
Minotauro al sol*
¿Será entonces la ausencia
mi patria verdadera?
¿Será la arena inmóvil
el único paisaje?
El laberinto no es como contaban
las antiguas leyendas.
Es sólo una extensión interminable,
un cielo gris sin puertas;
sólo tiempo y distancia,
entrevisiones
de algo que nunca está,
esperanzas truncadas
y un viento frío. Ecos
de nombres ya olvidados.
Cierto: No hay muros, pero
la libertad es también un espejismo.
*De Sergio
Borao Llop.
Vals
Lejos de Ti*
[vals compuesto por Juventino Rosas (hace
algunos años)]
Siempre había querido demostrar que la
Tierra era redonda, pero alguien ya se le había adelantado en la idea, y ya lo
habían hecho. Había querido demostrar, entonces, que era el Sol quien se
encontraba en el centro del sistema planetario, y que alrededor de él orbitaban
los planetas, y que no era la Tierra el centro del Universo, pero algún tiempo
atrás alguien más ya había tenido la misma idea, y ya era cosa sabida.
Después se le ocurrió que el Universo
pudiera estar en expansión, creando nuevo espacio-tiempo y haciendo que la luz
que lo recorre se estirara tendiendo a verse roja, y que si lograba probar
esto, propondría que si el Universo se expande, era porque en algún momento
estuvo todo junto, y después explotó dando origen a todo... Pero notó que esta
su idea ya la habían tenido tiempo atrás otras personas, y decidió dejar de
lado las teorías astronómicas y probar con las matemáticas. Tuvo la idea de
intentar demostrar que los números naturales, siendo infinitos, podían estar
inmersos dentro de los números enteros que también son infinitos, y que,
además, estando los naturales dentro de los enteros, podía encontrarse una
función que demostrara que a pesar de esto, existían tantos números naturales
como números enteros hay; pero le bastó con leer un par de libros para darse
cuenta de que esto también era ya sabido.
Un día mientras paseaba, le vino a la mente
la idea de que las especies biológicas podían heredar características por medio
de variaciones en el material genético, y no así por el simple uso o desuso de
alguna de sus partes del cuerpo, y decidió nombrar a estas unidades de herencia
como genes, y demostrar que si una jirafa estira mucho su cuello para alcanzar
comida, esto no afecta de modo alguno los genes, y no hereda el cuello largo a
sus hijos; pero cuando terminó de escribir su teoría, alguien le hizo notar que
hacía tiempo otras personas más ya la había definido, y ahora no causaba mayor
novedad.
Triste de que todas sus buenas ideas ya
habían sido probadas o enunciadas antes, se olvidó de las ciencias. Comenzó a
idear el modo para que las personas pudieran volar, pero notó que ya había
aviones, pintó cuadros y compuso poemas, pero cada obra de arte que realizaba
con exquisita destreza, alguien más le mostraba su gran parecido con alguna otra
notable obra de arte, realizada mucho antes que las suyas... Llegó a imaginar
edificios en forma de tetraedros, y se asombró al mirar un día un libro con una
fotografía que mostraba construcciones tan maravillosas como las que había
imaginado, y que se leía en el título: “Pirámides de Teotihuacan”.
Sintió que había nacido en un tiempo en el
que ya todo estaba hecho, dicho o visto; lo que le produjo una gran
frustración. Ideó la manera de desquitarse con la humanidad entera, y
desarrolló todo un sistema económico, donde la gente pobre fuera la gran
mayoría y que, una vez naciendo pobre, siempre lo fueran al igual que sus hijos
e hijas. Se dedicó a idear su sistema económico que pudiera incluso generar
naciones pobres, siempre a expensas de otras que libremente podrían hacer
guerras y mandar a la gente pobre de sus países a matar gente en los países
pobres. Su plan consideraba tal venganza, que incluso ideo la manera de que la
gente pobre, trabajando para la clase acomodada, fuera pobre todo el tiempo y sus
patrones cada vez más ricos... Cuando su plan estaba listo, alguien que leyó su
escrito le dijo que los capitalistas ya se le habían adelantado.
Finalmente, y con la firme idea de que las
grandes cosas ya estaban todas hechas (algunas de ellas denigrantemente
hechas), decidió dar vida a una modesta idea: construir una estación de tren.
Imaginó la estructura de ladrillos, y
construyó el boceto en miniatura. Decidió que la construiría en un lugar
pequeño, para evitar que alguien le ganara la idea, e imaginaba a la gente
yendo y viniendo de todas partes del mundo. Decidió construir su sueño en el
partido 9 de Julio, provincia de Buenos Aires, y de inmediato abandonó la idea
de llamar a su estación "9 de julio", pues lo consideró demasiado obvio.
