había llegado al punto de la furia y los hombres iban a arreglar sus diferencias a trompadas. Hasta que el parquetista lo insulto en ruso y Klepka le contesto con otro insulto similar también en idioma ruso. Irene me había contado que Jerome había aprendido ruso porque su padre lo hablaba como segundo idioma; ya en su adolescencia había decidido estudiarlo bien para leer a Gorki en su idioma madre. 

La cosa es que el conocimiento común de cultura eslava los amigó. El contratista y el arquitecto comenzaron a cantar juntos canciones tradicionales. Para festejar el descubrimiento, Jerome fue hasta su auto, trajo una botella de Grappa Chizzotti y brindaron con los obreros presentes en la obra.

-Como Ud. mismo podrá observar, el parquet de pinotea ha quedado impecable. -Concluyó el conserje.

 

 

 

3

 

Un buen rato antes de lograr dormir en una cama desconocida pensaba que escribir sobre un hombre y su obra no es tarea sencilla -al menos con Klepka-. ¿Podría escribir algo más que una crónica sobre lo visto en Corbett? No quería -como muchas otras veces- plantearme objetivos demasiados alejados, tenía certeza sobre las limitaciones de mi escritura. Sin respuesta, lo mejor fue dormirme y esperar que el día siguiente aclarara con su luz las cosas.

 

 

 

4

 

Desayuné con vista al verde del parque. Un cielo amplio se elevaba. El día se mostraba como una promesa esplendida. Como muchas otras veces sentía incomodidad con la soledad. Casi siempre mi trabajo me llevaba a permanecer solo en diferentes hoteles, la soledad me convertía en un observador o en un cazador de imágenes más precisamente. Me llamó la atención la leyenda impresa en la remera del hombre de la cabeza afeitada. Tenía menos de cuarenta años, un cuerpo trabajado en horas de gimnasio. Parecía estar en gira de negocios desayunando con socios o clientes. La remera decía en letra enorme: "Y si la mujer del prójimo me desea a mí".

No quise distraerme más. Llevaba en mi bolso un par de cuadernos donde Jerome describía el origen de las obras que iba a ver ni bien me animara a salir al afuera del hotel.

En el pequeño parque lindero al que miran los ventanales del comedor está el monumento a Edward J. Corbett. Es una escultura de hierro negro. Teriántropos en lucha: Cuerpo humano con cabeza de Tigre. Arriba de la cabeza lleva el sombrero clásico que hemos visto en las películas llevar a los cazadores. Esa figura lucha con una enorme víbora que se enrosca por su cuerpo desde su pie izquierdo. La serpiente termina en una cabeza humana que mantenía colmillos y lengua de serpiente.

La estatua tiene el subtítulo de "Metamorfosis". Se lee en su enorme base de cemento la inscripción de autoría: JEROME RICARDO KLEPKA. ESTATUARIO. ARQUITECTO. CLONADOR PAISAJISTA.

En el cuaderno dice -textual-: "Metamorfosis". Fue con la infección del colmillo izquierdo. Tenía la mitad del rostro con aspecto felino. Sentía que la fiebre era una enorme serpiente que se enroscaba. Deliraba. Lo más lógico es que la serpiente tuviera en su rostro el aspecto de la serpiente a la que llamamos, afiebrados de autoengaño, "ser humano".

 

  

 

5

 

Alejándose de la estación hacia el norte se llega al Parque Natural, situado en las tierras de la antigua estancia de los Corbett. Allí quedaron al aire libre las obras de arte de Klepka. La primera obra que pude observar se titula: "El rollo del tiempo".

Escribe: "Después de la salud, el tiempo es lo más valioso que posee una persona. (...) Pensé en las manos de mi padre, en los objetos que había dejado abandonados en el galpón de la casa. Había dos lavarropas oxidados, una heladera Siam. Los alambres que sostenían la antigua parra habían quedado formando un rollo, una nebulosa galaxia que ya no podría volver a extenderse. Fue mi hijo quien lo bautizó como rollo del tiempo"

Me maravilló mucho la obra dedicada a Kurt Vonnegut. "Insectos atrapados en ámbar" Son piedras traslucidas apiladas como un muro adentro hay cuerpos de insectos con cabeza humana. Arriba del muro desfila un soldado con un uniforme alemán de la segunda guerra.

Jerome anotó: “están mi padre y mi tío en la guerra, nunca saldrán del todo. Llegaron a la Argentina, no quedaron enterrados en el cementerio polaco. En el oído les quedara el zumbido de los proyectiles que reventaban al tímpano. Puedo volver a los ojos vivaces de mi padre cuando recordaba la noche iluminada por los proyectiles en la batalla de Montecassino”.

 

 

6

 

Retorné del parque bastante cansado. Era plena noche. Había cenado en un pequeño restaurante ubicado en la antigua residencia del comisionado inglés. Volví a la habitación. me bañe con una ducha que no logre regular bien. Aflojé el cansancio y me dispuse a dormir. La cercanía al campo convertía al hotel en un espacio de resonancia de lo lejano y lo inmediato a la vez. Desde la habitación contigua se oía una pareja hacer el amor. En un trance interminable la mujer jadeaba o gritaba. Mi primera idea no fue nada romántica: este Jerome, ha sido un gran artista, pero como puede ser que haya construido paredes con paneles de yeso que aíslan poco por no decir nada.

Desde el campo empezó a ganar espacio un tren acercándose con el inconfundible sonido de las vaporeras.

En el limbo entre despierto y dormido, se mixturaban en mis oídos las furias del vapor de la locomotora con los jadeos de la pareja.