En su lugar, y habiendo leído que hacía tiempo vivió un estanciero de apellido
Corbett, decidió nombrar así su estación; pero cuando viajó al pueblito para
mirar su idea más de cerca, notó que hasta para eso ya se le habían adelantado
hace algún tiempo, y la Estación Corbett ya existía, y ya hasta se encontraba
cerrada... Se alejó con un sentimiento de frustración, pero con la idea
naciente de que quizá la estación cerrada, podía usarse para fundar un Radio
Club...
*De hugo
ivan cruz-rosas.
REGRESO*
El hombre de los ojos
insomnes, duerme.
Duerme mecido, en
rituales de viejas caracolas.
También duerme el
deseo.
Lo despierta la noche
y el penetrante olor a vida.
Los espejos. Los
retratos vivientes. La estremecida piel.
Ha perdido sus pasos,
su insolencia.
Ah, si pudiera volver,
recordar, regresar.
Pero es de noche y
teme. Noche de terciopelo.
Acechan los pájaros
del miedo.
Teme. Teme abrir los
cerrojos.
Las ventanas pircadas.
Las clausuradas puertas.
Teme y desea. El
escozor se arrastra como felino en celo.
Es agosto y los
almendros brotan.
También germina el
fuego.
Se encienden las
cenizas.
Las azules grutas
tantas veces besadas.
El ritual del puñal
que cincela y canta.
Y teme, y desea y
excomulga las antiguas muertes.
Y regresa.
Regresa, sabiendo que
un viaje es solo eso: un regreso.
*De Amelia
Arellano.
EL
ROLLO DEL TIEMPO*
1
La vida me permitió acceder al fantástico
mundo del arquitecto Jerome Ricardo Klepka.
Antes de partir a Corbett, su gran obra,
había recibido de manos de su amiga Irene una caja con planos, dibujos de
esculturas y cuadernos donde Jerome anotaba frases o explicaba el significado
de sus obras.
Mientras viajaba en tren ya sentía que el
arquitecto Klepka tenía una lúdica creatividad que le permitió colocar sus
esculturas "Como los 109 trofeos que debía cazar un Maharajá". En su
cuaderno explicaba:
“esta es una cacería de recuerdos propios a
los que debo darles una materialidad”.
2
El hotel se llama "Edward James
Corbett Resort". Bien visible a metros de la estación de tren. Es un hotel
de tres estrellas con baño privado. Pedí una habitación sin saber cuánto tiempo
necesitaría para recorrer el parque natural y las obras de arte que Jerome
había dejado allí plantadas para que sean vistas e interpretadas por los
visitantes.
Ni bien entré pude escuchar del conserje
una historia que habla de la personalidad del arquitecto. Durante la obra del
reciclado del hotel, el hombre había tenido una fuerte discusión con el
contratista que colocaba el parquet. La discusión había llegado al punto de la
furia y los hombres iban a arreglar sus diferencias a trompadas. Hasta que el
parquetista lo insulto en ruso y Klepka le contesto con otro insulto similar
también en idioma ruso. Irene me había contado que Jerome había aprendido ruso
porque su padre lo hablaba como segundo idioma; ya en su adolescencia había
decidido estudiarlo bien para leer a Gorki en su idioma madre.
La cosa es que el conocimiento común de
cultura eslava los amigó. El contratista y el arquitecto comenzaron a cantar
juntos canciones tradicionales. Para festejar el descubrimiento, Jerome fue
hasta su auto, trajo una botella de Grappa Chizzotti y brindaron con los
obreros presentes en la obra.
-Como Ud. mismo podrá observar, el parquet
de pinotea ha quedado impecable. -Concluyó el conserje.
3
Un buen rato antes de lograr dormir en una
cama desconocida pensaba que escribir sobre un hombre y su obra no es tarea
sencilla -al menos con Klepka-. ¿Podría escribir algo más que una crónica sobre
lo visto en Corbett? No quería -como muchas otras veces- plantearme objetivos
demasiados alejados, tenía certeza sobre las limitaciones de mi escritura. Sin
respuesta, lo mejor fue dormirme y esperar que el día siguiente aclarara con su
luz las cosas.
4
Desayuné con vista al verde del parque. Un
cielo amplio se elevaba. El día se mostraba como una promesa esplendida. Como
muchas otras veces sentía incomodidad con la soledad. Casi siempre mi trabajo
me llevaba a permanecer solo en diferentes hoteles, la soledad me convertía en
un observador o en un cazador de imágenes más precisamente. Me llamó la
atención la leyenda impresa en la remera del hombre de la cabeza afeitada.
Tenía menos de cuarenta años, un cuerpo trabajado en horas de gimnasio. Parecía
estar en gira de negocios desayunando con socios o clientes. La remera decía en
letra enorme: "Y si la mujer del prójimo me desea a mí".
No quise distraerme más. Llevaba en mi
bolso un par de cuadernos donde Jerome describía el origen de las obras que iba
a ver ni bien me animara a salir al afuera del hotel.
En el pequeño parque lindero al que miran
los ventanales del comedor está el monumento a Edward J. Corbett. Es una
escultura de hierro negro. Teriántropos en lucha: Cuerpo humano con cabeza de
Tigre. Arriba de la cabeza lleva el sombrero clásico que hemos visto en las
películas llevar a los cazadores. Esa figura lucha con una enorme víbora que se
enrosca por su cuerpo desde su pie izquierdo. La serpiente termina en una
cabeza humana que mantenía colmillos y lengua de serpiente.
La estatua tiene el subtítulo de
"Metamorfosis". Se lee en su enorme base de cemento la inscripción de
autoría: JEROME RICARDO KLEPKA. ESTATUARIO. ARQUITECTO. CLONADOR PAISAJISTA.
En el cuaderno dice -textual-:
"Metamorfosis". Fue con la infección del colmillo izquierdo. Tenía la
mitad del rostro con aspecto felino. Sentía que la fiebre era una enorme
serpiente que se enroscaba. Deliraba. Lo más lógico es que la serpiente tuviera
en su rostro el aspecto de la serpiente a la que llamamos, afiebrados de
autoengaño, "ser humano".
5
Alejándose de la estación hacia el norte se
llega al Parque Natural, situado en las tierras de la antigua estancia de los
Corbett. Allí quedaron al aire libre las obras de arte de Klepka. La primera
obra que pude observar se titula: "El rollo del tiempo".
Escribe: "Después de la salud, el
tiempo es lo más valioso que posee una persona. (...) Pensé en las manos de mi
padre, en los objetos que había dejado abandonados en el galpón de la casa.
Había dos lavarropas oxidados, una heladera Siam. Los alambres que sostenían la
antigua parra habían quedado formando un rollo, una nebulosa galaxia que ya no
podría volver a extenderse. Fue mi hijo quien lo bautizó como rollo del
tiempo"
Me maravilló mucho la obra dedicada a Kurt
Vonnegut. "Insectos atrapados en ámbar" Son piedras traslucidas
apiladas como un muro adentro hay cuerpos de insectos con cabeza humana. Arriba
del muro desfila un soldado con un uniforme alemán de la segunda guerra.
Jerome anotó: “están mi padre y mi tío en
la guerra, nunca saldrán del todo. Llegaron a la Argentina, no quedaron
enterrados en el cementerio polaco. En el oído les quedara el zumbido de los
proyectiles que reventaban al tímpano. Puedo volver a los ojos vivaces de mi
padre cuando recordaba la noche iluminada por los proyectiles en la batalla de
Montecassino”.
6
Retorné del parque bastante cansado. Era
plena noche. Había cenado en un pequeño restaurante ubicado en la antigua
residencia del comisionado inglés. Volví a la habitación. me bañe con una ducha
que no logre regular bien. Aflojé el cansancio y me dispuse a dormir. La
cercanía al campo convertía al hotel en un espacio de resonancia de lo lejano y
lo inmediato a la vez. Desde la habitación contigua se oía una pareja hacer el
amor. En un trance interminable la mujer jadeaba o gritaba. Mi primera idea no
fue nada romántica: este Jerome, ha sido un gran artista, pero como puede ser
que haya construido paredes con paneles de yeso que aíslan poco por no decir
nada.
Desde el campo empezó a ganar espacio un
tren acercándose con el inconfundible sonido de las vaporeras.
En el limbo entre despierto y dormido, se
mixturaban en mis oídos las furias del vapor de la locomotora con los jadeos de
la pareja.
Una locomotora atraviesa la noche. Otra
mujer se enciende, se deshace en vapores, jadea. Hay viajes que crean vida y otros
que la llevan de un sitio a otro. Antes de lograr conciliar el sueño pensé en
lo apropiado del título de una de las obras de Klepka: "Lo erótico es la
vida".
*De Eduardo
Francisco Coiro.
EL TREN FANTASMA*
Cuando era aún una niña, recuerdo a mi
padre que trabajaba como ferroviario. El tren tenía un encanto especial, digo
el tren, pero en realidad me refiero a todos los trenes que recorrieron tantas
soledades y poblaciones.
Cuando mi padre volvía de alguna de sus
recorridas habituales, siempre tenía alguna anécdota para contarnos.