Una locomotora atraviesa la noche. Otra mujer se enciende, se deshace en vapores, jadea. Hay viajes que crean vida y otros que la llevan de un sitio a otro. Antes de lograr conciliar el sueño pensé en lo apropiado del título de una de las obras de Klepka: "Lo erótico es la vida".

 

 

*De Eduardo Francisco Coiro.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

EL TREN FANTASMA*

 

 

Cuando era aún una niña, recuerdo a mi padre que trabajaba como ferroviario. El tren tenía un encanto especial, digo el tren, pero en realidad me refiero a todos los trenes que recorrieron tantas soledades y poblaciones.

Cuando mi padre volvía de alguna de sus recorridas habituales, siempre tenía alguna anécdota para contarnos.

Mis hermanos y yo, aprendimos a amar todo lo referente a trenes, subyugados por lo que papá contaba y porque veíamos como se deslizaban tranquilamente sobre aquellos rieles interminables.

Entonces vivíamos en un pueblito cerca de Santa Fe, en una casita encantada, propiedad del ferrocarril, que le habían cedido cuando se casó, y luego llegaron los hijos y se formó un verdadero hogar.

Muchas veces, cuando había algún feriado, íbamos de viaje en algún vagón semi vacío, allí nos acomodábamos y veíamos por las ventanillas como el campo, los árboles, las nubes y hasta los hombres que a veces cruzaban de a pié, se deslizaban como sobre patines en el sentido contrario al que iba el tren. Otras veces, cuando pitaba, aspirábamos el vapor que salía de su inmensa nariz negra. El viaje era especial para adormilarse con el traqueteo cansino y el constante tran tran tran que sonaba junto con el mecimiento de la máquina y sus vagones vibradores.

El que viajó en tren a vapor, sabe de lo que digo. Más adelante aparecieron los coches a motor que eran menos ruidosos y más parejos en su andar.

Así pasaron los días, los meses y los años de mi infancia. Pero llegó el momento en que una mano negra hizo desaparecer de un manotazo toda esa riqueza montada sobre vías que ayudaba a tener un transporte seguro, sin peligros y hasta más económico.

Muchas familias quedaron a la deriva, sin trabajo, con la agonía de la muerte de algo tan nuestro.

Mi padre no podía entender lo que ocurría. De pronto se desmantelaron las estaciones de trenes, se sacaron los rieles que servían de vías, murieron muchos pueblitos como el nuestro.

Nos fuimos a vivir a la capital porque decían que era más fácil conseguir trabajo. Allí también el desmantelamiento de todos los ramales ferroviarios era evidente. Donde pasaban las vías se abrieron calles y a los gigantes negros que adornaban con su andar los campos y los caminos los arrumbaron a todos en un predio como para que terminen muriendo carcomidos por el herrumbre y la desolación. Sí, así era la manera más fácil de sacarse de encima algo tan antiguo, tan pasado de moda.

Junto con ellos, también aquietaron sus ansias los trabajadores. Más de uno no vivió mucho para contar la triste historia.

Mi padre se enfermó de tristeza, no sabía qué hacer con su vida, se sentía inútil y totalmente desdichado. Él no veía nada más que sus amados trenes, toda su vida se había sumido en un profundo dolor.

Yo me había hecho cargo de él, pero mis hermanos siempre estaban presentes cuando los necesitaba. Por las noches, lo ayudaba a acostarse y siempre me decía: No olvides escuchar el sonido del tren, yo lo oigo pasar y desinflarse en vapores cuando llega a la estación. Hoy suben muchos pasajeros que van hacia el norte.

Todos los días veía cosas diferentes y me las contaba. Tantas historias se fueron grabando en mi mente.

Un día el Señor se lo llevó y desde entonces, por las noches, cuando salgo a la vereda, veo sobre los restos de algunas vías, la figura de un tren que marcha pitando y arrojando humo de su negra naríz. Primero me pareció una ilusión, pero después de tanto tiempo, me animé y lo comenté con algunos vecinos, y todos coincidieron y reconocieron que aquel tren que tanto amaba mi padre, se hacía presente en las noches claras de luna.

Todas las personas que ven el tren fantasma piensan que quizás mi padre es el maquinista y pasa pitando como para saludar a todos aquellos que lo conocieron y que aún hoy lo recuerdan con cariño. Nadie siente temor, al contrario, es una figura que se ama y respeta. Pienso que cuando las cosas se hacen con amor profundo, jamás desaparecen, quedan como bellos ejemplos para las generaciones que vienen.

 


*De Norma Costanzo.

 

 

 




 

 

 

Simbiosis*

 

Separadas

por mundos

se buscan

se tocan

En pánico

y arrastrándose

escuchan las señales

Para no destruirse

aislados eslabones

recomienzan.

 

*De Ana Romano.

 

 

 

 

 

 

 

-Próxima estación:

 

LOMA VERDE. 

-Continuidad literaria por el Ferrocarril Provincial:

 

ESTACIÓN SAMBOROMBÓN.

 

GOBERNADOR DE SAN JUAN RUPERTO GODOY.

 

GOBERNADOR OBLIGADO.

 

APEADERO DOYHENARD.  

 

ESTACIÓN GÓMEZ DE LA VEGA. 

 

APEADERO INGENIERO RODOLFO MORENO.   

 

ESTACIÓN ÁNGEL ETCHEVERRY.  

 

APEADERO LISANDRO OLMOS.

 

GOBERNADOR GARCIA.

 

 

LA PLATA.

 

 

InventivaSocial

Plaza virtual de escritura

-Editor responsable: Lic. Eduardo Francisco Coiro.

Blog histórico & archivo: https://inventivasocial.blogspot.com/

 

 


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ESTACIÓN GOBERNADOR UDAONDO.

  *Foto Estación Gobernador Udaondo. -Fuente: https://www.infocanuelas.com/                     “Estación Udaondo” *...