Mis hermanos y yo, aprendimos a amar todo
lo referente a trenes, subyugados por lo que papá contaba y porque veíamos como
se deslizaban tranquilamente sobre aquellos rieles interminables.
Entonces vivíamos en un pueblito cerca de
Santa Fe, en una casita encantada, propiedad del ferrocarril, que le habían
cedido cuando se casó, y luego llegaron los hijos y se formó un verdadero
hogar.
Muchas veces, cuando había algún feriado,
íbamos de viaje en algún vagón semi vacío, allí nos acomodábamos y veíamos por
las ventanillas como el campo, los árboles, las nubes y hasta los hombres que a
veces cruzaban de a pié, se deslizaban como sobre patines en el sentido
contrario al que iba el tren. Otras veces, cuando pitaba, aspirábamos el vapor
que salía de su inmensa nariz negra. El viaje era especial para adormilarse con
el traqueteo cansino y el constante tran tran tran que sonaba junto con el
mecimiento de la máquina y sus vagones vibradores.
El que viajó en tren a vapor, sabe de lo
que digo. Más adelante aparecieron los coches a motor que eran menos ruidosos y
más parejos en su andar.
Así pasaron los días, los meses y los años
de mi infancia. Pero llegó el momento en que una mano negra hizo desaparecer de
un manotazo toda esa riqueza montada sobre vías que ayudaba a tener un
transporte seguro, sin peligros y hasta más económico.
Muchas familias quedaron a la deriva, sin
trabajo, con la agonía de la muerte de algo tan nuestro.
Mi padre no podía entender lo que ocurría.
De pronto se desmantelaron las estaciones de trenes, se sacaron los rieles que
servían de vías, murieron muchos pueblitos como el nuestro.
Nos fuimos a vivir a la capital porque
decían que era más fácil conseguir trabajo. Allí también el desmantelamiento de
todos los ramales ferroviarios era evidente. Donde pasaban las vías se abrieron
calles y a los gigantes negros que adornaban con su andar los campos y los
caminos los arrumbaron a todos en un predio como para que terminen muriendo carcomidos
por el herrumbre y la desolación. Sí, así era la manera más fácil de sacarse de
encima algo tan antiguo, tan pasado de moda.
Junto con ellos, también aquietaron sus
ansias los trabajadores. Más de uno no vivió mucho para contar la triste
historia.
Mi padre se enfermó de tristeza, no sabía qué
hacer con su vida, se sentía inútil y totalmente desdichado. Él no veía nada
más que sus amados trenes, toda su vida se había sumido en un profundo dolor.
Yo me había hecho cargo de él, pero mis
hermanos siempre estaban presentes cuando los necesitaba. Por las noches, lo
ayudaba a acostarse y siempre me decía: No olvides escuchar el sonido del tren,
yo lo oigo pasar y desinflarse en vapores cuando llega a la estación. Hoy suben
muchos pasajeros que van hacia el norte.
Todos los días veía cosas diferentes y me
las contaba. Tantas historias se fueron grabando en mi mente.
Un día el Señor se lo llevó y desde
entonces, por las noches, cuando salgo a la vereda, veo sobre los restos de
algunas vías, la figura de un tren que marcha pitando y arrojando humo de su
negra naríz. Primero me pareció una ilusión, pero después de tanto tiempo, me
animé y lo comenté con algunos vecinos, y todos coincidieron y reconocieron que
aquel tren que tanto amaba mi padre, se hacía presente en las noches claras de
luna.
Todas las personas que ven el tren fantasma
piensan que quizás mi padre es el maquinista y pasa pitando como para saludar a
todos aquellos que lo conocieron y que aún hoy lo recuerdan con cariño. Nadie
siente temor, al contrario, es una figura que se ama y respeta. Pienso que
cuando las cosas se hacen con amor profundo, jamás desaparecen, quedan como
bellos ejemplos para las generaciones que vienen.
*De Norma
Costanzo.
Simbiosis*
Separadas
por mundos
se buscan
se tocan
En pánico
y arrastrándose
escuchan las señales
Para no destruirse
aislados eslabones
recomienzan.
*De Ana
Romano.
-Próxima
estación:
LOMA VERDE.
-Continuidad literaria por el Ferrocarril Provincial:
ESTACIÓN SAMBOROMBÓN.
GOBERNADOR DE SAN JUAN RUPERTO GODOY.
GOBERNADOR OBLIGADO.
APEADERO DOYHENARD.
ESTACIÓN GÓMEZ DE LA VEGA.
APEADERO INGENIERO RODOLFO MORENO.
ESTACIÓN ÁNGEL ETCHEVERRY.
APEADERO LISANDRO OLMOS.
GOBERNADOR GARCIA.
LA PLATA.
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